February 19, 2021
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Flor M煤nera: una vida de lucha por los derechos humanos de los perseguidos.

Este art铆culo forma parte de la serie de reportajes Berracas, que recoge el testimonio de las mujeres supervivientes del conflicto armado en Colombia.

El sol radiante del mediod铆a daba una tregua a los d铆as lluviosos en Ibagu茅, la capital del Tolima. La temperatura que se concentraba en las paredes era sofocante. El calor se hab铆a acumulado durante la ma帽ana en el edificio y generaba una sensaci贸n de bochorno. Al llegar al despacho de Flor M煤nera, ella tecleaba agitada un correo que deb铆a mandar de inmediato para ultimar los tr谩mites de traslado de uno de los presos por los que trabaja. Flor parec铆a claramente una mujer ocupada: ten铆a su tel茅fono m贸vil junto a ella y atendi贸 dos llamadas de las cinco que recibi贸 durante nuestra visita.

Flor M煤nera, enfermera de profesi贸n, es una de las miles lideresas sociales colombianas que ha dedicado toda su vida a los dem谩s mediante la lucha sindical y la defensa de los derechos humanos. Su movilizaci贸n sindical inici贸 en 1969, durante su etapa como enfermera y, tras 18 a帽os de ejercicio sanitario en el Hospital Federico Lleras Acosta en Ibagu茅, ingres贸 en 1975 en la Fundaci贸n Comit茅 de Solidaridad con los Presos Pol铆ticos (CSPP). Una organizaci贸n que ha trabajado desde su creaci贸n por la garant铆a de los Derechos Humanos de los colombianos procesados por delitos pol铆ticos y judicializados por participar en la protesta social. Todo ello, mediante la asistencia jur铆dica y econ贸mica a los presos y la denuncia de la represi贸n y el abuso del Estado contra las organizaciones de los trabajadores.

鈥淢i trabajo se basa en la defensa de las personas detenidas por razones pol铆ticas鈥

Flor explica con determinaci贸n en qu茅 consiste su labor como defensora de derechos humanos en el CSPP: 鈥淣osotros hacemos un trabajo de defensa de las personas detenidas por razones pol铆ticas鈥. Casi de forma autom谩tica y ante la confusi贸n que, seg煤n ella, suscita el concepto de 鈥渄etenidos pol铆ticos鈥, subraya: 鈥淢uchas veces la gente cree que son detenidos pol铆ticos los paramilitares y resulta que para nosotros no. Definitivamente quien est谩 al lado del Estado no necesita protecci贸n ni necesita que le ayuden a reclamar sus derechos鈥. Para ella, quienes necesitan de su ayuda y la del Comit茅 鈥渟on aquellas personas que de una manera u otra han luchado o contin煤an luchando dentro del Estado colombiano por el derecho a la tierra y a la lucha sindical鈥. Dos batallas en las que hist贸ricamente los colombianos han reclamado sus derechos al Estado, con la consciencia de que tienen todas las de perder.

mujeres
El archivo del CSPP almacena la documentaci贸n de todos los casos de trabajadores, sindicalistas y estudiantes a los que Flor y el comit茅 ayudan a luchar por sus derechos. Imagen: Elena Bulet

En 1977 el CSPP inici贸 su lucha por la defensa de derechos a ra铆z de la persecuci贸n y el encarcelamiento de la gente que reclamaba sus tierras y era juzgada por consejos verbales de guerra. 鈥淪e empezaron a llevar a campesinos, sindicalistas y estudiantes. Ah铆 la situaci贸n se agranda y los trabajadores se unen鈥, todo ello, seg煤n cuenta Flor, para frenar esa situaci贸n y que fuera la justicia ordinaria la que juzgara, investigara y condenara, en 煤ltima instancia, a todas las personas que luchaban por sus derechos.

