December 8, 2021
De parte de La Haine
160 puntos de vista


Lo que yo hab铆a so帽ado e intuido durante muchos a帽os estaba all铆 presente, corp贸reo, multifac茅tico, pero 煤nico en el esp铆ritu conjunto.
Raul Scalabrini Ortiz

A la visi贸n la acompa帽a la sospecha de que 茅stos no son m谩s que los bastidores de un escenario fabuloso a la espera de un suceso que ni el recuerdo ni la fantas铆a conocen. Algo inaudito ha ocurrido u ocurrir谩 en este teatro.
C茅sare Pavese

Para la apretada franja de sujetos militantes de nuestra generaci贸n -hablamos de las y los militantes pol铆ticos con predisposiciones cr铆ticas y afanes transformadores- el 19/20 de diciembre de 2001 fue un momento sint茅tico y paradigm谩tico en el que depositamos expectativas que hoy pueden parecer desmesuradas. Por un instante fugitivo fuimos aluvionales y nos sentimos amenaza y v铆spera. De pronto, una fuerza com煤n y un deseo compartido lograron que lo cotidiano se comunicara con el futuro.

Por primera y 煤nica vez en nuestro itinerario vital tomamos contacto con la 茅tica de izquierda en su expresi贸n m谩s depurada, sin ornamentos: la 茅tica cr铆tica de la rebeli贸n contra la iniquidad de los poderes opresores. Asimismo, pudimos respirar en ambientes pol铆ticamente educadores y extendidos, tuvimos una experiencia de ciudadan铆a colectiva y logramos amasar algunas mitolog铆as callejeras. Communards del conurbano, rele铆amos Las Tesis de Abril de Vladimir I. Lenin en el Ferrocarril Roca; o Huelga de masas, partido y sindicatos de Rosa Luxemburgo en el Ferrocarril Sarmiento. En galpones con piso de tierra invoc谩bamos a John William Cooke y a Agust铆n Tosco. Seducidas y seducidos por organismos “de base” altamente inspiradores, busc谩bamos unirnos a los hechizos al aire libre que acontec铆an por doquier.

Con el paso de los a帽os, el 19/20 de diciembre de 2001 se convirti贸, pr谩cticamente, en una categor铆a ideol贸gica. Para la derecha se deline贸 como una noci贸n general asimilada a una experiencia traum谩tica: a caos social e institucional, a desacato e ingobernabilidad; tambi茅n como un acicate para las estrategias preventivas de quienes viven actualizando la Doctrina de la Seguridad Nacional y saben deleitarse en las palabras de orden, jerarqu铆a y mando vertical-patriarcal. Para la izquierda, por lo menos para una parte de ella y por distintos motivos, se constituy贸 en una noci贸n que celebraba la intensidad de la lucha de clases, siempre presta a estimular praxis militantes y perspectivas de acci贸n auto-determinadas.

Las y los que, desde la derecha o la izquierda, suelen ensayar perspectivas de larga duraci贸n, no pueden evitar percibir al 19/20 de diciembre de 2001 como una gran se帽al (la primera en la Argentina) de la crisis de reproducci贸n social del neoliberalismo (capitalismo financiarizado) de la cual se derivan otras crisis, especialmente una crisis de gobernabilidad democr谩tica que arrastra a varias de sus instituciones adjuntas, incluyendo los viejos partidos pol铆ticos y el sindicalismo tradicional. Por supuesto, las conclusiones (y las acciones) propuestas desde cada conf铆n del espectro ideol贸gico y pol铆tico son antag贸nicas.

