September 18, 2021
De parte de La Haine
179 puntos de vista


NdeLH: El libro de Frances Stonor Saunders ‘La CIA y la Guerra Fr铆a Cultural‘ presenta un informe detallado de las medios por los que la CIA penetr贸 e influenci贸 a una amplia gama de intelectuales y organizaciones culturales europeas y americanas, a trav茅s de grupos que le serv铆an de pantalla y organizaciones como las Fundaciones Ford y Rockefeller, para atacar a la Uni贸n Sovi茅tica y otros pa铆ses socialistas. La CIA tambi茅n public贸 y tradujo a autores conocidos que segu铆an la l铆nea de Washington, patrocin贸 el arte abstracto para contrarrestar el arte con contenido social y, por todo el mundo, subvencion贸 a peri贸dicos que criticaban el marxismo, el comunismo y las ideas pol铆ticas revolucionarias, Y absolv铆an, o ignoraban, la pol铆tica imperialista violenta y destructiva de los EEUU. Para servir estas pol铆ticas, la CIA pudo reclutar a algunos de los exponentes occidentales m谩s estent贸reos de la “libertad” intelectual, llegando hasta a tener a algunos intelectuales directamente en la n贸mina de la CIA.

Muchos se involucraron conscientemente en los “proyectos” de la CIA, entre ellos George Orwell, seg煤n documenta Stonors Saunders y otros investigadores, como Jos茅 Miguel Oviedo. Orwell no solo fichaba a sus amigos escritores para que, a sabiendas o no, colaboraran con la propaganda antisocialista. No conforme con eso, su anticomunismo fan谩tico le hizo entregar a la Inteligencia brit谩nica una lista con decenas de nombres de intelectuales “criptomunistas”, se帽alados por Orwell como personas del campo intelectual, art铆stico o period铆stico que son simpatizantes o potenciales aliados del comunismo. Identificado con las siglas FO 1110/189, puede ser consultada en el Archivo Nacional Brit谩nico. Esa “lista negra” es un extracto de otra, con m谩s de un centenar de nombres, que figuraba en un cuaderno de apuntes del escritor, depositado en el Archivo Orwell del University College de Londres.

Hoy son bien conocidas las maniobras de la CIA como cooptadora, tras la fachada del llamado Congreso por la Libertad de la Cultura, de la revista Enconter y de su versi贸n espa帽ola Cuadernos para la Libertad de la Cultura, que en la d茅cada de los sesenta fue reemplazada por Mundo Nuevo, dirigida por el cr铆tico uruguayo Emir Rodr铆guez Monegal. Esta guerra fr铆a cultural toc贸 tambi茅n, de otro modo, a Orwell: auspici贸 traducciones de Animal farm a varias lenguas orientales y una versi贸n como historieta de la misma obra, que tuvo una difusi贸n mundial.

El texto que sigue del bi贸grafo de Trotsky, Isaac Deutscher, analiza c贸mo el anticomunismo de Orwell apenas le permit铆a ver que las caracter铆sticas que 茅l atribuia a su Gran Hermano estaban m谩s presentes en Occidente que en los pa铆ses socialistas.

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Pocas novelas escritas en esta generaci贸n han conseguido una popularidad tan grande como 1984 de Orwell. Quiz谩 ninguna otra haya hecho un impacto similar en la pol铆tica. El t铆tulo de la obra de Orwell es un t茅rmino de oprobio pol铆tico. Palabras acu帽adas por 茅l 鈥 鈥漬eodecir鈥, 鈥漹iejo颅decir鈥, 鈥漨utabilidad del pasado鈥, 鈥漨inisterio de la Verdad鈥, 鈥漰olic铆a del pensamiento鈥, 鈥漜rimino颅pensar鈥, 鈥漝oblepensar鈥, 鈥漵emanade-odio鈥, etc. 鈥 han entrado en el vocabulario pol铆tico; aparecen en la mayor铆a de los art铆culos period铆sticos y los discursos antirrusos y anticomunistas. La televisi贸n y el cine han familiarizado a un p煤blico de muchos millones de personas, a ambos lados del Atl谩ntico, con la cara amenazadora del 鈥滸ran Hermano鈥, y la pesadilla de una 鈥漁cean铆a鈥 supuestamente comunista.

La novela ha servido como una especie de superarma ideol贸gica en la guerra fr铆a. Como en ning煤n otro libro o documento, el miedo convulsivo al comunismo, que ha barrido al Occidente desde la terminaci贸n de la segunda guerra mundial, ha tenido su reflejo y su foco en 1984.

La guerra fr铆a ha producido una 鈥漝emanda social鈥 de tales armas ideol贸gicas lo mismo que ha producido la demanda de superarmas f铆sicas. Pero las superarmas son genuinas proezas de la tecnolog铆a; y no puede haber discrepancia entre el empleo al que pueden destinarse y la intenci贸n de sus productores: est谩n destinadas a extender la muerte, o, al menos, a amenazar con una destrucci贸n total. En cambio, un libro como 1984 puede ser utilizado sin mucha consideraci贸n hacia las intenciones de su autor. Algunos de sus aspectos pueden ser arrancados de su contexto, mientras que otros, que no se ajustan al prop贸sito pol铆tico a cuyo servicio se ha puesto el libro, son ignorados o virtualmente suprimidos. Y un libro como 1984 no necesita ser una obra maestra literaria, ni siquiera una obra importante y original, para producir su impacto. En verdad, una obra de gran valor literario suele ser demasiado rica en su textura y demasiado sutil en forma y pensamiento para prestarse a una explotaci贸n adventicia. Por regla general, sus s铆mbolos no pueden ser f谩cilmente transformados en focos hipnotizantes, ni sus ideas convertidas en esl贸ganes. Las palabras de un gran poeta, cuando entran en el vocabulario pol铆tico, lo hacen mediante un proceso de infiltraci贸n lento, casi imperceptible, no en una incursi贸n fren茅tica. La obra maestra literaria influye en la mentalidad pol铆tica mediante su fertilizaci贸n y enriquecimiento desde dentro, no aturdi茅ndola.

