November 24, 2021
De parte de CNT Comarcal Sur Madrid
119 puntos de vista


Setenta asesinatos (Y aún no hemos terminado el año)

Salimos otra vez, y ojalá no fuera por este motivo, a la calle, a las redes y a donde haga falta, con 70 mujeres asesinadas en el año 2021, 70 malditos asesinatos machistas. Si ma-chis-tas, porque hay que nombrar a las cosas por su nombre. Repetimos: asesinatos machistas. Basta de enmascarar una cuestión de sometimiento y violencia que culturalmente atraviesa a los ciudadanos del Estado Español, una cuestión que se enraiza desde pequeños en muchas casas, en el grupo de amigos, en las pandillas de juerga, en las bromas del grupo de wasap, en las columnas, en las tertulias y en las noticias de tantos medios de comunicación, en el deporte. Porque aún el machismo sirve para sociabilizar.

Setenta asesinatos (Y aún no hemos acabado el año)

Eso nos cuenta feminicidios.net, pero, claro,  no son las cifras oficiales que siguen disfrazando para hacernos que creer que la cosa va mejorando, para ponerse medallas. No, y no será así mientras sigamos  con el control parental para la buena educación sexual de nuestras hijes. Dejen, por favor que les profesionales de la educación pública hagan su trabajo sin censura, permitan a sus hijes que se libren de ese lastre.

No, no lo vamos a conseguir mientras las religiones sigan señalando a las mujeres como culpables por ser malas, por ser promiscuas, por no ser santas, esposas leales y dispuestas y amantísimas madres al servicio de sus dogmas.  Ni una religión más que oprima cualquier sentimiento,cuerpo o actitud de las mujeres, que dicten como debe ser su moral.

Setenta asesinatos.

Setenta, dicho así, solo es una cifra, un número casi abstracto, general.

Una mujer asesinada, dos mujeres asesinadas, tres mujeres asesinadas, cuatro mujeres asesinadas. Y así hasta setenta.

¿Cuánto se tarda en contar hasta setenta?

Y no, no va a cambiar mientras ellos lleven más sueldos a  casa y ejerzan  el poder económico sobre ella, mientras ella seamos nosotras las que tenemos que renunciar al trabajo para hacernos cargo de la casa. Mientras el hecho de que una mujer gane más dinero que el hombre sea una vergüenza en muchos hogares. Eliminación de la brecha  salarial y el suelo pegajoso  ya.

No, mientras los centros de trabajo no estén libres de abusos por parte de jefes y compañeros, abusos que cuenten con el silencio cómplice, con reducir el abuso a una anécdota o exageración.

No y no y no va a cambiar mientras les señores jueces interpreten leyes a su antojo machista y rancio. Mientras sus señorías y policías pongan en duda si íbamos provocando, si nos resistimos lo suficiente o si dejamos muy claro que decíamos que no.

No, no va a cambiar a menos que exista un protocolo único para asistir a las víctimas de las diferentes violencias. Para eso los servicios sociales, la asistencia a violencia de género, incluso la policía, tienen que cumplir protocolos más claros que protejan a las mujeres de manera inmediata, que entiendan que detrás de la violencia ambiental, familiar, psicológica, está la otra la que es tan evidente, puesto que en cualquier momento te pone la mano encima y se acabó. Por eso exigimos protocolos y formación para las personas que atiendan a esas mujeres.

No va a cambiar si desde la infancia fomentamos y permitimos abusos y violencias en los juegos, en las relaciones y en global, en toda su educación, no son cosas de niños ni chiquilladas. El abuso y el buylling son una escuela de futuros maltratadores.

Y tenemos una lista interminables de NOES por los que esto no se soluciona, rasquen y vean seguro que a su alrededor está pasando alguna de estas cosas.

Setenta asesinatos (Y aún no ha acabado el año).

Setenta nombres.

Setenta vidas.

Setenta historias.

Y sí, si tenemos responsables a quienes pedir cuentas.

Ministros que cambian las leyes y protocolos según los votantes que buscan y no hacen nada contundente y de verdad , servicios sociales que a menudo no llegan a las personas que lo necesitan, son insuficientes , o se contradicen y nos contradicen a nosotras lo que genera más pánico , más miedo y más inseguridad.

Sí, policías que decidís en el momento si nos merecemos protección o si os vais a vuestras casas, no creemos que seáis capaces de dormir en paz sin una pastillita. Un cuerpo policial que tiene el machismo y el desprecio a las trabajadoras en su modo de ser.

Sí, a vosotros señores que por cuidar y no delatar a vuestros hombres cercanos calláis y dejáis que siga sucediendo, que miráis hacia otro lado y tratáis de comprender, de entender a vuestros amigos.