Si las finanzas globales hab铆an mostrado su eficacia para disciplinar a los Estados, el 19/20 de diciembre de 2001 mostr贸 que no era tan f谩cil hacer lo propio con las poblaciones; que el silencio, la aceptaci贸n y la obediencia eran aparentes y superficiales y ocultaban un fondo donde lat铆a un obstinado esp铆ritu de rebeli贸n plebeya contra el destino; que el triunfo ideol贸gico del neoliberalismo (de la ideolog铆a del neoliberalismo), en Nuestra Am茅rica, no se asentaba sobre pilares s贸lidos y distaba de ser definitivo; que una parte muy importante de la sociedad civil popular contradec铆a el proceso de naturalizaci贸n de la injusticia, de la pobreza y del d茅ficit de democracia. Alimentado por los desequilibrios inherentes al neoliberalismo, este obstinado esp铆ritu de rebeli贸n plebeya, esta negativa a naturalizar lo aberrante, reapareci贸 una y otra vez: en Bolivia, Chile, Colombia, etc. Antes se hab铆a anunciado en Caracas (el 27 de febrero de 1989) y en Chiapas (1 de enero de 1994).

Como categor铆a ideol贸gica, el 19/20 de diciembre de 2001 no deja de resaltar u ocultar matices originarios: mensajes cifrados. No deja de priorizar o relegar sentidos. Pero esta no deja de ser una condici贸n a la que debe enfrentarse toda ex茅gesis y es lo que hace posible que el acontecimiento perviva como manantial de revelaciones.

Es bien sabido que las personas suelen vivir experiencias id茅nticas con conciencias diversas y que, adem谩s, todo acontecimiento hist贸rico pasa indefectiblemente por “lecturas” m谩s o menos prestigiosas, m谩s o menos oficializadas (o institucionalizadas), con m谩s o menos audiencias. Existe un “desde hoy” que es inevitable. Las m煤ltiples lecturas convocan a m煤ltiples sentidos. Y las lecturas incluyen las historias de vida de quienes leen.

驴Generaci贸n? El concepto retumba idealista, pero no pretendemos asignarle una entidad que no posee. Hablamos de generaci贸n en un sentido acotado y muy elemental. Nos referimos a los retazos de algunos imaginarios sociales hist贸ricos (marcos referenciales) a trav茅s de los cuales un grupo etario, m谩s o menos amplio, vivencia o interpreta un tiempo hist贸rico preciso y comparte expectativas; a los modos diversos en que ese grupo es condicionado por lo que una 茅poca siente, piensa y conversa. Sin lugar a dudas, las condiciones de clase, de g茅nero, entre otras, son determinantes a la hora de procesar esos imaginarios, lo que no niega la relativa “universalidad” de los mismos. Y si bien hablamos de “la parte politizada” de nuestra generaci贸n, de las y los que habitamos el 19/20 de diciembre de 2001 como una fisura org谩nica y con una incontrolable ansiedad pol铆tica, cabe se帽alar que “la parte no politizada” de ning煤n modo permaneci贸 inmune a esos imaginarios y a sus efectos.

La generaci贸n de marras est谩 compuesta, entonces, por todas aquellas y todos aquellos que no vivenciamos los procesos hist贸ricos de las d茅cadas de 1960 y 1970 y sus acontecimientos profundos; por atravesarlos en la infancia, por haber nacido en esas mismas d茅cadas, o incluso en la de 1980. Hijas e hijos mayores de la derrota, esa primogenitura pes贸 (y pesa) sobre nosotras y nosotros como una loza de cemento. Adem谩s, como seres condenados a un mundo de apariencias y a una temporalidad opaca: al contrato, la competencia, la meritocracia, la socializaci贸n individualista y la soledad; agobiadas y agobiados por el fatalismo y el escepticismo de la d茅cada de 1990, nunca hab铆amos asistido a la combinaci贸n de bronca, coraje, dignidad, determinaci贸n y confianza. Por lo menos no a gran escala. Hab铆amos tomado contacto con cada componente por separado, pero no sab铆amos de su coincidencia. No hab铆amos tenido la experiencia de procesos de revalorizaci贸n hist贸rica de sujetos, culturas y voluntades colectivas. Ignor谩bamos casi todo sobre la pasi贸n pol铆tica ejercida en exceso, sobre la imaginaci贸n pol铆tica relegando a “la realidad” a lugares secundarios.