Una cosa lleva a la otra. La incidencia de Flor en la lucha sindical la condujo a adentrarse en un universo m谩s grande: los derechos humanos. La llegada de Flor al Comit茅 tiene lugar tras la necesidad de la organizaci贸n de ampliar su 谩mbito de actuaci贸n a todo el territorio colombiano. El comit茅 extendi贸 su actividad mediante la creaci贸n de seccionales distribuidas en varios departamentos del pa铆s, uno de ellos el Tolima. Flor hab铆a vivido toda su vida en el departamento y trabajaba como enfermera. Desde entonces, de forma paralela, luchaba por sus derechos y los de sus compa帽eros del sector. Las seccionales fueron creadas por los mismos trabajadores y estudiantes que eran judicializados y condenados por su trabajo en Derechos Humanos. Flor llega as铆 a ese nuevo espacio 鈥渕谩s importante鈥 en el que, seg煤n ella, 鈥渟e unen tanto la defensa de los derechos de obreros sindicales, como la de todos los derechos civiles y pol铆ticos de la gente鈥.

Una marca de por vida

Como toda lucha de las organizaciones sociales y defensores de derechos humanos en Colombia, la trayectoria de Flor ha estado tambi茅n marcada por la represi贸n, la estigmatizaci贸n y varios episodios de violencia hacia ella y hacia sus compa帽eros de labor.

Su discurso fluido y su tono de voz contundente y aparentemente inquebrantable 鈥攑ropios de una mujer segura de s铆 misma鈥 se entrecortan al tropezarse con los recuerdos de los cr铆menes m谩s atroces de lesa humanidad que ha tenido que vivir en primera persona por ser defensora de derechos humanos y lideresa social en Colombia. Flor hace una pausa para referirse con los ojos sumidos en el recuerdo a lo que para ella ha supuesto el cambio m谩s dr谩stico en su vida: ser testigo de cr铆menes como la desaparici贸n forzada, la detenci贸n, el exilio y el asesinato de varios de sus compa帽eros.

La lideresa tiene la convicci贸n de que las causas sociales por las que se iniciaron las luchas en el pa铆s, hace m谩s 60 a帽os, contin煤an siendo las mismas por las que hoy lucha la poblaci贸n colombiana. La educaci贸n y la salud contin煤an siendo privilegios que solo una peque帽a parte de los habitantes se puede permitir y la privaci贸n o la dificultad de acceso a ellos son la principal raz贸n de la perpetuaci贸n del conflicto entre el Estado y una parte de su poblaci贸n. 鈥淟os gobiernos son los que siempre han estado en la mira de quitarle los derechos al pueblo y el pueblo ha tenido que estar dando las peleas que siempre ha dado. Y por esas luchas que ha dado ha pasado todo lo que ha pasado en este pa铆s. Un pa铆s, que de todos los del mundo, ha sido de los que m谩s ha durado con una guerra interna鈥.

Caminar por el filo de la aguja

Las incesables amenazas a l铆deres sociales y la ola de asesinatos de defensores de derechos humanos en Colombia son dos grandes vac铆os en el proceso de implementaci贸n del acuerdo de paz en el pa铆s. Las personas que trabajan por la defensa o promoci贸n de los derechos sobre la tierra y el territorio denuncian actos de corrupci贸n y se convierten en opositores de diversos proyectos e intereses del gobierno o de otros poderes en Colombia.

Seg煤n el informe Hasta encontrarlos. El drama de la desaparici贸n forzada en Colombia realizado por el Centro Nacional de Memoria Hist贸rica, un total de 60.630 personas fueron desaparecidas en el marco del conflicto armado durante los 煤ltimos 45 a帽os. Entre 1996 y 2005 se registraron 32.249 de las v铆ctimas por desaparici贸n forzada, m谩s de la mitad de los casos documentados, lo que supuso el momento m谩s cr铆tico en cuanto al fen贸meno se refiere. Flor tuvo que padecer las consecuencias de ejercer como l铆der y defensora de los derechos humanos en Colombia en ese periodo. Ella, mientras lo cuenta, mira hacia arriba como si buscara en sus recuerdos aquella historia que hubiese querido olvidar ya, y prosigue: 鈥淓n el 96 tuve una situaci贸n muy grave a principio de a帽o, un intento de desaparici贸n forzada y despu茅s una persecuci贸n muy fuerte directamente por parte de organismos de seguridad del Estado hasta dictar una orden de captura en mi contra que me oblig贸 a irme del Tolima y a estar por fuera de mi tierra 20 a帽os鈥.

