October 12, 2021
De parte de Nodo50
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Por Lucio Mart铆nez PeredaNR

El 12 de octubre no hay nada que celebrar: que se lo digan a toda la poblaci贸n exterminada de Centro Am茅rica, a los descendientes de los millones de personas que perdieron su vida trabajando en las minas, a los esclavos tra铆dos de 脕frica, a las mujeres ind铆genas violadas, a los despose铆dos de sus tierras y a los despojados de sus culturas.

Una conquista y una colonizaci贸n siempre tienen como corolario miles de personas asesinadas, sus tierras y propiedades arrebatadas, y sus lenguas y culturas despose铆das. Una conquista y una colonizaci贸n nunca son actos civilizatorios. Siempre son ( sin excepci贸n hist贸rica) actos de dominaci贸n y barbarie.

Zacar铆as de Vizcaya, Ramiro de Maeztu y Manuel Garc铆a Morente, desarrollaron en las primeras d茅cadas del siglo XX el mito de la Hispanidad como s铆ntesis entre la unidad cat贸lica y la unidad nacional. La Hispanidad qued贸 configurada en estos a帽os como elemento del nacional catolicismo y el pensamiento reaccionario espa帽ol. La celebraci贸n se convirti贸 junto a la festividad del 18 de julio en la principal fecha conmemorativa de la dictadura franquista. Desde 1975, a la festividad del 12 de octubre, se le cambi贸 el nombre. Para depurarla y hacerla encajar en los valores pol铆ticos aceptables en democracia se prescindi贸 de sus elementos propagand铆sticos nacional cat贸licos. Pero en la actualidad esa operaci贸n de refinamiento -exitosa cuando la Transici贸n manten铆a sus mitos al resguardo del an谩lisis cr铆tico- ha quedado desnuda y a nadie se le escapa que la festividad contin煤a conmemorando una conquista y una colonizaci贸n. Eso si: sin nombrarlas.

En Am茅rica Latina hab铆a 70 millones de amerindios antes de la llegada de los espa帽oles. 150 a帽os m谩s tarde quedaban solo 3 millones y medio. La mitad muri贸 por enfermedades. El resto fue asesinado en las guerras de conquista o perdi贸 la vida en el trabajo forzado de las minas. Cook y Borah demuestran que la poblaci贸n de M茅xico pas贸 25,2 millones en 1518 a 700 mil en 1623: menos del 3 % de la poblaci贸n original.

Cuando se habla de exterminio no se est谩 recurriendo a un concepto ideologizado o a un slogan propagand铆stico propio de la guerra cultural: H. F. Dobyns calcula que el 95 % de la poblaci贸n total de Am茅rica muri贸 en los primeros 130 a帽os despu茅s de la llegada de Col贸n.

Todo el repertorio de despojos y violencias afect贸 a la poblaci贸n ind铆gena con una trayectoria hist贸rica constante, sin interrupciones temporales, tan solo aminorado por la disminuci贸n de la explotaci贸n de los metales preciosos consecuencia del agotamiento de las minas. Esa explotaci贸n y el despojo de propiedades y vidas no se vieron paliados, ni por las dos Leyes de Burgos, ni por los informes de Bartolom茅 de las casas. Las leyes de Burgos de 1512 y 1542 fueron un brindis al sol. Con escasa repercusi贸n pr谩ctica, sin medios para hacerlas cumplir, no sirvieron para frenar la rapi帽a de miteros y encomenderos procedentes de la corona de Castilla. Despojos -que es necesario recordar- resultaron imprescindibles para que la corona espa帽ola pudiese pagar sus guerras europeas durante m谩s de 2 siglos.

La aculturaci贸n no fue un proceso hist贸rico voluntario. La cristianizaci贸n no result贸 de un acogimiento espont谩neo consecuencia de la percepci贸n natural entre la poblaci贸n ind铆gena de la superioridad de la cultura espa帽ola, la lengua castellana y la religi贸n cat贸lica. La violencia como inevitable partera de la civilizaci贸n y la comparaci贸n con otras colonizaciones, son las justificaciones usadas por los partidos de derechas para exonerar a la monarqu铆a espa帽ola de su responsabilidad hist贸rica en la petici贸n de perd贸n.

El colonialismo es un fen贸meno de violencia integral: violencia cultural y violencia econ贸mica, violencia f铆sica y violencia estructural. La comprensi贸n de este complejo fen贸meno no solo requiere de un relato hist贸rico real, sino tambi茅n de una memoria hist贸rica para divulgarla. No es posible la reversibilidad del pasado, pero si es posible al menos, una memoria hist贸rica que tenga como horizonte reconocer lo sucedido. La negativa del estado espa帽ol a pedir perd贸n por el car谩cter depredador del imperialismo, aleja a Espa帽a de los pa铆ses que ya lo han hecho: B茅lgica, Pa铆ses Bajos, Reino Unido y Francia, pero tambi茅n la aleja de la Iglesia cat贸lica, que acept贸 su responsabilidad con las peticiones de perd贸n de Juan Pablo II en 1992, Benedicto XVI en 2007, y el papa Francisco en varias ocasiones desde 2015.