Por fuera de las escalas m谩s peque帽as, nunca hab铆amos vivido la pol铆tica como “praxis”; como creaci贸n subjetiva y aut贸noma de la pol铆tica, obviamente vinculada, pero irreductible, a los entornos exteriores. El 19/20 de diciembre de 2001, con la explosi贸n de energ铆as reprimidas durante d茅cadas, con sus vientos discordantes, con su comunidad de v茅rtigos, con sus aspiraciones de im谩genes nuevas, con su restauraci贸n de sentidos ut贸picos, con sus lenguajes que se anticipaban al pensamiento, nos hizo sentir que era posible fugar de la condici贸n de generaci贸n pol铆ticamente frustrada e hist贸ricamente inocua. Que pod铆amos pisar el territorio de una plenitud y una matria/patria verdadera. Que hab铆a motivos para confiar en que un sector extenso de la sociedad civil popular argentina estaba en condiciones de constituirse en fuerza democratizadora y re-fundar una comunidad. Incluso las “clases medias” se aproximaron a la conciencia respecto de su condici贸n subalterna y rozaron una identidad humana.

Entonces, bajo el efecto estimulante de signos promisorios, conjeturamos la apertura de un tiempo propicio para construir desde abajo nuevas formas de vida, de sociedad y de Naci贸n, en fin: pertenencias no alienantes; un nosotras/nosotros/nosotres creado en la confrontaci贸n con el poder real: corporaciones econ贸micas, medios de comunicaci贸n monop贸licos, etc. Las y los m谩s optimistas llegaron a pensar que se iniciaba un proceso largo, exento de toda linealidad, nada apacible (como qued贸 patentizado con la brutal represi贸n que ceg贸 39 vidas) pero “ascendente” y que pod铆a derivar en la organizaci贸n de una fuerza social y pol铆tica capaz de constituirse en embri贸n alternativo de poder; que, seg煤n las traducciones licenciosas del lenguaje gramsciano proliferantes en aquellos d铆as, hab铆a condiciones para conformar un bloque hist贸rico de las clases subalternas y construir una nueva hegemon铆a. En esa coyuntura tan proclive a la imaginaci贸n din谩mica quien esto escribe tambi茅n pens贸 lo mismo.

Pero aquella fe no fue tan ingenua como puede parecer desde hoy. El 19/20 de diciembre de 2001 reactiv贸 la cr铆tica anticapitalista y re-encant贸 el universo plebeyo. Rompi贸 con las filosof铆as de la inercia, recuper贸 espont谩nea o deliberadamente las mejores tradiciones de lucha popular: una especie de mestizaje entre la Comuna de Par铆s de 1871 y el 17 de octubre de 1945, sazonada con ingredientes de todas las rebeliones obreras y populares de nuestra historia: el “Cordobazo” y todos los “azos”. El pueblo argentino movilizado; ocupando el epicentro, las periferias y los hipocentros del espacio p煤blico; construyendo y conquistando espacios p煤blicos alternativos; desairando al mezquino art铆culo 22 de la Constituci贸n Nacional; deliberando y gobernando directamente.

El 19/20 de diciembre de 2001 recompuso la credibilidad de las propuestas que auspiciaban soluciones radicales a la crisis argentina. Expuso de manera descarnada las contradicciones profundas del orden social y las limitaciones de la sociedad capitalista para gestionar esas contradicciones. Puso en evidencia la superficialidad de la pol铆tica burguesa -un orden elevado sobre la “arena”, como dec铆a Rosa Luxemburgo- su car谩cter de “espuma” de la realidad social y todas las miserias que esta condici贸n acarrea; desnud贸 sus ret贸ricas vacuas, su desamparo gnoseol贸gico y 茅tico. La consigna “que se vayan todos”, convertida en sentido com煤n, cargaba una cuota de buen sentido.

