October 18, 2022
De parte de Asociacion Germinal
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Cuando en los medios de comunicaci贸n se habla o escribe sobre la guerra espa帽ola del 36, cosa que ocurre raras veces, pr谩cticamente nunca se insiste sobre el hecho de la revoluci贸n que la acompa帽贸 siempre como un amante indeseable. En su momento, el disimulo de la revoluci贸n social en la ciudad y el campo fue una magna obra de ocultaci贸n y desfiguraci贸n llevada a cabo principalmente por el estalinismo, no sin la complicidad de los partidos y organizaciones que colaboraron con 茅l y obedecieron sus directrices. A todos los bandos leales les conven铆a el encubrimiento, y especialmente a la burocracia sovi茅tica, pues con 茅l se pretend铆a poner fin a la no intervenci贸n de las democracias burguesas. En vano. La guerra la ganaron los fascistas, y la revoluci贸n, liquidada ya en el bando republicano, fue arrinconada en el desv谩n de la memoria, olvidada, aunque no sus responsables, o los que fueron acusados de tales, que fueron implacablemente masacrados tras la farsa de juicios sumar铆simos.

En una 茅poca hiperacelerada como la actual, el escamoteo de la revoluci贸n, o de toda la guerra si se quisiera, es f谩cil, pues el acontecimiento, a pesar de ser el de mayor importancia en el siglo XX, representa para una sociedad civil incapaz de autonom铆a, entregada completamente al presente, una fracci贸n muy peque帽a de tiempo cada vez m谩s lejano, y por lo tanto, cada vez m谩s extra帽o e incomprensible. El pasado es lo que menos preocupa a la mayor铆a de los individuos que nacieron durante el tardofranquismo y la llamada Transici贸n, de alguna forma beneficiarios de la prosperidad econ贸mica que sigui贸 a la posguerra europea. Son personas que interiorizaron los valores consumistas de la burgues铆a, conformes con su miseria existencial, luego sin inter茅s por la historia, desmemoriadas, encerradas en su esfera privada, sometidas al bombardeo constante de mensajes unilaterales de la dominaci贸n, y por consiguiente, sin vida p煤blica ni pensamiento propio, obedientes a los designios de las jerarqu铆as establecidas. La desaparici贸n del movimiento obrero revolucionario permiti贸 asimilar de buen grado la nueva versi贸n propagandista de la guerra civil, la del olvido pactado entre el franquismo reformador y la oposici贸n blanda, que lamentaba 芦una guerra entre hermanos禄 felizmente reconciliados y amnistiaba a los responsables del genocidio posguerrero. Hubo guerra, 芦con errores en ambos bandos禄, pero si nos atenemos al esp铆ritu del pacto de silencio, dej贸 de haberla.

En un mundo donde nada es lo que parece, donde el pasado lo escriben y reescriben los vencedores, la verdad hay que buscarla en el reverso de la historia, por abajo, desenterrando el punto de vista de los vencidos. Solamente as铆 resplandecer谩. Si contemplamos los hechos en la perspectiva de los vencedores, la monarqu铆a liberal de hoy vendr铆a a ser heredera de la rep煤blica democr谩tica de entonces, violentamente purgada por un exceso de celo militar que trajo el par茅ntesis del r茅gimen franquista. Sin embargo, nadie podr铆a explicar inteligiblemente la dictadura pasada consider谩ndola un error fatal, una excepci贸n tr谩gica a la norma democr谩tica y progresista corregida por suerte para todos en 1978. La sangrienta Dictadura de Franco anduvo 铆ntimamente ligada a la profunda crisis capitalista de los a帽os treinta, tanto pol铆tica como econ贸mica, es decir, que tuvo mucho que ver con el fracaso de la democracia parlamentaria y el fiasco del progreso industrial y tecnol贸gico, dos falacias enormes sobre las que se sostiene el estatu quo contempor谩neo. Fue pues en tanto que salvaci贸n extremista del orden, un lance moderno, necesario, justificado desde la 贸ptica de la clase dominante. Tanto como lo ha sido su disoluci贸n relativa en un sistema que quienes lo implantaron denominaron democr谩tico.

