March 24, 2021
De parte de Lobo Suelto
255 puntos de vista


00. Un 24 sin marcha
La pregunta sobre si el pasado tiende a repetirse cuando no se lo recuerda, o no se lo elabora, reaparece ahora ante un casi imperceptible desliz nost谩lgico -la plaza de mayo como recuerdo del lugar del recuerdo- de los tiempos en que a煤n hac铆amos de la memoria una fuerza p煤blica. El pr贸ximo 24 estar谩 poblado de todo tipo de manifestaciones visibles, pero tambi茅n deber谩 afrontar el desaf铆o de procesar la incertidumbre de lo que ocurre cuando lo p煤blico sucede mayoritariamente a trav茅s de las redes virtuales.

01. Resistir la virtualizaci贸n de la realidad.
No es este un desaf铆o menor, sobre todo si consideramos que el ritual de las marchas de la memoria fueron durante d茅cadas una gimnasia persistente de articulaci贸n entre cuerpos, s铆mbolos y palabras. Es decir, una forma de resistir la tendencia arrasadora que mediatiza la escena p煤blica, y nos incluye, por medio de la extensi贸n del uso de las redes sociales, en una mera extensi贸n autogestionada -a nivel de masas- de la virtualizaci贸n del mundo.

02. El a帽o que hemos vivido.
A un a帽o de la primera cuarentena, la atendible preocupaci贸n por los cuidados comienza a enfrentar un problema mayor: el incremento de mediaciones virtuales sobre zonas cada m谩s vastas de la existencia. La invitaci贸n a plegarnos voluntariamente a este nuevo r茅gimen informacional de la realidad, se ha vuelto pr谩cticamente irresistible. La indetenible marcha del mundo digitalizado, o telecapitalismo, no hizo sino aprovechar las restricciones impuestas por la emergencia sanitaria, para colonizar el medio en el que se despliegan las interacciones sociales. Hemos quedado en la inc贸moda o indigna posici贸n en la que nuestras pasiones p煤blicas y privadas, exteriores e 铆ntimas -驴est谩n vigentes esas distinciones?- alimentan la m谩quina sumaria de justicia que sentencia a priori conductas y lenguajes de personas, movimientos y gobiernos, sin que hayamos aprendido a defendernos de su pulsi贸n devoradora.

03.  Gobierno de algoritmos.
Se ha escrito m谩s sobre el gobierno de los algoritmos, que sobre el modo de resistirlos. La pol铆tica convencional se ha subordinado casi sin resistencias a este nuevo r茅gimen de la realidad, que representa los procesos vitales como si se tratase de unidades aislables de informaci贸n recombinante. El telecapitalismo conquista las pr谩cticas pol铆ticas imponiendo un tipo realismo de la imagen digital, incapaz de articularse con procesos de emancipaci贸n. A cada sentencia sin apelaci贸n del r茅gimen de la realidad virtual los pol铆ticos de oficio responden, en el mejor de los casos, con acciones timoratas y un ostensible repliegue del lenguaje. No hay como situarse fuera de este tribunal computacional, del que participamos con nuestros dispositivos y pantallas port谩tiles.

04. Potencia de la memoria.
La pol铆tica de la memoria, puesta de manifiesto cada 24 de marzo, constituye un perdurable ritual comunitario y transgeneracional, cuya potencia espec铆fica consiste en el ejercicio de una evaluaci贸n colectiva de los riesgos inminentes del presente. La dolorosa reflexi贸n sobre el terrorismo de estado del pasado -Estado en sentido ampliado, que abarc贸, como sabemos, participaci贸n civil, corporativa y eclesial-, se pone al servicio para la identificaci贸n del terror presente. La pregunta que vuelve cada a帽o es 驴en qu茅 condiciones es el recuerdo capaz de actualizar y nutrir pr谩cticas de resistencia ante la reiteraci贸n del horror? Este modo de preguntar, hace de la memoria una pr谩ctica popular de diagn贸sticos del presente, un juego de identificaci贸n de aquello que conjuramos y sin embargo, no deja de volver con nuevos ropajes y por v铆as inesperadas.

05. Continuo guerra y pol铆tica.
Seg煤n el te贸rico de la guerra Karl Von Clausewitz, 芦la guerra es la continuaci贸n de la pol铆tica por otros medios禄. El doble inter茅s de la frase radica en el continuo que establece entre t茅rminos que habitualmente se suponen mutuamente excluyentes. Y en la posibilidad de su reversibilidad, puesto que la pol铆tica es tambi茅n la continuaci贸n de la guerra por otros medios. El problema mayor que plantea este tipo de frases, es el tipo de cuestionamiento que carga sobre nuestro presente: 驴qu茅 pol铆tica es aquella que vemos hoy prolongarse como actos de guerra? 驴Qu茅 guerra es aquella que act煤a por debajo de lo que seguimos interpretando como actos pol铆ticos? La doble comprensi贸n simult谩nea de pol铆tica y guerra es un tema urgente de nuestra actualidad. Tema que la ideolog铆a de la transici贸n democr谩tica elaborada en la pos-dictadura en nuestra regi贸n no sabe pensar. Y que entre nosotrxs ha sido planteado por las luchas de la memoria. Son estas luchas, y no aquella ideolog铆a, la que puede ayudarnos a tocar la realidad con palabrassupone ir m谩s all谩 del corset de lo pol铆ticamente correcto.

06. Desigualdad programada.
La desigualdad 芦planificada禄 (como resum铆a Rodolfo Walsh en su Carta a las juntas, del 77) se instala y avanza, incluso cuando no se recurre para ello a un golpe de estado comparable al del 76. Hemos aprendido marchando cada 24, que el recuerdo, elevado a potencia pol铆tica, no es ritual muerto, sino reuni贸n de fuerzas en torno a lo que es necesario rechazar del presente, mirando al futuro.

07. Pol铆ticas de la verdad.
El ejercicio pol铆tico de la memoria ha sido entre nosotrxs algo m谩s que el 谩lbum de fotos en blanco y negro del pasado. Callejera y multitudinaria fue la constituci贸n de una pol铆tica de la verdad, tanto m谩s verdadera y m谩s pol铆tica cuanto fue capaz de detectar las continuidades profundas entre aquel acto de guerra que fue el golpe del 76 y los violentos golpes 鈥渄e mercado鈥 del presente: desalojos en nombre de la propiedad privada, femicidios en nombre de una justicia divina y patriarcal, deportaciones en nombre del ser nacional, destrucci贸n de todo sentido material igualitario en la aniquilaci贸n de lo p煤blico en nombre de equilibrios de cuentas p煤blicas.

08. Pobreza y experiencia.
El contraste entre pobreza y experiencia no podr铆a ser m谩s claro. Mientras el mundo de los algoritmos procesa una desmaterializaci贸n -un empobrecimiento- de todo proceso existencial, discontinuando la relaci贸n entre informaci贸n y vida real, las luchas de la memoria -a煤n con todo lo que cabe cuestionar en ellas, comenzando por sus lastres melanc贸licos-, enriquecen la materia subjetiva del sentido -que organiza objetivamente la existencia- creando enlaces y transiciones entre pasado y presente, entre luchas heterog茅neas entre s铆, entre cuerpos agredidos y actos de justicia. Esa formas de irrigar, de resistir, de invitar, de conectar, es, en su fragilidad, lo que merece el mayor de los cuidados.

La tecla 脩




Fuente: Lobosuelto.com