El 19/20 de diciembre de 2001, tambi茅n recuper贸 los cuerpos y el riesgo para la pol铆tica. Le puso fin a la desaparici贸n “democr谩tica” de los cuerpos, a la desaparici贸n de los cuerpos “por otros medios” propia de las d茅cadas de 1980 y 1990 que, claro est谩, expresaba una l铆nea de continuidad con el accionar -desprovisto de sutilezas simb贸licas y metaf贸ricas- de la Dictadura Militar.

En forma paralela se exaltaron todos los instrumentos de base. Fue el tiempo de las asambleas y la democracia participativa y directa, un tiempo de gestaci贸n de instituciones propias de las y los de abajo, un tiempo de inmensas “oportunidades (para)institucionales” para la izquierda y los sectores democr谩ticos. Las formas liberales de representaci贸n, con sus organismos y m茅todos tradicionales, mostraron su caducidad. La funcionalidad con la reproducci贸n de la dominaci贸n y la posici贸n de las clases dominantes y los modos aparentes del ejercicio del poder que promueven esas formas fueron repudiados por una parte importante de la sociedad. Se torn贸 evidente el contenido de clase de las formas pol铆ticas, la falacia de la neutralidad de estas 煤ltimas. Las motivaciones fueron muy variadas, pero esta constataci贸n no alcanz贸 (ni alcanza) para ocultar las limitaciones hist贸ricas del capitalismo dizque democr谩tico. El Palacio dej贸 de ser la c谩rcel las cuestiones de Estado: estas comenzaron a debatirse en las calles, en escenarios aut茅nticos. Fue el tiempo del logos horizontal.

Tambi茅n mostraron su caducidad las viejas culturas emancipatorias argentinas: las nacional-populares en sus versiones m谩s convencionales (no necesariamente matizadoras de las determinaciones de clase) y las marxistas-leninistas, ambas enceguecidas y ra铆das por el sometimiento a la tradici贸n. El 19/20 de diciembre de 2001 no las neg贸 como culturas madres, pero propuso un connubio productivo con las mismas. El escenario alent贸 nuevas objetivaciones ling眉铆sticas de la ideolog铆a, la conformaci贸n y adopci贸n de ideologemas menos arcaicos y menos fr谩giles.

El protagonismo popular, el desprestigio de las tradicionales mediaciones pol铆ticas y sindicales, nos puso cara a cara con un par de viejas verdades. La primera: cuando “el pueblo”, “las masas” o “las multitudes” irrumpen en la historia, lo hacen casi siempre contra el Estado y/o contra la dictadura “org谩nica” del mercado. La segunda: el grado de politizaci贸n y radicalizaci贸n de los sectores populares en la Argentina tiende a ser inversamente proporcional a la confianza depositada en la democracia representativa/delegativa y en las burocracias.

Por todas partes se ve铆an anticipos e insumos de una sociedad nueva. Claro, hab铆a que creer para ver. Asomaron algunos costados de un paradigma pol铆tico popular m谩s centrado en la producci贸n de coyunturas y no en la adaptaci贸n a las mismas, m谩s interesado en modificar las correlaciones de fuerza que en surfearlas. Se atisbaron coletazos de una pol铆tica a distancia del Estado, una pol铆tica que interpelaba al Estado, una pol铆tica que buscaba afincarse en otro terreno, que impugnaba los modos verticales de mancomunar con el fin de rehacer al Estado de abajo hacia arriba. Hubo una desconcertante emergencia de cuasi vanguardias que resignificaron la f贸rmula del poder popular.