1984 es la obra de una imaginaci贸n intensa y concentrada, pero tambi茅n atemorizada y restringida. Un cr铆tico hostil la ha despreciado como 鈥漢istorieta de horror pol铆tico鈥, lo cual no es una descripci贸n justa. En la novela de Orwell hay ciertos estratos de pensamiento y sensibilidad que la ponen a un nivel francamente m谩s alto que el que sugiere aquella etiqueta. Pero es verdad que el simbolismo de 1984 es grosero y tosco; que su s铆mbolo principal, el Gran Hermano, se parece al hombre malo de un cuento infantil desprovisto de arte; y que la narraci贸n de Orwell desarrolla algo como un argumento de pel铆cula de 鈥漜ienciaficci贸n鈥 de clase vulgar, con horrores mec谩nicos amontonados sobre horrores mec谩nicos, hasta tal punto que, en definitiva, las ideas m谩s sutiles de Orwell, su simpat铆a por sus personajes y su s谩tira de la sociedad de sus d铆as (no de 1984) pueden no llegar a comunicarse al lector. 1984 no parece justificar el que se llame a Orwell el Swift de nuestro tiempo, t铆tulo al que Animal Farm da alguna justificaci贸n. A Orwell le falta la riqueza y sutilidad de pensamiento, y la imparcialidad filos贸fica del gran sat铆rico. Su imaginaci贸n es feroz y a veces penetrante, pero carece de amplitud, flexibilidad y originalidad.

Podemos ilustrar la falta de originalidad con el hecho de que Orwell tom贸 la idea de 1984, la trama argumental, los personajes principales, los s铆mbolos y todo el clima de su narraci贸n, de un escritor ruso que ha permanecido casi ignorado en el Occidente. Ese escritor es Evgenii Zamiatin, y el t铆tulo del libro que sirvi贸 de modelo a Orwell es Nosotros. Como 1984, Nosotros es una 鈥漚ntiutop铆a鈥, una visi贸n de pesadilla del futuro y un lamento de Casandra. La obra de Orwell es una variaci贸n plenamente inglesa sobre el tema de Zamiatin: y quiz谩s el car谩cter enteramente ingl茅s de la perspectiva de Orwell es lo que da a 1984 la originalidad que posee.

Pueden no estar fuera de lugar aqu铆 algunas palabras sobre Zamiatin. En la vida de los dos escritores hay algunos puntos semejantes. Zamiatin pertenece a una generaci贸n anterior: naci贸 en 1884 y muri贸 en 1937. Sus primeros escritos, como algunos de los de Orwell, fueron descripciones realistas de la clase media baja. En su experiencia de la revoluci贸n rusa de 1905, Zamiatin desempe帽贸 aproximadamente el mismo papel que Orwell desempe帽贸 en la guerra civil de Espa帽a. Particip贸 en el movimiento revolucionario, fue miembro del partido socialdem贸crata ruso (al que todav铆a pertenec铆an bolcheviques y mencheviques) y fue perseguido por la polic铆a zarista. Cuando baj贸 la marea de la revoluci贸n, sucumbi贸 a un talante de 鈥漰esimismo c贸smico鈥; y rompi贸 con el partido socialista, cosa que Orwell, menos consecuente, e influido hasta el final por una prolongada lealtad al socialismo, no hizo. En 1917, Zamiatin ve铆a la nueva revoluci贸n con ojos fr铆os y desilusionados, convencido de que nada bueno saldr铆a de ella. Tras un breve encarcelamiento, el gobierno bolchevique le permiti贸 marchar al extranjero; y fue en Par铆s, emigrado, donde escribi贸, al empezar la d茅cada de los veinte, su Nosotros.

La afirmaci贸n de que Orwell ha tomado de Zamiatin los principales elementos de 1984 no es la adivinaci贸n de un cr铆tico con habilidad para rastrear influencias literarias. Orwell conoci贸 la novela de Zamiatin y qued贸 fascinado por ella. A prop贸sito de la misma escribi贸 un ensayo, que apareci贸 en una publicaci贸n socialista de izquierda, Tribune, de la que Orwell era director literario, el 4 de enero de 1946, reci茅n editada Animal Farm, y antes de que el propio Orwell comenzase a escribir 1984. El ensayo es notable, no solamente como un testimonio concluyente, proporcionado por Orwell mismo, sobre el origen de 1984, sino tambi茅n como comentario a la idea que subyace tanto a Nosotros como a 1984.

Orwell inicia su ensayo con la declaraci贸n de que, despu茅s de haber buscado en vano durante a帽os la novela de Zamiatin, hab铆a finalmente conseguido una edici贸n francesa (titulada Nous autres), y que le hab铆a sorprendido que no hubiera sido publicada en Inglaterra, aunque en los EEUU hab铆a aparecido una edici贸n, que no hab铆a suscitado gran inter茅s. 鈥滺asta donde yo soy capaz de juzgar 鈥 contin煤a Orwell 鈥 no se trata de un libro de primer orden, pero es, ciertamente, desacostumbrado, y resulta sorprendente que ning煤n editor ingl茅s haya sido lo bastante emprendedor para reeditarlo.鈥 (El ensayo conclu铆a con estas palabras: 鈥滶s un libro que habr谩 que buscar cuando aparezca una edici贸n inglesa鈥.)

