June 12, 2022
De parte de Nodo50
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Andalucía va a decidir su propio camino. Las encuestas construyen la realidad, pero también la reflejan, aunque no nos guste lo que vemos. También, a veces, no hay sondeo más claro que la conversación con tus vecinas en el portal de tu casa o esperando el turno en la frutería. Aquí y ahora, nadie habla de elecciones. Existen, se sabe, pero algo ha cambiado. Por eso, si en los barrios trabajadores sucede esto, y quienes vivimos en ellos en Andalucía sabemos que es así, no hay que esperar al último y mejor estudio demoscópico para prever que el próximo 19J va a sumar más la derecha, veremos incluso si más que nunca.

¿Significa esto que la sociedad andaluza ha tomado un rumbo conservador? Pues no necesariamente. Lo que está claro es que no ha dado un giro a la izquierda, cuyos proyectos ni ilusionan ni movilizan lo suficiente por las razones que sean. En mi opinión, lo que está en juego no es saber quién va a ganar, ni siquiera por cuanto lo va a hacer. La derecha ya ganó políticamente estas elecciones hace algún tiempo. El resultado del 19J es consecuencia de esa victoria previa que es la que tenemos que analizar. Por tanto, estas elecciones debemos entenderlas dentro de una estrategia política más amplia. Pensar y hacer desde la izquierda para que empiecen a perder. En otras palabras, estas elecciones deben servir para empezar a ganar.

El primer paso es enfrentar a las derechas 

Aquí se plantean dos opciones. La izquierda en el gobierno parece estar convencida de que reeditar su pacto de Madrid allá donde pueda es la mejor forma de frenar las políticas de derechas. Hasta ahora, a pesar de que ha habido hitos políticos importantes encima de la mesa (Huelga del Metal en Cádiz, no derogación de la Reforma Laboral, Fondos Europeos…), solo han aflorado tensiones internas por desacuerdos con los planes de Yolanda Díaz. Diferencias en torno a la marca, el modelo de la plataforma y algunas cuestiones puntuales a nivel programático, pero ninguna pega al liderazgo ni ningún conflicto de naturaleza estratégica. Sobre esto queremos hablar en este artículo y planteamos que, desde una perspectiva transformadora, la coalición con el PSOE-A nos parece una hipótesis débil.

La izquierda andaluza fuera del gobierno, aunque debilitada (por el momento de los movimientos sociales y las heridas de la expulsión del Parlamento de Andalucía todavía caliente), pensamos que ha insistido en una hipótesis estratégica fuerte a medio y largo plazo: sujeto andaluz e independencia con respecto a las políticas social-liberales. Propuesta que no está libre de obstáculos, pero que de empezar a realizarse abrirá opciones tanto en Andalucía como fuera.

El primer paso será echar a las derechas. Moreno Bonilla y el PP llegaron a la Junta con el peor resultado de su historia en Andalucía. Así, si en menos de 4 años va a ser capaz de liderar el bloque de las derechas llevándolo posiblemente hasta lo más alto jamás soñado, no es fruto solamente de cierta inteligencia que hay que reconocerle, sino también a la historia política reciente de Andalucía. Intentemos empezar a explicarlo por algún sitio.

La crisis vital del PSOE-A

Juan Espadas y el PSOE-A tienen un problema de proyecto. Mientras entre bambalinas ya se mueven las sombras con dientes afilados señalando al candidato, sería un error cargar toda la responsabilidad a la idoneidad del ex alcalde de Sevilla para el puesto. En 2018 en Andalucía se rompió una relación (casi) natural construida durante 4 décadas. Por primera vez, la asociación pueblo (andaluz), ideología (izquierda), clase (trabajadora), partido (PSOE) y administración (Junta), no era equivalente. La Junta cambia de signo un domingo de diciembre hace casi 4 años. La izquierda pierde mucho antes. Y lo demás era cuestión de tiempo.