La izquierda del r茅gimen partitocr谩tico imperante se cree audaz cuando va un paso m谩s all谩 y define la pasada guerra civil como un confllicto entre azules y rojos, es decir, entre democracia y fascismo. Esa visi贸n, digamos oficiosa, participa en el ninguneo del hecho revolucionario, que, tal como anta帽o hicieron los estalinistas, lo tacha de exceso causado por el irrealismo de las minor铆as anarquistas y su utopismo culpable. Nada que valga la pena recordar sino como deplorable extralimitaci贸n pasional de turbas incontroladas que dio pie a lamentables des贸rdenes no deseados por los leg铆timos representantes de la autoridad. De esta forma, el democratismo ciudadano de nuestros progresistas posmodernos presenta la revoluci贸n casi como un crimen, y en efecto, para la clase derrocada en el 36 la actividad revolucionaria fue criminal. Parafraseando al marqu茅s de Sade, a帽adir铆amos que la revoluci贸n es el crimen que contiene todos los cr铆menes. La revoluci贸n aspira a crear un orden nuevo, igualitario, m谩s justo y m谩s libre, pero no hay creaci贸n verdadera sin destrucci贸n previa de lo existente. Para la guerra civil la negatividad creadora de las masas se concret贸 en justicia revolucionaria contra los enemigos de clase, incendio de iglesias y objetos religiosos (s铆mbolos ideol贸gicos del patriotismo faccioso), destrucci贸n de archivos, expropiaciones, registros, formaci贸n de milicias, control de f谩bricas y colectivizaci贸n de tierras. Un oprimido de la v铆spera dec铆a de los ricos: 芦nosotros los ve铆amos como si fueran el diablo, y ellos a nosotros igual禄. Cualquier acci贸n, al negar el orden establecido, es mala para los poderosos desarmados, algo as铆 como un delito grav铆simo, pero hasta la peor fechor铆a puede perdonarse 驴C贸mo? Por su 茅xito. Todo acto de la revoluci贸n es criminal mientras esta no haya triunfado: el triunfo absuelve el crimen. La revoluci贸n ser谩 juzgada por su victoria, por imponer sus ideales, por realizar sus objetivos y cumplir sus promesas. Pero los revolucionarios que fracasan son criminales para la posteridad determinada por su derrota. Cualquier calumnia que se les endose ser谩 verdadera para los o铆dos de los vencedores. Entonces, teniendo en cuenta la ortodoxia de la dominaci贸n, nada m谩s malvado y criminal que la Columna de Hierro.

La Columna de Hierro fue la vanguardia armada m谩s genuina del proletariado valenciano urbano y campesino. Dec铆a una de sus hojas: 芦hombres duros, con coraz贸n desbordante de amor, paladines de la libertad y escudo de seres indefensos禄. Ninguna formaci贸n represent贸 mejor el idealismo libertario, ni hubo otra que se opusiera con m谩s vehemencia a las contradicciones de la CNT y la FAI, cuyos dirigentes debido a 芦las circunstancias禄 hac铆an girones de sus principios y se somet铆an a una alianza nacionalista de clases calificada, alegremente de antifascista. Sus decisiones tomadas al margen de los comit茅s org谩nicos, disgustaron a la burocracia confederal y espec铆fica y la pusieron en serios aprietos. En consecuencia, aquella trabaj贸 de consuno con sus enemigos naturales -los caciques pol铆ticos, los burgueses camuflados, los ministros y los estalinistas- para socavar su fuerza e influencia. Ninguna columna anarquista arremeti贸 tanto como ella contra la burgues铆a industrial y terrateniente, pisoteando sin ambages los sacrosantos principios de la propiedad, el mercado, la religi贸n y el orden. Su animadversi贸n hacia el Estado fue proverbial. Nunca contemporiz贸. Desde un principio dej贸 claro que sus milicianos no se bat铆an por preservar la legalidad republicana, sino por la revoluci贸n. Resisti贸 hasta lo indecible a la militarizaci贸n. El Estado no era nada para ella y permitir que se reconstituyese y armase un ej茅rcito era el mayor desacierto que se pod铆a cometer. Hubo importantes factores que inclinaron la balanza del lado de los facciosos, como por ejemplo la debilidad internacional de la clase obrera y la ayuda fascista a los sublevados, pero fue sobre todo gracias a la restauraci贸n del Estado que la revoluci贸n social fue aniquilada y se perdi贸 la guerra, algo que figurar谩 siempre en el haber de quienes no debieron ayudar a los restauradores y sin embargo lo hicieron.

La Columna de Hierro fue la milicia m谩s consecuente en la teor铆a y la pr谩ctica de las ideas, esc谩ndalo que nunca le perdonaron. Fue colocada por su propia Organizaci贸n en la tesitura de convertirse en brigada de un ej茅rcito estatal o disolverse. Escogi贸 lo primero, pero a las primeras de cambio, se la utiliz贸 como carne de ca帽贸n en una irracional y cruenta batalla de desgaste. Hubo muchas bajas y significativas deserciones. La brigada se reconstruy贸 con reclutas. El esp铆ritu de la columna se quebr贸 definitivamente y la fama que la envolvi贸 qued贸 a merced de la maledicencia. Por una suerte de iron铆a compensatoria, su ardor revolucionario fue confirmado a la contra, gracias a ser la unidad miliciana m谩s denigrada de la historia. Los que de una manera u otra la difaman, viendo lo que son, donde se sit煤an y lo que hacen, en realidad le rinden homenaje.

Miquel Amor贸s

Presentaci贸n del libro 芦La Columna de Hierro. Hechos reales, haza帽as y fabulaciones sobre la c茅lebre milicia revolucionaria del proletariado禄, de la editorial Milvus, en la Fira del llibre anarquista de Pedreguer, 12 de septiembre de 2022.

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Fuente: Asociaciongerminal.org