Orwell advirti贸 que Un mundo feliz, de Huxley, 鈥漷iene que derivar en parte鈥 de la novela de Zamiatin, y se preguntaba por qu茅 鈥漞so no ha sido nunca advertido鈥. El libro de Zamiatin era, en su opini贸n, muy superior y m谩s 鈥漰ertinente a nuestra propia situaci贸n鈥 que el de Huxley. Trata de 鈥漧a rebeli贸n del esp铆ritu humano primitivo contra un mundo racionalizado, mecanizado y sin dolor鈥.

鈥漇in dolor鈥 no es la expresi贸n adecuada: el mundo de la visi贸n de Zamiatin est谩 tan lleno de horrores como el de 1984. El propio Orwell presentaba en su ensayo un sucinto cat谩logo de aquellos horrores, de modo que el ensayo parece ofrecer una sinopsis de 1984. Los miembros de la sociedad descrita por Zamiatin, dice Orwell, 鈥漢an perdido de una manera tan completa su individualidad que se les conoce solamente por n煤meros. Viven en casas de vidrio … que permiten a los polic铆as pol铆ticos, como los guardianes, supervisarles con mayor facilidad. Todos visten uniformes id茅nticos, y el modo com煤n de hacer referencia a un ser humano es `un n煤mero’, o `un unif’ (uniforme)鈥.

Orwell observa entre par茅ntesis que Zamiatin escribi贸 鈥漚ntes de que se inventase la televisi贸n. En 1984 se introduce ese refinamiento tecnol贸gico, as铆 como los helic贸pteros, desde los cuales la polic铆a supervisa los hogares de los ciudadanos de 鈥漁cean铆a鈥 en los pasajes iniciales de la novela. En la sociedad futura de Zamiatin, como en 1984, el amor est谩 prohibido: el trato sexual est谩 estrictamente racionado, y s贸lo se permite como un acto no emocional. El Estado 煤nico es gobernado por una persona conocida por 鈥漞l Benefactor鈥, precedente obvio del Gran Hermano.

鈥滶l principio-gu铆a del estado es que felicidad y libertad son incompatibles… El Estado 煤nico ha restablecido la felicidad del hombre, suprimiendo la libertad.鈥 Orwell describe al personaje principal de Zamiatin como 鈥漸na especie de ut贸pico Billy Brown de la ciudad de Londres鈥, que est谩 鈥漜onstantemente horrorizado por los impulsos at谩vicos que se apoderan de 茅l鈥. En la novela de Orwel, ese ut贸pico Billy Brown lleva por nombre Winston Smith, y su problema es el mismo.

Tambi茅n por lo que respecta al principal motif de su argumento est谩 Orwell en deuda con el escritor ruso. Veamos la definici贸n del propio Orwell: 鈥滱 pesar de la educaci贸n y de la vigilancia de los guardianes, muchos de los antiguos instintos humanos est谩n a煤n presentes鈥. El personaje principal de la obra de Zamiatin 鈥漵e enamora (lo cual es, desde luego, un crimen) de I-330鈥, lo mismo que Winston Smith comete el crimen de enamorarse de Julia. En la novela de Zamiatin, como en la de Orwell, el asunto amoroso se mezcla con la participaci贸n del h茅roe en un 鈥漨ovimiento de resistencia clandestino鈥. Los rebeldes de Zamiatin 鈥漚parte de conspirar para derrocar el estado, se entregan tambi茅n, cuando bajan las cortinas, a vicios tales como fumar cigarrillos y beber alcohol鈥; Winston Smith y Julia se permiten beber 鈥漹erdadero caf茅 con verdadero az煤car鈥 en su escondrijo sobre la tienda de Charrington. En ambas novelas el crimen y la conspiraci贸n son, desde luego, descubiertos por los guardianes, o la polic铆a de pensamiento; y en ambas el h茅roe es 鈥漟inalmente salvado de las consecuencias de su propia locura鈥.

La combinaci贸n de 鈥漜uraci贸n鈥 y tortura, por la que los rebeldes de Zamiatin y de Orwell son 鈥漧iberados鈥 de sus impulsos at谩vicos, hasta que empiezan a amar al Benefactor, o al Gran Hermano, son sumamente parecidas. En Zamiatin:

鈥滾as autoridades anuncian que han descubierto la causa de los recientes des贸rdenes: es que algunos seres humanos sufren de una enfermedad llamada imaginaci贸n. El centro nervioso responsable de la imaginaci贸n ha sido localizado, y la enfermedad puede ser curada mediante un tratamiento de rayos X. D-503 sufre la operaci贸n, despu茅s de lo cual le es f谩cil hacer lo que siempre ha sabido que deber铆a hacer: delatar a la polic铆a a sus camaradas de conspiraci贸n鈥.

En ambas novelas el acto de la confesi贸n y la traici贸n de la mujer a la que el h茅roe ama son los shocks curativos.

