September 25, 2021
De parte de Lobo Suelto
395 puntos de vista


Una nueva huelga mundial para poner en agenda la crisis clim谩tica llega a nuestro pa铆s en medio de un clima pol铆tico enrarecido por los resultados de las PASO. Con medio gabinete renovado y una tanda de declaraciones que indican una profundizaci贸n del modelo basado en extracci贸n de recursos naturales, los reclamos globales por una transici贸n socioecol贸gica se chocan con las narrativas locales de mayor sojizacion, megaminer铆a y extracci贸n petrolera como 煤nica forma de salida de la crisis. A su vez, la novedosa presencia en la movilizaci贸n es la de partidos pol铆ticos, sindicatos y agrupaciones de la talla de La C谩mpora o Movimiento Evita. Las heterog茅neas alianzas entre organizaciones socioambientales del campo popular y ONGs de identidad joven miran con reticencia esta presencia, mientras buscan tambi茅n otras formas de lograr sus objetivos comunes. Entre activismo de redes, performance art铆sticas y algo de tibio lobby, disputan sentido com煤n y espec铆ficamente 芦el modelo禄.

Es imposible medir hoy a d贸nde se fueron los votos de lxs ambientslistas de todo el pa铆s en las PASO, pero podemos especular un poco. Estar谩n quienes se mantuvieron org谩nicos a sus afiliaciones hist贸ricas, aquellos votos que no pueden justificar la profundizaci贸n del extractivismo basado en violaciones a los derechos humanos, que se 芦piantan por izquierda禄, y algunx que otrx votante creyente en el mercado que votar谩 a la derecha. Lamentablemente, muchos ecologistas no votaron, descre铆dos de la pol铆tica partidaria, no encuentran cauce ni representaci贸n en las urnas. Condenando el rumbo de las instituciones e identific谩ndolas como responsables 煤nicas de la profundizaci贸n del modelo que ocasiona la crisis ecol贸gica.

Aparte de militar e impulsar ciertas leyes clave como la Ley de Acceso a la Tierra, la Ley de Humedales o la de Etiquetado Frontal, las alianzas entre organizaciones sociales del campo popular y ONGs de identidad joven buscan nuevas formas de lograr lo que no est谩n pudiendo encontrar en la pol铆tica partidaria tradicional. La performance de los pol铆ticos de alto cargo que reclaman acci贸n a un otro vac铆o, desconocido, es por ahora la 煤nica presencia de la agenda en los altos cargos 驴A qui茅n le piden 芦acci贸n urgente禄 Joe Biden, Alberto Fern谩ndez o Juan Cabandie? Mientras el intento de presionar en las urnas a la pol铆tica partidaria para que tome acci贸n no encuentra una alternativa de poder real, otros formatos de acci贸n emergen. El activismo de redes tal vez sea el caballito de batalla de un sujeto pol铆tico compuesto por una gran mayor铆a que creci贸 dentro de la infosfera digital. Pero mientras el asamble铆smo hist贸rico logra ocasionalmente ganar batallas a nivel municipal mediante ordenanzas de prohibici贸n, las redes de j贸venes tejen nuevos espacios de formaci贸n y aprendizaje. Tambi茅n buscan disputar sentido mediante campa帽as comunicacionales, performances art铆sticas o la participaci贸n masiva en audiencias p煤blicas, peque帽o agujerito donde la participaci贸n directa se puede colar a la democracia. Por otra parte, muchas veces se milita el cambio de h谩bitos, o la acci贸n individual como 煤nica salida para lograr otros futuros 驴Pero quienes son los que en los hechos terminan pudiendo cambiar realmente sus usos y costumbres? Mientras impere la idea de que el consumo es la 煤nica forma de acceder al bienestar, solo quienes accedan a un 谩mbito de consumo privilegiado podr谩n ejercer cambios reales en la estructura de la sociedad. La compra seleccionada sigue siendo para pocas personas.

Ciertos activismos se encuentran muy reacios a la pol铆tica, le tienen aversi贸n. Y en torno a pensar grandes cambios en la infraestructura social, como el sistema energ茅tico o agro alimentario, la pol铆tica es imprescindible. M谩s todav铆a al enfrentarse a actores del tama帽o de multinacionales que superan en poder a nuestras estructurales estatales. La tendencia tiene tambi茅n una ra铆z en la necesidad de tomar acciones individuales ante problem谩ticas globales. La impotencia de sentirse testimonio pasivo de la devastaci贸n ambiental insta a la acci贸n, pero esta pocas veces se canaliza fuera de las posibilidades individuales. La pol铆tica, entendida en su formato m谩s amplio, como la forma que tenemos de sociedad como organizarnos, aparece como la 煤nica respuesta posible ante las escalas que manejamos en la problem谩tica ecol贸gica. La incapacidad de canalizar reclamos de manera colectiva, o pol铆tica, es tambi茅n producto del sentido com煤n hegem贸nico que re-produce la noci贸n del individualismo que se ha perpetuado en la modernidad. Este individualismo patriarcal, colonial e imperial, asume que el control de una problem谩tica puede ser de cada ciudadano de a pie. Forma parte de una negaci贸n sist茅mica y epist茅mica de la interdependencia y de la eco-dependencia que como especie tenemos en este mundo.