Enti茅ndase bien, hace 20 a帽os, a煤n en la contig眉idad de la revuelta, no consideramos al 19/20 de diciembre de 2001 como acontecimiento que ven铆a a implantar rupturas tajantes ipso facto o como episodio decisivo de consecuencias inmediatas, sino como la instancia fundacional de un proceso de construcci贸n colectiva de praxis emancipatorias llamadas a suturar las grietas entre lo econ贸mico, lo social y lo pol铆tico; como el inicio de la gestaci贸n preliminar de un proyecto popular, como la inauguraci贸n de toda una 茅poca en la que las y los de abajo elaborar铆an horizontes, m茅todos y lenguajes propios para responsabilizarse de las tareas que las clases dominantes jam谩s iban a resolver.

El 19/20 de diciembre de 2001 fue, para nosotras y nosotros, un punto de partida simb贸lico que sintetizaba, visibilizaba y proyectaba un nuevo sentido com煤n. Sentimos que est谩bamos trasponiendo un umbral. Claro est谩, no fue un rayo en un d铆a soleado. Su supuesta “espontaneidad”, como m铆nimo, deber铆a ser relativizada: los liderazgos -singulares- fueron claves. Por otra parte, como coyuntura cr铆tica del neoliberalismo, el estallido fue construido por las luchas sociales, pol铆ticas y culturales previas, por un acumulado de experiencias de resistencia popular. Hubo un proceso de recomposici贸n, desde abajo, de los entramados plebeyos. Tomas de tierras en el conurbano. La irrupci贸n del precariado (denominaci贸n desconocida en 2001 pero que de alg煤n modo se anunciaba). Las luchas de distintos movimientos: piqueteros, campesinos, de f谩bricas recuperadas y de derechos humanos. El desarrollo de diversas expresiones contra-culturales, de colectivos de contra-informaci贸n, del feminismo popular, colectivos art铆sticos, editoriales, pedag贸gicos, etc. Los formatos pol铆ticos de base y las pr谩cticas deliberativas ensayadas por una parte de los movimientos sociales y las organizaciones populares anticiparon a las asambleas. Estos experimentos fueron como arroyos subterr谩neos, imperceptibles durante mucho tiempo, incluso para una parte de la izquierda que insist铆a en repetir consignas fordistas e institucionalistas como letan铆a.

Si bien no faltaron (nunca faltan) las apelaciones al “d茅ficit de direcci贸n” y a la necesidad de “una direcci贸n consciente” con sus correspondientes ofrecimientos, el 19/20 de diciembre de 2001 inauguraba un tiempo que se negaba rotundamente a las “conciencias externas” y reafirmaba la necesidad de construir momentos de auto-emancipaci贸n colectiva. Momentos desparejos, cr铆ticos, siempre deliberativos y asociados a nuevas instituciones que, a contramano del proverbial jacobinismo de las izquierdas, no se pensaban como transitorias e instrumentales, sino como el fundamento mismo de una nueva sociedad.

Algunas y algunos no quisimos inventarle objetivos al 19/20 de diciembre de 2001. No ca铆mos en la tentaci贸n de buscar las formas “adecuadas” para administrar el desborde. Nos planteamos, simplemente, fundar una pol铆tica a partir de la potencia contra-hegem贸nica, las oportunidades (para)institucionales y los sentidos que extra铆amos del irrepetible acontecimiento: sentidos anticapitalistas, contra-culturales, anti-represivos, anti-patriarcales, militantes, rabiosos, comunitarios, radicalmente democr谩ticos. Sentidos encaminados a construir la independencia y la autonom铆a de una clase plebeya, de un proletariado cada vez m谩s extenso y heterog茅neo. Sin mayor 茅xito, buscamos una l铆nea pol铆tica af铆n al desborde, consustanciada con 茅l.