Orwell cita la siguiente escena de tortura de la obra de Zamiatin:

鈥滶lla me miraba, con las manos apretadas en los brazos del sill贸n, hasta que los ojos se le cerraron por completo. Se la llevaron de all铆, la volvieron en s铆 por medio de un electroshock y volvieron a colocarla bajo la campana. La operaci贸n se repiti贸 durante tres veces, y ni una sola palabra sali贸 de sus labios鈥.

En las escenas de tortura de Orwell se dan abundantemente los electroshocks y los brazos de sill贸n, pero Orwell es mucho m谩s intenso y sadomasoquista en sus descripciones de la crueldad y el dolor. Por ejemplo:

鈥漇in ninguna advertencia, a no ser un ligero movimiento de las manos de O’Brien, una onda de dolor sali贸 de su cuerpo. Era un dolor espantoso, porque 茅l no pod铆a ver lo que suced铆a, y ten铆a la sensaci贸n de que se le estaba haciendo alg煤n da帽o mortal. No sab铆a si la cosa estaba ocurriendo realmente o si el efecto se produc铆a el茅ctricamente; pero su cuerpo hab铆a sido violentamente retorcido hasta quedar deformado, sus articulaciones estaban siendo lentamente desgarradas. Aunque el dolor le cubr铆a la frente de sudor, lo peor de todo era el miedo de que su espinazo estaba a punto de estallar. Apretaba los dientes y respiraba con dificultad por la nariz, tratando de guardar silencio el mayor tiempo posible.鈥

La lista de los puntos en que Orwell copia a Zamiatin est谩 lejos de ser completa; pero dejemos ahora la trama de las dos novelas para ocuparnos de su idea de fondo. Al comparar a Zamiatin con Huxley, Orwell dice:

鈥滶s su captaci贸n intuitiva del lado irracional del totalitarismo (el sacrificio humano, la crueldad como un fin en s铆, el culto a un jefe al que se conceden atributos divinos) lo que hace al libro de Zamiatin superior al de Huxley鈥.

Y eso mismo es, podemos a帽adir nosotros, lo que le hace modelo del de Orwell. Al criticar a Huxley, Orwell escribe que no sab铆a encontrar ninguna raz贸n clara para que la sociedad de Un mundo feliz estuviese tan r铆gida y elaboradamente estratificada:

鈥滾a finalidad no es la explotaci贸n econ贸mica … no hay hambre de poder, ni sadismo, ni ninguna clase de dureza. Los que est谩n arriba no tienen ning煤n motivo fuerte para estar arriba, y, aunque todo el mundo es feliz, de una manera vac铆a, la vida se ha hecho tan insustancial que es dif铆cil que tal sociedad pudiera mantenerse鈥 (el subrayado es m铆o).

En contraste, la sociedad de anti-utop铆a de Zamiatin podr铆a durar, seg煤n la opini贸n de Orwell, porque en ella el supremo motivo de acci贸n y la raz贸n de la estratificaci贸n social no es la explotaci贸n econ贸mica, para la que no hay necesidad, sino precisamente 鈥漞l hambre de poder, sadismo y dureza鈥 de los que 鈥漞st谩n arriba鈥. Es f谩cil reconocer en eso el leitmotiv de 1984.

En 鈥漁cean铆a鈥 el desarrollo tecnol贸gico ha alcanzado un nivel tan alto que la sociedad podr铆a satisfacer perfectamente todas sus necesidades materiales y establecer la igualdad. Pero la desigualdad y la pobreza se mantienen para conservar en el poder al Gran Hermano. En el pasado, dice Orwell, la dictadura salvaguardaba la desigualdad; ahora la desigualdad salvaguarda la dictadura. Pero 驴a qu茅 prop贸sito sirve, a su vez, la dictadura?

鈥滶l partido quiere el poder simplemente por el poder … el poder no es un medio, es un fin. No se establece una dictadura para salvaguardar una revoluci贸n; se hace la revoluci贸n para establecer la dictadura. El objeto de la persecuci贸n es la persecuci贸n … El objeto del poder es el poder.鈥

Orwell se preguntaba si Zamiatin 鈥漰retend铆a que el r茅gimen sovi茅tico fuese el objetivo especial de su s谩tira鈥. No estaba seguro de eso.

鈥滱 lo que Zamiatin parece apuntar no es a una naci贸n particular, sino a los objetivos impl铆citos de la civilizaci贸n industrial … Nosotros evidencia que Zamiatin ten铆a una fuerte inclinaci贸n al primitivismo … Nosotros es, en efecto, un estudio de la M谩quina, el genio al que el hombre, irreflexivamente, ha hecho salir de su botella, y al que no puede volver a encerrar en 茅sta.鈥

Tambi茅n en 1984 es patente esa ambig眉edad en las intenciones del autor.

La conjetura de Orwell sobre Zamiatin era correcta. Aunque Zamiatin se opon铆a al r茅gimen sovi茅tico, lo que 茅l satirizaba no era, ni exclusiva ni principalmente, dicho r茅gimen. Como observ贸 acertadamente Orwell, la Rusia sovi茅tica de los primeros a帽os ten铆a pocos rasgos en com煤n con el supermecanizado estado de la anti-utop铆a de Zamiatin. La inclinaci贸n de 茅ste hacia el primitivismo estaba en l铆nea con una tradici贸n rusa, con la eslavofilia y la hostilidad hacia el Occidente burgu茅s, con la glorificaci贸n del mujik y de la vieja Rusia patriarcal, con Tolstoi y Dostoyevski.