La lideresa tuvo que marcharse, abandonar su hogar, su familia y su tierra para evitar que la detuvieran, la secuestraran o la privaran de su libertad. Para esa 茅poca, Flor trabajaba todav铆a en el Hospital como enfermera y encabezaba desde el sindicato de salud la lucha por los derechos colectivos de los trabajadores. Desde el hospital tambi茅n hab铆a iniciado un acompa帽amiento en defensa del campesinado y su lucha por la tierra. Las amenazas y la propia judicializaci贸n materializada en la orden de captura en su contra la obligaron a huir, a permanecer 20 a帽os fuera del Tolima, a tener que exiliarse fuera de Colombia durante cuatro a帽os, a alejarse de la tierra que la vio crecer y por la que tanto hab铆a luchado. Era su 煤nica opci贸n para mantenerse a salvo.

Flor M煤nera, portavoz del Comit茅 de Solidaridad con los Presos Pol铆ticos (CSPP) gestiona los tr谩mites de asistencia jur铆dica, econ贸mica y de denuncia de los presos pol铆ticos por los que trabaja el Comit茅.

鈥淢e volv铆 como una guerrera鈥

En Flor, la idea de ser l铆der social es pr谩cticamente un legado que su madre le dej贸, una idea que le inculc贸, seguramente casi sin quererlo, 鈥渄esde chiquita鈥, dice. Al pensar en sus inicios como l铆der, esboza una sonrisa nost谩lgica y se da cuenta de que est谩 a punto de desenterrar recuerdos de su vida y de su infancia que son el origen de todo. 鈥淢i madre fue muy peleonera, toda la vida peleaba por tener la junta de acci贸n comunal activa, porque la gente defendiera sus derechos, porque el agua no la da帽aran, porque la tierra no la quemaran (鈥), y nosotros, todos, sin excepci贸n 鈥攆uimos 11 hermanos鈥, ten铆amos alguna cosa que hacer. El que no era l铆der en el colegio, con los otros chinitos en las fincas cog铆a un liderazgo鈥.

Hija de una madre que enviud贸 a temprana edad, y al crecer entre la figura de sus 10 hermanos, todos hombres, Flor dice que se vio obligada a aprender a 鈥済uerrear鈥 y a defenderse desde bien peque帽a. Desde que era una ni帽a Flor empez贸 a cuestionarse sobre la necesidad de ciertas acciones y reivindicaba en contra de estas sin saberlo. Ni siquiera en la escuela Flor dej贸 que los profesores, que, en su 茅poca, les pegaban 鈥減or no hacer bien la tarea鈥, abusaran de su posici贸n de poder.

Los derechos de las mujeres: una lucha de todos

鈥淟as mujeres siempre hemos estado como en la sombra del compa帽ero, del esposo鈥 siempre all谩 como escondiditas. Como que es la que no tiene el derecho sino se da por bien servida por tener un compa帽ero que le d茅 sus hijos, porque son lo mejor que hay para una mujer. Pero realmente, s铆. La mujer s铆 debe organizarse. Pero organizarse sin desconocer que la lucha es de hombres y mujeres, eso me parece muy importante禄. Flor considera que la lucha m谩s acertada es la que se practica conjuntamente entre hombres y mujeres para pelear por lo que verdaderamente se quiere: defender en un pa铆s como Colombia, que 鈥渓a discriminaci贸n, por ejemplo, en el tema de derechos civiles y pol铆ticos es muy marcada鈥, tal y como remarca Flor.