Las condenadas y los condenados de la matria/patria se alzaron. Recuperaron una parte del terreno arrebatado en las d茅cadas anteriores y se convirtieron en protagonistas de la historia. Se salieron (nos salimos), por un breve lapso de las viejas fatalidades, de los efectos de los experimentos disciplinadores de larga data a los que hab铆an (hab铆amos) sido sometidas y sometidos: el genocidio de la Dictadura Militar (1976-1983), la electoralizaci贸n posterior a 1983, la pauperizaci贸n y la precarizaci贸n de la d茅cada de 1990. Experimentos aberrantes, por su letalidad de corto, mediano y largo plazo; por su gesti贸n urgente o ralentizada de la muerte. El 19/20 de diciembre de 2001 quebr贸 la organicidad gestada por la Dictadura Militar y consolidada en la d茅cada de 1980 y 1990, esboz贸 un “per铆odo cr铆tico” que no lleg贸 desplegarse.

Alentada por mil hartazgos respecto de “lo posible”, se puso de manifiesto una voluntad colectiva de discontinuidad. “Lo posible”, vale recordarlo, se hab铆a tornado insoportable. A veinte a帽os del 19/20 de diciembre de 2001, otra vez se pone sobre el tapete el debate sobre lo posible porque lo posible se ha vuelto, nuevamente, insoportable.

Con el paso de los a帽os, los significados m谩s disruptivos del 19/20 de diciembre de 2001 dejaron de acentuarse y, poco a poco, fueron invisibilizados. Esta especie de “Renacimiento” pol铆tico fue breve y no lleg贸 a ser “Reforma”. Otras interpretaciones infundieron nuevos sentidos. Interpretaciones acuciadas por un proyecto pol铆tico que no pod铆a dejar de recoger (y hasta de reivindicar) la carga rupturista del 19/20 de diciembre de 2001, pero que, al mismo tiempo, necesitaba recomponer los filos de una inercia sustantiva y recuperar las coordenadas fundamentales del per铆odo previo para reinsertar la historia argentina en las l铆neas instituidas por 1976, 1983 y la d茅cada de 1990.

El 19/20 de diciembre de 2001 tambi茅n fue compuesto como un momento de quiebre light en la historia argentina: el cierre de un per铆odo iniciado en 1976 y el inicio de una transici贸n al pos-neoliberalismo que adquirir铆a forma m谩s clara a partir de 2003. Pero… 驴cu谩les fueron los alcances de la ruptura con el neoliberalismo propiciada por el kirchnerismo? 驴Acaso no es posible identificar l铆neas de continuidad en aspectos de fondo, digamos: “estructurales”?

Como acontecimiento hist贸rico el 19/20 de diciembre de 2001, fue decodificado en clave de un preanuncio del kirchnerismo. Lo fue, pero en un sentido muy particular: como instancia que forz贸 una respuesta basada en la construcci贸n, desde el Estado, de una pol铆tica llamada a anular la potencia contra-hegem贸nica del 19/20 de diciembre de 2001, una pol铆tica que recortara sus costados m谩s disruptivos, los aspectos pol铆ticamente creativos de las culturas de supervivencia y de las praxis e instituciones profanas y profanadoras que rebasaban lo real.

El kirchnerismo no potenci贸 estas culturas, praxis e instituciones. “Institucionaliz贸” en los moldes tradicionales a los movimientos de base y alent贸 la creaci贸n de burocracias y militancias gestoras asimiladas al Estado. A esto lo llam贸 “politizaci贸n”. Impuls贸 un proceso de subalternizaci贸n de la autonom铆a popular, fren贸 el proceso de construcci贸n de ciudadan铆a colectiva desde abajo (deliberativo y horizontal) y lo reemplaz贸 por un proceso de construcci贸n de ciudadan铆a-consumidora vertical y estatal (que, como se vio m谩s tarde, resultar铆a ef铆mero y contraproducente). A esto lo llam贸 “empoderamiento”. Le puso ung眉entos al 19/20 de diciembre de 2001 y conden贸 a sus mejores costados a la incomunicabilidad, no sea cosa que conmuevan.