Hasta en su condici贸n de emigrado, Zamiatin estaba desilusionado del Occidente, a la manera rusa. A veces pareci贸 medio reconciliado con el r茅gimen sovi茅tico, cuando 茅ste estaba ya produciendo su Benefactor, en la persona de Stalin. En la medida en que dirig铆a los dardos de su s谩tira contra el bolchevismo, lo hac铆a sobre la base de que 茅ste estaba empe帽ado en reemplazar la vieja Rusia primitiva por la sociedad moderna, mecanizada. De un modo bastante curioso, Zamiatin situ贸 su historia en el a帽o 2600; y parec铆a decir a los bolcheviques: 茅se ser谩 el aspecto de Rusia, si consegu铆s dar a vuestro r茅gimen el fondo de la tecnolog铆a occidental. En Zamiatin, como en algunos otros intelectuales rusos desilusionados del socialismo, el anhelo a帽orante de los modos primitivos de pensamiento y vida era natural, por cuanto el primitivismo estaba todav铆a muy vivo en el trasfondo ruso.

En Orwell no hab铆a ni pod铆a haber esa aut茅ntica nostalgia de la sociedad pre-industrial. El primitivismo no ten铆a parte alguna en su experiencia, a no ser durante su estancia en Birmania, donde le atrajo fuertemente. Pero Orwell estaba aterrorizado por los usos que podr铆an dar a la tecnolog铆a hombres dispuestos a esclavizar a la sociedad; y, as铆, tambi茅n 茅l lleg贸 a poner en cuesti贸n y satirizar 鈥漧os objetivos impl铆citos de la civilizaci贸n industrial鈥.

Aunque su s谩tira est谩 m谩s claramente dirigida contra la Uni贸n Sovi茅tica que la de Zamiatin, Orwell ve铆a tambi茅n elementos de su 鈥漁cean铆a鈥 en la Inglaterra de su propio tiempo, para no hablar de-los EEUU. En realidad, la sociedad de 1984 encarna todo lo que 茅l odiaba, todo lo que le disgustaba en su propia circunstancia: la gris monoton铆a del suburbio industrial ingl茅s, la 鈥漨ugrienta, tiznada y hedionda鈥 fealdad de lo que trataba de recoger en su estilo naturalista, reiterativo, opresivo: el racionamiento de la comida y los controles gubernativos que conoci贸 en la Gran Breta帽a en guerra; la 鈥漛asura de peri贸dicos que apenas contienen otra cosa que deportes, cr铆menes, astrolog铆a, sensacionales noveluchas baratas, pel铆culas encenagadas en el sexo鈥. Orwell sab铆a bien que en la Rusia stalinista no exist铆an peri贸dicos de ese tipo, y que los defectos de la prensa stalinista eran de una especie enteramente diferente. El 鈥漬eodecir鈥, mucho m谩s que una s谩tira del lenguaje stalinista, lo es de la jerga estereotipada del periodismo anglo-norteamericano, que 茅l detestaba, y con el que, como periodista en activo, estaba familiarizado.

Es f谩cil se帽alar los rasgos del partido de 1984 que satirizan al partido laborista brit谩nico m谩s que al partido comunista sovi茅tico. El Gran Hermano y sus secuaces no hacen intento alguno de adoctrinar a la clase obrera, una omisi贸n que Orwell habr铆a sido el 煤ltimo en referir al stalinismo. Sus proletarios 鈥漹egetan鈥: 鈥漨ucho trabajo, disgustos mezquinos, pel铆culas, juego … llenan su horizonte mental鈥. Como los peri贸dicos-basura y las pel铆culas encenagadas en el sexo, el juego, el nuevo opio del pueblo, pesa poco en la escena rusa. El ministerio de la Verdad es una transparente caricatura del ministerio de Informaci贸n de Londres durante la guerra. El monstruo de la visi贸n de Orwell, como toda pesadilla, est谩 hecho de toda clase de rostros, rasgos y formas, familiares y no familiares. El talento y la originalidad de Orwell se hacen patentes en los aspectos dom茅sticos de su s谩tira. Pero en la boga alcanzada por 1984 esos aspectos apenas han sido notados.

1984 es un documento de oscura desilusi贸n, no s贸lo por el stalinismo, sino por todas las formas y esquemas de socialismo. Es un grito salido del abismo de la desesperaci贸n. 驴Qu茅 es lo que sumergi贸 a Orwell en tal abismo? Fue, sin ninguna duda, el espect谩culo de las grandes purgas stalinistas de 1936-38, cuyas repercusiones experiment贸 茅l en Catalu帽a. Como hombre sensible e 铆ntegro no pod铆a reaccionar ante aquellas purgas m谩s que con ira y horror. Su conciencia no pod铆a ser calmada por las justificaciones y sofismas stalinistas, que por entonces calmaron la conciencia de, por ejemplo, Arthur Koestler, escritor de gran brillantez y complejidad, pero inferior en resoluci贸n moral. Las justificaciones y sofismas stalinistas estaban al mismo tiempo por debajo y por encima del nivel de razonamiento de Orwell: estaban por debajo y por encima del sentido com煤n y el empirismo obstinado del Billy Brown de la ciudad de Londres, con el que Orwell se identificaba incluso en sus momentos m谩s rebeldes o revolucionarios. Estaba ultrajado, conmocionado, sacudido en sus creencias. Nunca hab铆a sido miembro del partido comunista. Pero, como adicto al semi-trotskista P.O.U.M., hab铆a aceptado t谩citamente, a pesar de todas sus reservas, una cierta comunidad de prop贸sitos y una solidaridad con el r茅gimen sovi茅tico; a trav茅s de todas sus vicisitudes y transformaciones, que eran para 茅l algo oscuras y ex贸ticas.