Pongamos en contexto. El equipo dirigente del PSOE-A inició hace años un camino hacia la derecha, más allá de sus fronteras históricas. Para entenderlo y no perdernos debemos remontarnos hasta hace justo una década. En el año 2012, comienza cierta acumulación primitiva de condiciones. Tras perder las elecciones ante el PP de Arenas (que se convirtió en la fuerza más votada con un 40% de los votos, 50 escaños de 109), pacta gobierno con IU por necesidad, consciente del agotamiento de décadas (salpicado también por casos de corrupción como los ERE) y el desgaste tras la crisis de 2008.

La derrota ante la derecha y el surgimiento de un competidor fuerte a su izquierda tras el ciclo de luchas sociales abierto por el 15M no hacen más que aumentar el nerviosismo de un partido concebido como fin en sí mismo bajo control de un aparato histórico y al servicio del gran capital. En esa disyuntiva y tras deshacerse de IU (2015), el sector más duro impone sus tesis, es hora de cruzar la frontera. Se acabaron las alianzas a su izquierda. Inicia abierta y decididamente un viaje a la derecha en lo económico (bajo la excusa naranja del apoyo de Cs) y sin pelos en la lengua en lo simbólico e identitario para atraer al electorado más conservador. Renuncia a la izquierda y al concepto Andalucía, el cual sustituirá por España al calor del procés en Catalunya. Susana Díaz fue la mayor y mejor exponente de esto, pero no fue la primera ni la última. Muchos de los que hoy se definen sanchistas la acompañaron de buen gusto.

En 2018, aunque fuera inimaginable, las condiciones ya estaban maduras. La incomparecencia de parte del votante tradicional del PSOE-A, en forma de abstención activa, había traído el cambio.

Hoy, quienes conocemos al PSOE-A en todo su ser (base social, electoral y militante, que son nuestros vecinos, compañeros de trabajo, familia, etc.), podemos afirmar que se trata de un cuerpo que ha perdido el alma. Están desorientados. El poder de la Junta era omnipresente y sin él se han perdido en sí mismos. Queda el Gobierno central, diputaciones y ayuntamientos, pero “¡ay, Junta de mi corazón, cuánto te echo de menos!”.

Lo del PSOE en Andalucía es una crisis vital. Como cuando te separas de tu pareja de toda la vida, no sabes muy bien cómo seguir, qué hacer, porque ya no recuerdas qué era vivir sin el otro. Todas sabemos la de tonterías que uno es capaz de hacer en esos momentos. La crisis puede dar lugar a un cambio, pero siendo honestos esto sucede en contadas ocasiones. La crisis dura lo que dura, un tatuaje, algún viaje, y alguna pareja esporádica que en cuanto tengo la oportunidad si te he visto no me acuerdo. El PSOE es el PSOE.

¿Nueva izquierda o la izquierda de siempre?

En estas elecciones, estamos asistiendo a un reencuentro familiar que daría para horas de telenovela roja. No nos detendremos en eso. Solo una apreciación. Las diferencias políticas entre diferentes sectores de la izquierda, desde el errejonismo hasta el PCE, no eran tales. Mucho lirili, pero poco lerele. Se podrá revestir de responsabilidad histórica y lo que se quiera, pero… En fin, veremos cuánto dura el amor. Eso sí, quizás algunas cosas nos la podríamos haber ahorrado.

Aterrizando en lo importante, ¿por qué pensamos que la hipótesis gobiernista es una hipótesis débil, más aún aquí en Andalucía? En primer lugar, porque no es una estrategia autocentrada, sino defensiva y subordinada a dinámicas más amplias y complejas. Podría defenderse: gobierno en Madrid, pero disputo Andalucía. Sin embargo, se vincula de forma arriesgada todo su futuro al éxito del gobierno central y su gestión de la crisis tras la pandemia. Durante la campaña incluso se ha ido un paso más allá, ya que se ha anunciado la abstención ante el PP para que no gobierne con VOX. Algo que además de desmovilizar a la gente de izquierdas, es totalmente funcional a un PP que quiere vender un perfil moderado y de centro político.

En segundo lugar, lo hace, además, en un contexto cuanto menos convulso. Por un lado, la inflación, y por otro, los conflictos políticos y económicos a nivel internacional, que apuntan al final de la globalización feliz del capitalismo. En este aspecto, te abre conflictos en tu propia base social, con temas tan influyentes y transcendentes desde una óptica transformadora como la energía, y otros tan injustos como el conflicto del Sahara Occidental.