Para continuar su trabajo por el reconocimiento del campesinado e incidir en otros procesos como la construcci贸n de paz y el empoderamiento de la mujer en el territorio, Flor y los dem谩s componentes del Comit茅 han organizado y liderado varios proyectos enfocados en esa direcci贸n, como es el caso de la Escuela Manuel Quint铆n Lame. 鈥淓n la escuela tenemos 40 o 50 personas trabajando y el 80% o, incluso m谩s del 80%, son mujeres. Es una escuela de liderazgo social para que la mujer se empodere porque es que la mujer no ha tenido la posibilidad de decir 鈥榣a finca es m铆a鈥, sino simplemente 鈥榲oy a sembrar la cebolla y el tomate para el caldo, pero es la finca de mi marido鈥 y nosotros queremos que la mujer tambi茅n tenga derecho a la propiedad de su finca鈥. La escuela es para Flor una instituci贸n que da fuerza a las propuestas de defensa del territorio pero, a su vez, supone una oportunidad para las mujeres en la promoci贸n de su autonom铆a econ贸mica y la inclusi贸n de sus propuestas en proyectos como la Escuela.

No hay familia que no haya sufrido las consecuencias de la guerra

Los primeros a帽os de la vida de Flor transcurrieron en el pueblo de su padre, Manzanares, un municipio situado en el departamento de Caldas, en el que, durante las d茅cadas de inicio de La Violencia en Colombia, habitaban mayoritariamente simpatizantes del partido conservador colombiano, los 鈥済odos鈥 como se les conoce de forma coloquial. Sin embargo, la familia de Flor, de origen campesino, simpatizaba con la corriente pol铆tica m谩s liberal.

Desde entonces, Flor y su familia fueron expulsados y vivieron muy de cerca la violencia: 鈥hubo un desplazamiento a todos aquellos que fueran liberales y mi pap谩, a pesar de estar en esa zona, era liberal. (鈥) A 茅l lo mataron all谩 y tuvimos que irnos鈥.  Tras el asesinato de su padre a manos de los 鈥済odos鈥, Flor y su familia tuvieron que vivir, como hist贸ricamente han vivido muchas familias en el pa铆s, un desplazamiento. Ella lo se帽ala: 鈥淐reo que no ha habido una familia en Colombia, de estrato medio, que no haya sufrido las consecuencias de la guerra禄.

Flor afirma que todo el que trabaja en derechos humanos llama v铆ctimas a 鈥渢odas las personas que sufran un ataque por parte del Estado, de sus agentes o en complicidad de ellos鈥. La activista del CSPP es certera: todos, incluida ella, son v铆ctimas del conflicto armado en Colombia. 鈥淪ufr铆 un desplazamiento, sufr铆 la muerte de mi hermano, sufr铆 la ida de otro hermano para la guerrilla de las FARC y la muerte de otro que se fue tambi茅n y lo mataron estando en la guerrilla鈥, confiesa. La naturalidad con la que brotan las palabras de su boca aterran. Tanto como que dejan entrever la misma convivencia con el dolor adoptada en el pa铆s.

Para ella es importante reconocerse como v铆ctima y por eso forma parte del Movimiento Nacional de Cr铆menes del Estado (MOVICE), un movimiento en el que convergen varios procesos organizativos de v铆ctimas de cr铆menes de Estado para reivindicarse como v铆ctimas. 鈥淎ll铆 estamos todas aquellas que consideramos que, de alguna manera, el Estado ha sido responsable de nuestro sufrimiento y de lo que nos ha pasado en esta guerra鈥, declara Flor.

Peri贸dicos, panfletos, carteles y banderines que cuentan la historia de la lucha incansable por los derechos humanos en un pa铆s sumido en la guerra.

Para Flor ha sido imposible aceptar que las personas que han formado parte de la Violencia en Colombia sean consideradas v铆ctimas. 芦Yo no puedo aceptar que hoy sean aquellos que quemaron la gente viva, que la estrangularon, que la cortaron con sierra, los que se consideren v铆ctimas鈥, dice. 鈥 Y cerrando los ojos, como excus谩ndose 鈥, sigue: 鈥溾e pronto hasta all谩 no llega mi capacidad como defensora de derechos humanos. Son personas que hoy est谩n arrepentidas s铆, de pronto, no s茅鈥ero para m铆 no son v铆ctimas. Fueron victimarios y seguir谩n si茅ndolo禄.