Las purgas y sus repercusiones en Espa帽a no solamente destruyeron aquella comunidad de prop贸sitos, no solamente le hicieron ver la brecha entre stalinistas y anti-stalinistas, que se abr铆a s煤bitamente en el interior de la Espa帽a republicana en guerra. Ese efecto inmediato de las purgas era poca cosa al lado del 鈥漧ado irracional del totalitarismo: sacrificios humanos, crueldad como un fin en s铆, el culto de un jefe鈥 y 鈥漞l color de las siniestras civilizaciones esclavistas del mundo antiguo鈥 que se extend铆a sobre la sociedad contempor谩nea.

Como la mayor铆a de los socialistas brit谩nicos, Orwell no hab铆a sido nunca marxista. La filosof铆a del materialismo dial茅ctico le hab铆a parecido siempre demasiado abstrusa. De un modo m谩s instintivo que consciente, hab铆a sido un firme racionalista. La distinci贸n entre marxista y racionalista es de alguna importancia. Contrariamente a una opini贸n muy extendida entre los pa铆ses anglosajones, la filosof铆a marxista no es racionalista: el marxismo no supone que los seres humanos est茅n guiados, por regla general, por motivos racionales, ni que se les pueda persuadir por medio de la raz贸n a que se hagan socialistas.

El mismo Marx comienza El Capital con su elaborada investigaci贸n filos贸fica e hist贸rica de los modos de conducta y pensamiento 鈥漟etichista鈥 arraigados en la 鈥漰roducci贸n de mercanc铆as鈥, es decir, en el trabajo del hombre para un mercado y en dependencia de 茅ste. La lucha de clases, seg煤n Marx la describe, es cualquier cosa antes que un proceso racional. Eso no impide que los racionalistas del socialismo se definan a s铆 mismos, a veces, como marxistas. Pero el aut茅ntico marxista puede pretender estar mejor preparado que el racionalista para las manifestaciones de la irracionalidad en los asuntos humanos, incluso para manifestaciones tales como las grandes purgas de Stalin. El marxista puede sentirse trastornado o mortificado por ellas, pero no necesita sentirse sacudido en su Weltanschauung, mientras que el racionalista est谩 perdido y desamparado cuando la irracionalidad de la existencia humana le mira s煤bitamente a la cara. Si se aferra a su racionalismo, la realidad le escapa. Si persigue la realidad y trata de agarrarla, tiene que separarse de su racionalismo.

Orwell persigui贸 la realidad y se encontr贸 a s铆 mismo despojado de sus supuestos conscientes e inconscientes sobre la vida. A partir de entonces, su pensamiento no pod铆a apartarse de las purgas. Directa e indirectamente, 茅stas le proporcionaron los temas de casi todo lo que escribi贸 despu茅s de su experiencia en Espa帽a. Era una obsesi贸n honorable, la obsesi贸n de una mente no inclinada a defraudarse c贸modamente a s铆 misma y a dejar de luchar con un alarmante problema moral. Pero en la lucha con las purgas, la mente de Orwell qued贸 infectada de la irracionalidad de aqu茅llas. Se encontr贸 incapaz de explicar lo que hab铆a sucedido en t茅rminos que le fueran familiares, los t茅rminos del sentido com煤n empirista. Al abandonar el racionalismo, fue viendo cada vez m谩s la realidad a trav茅s de las gafas oscuras de un pesimismo casi m铆stico.

Se ha dicho que 1984 es la invenci贸n de la imaginaci贸n de un hombre moribundo. Hay en eso algo de verdad, pero no toda la verdad. Fue, ciertamente, en la 煤ltima llamarada agonizante y febril de su vida cuando Orwell escribi贸 ese libro. De ah铆 la extraordinaria, la deslumbradora intensidad de su visi贸n y de su lenguaje, y la casi f铆sica inmediatez con que sufr铆a las torturas que su imaginaci贸n creadora hac铆a padecer a su protagonista. Identificaba su propia tambaleante existencia f铆sica con el cuerpo deca铆do y encogido de Winston Smith, al que comunicaba, por as铆 decirlo, su propia agon铆a. Proyect贸 los 煤ltimos espasmos de su propio sufrimiento en las p谩ginas finales de su 煤ltimo libro. Pero la explicaci贸n principal de la l贸gica interna de la desilusi贸n y el pesimismo de Orwell no se encuentra en la agon铆a mortal del escritor, sino en la experiencia y el pensamiento del hombre vivo, y en su reacci贸n convulsiva de su racionalismo derrotado.

鈥滶ntiendo c贸mo; no entiendo POR QU脡鈥, es el estribillo de 1984. Winston Smith sabe c贸mo funciona 鈥漁cean铆a鈥 y c贸mo funciona su elaborado mecanismo de tiran铆a, pero no sabe cu谩l es su 煤ltima causa ni su 煤ltima finalidad. Se dirige en busca de respuesta a las p谩ginas de 鈥漞l libro鈥, el misterioso cl谩sico de 鈥漜riminopensar鈥, que se atribuye a Emmanuel Goldstein, el inspirador de la hermandad conspiratoria. Pero solamente consigue leer aquellos cap铆tulos de 鈥漞l libro鈥 que tratan del c贸mo. La polic铆a de pensamiento cae sobre 茅l justamente cuando est谩 a punto de empezar a leer los cap铆tulos que prometen explicar el PORQU脡; y la pregunta queda sin respuesta.