Los estados, a diferencia de las personas, tienen una responsabilidad hist贸rica heredada que se transmite desde el pasado hasta el presente, de la misma forma que se transmite el poder, que no descansa en los individuos que lo ejercen, sino en el estado que lo legitima.

El papado sabe -desde el Concilio Vaticano II- que el poder no se desprestigia reconociendo sus errores hist贸ricos, al rev茅s: la autocr铆tica, en las sociedades contempor谩neas, no es signo de debilidad, sino de fortaleza moral. Lo que le resulta f谩cil a la Iglesia, tambi茅n deber铆a resultarle f谩cil a la monarqu铆a espa帽ola. El genocidio producido en Latinoam茅rica tendr铆a que formar parte del relato normalizado de la responsabilidad adquirida por la Monarqu铆a. Pero la monarqu铆a espa帽ola contin煤a teniendo una percepci贸n autoritaria del prestigio, similar a la jefatura de un estado dictatorial sabedor de que no puede permitirse el reconocimiento de una culpa ante la ciudadan铆a.

Paralelamente al avance de la divulgaci贸n del conocimiento hist贸rico del genocidio en Latinoam茅rica, la oleadas de protestas ind铆genas contra esta conmemoraci贸n han ido creciendo. Los pueblos ind铆genas han incorporado el conocimiento de la colonizaci贸n como elemento identitario al que no pueden, ni quieren renunciar, ya que la memoria de ese conocimiento resulta necesaria para adquirir existencia como sujetos pol铆ticos, y capacidad para conseguir el poder que les corresponde. En las contempor谩neas sociedades de la memoria las v铆ctimas se han situado en el centro del discurso 茅tico de las democracias. Esa centralidad las constituye en sujeto colectivo con capacidad de acci贸n pol铆tica. LLamar a este ejercicio de pura democracia, 鈥渞eedici贸n indigenista del comunismo鈥 鈥揷omo ha hecho recientemente el PP- es el resultado de una ignorancia dif铆cilmente calificable.

Desde el punto de vista de la historia y la democracia no hay nada que celebrar, pero si hay mucho que celebrar desde el patriotismo espa帽olista de derechas re帽ido con la verdad de lo sucedido. Para el Partido Popular, negar la existencia del genocidio es un recurso propagand铆stico puesto al servicio de un rearme simb贸lico del nacionalismo espa帽ol. Y es en ese sentido que el negacionismo de la colonizaci贸n entre la extrema derecha tiene el mismo aire de familia que el realizado con la dictadura franquista. Pero hay realidades que por mucho disgusto que produzcan y por mucho que sea el empe帽o puesto en retrasarlas acaban imponi茅ndose por el inexorable decurso de los cambios hist贸ricos. Por mucho que el movimiento reaccionario espa帽ol intente hacer desaparecer el hecho colonizador, por mucho que se lancen campa帽as propagand铆sticas como la creada con el texto de Elvira Roca, la colonizaci贸n seguir谩 siendo estudiada con el rigor cient铆fico de los datos, con los hechos demostrados en las fuentes primarias, y las conclusiones derivadas del an谩lisis hist贸rico.

Poner punto y final a la celebraci贸n del 12 de octubre es una deuda que el estado espa帽ol tiene pendiente desde 1975 con todos los pueblos latinoamericanos, pero tambi茅n con los valores 茅ticos que asientan y fortalecen su propia democracia. Para hacernos una idea de la gravedad que encierra esa carencia terminemos haci茅ndonos una simple pero esclarecedora pregunta: 驴se imaginan un d铆a nacional dedicado en Inglaterra a celebrar la dominaci贸n de Escoc铆a e Irlanda present谩ndola bajo la justificaci贸n de un proceso civilizador?

Art铆culo de Lucio Mart铆nez Pereda, Licenciado en Geograf铆a y Historia por la Universidad de Santiago de Compostela y profesor de Historia en el IES Valadares de Vigo. Investig贸 la retaguardia franquista durante la guerra civil espa帽ola: movilizaci贸n, propaganda pol铆tica y depuraci贸n administrativa y estudia la movilizaci贸n y politizaci贸n de masas en la fase inicial de la dictadura en Galicia. Su obra Medo pol铆tico e control social na retagarda franquista fue finalista del Premio da Cr铆tica Galicia 2016.

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Fuente: Eulixe.com