December 20, 2022
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Mayra Acu├▒a y ├üngela Ocampo, activistas feministas de Colombia y sobrevivientes de violencia machista, han creado su propio colectivo despu├ęs de pasar m├ís de 20 a├▒os en organizaciones mixtas.

├üngela Ocampo (izda.) y Mayra Acunya. /Foto: Berta Camprub├ş

Esta entrevista fue publicada inicialmente en La Directa en catal├ín. Nosotras apostamos por la l├│gica de compartir y no competir y, por eso, tenemos relaciones muy bonitas con otros medios de comunicaci├│n cr├şticos que apuestan tambi├ęn por otras din├ímicas de periodismo. Suscr├şbete para que siga siendo posible.

Mayra Acu├▒a y ├üngela Ocampo, activistas feministas de la ciudad colombiana de Cali, est├ín de gira por Europa para denunciar las violencias patriarcales vividas durante el paro nacional en su pa├şs y articularse a otros colectivos. Sus trayectorias personales y las violencias de g├ęnero vividas en distintas organizaciones sociales colombianas las llevaron a fundar La Manada Feminista, un colectivo que lucha en la defensa de los derechos humanos y acompa├▒a procesos organizativos de mujeres de su regi├│n.

┬┐Por qu├ę fue necesario crear La Manada?

Mayra Acu├▒a. Cuando ├üngela y yo nos conocimos, nos encontramos con que las dos ven├şamos de rupturas con organizaciones mixtas en las que hab├şamos trabajado y luchado por 20 a├▒os. Las dos ten├şamos experiencia en derechos humanos y hab├şamos sufrido violencia basada en g├ęnero al interior de esos espacios. Hablamos de violencia sexual, psicol├│gica, simb├│lica y lo que eso tambi├ęn representa en t├ęrminos de violencia pol├ştica: que se nos excluyera, que no se nos dejara participar de ciertas acciones. Y nos acab├│ pasando lo que les pasa a muchas: nos autoexiliamos de los mismos procesos de lucha social en los que hab├şamos puesto la cuerpa, como decimos nosotras. Yo estaba lastimada y dolida, pero ├üngela me anim├│ a crear un espacio en el que pudi├ęramos trabajar desde nuestra experiencia, defendiendo los derechos humanos de las mujeres, las personas trans y no binarias. La Manada nace como una apuesta en ese sentido.

La Manada tuvo un papel relevante en la defensa de los derechos humanos durante el paro nacional colombiano de 2021.

├üngela Ocampo. Primero resaltar que, durante el estallido social o paro nacional que ven├şa ya desde 2019, Cali fue un laboratorio de criminalidad estatal, sin dejar de decir que vivimos en una situaci├│n permanente de terrorismo de estado. Adem├ís, el impacto de la pandemia de la Covid-19 devel├│ la pandemia en la que siempre hemos estado las mujeres por el patriarcado: el aislamiento social evidenci├│ una violencia que se dio en el confinamiento y que es la que vivimos las mujeres, personas feminizadas, ni├▒os y ni├▒as en la casa siempre. Esto, sumado a la reforma tributaria y la reforma a la salud, caus├│ un gran descontento social y salimos a las calles. La violencia social que vivimos fue absolutamente desbordante incluso sin precedentes en la historia de paros en Colombia. Nosotras hicimos cubrimiento de las movilizaciones y los puntos de concentraci├│n, atenci├│n de denuncias, gesti├│n de casos, acompa├▒amiento en medio de las agresiones.

┬┐La violencia estatal se aplic├│ de manera diferenciada en los cuerpos de las mujeres?

├üngela Ocampo. Hay unas cifras alarmantes de desaparici├│n forzada, ejecuciones extrajudiciales por parte de la polic├şa, uso desmedido de la fuerza, detenciones ilegales, lesiones oculares y violencia basada en g├ęnero sobre mujeres y disidencias sexuales y de g├ęnero. Esto signific├│ un impacto muy importante. Pudimos documentar e identificar expresiones de esa violencia policial patriarcal y racista que nos deja un informe con caracter├şsticas y patrones de conducta de la policia que demuestra que hay un ensa├▒amiento espec├şfico sobre los cuerpos feminizados y racializados en Colombia. La polic├şa en Colombia forma parte del Ministerio de Defensa, es una polic├şa que est├í formada para la guerra y que la da a la poblaci├│n civil tratamiento de guerra; y, en manera espec├şfica, en Colombia siempre se ha estigmatizado y criminalizado el pensamiento pol├ştico, el pensamiento cr├ştico y la oposici├│n pol├ştica.

┬┐Pueden explicar porque esa violencia de estado sufrida por parte del pueblo colombiano, sobretodo la poblaci├│n feminizada y racializada, es colonial?