Mientras tanto, aparece como actor una extrema derecha que afirma con la misma liviandad que el cambio clim谩tico no existe, que es una conspiraci贸n global de comunistas que luego de la ca铆da de la Uni贸n Sovi茅tica infiltraron las ciencias sociales con una agenda de expansi贸n de derechos humanos. El famoso 芦marxismo cultural禄, que confunde al Estado de Bienestar propio de las conquistas de movimientos sociales y sindicales de los 60/70, que con distintas temporalidad y territorialidades tuvieron diferentes resultados en la vida cotidiana. Para las clases medias, mayoritariamente urbanas, de Latinoam茅rica signific贸 un ascenso social. Las ruralidades quedaron afuera, muchas veces a merced de enclaves extractivistas al mejor estilo rep煤blica bananera. Zonas que se sacrifican para satisfacer el modo de vida de las clases medias urbanas, y que economistas ortodoxos justifican como necesario, como cada vez que el sistema agroalimentario basado en el monocultivo sojero se justifica por la necesidad de generar divisas o gobernanilidad.

Pero lo preocupante en que ganen espacios estos movimientos de derecha extrema es que, por m谩s que las propuestas sean de lo m谩s nefasto que la pol铆tica nos puede ofrecer, hay algo de irreverente en poder decir en voz alta y vociferar a los cuatro vientos un diagn贸stico que las izquierdas y movimientos populares gritan hace a帽os. La crisis clim谩tica, como proceso, termina de aniquilar cualquier atisbo de duda de que el modelo, tal como esta, tiene una senda suicida. La meritocracia todav铆a se usa como excusa para hacer dudar a generaciones enteras de que el extractivismo y el capitalismo no dejaron nada m谩s que sue帽os rotos. Donde iba a haber casa propia, auto y vacaciones pagas solo quedan precarizaci贸n digital, deudas en crecimiento y un panorama de futuro con cada vez peor calidad de vida. Lo peligroso de la extrema derecha es que se apropia de un diagn贸stico que atraviesa muchos sentires de izquierdas: el modelo actual deja afuera a una gran parte de la poblaci贸n del bienestar prometido. El capitalismo, como esta, no funciona. O s贸lo funciona para una elite.

Lejos de pensar en agendas de reducir derechos como proponen los derechosos, es fundamental ampliarlos. El verdadero hacerle el juego a la derecha es no admitir que es necesario un cambio radical en la estructura social para reducir la desigualdad y aumentar nuestra capacidad de vivir bien, y para eso es necesario cambiar la relaci贸n entre sociedad y naturaleza, como propone el movimiento ambiental. Es no salir a militar con la firme creencia de que el bienestar de las personas es absolutamente dependiente del modelo que tengamos.

Tal vez la disputa central con el panperonismo sea la nocion del bienestar. Mientras el Estado de Bienestar que milita la justicia social empareja absolutamente consumo con bienestar, el movimiento ecologista pone arriba de la mesa lo insostenible del consumo desmedido de bienes. Desdolarizar la econom铆a, poner topes al consumo de los ricos, asegurar los derechos humanos de las poblaciones cercanas a proyectos extractivos son propuestas y objetivos que deben hermanarse con la agenda de derechos humanos y justicia social. No puede haber justicia social en un mundo asediado por eventos de clima extremo, crisis h铆drica, envenenamiento de las aguas o fumigaci贸n con agrot贸xicos de los pueblos. Estos costos siempre los pagan los sectores populares y humildes. Los efectos del extractivismo no se externalizan, se proyectan sobre las poblaciones m谩s vulnerables 驴puede haber entonces un peronismo ecologista o un ambientalismo popular? 驴hay lugar para el chori vegano en la parrilla de la unidad b谩sica? 驴llegar谩 la narrativa a traducirse en agenda antes de las elecciones? 驴significa hoy la presencia de las bases que habr谩 una presi贸n hacia arriba para tomar acci贸n?

Reducir las luchas por el bienestar de la poblaci贸n s贸lo a la esfera del consumo es un error. No s贸lo mediante la compra es que la calidad de vida de las personas puede mejorar. Lejos de reducir la importancia del acceso a bienes fundamentales para el bienestar y el pleno desarrollo de la vida humana, hay que integrar en la agenda el ambiente sano y las funciones fundamentales de los ecosistemas necesarias para esto. Existe una mirada enorme de acciones a tomar para acercar los derechos humanos a todas partes sin que se requieran d贸lares, ni impactos en la balanza comercial. El fin de los subsidios masivos a la energ铆a f贸sil y el comienzo de la transici贸n energ茅tica popular deben ser parte de la agenda y programa pol铆tico de cualquiera que busque la justicia social. La crisis clim谩tica es el s铆ntoma mas evidente porque tiene escala planetaria y porque eso tambi茅n hizo que los pa铆ses del norte lo militen en sus agendas. Pero con la misma celeridad que pedimos transici贸n energ茅tica popular, tenemos que pedir soberan铆a alimentaria, acceso a la tierra, derecho a vivir y gozar vidas plenas y disfrutable en un ambiente sano.

Foto Lucia Prieto 




Fuente: Lobosuelto.com