No hay reconciliaci贸n sin verdad, ni verdad sin justicia

Para Flor conocer la verdad y hacer justicia es imprescindible cuando se habla de la reconciliaci贸n del pa铆s y la reconstrucci贸n de una sociedad que ha padecido toda la vida los estragos de la violencia. Las desapariciones, secuestros y asesinatos suponen para un pa铆s lleno de color en sus calles y de vitalidad en su gente, la sombra de la que nunca ha podido escapar. De acuerdo con las bases de datos del Centro Nacional de Memoria Hist贸rica de Colombia, entre 1958 y 2018 el conflicto colombiano supuso la muerte de 261.619 personas. Alrededor de 215.000 eran civiles y casi 47.000, combatientes. Flor hace alusi贸n a la realidad de las cifras y admite que es esencial en un proceso de reconciliaci贸n reconocer las muertes que ha acarreado la guerra interna del pa铆s, as铆 como averiguar qui茅nes son los responsables: 鈥淪i nosotros no tenemos esa verdad, no creo que haya perd贸n鈥.

La observaci贸n que hace Flor sobre los acuerdos de paz firmados en 2016 deja entrever sutilmente una exhalaci贸n de esperanza respecto a la situaci贸n del pa铆s: 鈥渟铆 va a haber una reconciliaci贸n. El hecho de que en estos 4 a帽os hayan disminuido tanto los asesinatos, las muertes en combate y todo eso que pasaba cuando estaban agarrados a plomo, pues s铆, lo dice鈥. Sin embargo, su entusiasmo se esfuma r谩pidamente tras la apreciaci贸n que le sucede. 鈥淵o le digo una cosa: las causas sociales que iniciaron la guerra en este pa铆s, la guerra interna que tenemos, no han desaparecido. Siguen all铆. Y como siguen all铆 las cosas van a seguir as铆, no hay remedio si no hay esa voluntad pol铆tica, que llamamos algunos, de que quien gobierna parta la arepita bien鈥.

La paz exige verdad

La reconstrucci贸n del pasado a trav茅s de la memoria hist贸rica se ha convertido en la base para la reconstrucci贸n del pa铆s. La necesidad de construir una memoria colectiva de la sociedad, que recoja los testimonios de los diversos actores del conflicto en Colombia, es incuestionable para no volver a repetir la propia historia.

Seg煤n Flor, desde el Gobierno y bajo su cobijo muchos agentes del conflicto no van a contar jam谩s lo que verdaderamente sucedi贸 y achacar谩n todos los cr铆menes de guerra a las guerrillas y a las fuerzas paramilitares. Convertir谩n la reconstrucci贸n de la memoria en una misi贸n imposible: 鈥淪i no se puede reconocer y decir realmente que eso pas贸, a la memoria hist贸rica le va a faltar algo, es decir, esta mesita con tres patas no va a estar bien derecha, siempre va a estar torcida鈥. La lideresa es muy consciente del papel de la narraci贸n y de la construcci贸n de memoria como factor de no repetici贸n: 芦por la memoria hist贸rica tenemos que contar lo que pas贸 en este pa铆s鈥 porque si se nos olvida nos tocar谩 repetir otra vez la historia, (鈥) creo que es muy importante que nosotros logremos dejar todo eso escrito.鈥

La firme lideresa hace una pausa r谩pida para retomar el aliento, y contin煤a: 鈥淥jal谩 nuestro pa铆s alg煤n d铆a se reconcilie, pero va a ser muy, muy demorado. Porque nosotros, los que trabajamos en la defensa de derechos humanos, acompa帽amos a las v铆ctimas y hacemos esfuerzos porque la gente cuente y alivie su dolor. Pero el gobierno contin煤a sin tener esa capacidad de entender que la gente necesita que le ayuden a eso, que la gente aqu铆 no est谩 pidiendo plata, la mayor铆a de gente est谩 pidiendo verdad鈥.




Fuente: Lamarea.com