Entonces, el kirchnerismo no fue la continuidad de la impugnaci贸n ensayada el 19/20 de diciembre de 2001, sino un experimento (exitoso) de recomposici贸n pac铆fica del capitalismo argentino y del sistema de dominaci贸n, una recomposici贸n del v铆nculo entre el Estado y la sociedad, muy da帽ado por el neoliberalismo. En aquel contexto, para ser relativamente pac铆fica y poco traum谩tica, estas recomposiciones deb铆an ser reparadoras en diversos 贸rdenes. Por eso la dirigencia m谩s emblem谩tica del kirchnerismo no pod铆a ser inocua ni abiertamente servil con el poder, no pod铆a eludir el hambre y el hast铆o popular a la hora de pensar el poder pol铆tico. Deb铆a modificar la configuraci贸n ensimismada caracter铆stica de las elites pol铆ticas argentinas. Estaba obligada a esgrimir buenas razones y no solo ret贸ricas de la seducci贸n. Tampoco pod铆a ser represora y conservadora como la alternativa duhaldista de la recomposici贸n sist茅mica. La l铆nea expresada en la Masacre de Avellaneda del 26 de junio de 2002, gener贸 el repudio de buena parte de la sociedad y espant贸 a los aparatos pol铆ticos tradicionales. Aunque vale recordar que, raudamente, buena parte de los cuadros del partido de la represi贸n adhirieron sin soluci贸n de continuidad a la recomposici贸n reparadora, adoptaron las jergas nacional-populares m谩s modosas y se adecuaron a la elocuencia humanista y al amor a las multitudes cuando estas, reencauzadas, dejaron de constituir una amenaza para el reestablecimiento del equilibrio y la gobernabilidad. Como se sabe, no hay nada m谩s auto-indulgente que los seres opacos al servicio de alguna objetividad.

La lucha popular, aunque inorg谩nica y fragmentada, hab铆a modificado las correlaciones de fuerza y hab铆a comenzado a comunicar una contra-cultura. La gesti贸n del capitalismo y del Estado argentinos exig铆a hacer concesiones hacia abajo, ya no pod铆a desenvolverse sin resguardos materiales y simb贸licos: un poco de amor al otro/otra/otre; recuperaci贸n de alguna cuota de soberan铆a; redistribuci贸n m谩s equitativa del ingreso; avances en materia de derechos, memoria, verdad y justicia; generaci贸n de condiciones que contrarrestaran el desasosiego y la sensaci贸n de que la vida popular estaba fijada de antemano. De nuevo, el h谩bito de las y los profanadores de Antonio Gramsci llev贸 a concebir al kirchnerismo como una “revoluci贸n pasiva”. Y aunque las categor铆as gramscianas son harto flexibles y generosas, tal vez el sustantivo “revoluci贸n” quede algo grande, a pesar del adjetivo atemperador.

Un conjunto de iniciativas que estaban por debajo de lo que hab铆a sido la experiencia hist贸rica del peronismo, alcanz贸 para una reconstrucci贸n del sentido del peronismo en una clave diferente a la de la d茅cada de 1990. El peronismo, como el nombre de una pol铆tica popular, como aquello que pod铆a conmocionar a las subjetividades normalizadas, remit铆a a una experiencia hist贸rica lejana. Quienes desarrollaron militancias con sentido popular en la d茅cada de 1990 lo saben bien. De nuevo, despu茅s de varios lustros, despu茅s del “incidente menemista”, despu茅s del “incidente duhaldista”, el peronismo pod铆a asociarse a una pol铆tica que no era reaccionaria. Se recompon铆a como identidad espectral. La rebeli贸n popular modific贸 los m谩rgenes de acci贸n, se corrieron los l铆mites de lo posible y el peronismo se acomod贸 a los mismos, para fijarlos.

Desde el Estado se alent贸 un pensamiento diestro para esconderse bajo sus im谩genes y bajo una m铆stica que siempre nos pareci贸 extempor谩nea, casi artificial, poco genuina. El “setentismo” de las primeras d茅cadas del siglo XXI se prest贸 a la parodia. Por eso, tal vez, dio lugar a “Bombita Rodr铆guez”, el personaje inventado por el genial tandem compuesto por Diego Capusotto y Pedro Saborido.