├üngela Ocampo. Es una l├│gica colonial por varios aspectos: primero porque, en t├ęrminos geopol├şticos, el estado colombiano est├í al servicio de los intereses de los poderes econ├│micos y pol├şticos extranjeros. Vivimos en un pa├şs que es una colonia, un territorio estrat├ęgico para la pol├ştica exterior del norte global, de Estado Unidos, y que en el marco de los derechos humanos es un territorio que sirve para mostrar resultados en los indicadores de los Objetivos [de Desarrollo] del Milenio que tienen que ver con la pol├ştica internacional de los derechos humanos. En Colombia hay gran inter├ęs por parte de la cooperaci├│n internacional por apoyar los Acuerdos de Paz o los movimientos sociales donde muchas veces se termina imponiendo una agenda que dan unos resultados que hagan subir unos indicadores que supuestamente demuestren que est├í bajando la pobreza, est├í bajando la desigualdad y que est├í subiendo la equidad de g├ęnero. Es importante identificar esto porque estas cifras que salen de Colombia no muestran la profunda desigualdad que persiste y esto lo que hace es que la desigualdad se mantenga. Por otro lado, es colonial porque hablamos de una violencia estatal que se expresa diferente sobre los cuerpos blanco-mestizos masculinos cis heterosexuales, quienes viven una violencia estandarizada ÔÇôque en Colombia significa agresiones, tortura, desapariciones, montajes judiciales etc├ętera- y la que viven los cuerpos feminizados y racializados. Esta es la parte de la colonialidad que no se ve, que no se habla, que es la violencia estructural patriarcal y racista que conlleva la colonialidad, y esta es anterior al capitalismo, donde encontramos otro tipo de ensa├▒amiento y crueldad sobre los cuerpos de las personas feminizadas y racializadas. Ese trato diferencial viene precisamente de esa herida colonial, de jerarquizar las vidas y las existencias: hay unas vidas que valen y otras que no. Hay unos cuerpos a los que se tortura sexualmente adem├ís de los otros tipos de tortura, en donde se ejerce violencia sexual como correctivo social y como sanci├│n pol├ştica.

Mayra Acu├▒a. Ah├ş hay otro elemento: las econom├şas extractivistas y el narcotr├ífico que tambi├ęn sostienen al norte global; seguimos con esta herida colonial y muchas de las comunidades ind├şgenas afro, campesinas que sufren violencias por parte del paramilitarismo, por ejemplo, es porque son travesadas por el extractivismo, ya sea en la Guajira con el carb├│n, en el Norte del Cauca con las plantaciones de coca y marihuana. No solo fue el oro que nos robaron hace 500 a├▒os, sigue pasando, sigue habiendo explotaci├│n y se siguen ejerciendo violencia para poder explotar.

Mayra Acunya (izda.) y ├üngela Ocampo. /Foto: Berta Camprub├ş

Y es una violencia que ha penetrado hasta el interior de las organizaciones sociales, como contaban. ┬┐Qu├ę hicieron o que hay que hacer frente las violencias machistas que ocurren dentro de los espacios de lucha social?

Mayra Acu├▒a. Lo primero es dejar de callar. Esa es nuestra apuesta feminista, que es muy dif├şcil y que nos atraviesa diariamente y nos atraviesa a todas las mujeres en el mundo. Nosotras exponemos en todos los espacios, en todos los lugares que ocupamos, que nosotras somos v├şctimas o sobrevivientes de violencias de g├ęnero y pol├ştica al interior de organizaciones de izquierda. Exponerlo, dec├şrselo a la otra y que entre varias nos acuerpemos, solo as├ş se transforma, no tanto a nivel individual sino colectivo. Es muy importante poner eso en el centro: la violencia pol├ştica no es solo la que ejerce la derecha o el statu quo sobre nosotras, sino que tambi├ęn la ejercen las personas que esperar├şamos que fueran nuestros pares en la lucha. Y a partir de la visibilizaci├│n de nuestros casos, nos vamos a ver qu├ę est├í pasando en otras organizaciones sociales, observando tambi├ęn la violencia que viven las personas trans y no binarias. Hubo mucha resistencia, hubo ataques personales. Y vimos que a las mujeres que todav├şa est├ín en organizaciones no mixtas se les complica mucho se├▒alar; a veces, les da miedo porque o est├ín viviendo violencias en su organizaci├│n o est├ín encubriendo violencias.

├üngela Ocampo. Yo a├▒adir├şa que es muy importante tener espacios no mixtos para poder hablar de las violencias, sino es as├ş no sale. Estos espacios no mixtos dan las pistas de hacia d├│nde apuntar, sino lo hacemos nosotras nadie lo va a hacer.