脡se fue el problema del propio Orwell. Preguntaba el porqu茅, no tanto a prop贸sito de la 鈥漁ceania鈥 de su visi贸n cuanto a prop贸sito del stalinismo y las grandes purgas. En un determinado momento busc贸 la respuesta en Trotski: de Trotski-Bronstein tom贸 los pocos datos biogr谩ficos, e incluso la fisonom铆a y el nombre jud铆o para Emmanuel Goldstein; y los fragmentos de 鈥漞l libro鈥, que ocupan tantas p谩ginas de 1984, son una par谩frasis patente, aunque no muy lograda, de La revoluci贸n traicionada. A Orwell le impresion贸 la grandeza moral de Trotski, pero al mismo tiempo en parte desconfiaba de 茅ste, y en parte dudaba de su autenticidad. La ambivalencia de su imagen de Trotski encuentra su contrapartida en la actitud de Winston Smith hacia Goldstein. Al final, Smith no puede poner en claro si Goldstein y la hermandad existieron alguna vez en realidad, o si 鈥el libro鈥 no habr铆a sido una falsificaci贸n ideada por la propia polic铆a de pensamiento. La barrera entre el pensamiento de Trotski y 茅l mismo, una barrera que Orwell nunca pudo llegar a romper, era el marxismo y el materialismo dial茅ctico.,Orwell encontr贸 en Trotski la respuesta al c贸mo, no al porqu茅.

Pero Orwell no habr铆a podido satisfacerse con un agnosticismo hist贸rico. El era todo menos un esc茅ptico. Su constituci贸n mental era m谩s bien la del fan谩tico, determinado a hallar una respuesta a su pregunta, una respuesta r谩pida y clara. Le ten铆an en una tensi贸n llena de desconfianza y sospechas las oscuras conspiraciones maquinadas por ellos contra las buenas costumbres de Billy Brown, de la ciudad de Londres. Ellos, eran los nazis, y los stalinistas … y Churchill, y Roosevelt, y, en definitiva, todos los que tuvieran alguna raison d’茅tat que defender, porque, en el fondo, Orwell era un candoroso anarquista, y, a sus ojos, cualquier movimiento pol铆tico perd铆a su 鈥漴az贸n de ser鈥 desde el momento en que adquir铆a una 鈥漴az贸n de estado鈥. El analizar un complicado tel贸n de fondo social, el verificar y desenredar mara帽as de motivos pol铆ticos, c谩lculos, miedos y sospechas, y discernir la condicionante presi贸n de las circunstancias detr谩s de la acci贸n de aqu茅llos, eran cosas que estaban fuera de su alcance. Las generalizaciones sobre fuerzas y tendencias sociales, e inevitabilidades hist贸ricas, le hac铆an erizarse de suspicacia.

No obstante, sin algunas generalizaciones de ese tipo, adecuada y parcamente empleadas, no es posible dar una respuesta realista a la pregunta que preocupaba a Orwell. Su mirada estaba fija en los 谩rboles, o, mejor dicho, en un solo 谩rbol, puesto ante sus ojos, y estaba casi ciego para ver el bosque. A pesar de lo cual, su desconfianza ante las generalizaciones hist贸ricas le condujo finalmente a adoptar y abrazar la m谩s vieja, la m谩s trivial, la m谩s abstracta, la m谩s metaf铆sica y la m谩s infecunda de todas las generalizaciones: todas las conspiraciones, todos los complots, y las purgas, y las componendas diplom谩ticas de ellos, ten铆an una fuente, y tan s贸lo una fuente: 鈥漢ambre s谩dica de poder鈥. De ese modo, Orwell salt贸 desde el sentido com煤n racionalista y cotidiano al misticismo de la crueldad que inspira 1984.2

2. Esa opini贸n se basa tanto en recuerdos personales como en el an谩lisis de la obra de Orwell. Durante la 煤ltima guerra, Orwell pareci贸 atra铆do por el tono cr铆tico, entonces algo poco usual, de mis comentarios sobre Rusia, aparecidos en The Economist, The Observer y Tribune. (M谩s tarde, ambos fuimos corresponsales de The Observer en Alemania, y ocasionalmente compartimos una habitaci贸n en un campamento de prensa.) Sin embargo, me cost贸 poco tiempo darme cuenta de las diferencias de perspectiva, por debajo de nuestra aparente coincidencia. Recuerdo que me desconcertaba la testarudez con que Orwell hac铆a hincapi茅 en 鈥漜onspiraciones鈥, y que su modo de razonar en cuestiones pol铆ticas me dio la impresi贸n de una sublimaci贸n freudiana de man铆a persecutoria. Orwell estaba, por ejemplo, inconmoviblemente convencido de que Stalin, Churchill y Roosevelt conspiraban conscientemente para dividirse el mundo, definitivamente, entre ellos, y subyugarlo en com煤n. (Podemos ver en ese momento de la biograf铆a de Orwell el origen de su idea de Ocean铆a, Asia oriental y Eurasia.)

