March 12, 2022
De parte de Nodo50
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Publicado en Infolibre el 21-2-2022

l 煤ltimo bombazo 鈥Suisse Secrets鈥 divulgado por varios medios internacionales es una continuaci贸n del camino que abrieron los Panama Papers y los Paradise Papers. En un sentido, se trata de la misma historia de siempre. Cada vez que los periodistas levantan la cortina de secretismo detr谩s de lo que ocurre en el sector financiero entendemos mejor por qu茅 el secreto es tan importante: redes de corrupci贸n, personajes con actividades oscuras, una cantidad desproporcionada de clientes turbios, familias de dictadores y un pu帽ado de pol铆ticos 鈥揺n apariencia respetables鈥 son atrapados en la red.

Pero esta vez hay algo diferente. No se trata de una peque帽a y oscura isla del Caribe, ni de un pa铆s en desarrollo en aprietos que intenta encontrar un modelo de negocio alternativo a las drogas. Se trata de un banco muy grande en el centro de Europa, en uno de los pa铆ses m谩s pr贸speros del mundo, un pa铆s en el que se supone reina el 鈥淓stado de derecho鈥. Es a煤n m谩s decepcionante, ya que el pa铆s y el banco implicados han prometido mejorar su transparencia, despu茅s de una larga historia en la que facilitar la evasi贸n fiscal parec铆a el menor de los problemas. Y esa es la cuesti贸n: sin m谩s transparencia, no puede haber rendici贸n de cuentas.

De hecho, la posici贸n de Suiza parece cada vez m谩s bic茅fala, con un marco legal que penaliza a quienes intentan perforar su secreto. Pa铆ses de todo el mundo aprobaron leyes que fomentan las denuncias lanzadas por fuentes internas, reconociendo lo dif铆cil que es descubrir comportamientos inadecuados. La revelaci贸n de las fechor铆as de Facebook por parte de Frances Hagen probablemente no habr铆a sido posible sin las s贸lidas leyes de Estados Unidos sobre denunciantes.

Pero Suiza, una de las democracias m谩s antiguas del mundo, parece haber redoblado su compromiso con el secreto. Sin tener en cuenta los incentivos que ofrece para el mal comportamiento, al amenazar a periodistas y a otras personas que podr铆an tener acceso a los datos que muestran lo que ocurre en la oscuridad de su sistema financiero. 

Lamentablemente, pero no sorprende, ning煤n medio suizo se uni贸 a la colaboraci贸n period铆stica global de Suisse Secrets por el peligro de sufrir graves consecuencias legales por sus leyes de secreto bancario. Hay que felicitar a los periodistas de otros pa铆ses por arriesgarse a ser perseguidos por las autoridades suizas. Seguramente, Suiza debe conocer el efecto escalofriante de su legislaci贸n: la intenci贸n era preservar su modelo de negocio el mayor tiempo posible, es decir sacar una peque帽a tajada de las ganancias mal habidas de otros, a cambio de proporcionar un lugar seguro y secreto para atesorar ese dinero.

En los Suisse Secrets encontramos dos aspectos alarmantes. La colaboraci贸n period铆stica internacional de Suisse Secrets s贸lo accedi贸 a una porci贸n limitada de los datos de los clientes del banco. Pero si en esta peque帽a porci贸n ya hay tantos clientes problem谩ticos, dictadores y sus familias, criminales de guerra, funcionarios y jefes de inteligencia, gerentes corruptos, traficantes de personas, jefes de Estado, empresarios sancionados y abusadores de los derechos humanos 鈥搖na verdadera galer铆a de p铆caros鈥 驴qu茅 ver铆amos si la ventana al banco fuera m谩s grande?

En segundo lugar, parece que los pa铆ses que m谩s sufren por el secreto bancario y la ayuda que le dan a actores problem谩ticos son los pa铆ses en desarrollo y los mercados emergentes. La revelaci贸n de Suisse Secrets confirma lo que los expertos han advertido durante mucho tiempo: Suiza acept贸 un intercambio autom谩tico de informaci贸n sobre todo con otros pa铆ses desarrollados, pero no con los pa铆ses pobres, y especialmente con los que podr铆an albergar estas actividades il铆citas. De este modo, la cleptocracia y la corrupci贸n pueden seguir floreciendo.

Es bueno ver que los periodistas crean en su deber de informar y que luchen por 鈥渆l derecho a saber鈥 de los ciudadanos de estos pa铆ses, que no pueden controlar lo que sus pol铆ticos ocultan en Suiza. A los pol铆ticos de los pa铆ses desarrollados les gusta pronunciar discursos condenando la corrupci贸n en otros lugares. Pero son los pa铆ses como Suiza los que facilitan la corrupci贸n: los que proporcionan el refugio seguro, asegurando los rendimientos a largo plazo. 

Debemos ser claros: Suiza no est谩 sola. Se queja, con raz贸n, de que cerrar la puerta all铆 no har谩 m谩s que trasladar las actividades al sector inmobiliario y financiero de Miami, Londres u otros centros de blanqueo de dinero. Sin embargo, hay algo moralmente repugnante para quienes en Estados Unidos, Reino Unido o Suiza viven del bot铆n robado a los m谩s pobres. Y pa铆ses como Suiza, que dise帽aron un c贸digo legal que hace florecer este sistema, deber铆an estar especialmente avergonzados.

驴Cu谩ntas historias, cu谩ntas revelaciones, cu谩ntas denuncias har谩n falta para que Suiza, Estados Unidos, Reino Unido y otros pa铆ses cambien sus leyes sobre el secreto bancario, inmobiliario y todas las dem谩s actividades que facilitan el lavado de dinero y promueven el crimen y la corrupci贸n? Mientras esta filtraci贸n mostr贸 que Suiza se beneficiaba de un flujo de dinero procedente de los pa铆ses pobres, el propio sistema es corruptor: la podredumbre del dinero contaminado echa a perder todo aquello con lo que entra en contacto. 

Lo hemos visto con fuerza en Estados Unidos, donde el comandante en jefe era tambi茅n el lavador de dinero en jefe, y ha puesto en peligro la democracia del pa铆s.

Esperemos que los Suisse Secrets, este enorme logro de periodismo honesto y honorable, haga sentir verg眉enza a los que se han resistido a crear un sistema financiero y econ贸mico m谩s transparente. 

Joseph Stiglitz es Premio Nobel de Econom铆a 2001

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Fuente: Attac.es