┬┐Hab├ęis podido identificar que se viven violencias en todas las organizaciones sociales o de izquierda?

Mayra Acu├▒a. Hemos hecho un estudio, con una apuesta metodol├│gica desde la educaci├│n popular, con mujeres de 20 organizaciones diferentes, espacios estudiantiles, campesinos, mujeres reincorporadas de grupos armados, defensoras de derechos humanos, un espacio muy diverso. Pudimos identificar tres cosas: que en todos esos espacios y organizaciones se dan todos los tipos de violencias basadas en g├ęnero, sexual, econ├│mico, psicol├│gica, simb├│lica, f├şsica, espiritual; que en todas se da una feminizaci├│n de las tareas del cuidado, es decir, la econom├şa del cuidado de la izquierda en Colombia la seguimos sosteniendo nosotras y nosotres, hacemos el caf├ę, limpiamos, hacemos la relator├şa etc├ętera; y que se nos sigue excluyendo de los lugares de poder, se nos excluye de las vocer├şas. Otro elemento claro que vimos fue que las mujeres que llegan a esos espacios de poder pasan por un proceso de masculinizaci├│n de su liderazgo.

En algunos sectores digamos progresistas colombianos, sobre todo rurales, la palabra feminismo aun no está aceptada, sea por desconocimiento, sea porque la asociación con el feminismo hegemónico blanco.

├üngela Ocampo. Pasa que en las comunidades rurales, ind├şgenas, afros, campesinas, no sucede nada que no suceda en las organizaciones de izquierda y es que no se reconocen el machismo y el sexismo con el que se nos trata. Y no se reconoce que esta lucha, la de las mujeres, es una lucha que venimos dando: no es que las feministas europeas nos han venido a hablar de eso, sino que nosotras las mujeres de Abya Yala ya estamos luchando desde hace 500 a├▒os. Adem├ís, el feminismo es prolifero, el blanco occidental es un feminismo, y hay feminismo negro, ind├şgena, de Abya Yala, comunitario o popular, que es desde el que nosotras nos paramos como La Manada, que reivindica nuestra historia, nuestras formas, nuestras ra├şces y reivindica tambi├ęn una deuda hist├│rica: la justicia de g├ęnero o justicia feminista. Y bien, el lenguaje no debe ser un problema, si alguien no lo quiere llamar feminismo no es importante, lo importante es que se aborden las violencias que vivimos como mujeres.

Hemos visto cada vez m├ís ejercicios de justicia popular feminista: ┬┐qu├ę creen que tenemos que hacer delante de una agresi├│n?, ┬┐qu├ę hacer con los agresores en nuestro d├şa a d├şa?

Mayra Acu├▒a. La experiencia se ha creado con el camino colectivo de acompa├▒amiento y lo primero que hay que tener en cuenta es que en el centro est├í la persona que sufri├│ la violencia, no el agresor. Que cuando hablemos de justicia, primero hablemos con la persona que vivi├│ la violencia y a partir de ah├ş se piense en las v├şas que van a devenir, primero nosotras, nuestras necesidades, nuestro cuidado. Las apuestas de justicia feminista son muy diversas, con ejercicios de tribunales, pero creo que es muy potente la v├şa de la denuncia p├║blica, el escrache, pero si se piensa como un proceso integral, como uno de los pasos en el proceso de acompa├▒amiento. La justicia es un camino, no es est├ítica, es distinta para cada caso a trav├ęs de cada violencia espec├şfica.

├üngela Ocampo. Hay que denunciar a los agresores, no podemos seguir compartiendo espacios de lucha, de organizaci├│n con violadores o con agresores sexuales. Esto no es de poca importancia, es una vulneraci├│n grave a los derechos humanos. Es un ejercicio de coherencia con nuestra defensa del territorio, de la vida, de la dignidad. Entonces tenemos la justicia penal patriarcal que tenemos, que funciona para los m├ís empobrecidos y racializados, pero tambi├ęn hay formas de justicia propia o feminista donde tiene que darse una sanci├│n social que sea al nivel de la agresi├│n. No podemos seguir soportando que le den seis fuetazos a un violador o que les coloquen en el cepo un d├şa o que solamente se los denuncie en p├║blico como violadores, eso no es justicia. Una violaci├│n o agresi├│n sexual queda para toda la vida para la persona que la sufri├│, hay que contextualizar eso y trabajarlo en los procesos comunitarios para que los agresores no sigan ocupando cargos de responsabilidad y tenga que pagar y reparar de una forma concreta aterrizada en las necesidades de sanaci├│n de la persona victimizada.


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Fuente: Pikaramagazine.com