En tercer lugar, como dijimos, el PSOE-A atraviesa una crisis vital que te puede arrastrar sin remedio, más aún cuando uno escucha los discursos y resulta que es la izquierda en el gobierno la que se ha convertido en la más papista que el papa defendiendo el gobierno de coalición.

Y, por último, si uno no aprovecha la crisis de proyecto de su principal adversario ahora ¿cuándo lo va a hacer? La respuesta ya la conocemos. En la historia política andaluza que se sigue escribiendo este 19J resuena aquella afirmación de Marx: “la historia se repite dos veces: primero como tragedia, después como farsa”. La izquierda en el gobierno acumula muchos aprendizajes de toda esta década. Puede pensar desde (y no por) Andalucía para buscar otras soluciones al momento en que nos encontramos.

Una izquierda andaluza feminista, ecosocialista y sin miedo

Una izquierda andaluza, esa era la brújula con la que nació el primer Adelante Andalucía. Soltar amarras del centralismo madrileño, para construir de forma unitaria un paraguas verdiblanco que desde la izquierda ofreciera una alternativa creíble e independiente del PSOE en favor de los sectores populares y las clases trabajadoras.

Después llegó el gobierno de coalición y un conflicto interno que difícilmente se podría haber resuelto peor. Algunos intentamos que la separación, tomando el símil ahora desde otra perspectiva, fuera amistosa. Seguramente también cometimos errores. Como decía Daniel Bensaïd, “nos hemos equivocado a veces, incluso a menudo, y sobre bastantes cosas. Al menos, no nos hemos equivocado ni de combate ni de enemigos”. Errores que podemos debatir y reconocer, pero desde luego nada que pudiera justificar la violencia con la que hasta hace una semana se ha querido excluir de estas elecciones a Teresa Rodríguez y su proyecto.

Insistimos, fueron las políticas del PSOE-A las que pusieron la alfombra roja al PP. El resultado de la derecha en estas elecciones no lo vamos a poder explicar sin tener en cuenta esto. Susana Díaz fue tan a la derecha que su mejor legado es un Moreno Bonilla que solo ha tenido que continuar ese camino. Aquí, pienso que coincidimos el resto de la izquierda. El debate no está ahí, sino si entonces se abría espacio a la izquierda y cómo podría ocuparse el mismo.

La hipótesis de Adelante Andalucía plantea que para construir una izquierda fuerte al menos hay que hacer 3 cosas. Primera, enfrentar sin miedo y con contundencia a la derecha y la extrema derecha. Ni responsabilidad de Estado, ni tregua alguna porque “viene el lobo”. Son un bloque de poder que comparte una misma matriz político e ideológica que hay que tumbar.

Segunda, independencia política para plantear alternativa a un PSOE-A en plena crisis de proyecto y liderazgo. ¿Se puede ocupar el espacio abierto en la izquierda desde el cogobierno? No. ¿Y entonces gobierna la derecha? No, damos investidura y oposición de izquierdas.

Y tercera, afirmar que para impulsar una estrategia política transformadora en Andalucía hay que contar con el pueblo trabajador andaluz, y para ello se defiende un nuevo empuje andalucista (soberanista). Andalucía como sujeto político. La revolución andaluza requiere más cosas por su desarrollo histórico particular, empezando por un Poder Andaluz.

Estas tres cuestiones en una misma herramienta en el marco político actual plantean una hipótesis estratégica fuerte para enfrentar a las élites, oligarquías, los de arriba… Un elemento disruptivo en la escena andaluza y estatal. Una palanca más para ayudar a dar vuelta a una rueda reaccionaria que empuja hacia una restauración y estabilización del régimen. Condición necesaria, aunque no suficiente, para que puedan existir políticas en favor de la mayoría social en Andalucía y en el conjunto del Estado. Desde el sur y a la izquierda para empezar a ganar.

Pablo P. Ganformina, militante de Anticapitalistas Andalucía

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Fuente: Vientosur.info