El otro pensamiento y la otra m铆stica, que se estaban elaborando desde abajo y que aspiraban a significar otras cosas y a so帽ar de otro modo, no tuvieron tiempo de afianzarse y propagarse. Se dispersaron y se diluyeron en un sinf铆n de sectarismos tribales, hiperideologizados o desideologizados; en romanticismos antipol铆ticos que fueron incapaces de interrogar las subjetividades disponibles y de comprender la astucia de las y los d茅biles; que creyeron que la utop铆a pod铆a estar m谩s all谩 de la pol铆tica; que olvidaron que, si se quiere ir m谩s all谩 del Estado, no se puede renunciar al Estado. Qued贸 pendiente el gran enigma y el gran desaf铆o: 驴c贸mo asumir el Estado sin transferirle poder de clase?

El kirchnerismo no estaba in pectore en el orden de la verdad vivida intersubjetivamente por quienes protagonizaron las jornadas del 19/20 de diciembre de 2001. Hab铆a all铆 otra cosa. Aunque ahora, muchas y muchos ex protagonistas, acuciadas y acuciados por sus opciones presentes, digan otra cosa.

Sin dudas, el 19/20 de diciembre de 2001 tuvo mucho de reacci贸n visceral y aliment贸 un conjunto de fantas铆as compensatorias, signo de una indefinici贸n ideol贸gica y pol铆tica. Los elementos m谩s disruptivos no coagularon en una ideolog铆a y mucho menos en un proyecto pol铆tico. No resistieron la recomposici贸n material y pol铆tica del capitalismo argentino y las reparaciones de la ilusi贸n de la viabilidad del capitalismo en general. Su potencia fue reconducida hacia lo institucional a los fines de extinguirla.

驴Daba para m谩s? 驴Era posible evitar que tanta acci贸n se escapara de su agente? 驴Era posible sortear la fisura -tan neoliberal, tan tr谩gica- entre las acciones y la posibilidad de conocerlas, entre la experiencia y la autoconciencia? Eso no importa demasiado ahora. Porque la triste verdad es que ni siquiera escribimos el pr贸logo de algo nuevo.

Por acci贸n u omisi贸n, por vacuidad o impericia, nuestra generaci贸n militante tiene alguna responsabilidad en el formateo estatal y gestionario (burocr谩tico) de las nuevas generaciones militantes, de su tendencia a depositar expectativas en banalidades, de su escasa predisposici贸n a refutar la pereza de lo continuo, de su sentido pr谩ctico c铆nico y paralizante, de su poco vuelo on铆rico, de su craso empirismo asistencial y de su mediocridad sub-reformista que solo sirve para incubar alternativas pol铆ticas aberrantes.

Como consuelo nos queda cierta inteligencia respecto de la imposible normalidad del capitalismo, sobre todo del capitalismo perif茅rico, cada vez m谩s inviable cuanto m谩s rent铆stico, financiarizado y extractivista (驴acaso puede ser otro modo?). La actividad aut贸noma del proletariado extenso, en alguna medida, est谩 determinada por esa inviabilidad. Nos queda el compromiso empecinado de transmitir la confianza en la din谩mica de las tormentas y en los sentidos y las verdades que emanan del movimiento. Nos queda el recurso pedag贸gico de la apelaci贸n a los signos m谩s fugaces del 19/20 de diciembre de 2001, esos que transmiten otra cosa: lo que vale la pena. Sobre todo, nos queda un poco de luz y la 铆ntima felicidad derivada de una sospecha que nunca dejamos de abrigar: la potencia contra-hegem贸nica que el 19/20 de diciembre 2001 puso en evidencia sigue trabajando en muchos intersticios, subterr谩neamente, y est谩 presta a estallar.

Lan煤s Oeste, 19 de noviembre de 2021




Fuente: Lahaine.org