May 4, 2021
De parte de Vamos Hacia La Vida
170 puntos de vista


Cada primero de mayo es un agridulce recordatorio de nuestra historia como proletarios y proletarias.
Este d铆a resume todas las contradicciones tanto de la sociedad de la explotaci贸n mercantil, como de la lucha revolucionaria por la superaci贸n de 茅sta, es decir, por una sociedad que est茅 m谩s all谩 de la explotaci贸n del trabajo y de producci贸n de mercanc铆as, lucha que sin embargo ha acabado muchas veces con su reforzamiento.
De esta manera, el movimiento obrero tradicional, y sobre todo bajo la conducci贸n de la socialdemocracia, se enfrasc贸 en la lucha contra un polo de la relaci贸n social capitalista, es decir, contra el capital personificado en la clase capitalista, en los patrones, enalteciendo su propia identidad de trabajador y postergando, u olvidando, la abolici贸n de la relaci贸n capitalista como tal. De all铆 que durante el siglo XX todas las revoluciones -pese a la existencia de minor铆as revolucionarias cr铆ticas con el proceso- terminaran en la modernizaci贸n capitalista de los 鈥減a铆ses atrasados鈥 (Rusia, China, Cuba, etc.).
Desde el origen mismo del capitalismo, su desarrollo y consolidaci贸n ha debido sortear la tenaz resistencia de comunidades humanas que se negaban a alimentar con sus vidas el brutal ciclo de producci贸n y acumulaci贸n de valor. El primero de mayo nos recuerda esto con claridad: tras la demanda aglutinante de fijar en 8 horas diarias la jornada laboral, se encontraba la necesidad concreta de trabajar menos (recordemos que las jornadas se extend铆an normalmente por 12 o m谩s horas).
A pesar de los a帽os transcurridos desde mayo de 1886, actualmente el capital en su constante reformulaci贸n sigue perpetuando la explotaci贸n de la actividad humana ya no mediante las extensas jornadas laborales de doce horas, sino que a partir de la introducci贸n de diversas tecnolog铆as que ampl铆an el espacio y el tiempo del trabajo hasta nuestros hogares con el llamado teletrabajo. Adem谩s, la misma din谩mica del trabajo, producto del desarrollo tecnol贸gico en las diversas ramas productivas, crea una creciente masa de seres humanos 鈥渟obrantes鈥, expulsad@s de las esferas directamente vinculadas a los ciclos productivos, extremando la precarizaci贸n que sufren millones de personas alrededor del globo, lo que solo se ir谩 incrementando en el tiempo. Quien pretenda retroceder a los pasados a帽os 鈥渄orados鈥 del capitalismo keynesiano, y seguir enalteciendo la ideolog铆a del trabajo, est谩 condenado irremediablemente al total fracaso.
Considerando el hecho de que nuestra clase produce con sus esfuerzos toda la riqueza de esta sociedad, la izquierda del capital ha levantado el mito de que el socialismo ser铆a la mera toma de posesi贸n de 茅sta, de los medios que la producen y de su repartici贸n 鈥渕谩s justa鈥. Es cierto: todo lo que se produce, crea y construye es obra del proletariado, o m谩s bien de su explotaci贸n, de su actividad enajenada. Pero el mundo que construimos bajo la direcci贸n ciega de la necesidad de acumulaci贸n de capital es cada vez m谩s invivible, la inmensa riqueza producida por esta sociedad es miseria generalizada para la vida de millones de proletari@s. La cr铆tica al capital es necesariamente una cr铆tica a la forma en que se lleva a cabo la producci贸n de mercanc铆as, a la descomunal devastaci贸n que genera inevitablemente del entorno natural, a las condiciones cada vez m谩s horribles de subsistencia a la que nos condena: que mejor ejemplo que la actual crisis sanitaria provocada por la pandemia del coronavirus, a la que solo puede responder llevando al extremo su sistema represivo.
Esta sociedad ha fomentado tambi茅n, con su culto al trabajo y al productivismo, la acentuaci贸n de la jerarquizaci贸n sexista y de la relegaci贸n de las mujeres al plano invisible del capital en donde desaparece al considerar como natural su rol e improductivas sus actividades, inclusos las asalariadas. Silenciando la centralidad que posee su explotaci贸n para la creaci贸n y subsistencia de la civilizaci贸n capitalista. La relegaci贸n al llamado 鈥渢rabajo dom茅stico鈥 y/o de cuidados ha llevado a generaciones de mujeres a buscar la posibilidad de una relativa autonom铆a de la que gozan la mayor铆a de los varones en el acceso a diversos 谩mbitos sociales, pol铆ticos y econ贸micos.
La situaci贸n de la mujer y la dominaci贸n patriarcal no son meros vestigios de antiguas y retr贸gradas sociedades patriarcales, sino el muy actual resultado l贸gico y necesario de la presente organizaci贸n capitalista de nuestro mundo. No es a trav茅s de la incorporaci贸n de las mujeres en esferas tradicionalmente masculinas como se superan las relaciones patriarcales, sino en la abolici贸n de estas instituciones y las relaciones sociales que las engendran, mediante una lucha que reconoce su especificidad, que no hipoteca sus posibilidades por cantos de sirena que prometen una liberaci贸n luego de una revoluci贸n mitificada, y que no se reduce a una -por lo dem谩s imposible en las actuales condiciones- participaci贸n igualitaria en la administraci贸n del mundo existente, como pregonan hoy con m谩s fuerza los aparatos pol铆ticos de diferentes colores, que ahora se jactan de tener sus propios brazos feministas, luego de a帽os de silenciamiento y, muchas veces, complicidad y encubrimiento del abuso de mujeres.
Trabajo viene del lat铆n tripalium, que era una herramienta romana con tres puntas que se utilizaba como instrumento de tortura para esclav@s y re@s.
Somos actor@s del mundo. Nuestro acto es tambi茅n cambio en la naturaleza y con la naturaleza, lo que a veces se confunde con la idea de que el ser humano, al modificar su realidad para sobrevivir, est谩 鈥渢rabajando鈥. El trabajo asalariado, el trabajo que intercambiamos por un salario, es nuestro tripalium. Por eso defendemos nuestra vida frente al trabajo y todo lo que podamos arrancar lo arrancaremos de cuajo, cada mejora que podamos tomar la tomaremos sin dudar, pero tambi茅n apuntamos a un horizonte llamado comunismo. Este horizonte no contempla el trabajo asalariado, contempla la acci贸n en el mundo sin mediaciones, es decir, la distribuci贸n directa de los bienes sin la intervenci贸n del dinero, los salarios u otros mecanismos.
Hoy el car谩cter indispensable del trabajo, de nuestra explotaci贸n, para mantener las ganancias de la clase capitalista, se hace mucho m谩s evidente con las medidas represivas y de control social que llevan a cabo todos los Estados en nombre de la crisis sanitaria, donde nos proh铆ben toda actividad comunitaria que no est茅 directamente vinculada con la producci贸n y el consumo. As铆, las actividades que conllevan mayor riesgo de contagio y expansi贸n del virus, como el transporte hacinado, las condiciones inadecuadas en los lugares de trabajo y los grandes centros comerciales, siguen en funcionamiento, mientras reprimen brutalmente lo que se salga de esos estrechos m谩rgenes. Esta realidad ya no podemos soportarla m谩s.



Fuente: Hacialavida.noblogs.org