鈥漈odos ellos est谩n sedientos de poder鈥, sol铆a repetir. Cuando en una ocasi贸n le indiqu茅 que por debajo de la solidaridad aparente de los tres Grandes se pod铆a discernir claramente el conflicto entre ellos, que ya entonces asomaba a la superficie, Orwell qued贸 tan sorprendido e incr茅dulo que inmediatamente llev贸 nuestra conversaci贸n a su columna del Tribune, y a帽adi贸 que 茅l no ve铆a se帽al alguna de la proximidad del conflicto de que yo hablaba. Aquello era en los d铆as de la conferencia de Yalta, o poco despu茅s, cuando no era necesaria una gran capacidad de previsi贸n para ver lo que iba a ocurrir. Lo que me chocaba en Orwell era su falta de sentido hist贸rico y de penetraci贸n psicol贸gica en la vida pol铆tica, combinada con una aguda, aunque estrecha, perspicacia para algunos aspectos de la pol铆tica, y con una incorruptible firmeza de convicciones.

En 1984 la pericia mec谩nica del hombre ha alcanzado un nivel tan alto que la sociedad est谩 en disposici贸n de producir en abundancia para todo el mundo, y acabar con la desigualdad. Pero la pobreza y la desigualdad son mantenidas, sin otro objeto que satisfacer los impulsos s谩dicos del Gran Hermano. Sin embargo, ni siquiera sabemos si el Gran Hermano existe realmente; puede ser solamente un mito. Es la crueldad colectiva del partido (no necesariamente la de sus miembros individuales, que pueden ser personas inteligentes y bien intencionadas) lo que atormenta a Ocean铆a. La sociedad totalitaria est谩 gobernada por un sadismo impersonal, desencarnado. Orwell crey贸 haber 鈥漷rascendido鈥 los conceptos familiares, y, en su opini贸n, cada vez menos significativos, de clase social e inter茅s de clase. Pero en esas generalizaciones marxistas, el inter茅s de una clase social tiene al menos alguna relaci贸n especifica con los intereses individuales y la posici贸n social de sus miembros, aunque el inter茅s de clase no represente una simple suma de los intereses individuales; mientras que en el partido de Orwell no hay relaci贸n entre el todo y las partes. El partido no es un cuerpo social movido por un inter茅s o prop贸sito; es una emanaci贸n fantasmal de todo lo que hay de p茅rfido en la naturaleza humana. Es el fantasma del mal metaf铆sico, loco y triunfante.

Orwell pretendi贸, sin duda, que su 1984 fuese una advertencia. Pero es una advertencia que se anula a s铆 misma por el ilimitado desespero que subyace en ella. Orwell ve铆a al totalitarismo paralizando la historia. El Gran Hermano es invencible. 鈥漇i quieres una imagen del futuro, imagina una bota pateando un rostro humano … para siempre.鈥 Orwell proyect贸 hacia el futuro el espect谩culo de las grandes purgas, y lo vio fijo para siempre, porque no era capaz de captar los acontecimientos de una manera realista, en su complejo contexto hist贸rico. No cabe dudar que los acontecimientos fueron muy 鈥漣rracionales鈥; pero quien, por esa raz贸n, los trata de una manera irracional se parece extraordinariamente al psiquiatra cuya mente se trastorna al acercarse demasiado a la locura. 1984 es en realidad, m谩s que una advertencia, un chillido penetrante que anuncia el advenimiento del milenio negro, del milenio de la condenaci贸n.

El chillido, ampliado por todos los medios de comunicaci贸n de masas de nuestro tiempo, ha aterrorizado a millones de personas. Pero no les ha ayudado a ver con m谩s claridad los temas con los que el mundo se est谩 enfrentando; no ha hecho progresar su comprensi贸n. Solamente ha aumentado e intensificado las olas de p谩nico y odio que recorren el mundo y ofuscan mentes inocentes. 1984 ha ense帽ado a millones de personas a ver el conflicto entre Oriente y Occidente en t茅rminos de blanco y negro, y, para todos los males que apestan a la humanidad, les ha mostrado un demonio y una v铆ctima propiciatoria monstruosos.

En el umbral de la era at贸mica el mundo vive en un estado de terror apocal铆ptico, y por eso millones de personas responden de modo tan apasionado a la visi贸n apocal铆ptica de un novelista. Pero el Gran Hermano no ha desencadenado los monstruos apocal铆pticos de la bomba A y la bomba H. La principal dificultad de la sociedad contempor谩nea est谩 en que todav铆a no ha conseguido ajustar su modo de vida y sus instituciones sociales y pol铆ticas al prodigioso progreso de su conocimiento tecnol贸gico. No sabemos cu谩l ha sido el impacto de las bombas at贸micas y de hidr贸geno en el pensamiento de millones de hombres en Oriente, donde la angustia y el miedo pueden estar ocultos tras la fachada de un f谩cil (驴o embarazado?) optimismo oficial. Pero ser铆a peligroso cegarnos al hecho de que en Occidente millones de personas pueden sentirse inclinadas, en su angustia y su miedo, a huir de su propia responsabilidad por el destino de la humanidad, y a desahogar su ira y su desesperaci贸n en el gigantesco demonio-v铆ctima propiciatoria que 1984 ha hecho tanto por poner ante sus ojos.

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鈥澛縃a le铆do usted ese libro? Tiene que leerlo, se帽or. 隆Entonces sabr谩 usted por qu茅 tenemos que lanzar la bomba at贸mica sobre los bolcheviques!鈥 Con esas palabras, un miserable ciego vendedor de peri贸dicos me recomend贸 en Nueva York 1984, pocas semanas antes de la muerte de Orwell.

隆Pobre Orwell! 驴Podr铆a haber imaginado alguna vez que su propio libro llegar铆a a ser un art铆culo tan importante en el programa de la semana-de-odio?

Diciembre de 1954.
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Fuente: Lahaine.org