December 20, 2020
De parte de Lobo Suelto
185 puntos de vista

Por Mariano Pacheco 
(Director del Instituto Generosa Frattasi)

La ma├▒ana de aquel 20 de diciembre de 2001 nos encontr├│ medio en comunidad, viendo las im├ígenes impactantes de los polic├şas tir├índole los caballos encima a las Madres de Plaza de Mayo en la hist├│rica Plaza. Conmovidos, reunidos en torno al peque├▒o televisor que do├▒a Yolanda encendi├│ para que veamos las ├║ltimas noticias, nos apresuramos enseguida a realizar una recorrida por las casas de las compa├▒eras y compa├▒eros que viv├şan en los alrededores del campito del barrio Cerrito (en donde el Movimiento de Trabajadores Desocupados de Almirante Brown tiempo despu├ęs construy├│ su Galp├│n Popular), para reunirnos en una asamblea de urgencia, luego de una semana de intensas luchas. 

Ante tama├▒o acontecimiento no pod├şamos (no quer├şamos) quedarnos de brazos cruzados viendo todo por TV, as├ş que entonces cobr├│ toda su importancia aquella apuesta que hab├şamos hecho dos a├▒os atr├ís desde un peque├▒o grupo militante: vivir en los mismos barrios en d├│nde milit├íbamos. En la asamblea resolvimos dos cosas. Una: que ten├şamos que ser parte de lo que pasaba en Capital, pero que deb├şamos ir sin bandera.
Dos: que s├│lo fueran quienes estaban convencidxs, pero sobre todo, quienes pudieran correr.

Quedamos pocos con disposici├│n y condiciones para ir, puesto que el movimiento estaba compuesto en su mayor├şa por do├▒as, pero en Brown el piber├şo militante era bastante m├ís grande que en el resto de los movimientos. As├ş que all├ş fuimos: los m├ís grandes y con mayor experiencia (con 21 a├▒os yo me encontraba entre ellos) y el resto: las pibas y pibes que hab├şan terminado el secundario y se hab├şan sumado a militar en los MTD, con 17, 18 a├▒os.(Imagen: Sub Coop)

Un grupo se encargo de preparar las mochilas y otros de coordinar para tratar de sumar m├ís gente de los otros barrios del MTD de Brown y tratar de coordinar con las militancias de los otros movimientos de la Coordinadora An├şbal Ver├│n.

Llegamos justo a tomar el ├║ltimo tren que sali├│ de Burzaco para Constituci├│n, porque despu├ęs el Gobierno dio la orden de cortar el transporte desde el Conurbano hacia Capital. Logramos pasar el hall de Constituci├│n sin ser detenidos por la polic├şa, a pesar de la pinta que ten├şamos y el olor a nafta de nuestras mochilas.

Caminamos por la Avenida 9 de Julio distribuidos en parejas. Algunas reales, como la m├şa y la de Grillo, otras ficticias e incluso otras armadas como grupo de amigos, de a cuatro. As├ş, a ritmo acelerado, pasamos la avenida Belgrano y ya ve├şamos a lo lejos los gases lacrim├│genos volando por los aires. Escuch├íbamos los tiros, que entonces pens├íbamos eran s├│lo de balas de goma y luego supimos que tambi├ęn eran de plomo, y que incluso ya ten├şamos las primeras bajas mortales entre nuestras filas, las filas del pueblo en lucha contra el mal gobierno.

Ve├şamos a muchos pibes y pibas con las remeras tap├índose el rostro, corriendo ya para adelante con piedras en sus manos y la adrenalina comenz├│ a apoderarse de nuestros cuerpos. Apret├ę m├ís fuerte la mano de mi compa├▒era, nos miramos a los ojos y detr├ís de su rostro cubierto pude ver c├│mo sonri├│. Mir├ę para atr├ís, para los costados y all├ş estaban mis compa├▒eras y compa├▒eros del MTD, algunos con quienes hab├şamos comenzado a├▒os atr├ís en la agrupaci├│n 11 de Julio, apenas si so├▒├íbamos entonces con que algo as├ş pod├şa suceder en Buenos Aires.

Hab├şamos dicho que los barrios del Conurbano eran nuestra Sierra Maestra; hab├şamos escrito documentos explicando que era con los trabajadores desocupados con quienes hab├şa que priorizar el proceso de recomposici├│n de las fuerzas populares en Argentina, porque era ese el sujeto social con mayor capacidad de confrontaci├│n con el poder; hab├şamos fantaseado con hipot├ęticos escenarios insurreccionales y hab├şamos intentado prepararnos para intervenir en ellos, pero nunca pensamos que se producir├şa algo as├ş, y tan r├ípido, y mucho menos que suceder├şa en las calles mismas de la Capital Federal.

Eran momentos de radicalizaci├│n pol├ştica, de b├║squedas de nuevos modos de organizarse y luchar y en los movimientos sociales emergentes, como los MTD, hab├şa mucho piber├şo entre sus militancias. Sin embargo, ese d├şa no fueron los movimientos los protagonistas de la insurrecci├│n, pero sus militancias no fuimos ajenas. Ni en los d├şas previos que fueron calentando el escenario ni en las luchas de calles de ese mismo 20 de diciembre.

Las molotov, en su mayor├şa, ese d├şa no encendieron (las pelotitas de tergopol ten├şan por funci├│n adherir el fuego al asfalto, pero en exceso, anulaban la combusti├│n); algunas gomeras se rompieron; los grupos se desarmaron y volvieron a armar muchas veces y con poca frecuencia la voz de mando pudo ejercer su rol en medio del descontrol.

Pero ese d├şa aprendimos en unas horas mucho m├ís de lo que hab├şamos aprendido en a├▒os. Aprendimos la importancia que tiene el hecho de ser consecuentes con las ideas que se sostiene; aprendimos la importancia que tiene la apertura a las sorpresas que depara la historia; aprendimos que esa consigna de Dignidad que sosten├şan nuestras banderas era un compromiso con nuestro pueblo, que hab├şa que sostener en los momentos grises y la acumulaci├│n lenta de una cotidianeidad adversa, pero tambi├ęn, en aquellos momentos en los que el tiempo se acelera. Momentos en los que la dignidad se mide en cada cuadra, en cada esquina, en cada barricada y en cada corrida, para atr├ís huyendo de la Polic├şa, pero tambi├ęn, para adelante, cuando es la Polic├şa la que tiene miedo, se ve sobrepasada y empieza ella misma a correr para atr├ís.

Fuente: Instituto Frattasi




Fuente: Lobosuelto.com