Sí a todas las personas que pensáis que combatir la violencia de género es luchar contra los hombres, dejad de inventaros excusas para no hacer nada. Una aclaración para vosotres, nuestra lucha es contra la violencia machista y tiene que ser de todes por que todes la sufrimos de diferentes maneras.

No olvidamos a las personas trans que también sufren violencia de género. Las alcohólicas, las drogodependientes, las neurodivergentes, siempre tan olvidadas, también son abusadas o asesinadas. Quién las deje de lado  también es responsable.

Si quienes pensáis que las mujeres que se ganan su pan de putas y sufren abusos y asesinatos no son víctimas de violencia de género,  y son cada vez más apartadas y estigmatizadas además de silenciadas, sí, perdonad, pero también sois responsables.

Y que nadie trate de  enmascarar las cifras de violencia machista sin contabilizar las muertas por suicidio, única salida que encuentran a tanto dolor después de llevar toda una vida en ocasiones conviviendo con su depredador.

Y sí, a vosotros que tenéis esclavas bajo el eufemismo de contrato de internas, a las que les hacéis una mierda de contrato que no cumplís y que les llega ni para su mínimo vital , vosotros las abusáis, las torturáis con vuestras palabras , las zurráis y en ocasiones también hasta las matáis siendo casualmente accidentes laborales .

A todes vosotros, y much@s más, os decimos tenéis responsabilidad o directamente las manos manchadas de sangre.

Quisiéramos dedicar unas líneas también  como mujeres  y disidencias organizadas en un mundo obrero: exigimos a nuestras organizaciones, en las que luchamos y combatimos el capitalismo, que pongan fin a las violencias  dentro de las organizaciones  sindicales, políticas, sociales, vecinales y gente en general que merece la pena, que pongáis fin a las violencias que sufrimos las y les compañeres, porque no estamos libres de machismo.  Creación de protocolos y medidas. Y empezar  rebajar los privilegios aprendidos de inmediato. Y basta de silencios, no, que salgan a la luz los abusos y violencias machistas no van a perjudicar la imagen y el nombre de ninguna organización, es el silencio cómplice el que menoscaba ese nombre y el que termina pudriendo cualquier organización. Basta de esconder la cabeza.

Y a vosotros, patronal y organizaciones de derechas, fascistas, que llamáis chiringuitos a nuestras luchas y pretendéis recortar cada vez más en recursos para violencia de género.

Vosotras, vosotros y vosotres sabemos que no tenéis remedio, pero no nos toquéis ni un pelo por las, los y les obreros estamos organizadas.

Setenta mujeres asesinadas.

Setenta nombres.

Prueba a nombrarlas una a una.

¿Cuánto se tarda en contar esas setenta historias?

¿Cuánto silencio son esas setenta historias?

Setenta mujeres.

No, nos vamos a callar.

UNIDAD CONTRA TODA VIOLENCIA

Comarcal Sur Madrid

Comunicado: 25N No son solo las asesinadas

No son solo las asesinadas, aunque son importantes y hoy toque recuento. Es que cada prostíbulo tolerado me mata un poco; nos mata a todas, a las de dentro y a las de fuera. Nos matan los que se lucran con la explotación de nuestros cuerpos.

No son solo las asesinadas, a pesar de que la fecha obligue al homenaje. Es que cada salario miserable tolerado cuando trabajo como cajera, peluquera, gerocultora, limpiadora, camarera, cocinera y niñera me mata un poco a mí y a todas las demás. Cada convenio laboral que no se cumple nos mata progresivamente. Cada sentencia judicial postergada nos mata poco a poco.

No son solo las asesinadas, aunque sean protagonistas en el inventario de las violencias. Es que cada imagen de mujer que cosifique, humillando o exaltando, tanto da, nos mata un poco a cada una y a todas a la vez. Es que cada manual escolar que niega a mis antepasadas las mata a ellas, a mí y a todas.

Es que cada muchacha anoréxica nos afecta a todas y a todos, por más que insistamos en mirar hacia otro lado. Cada ansiolítico recetado para calmar malestares que produce el sistema político y económico nos cierra la boca violentamente a todas.

Es que cada tratamiento sofisticado que se idea y financia para promocionar la maternidad al tiempo que se ignoran otras necesidades más imperiosas nos maltrata a todas, y a todos.

No son solo las asesinadas, aunque hoy sea día de minutos de silencio, de manifestación bulliciosa o de sentidas lágrimas. Es que no paran de destinar buenas palabras y dinero a lograr la igualdad y, sin embargo, la pobreza extrema, hoy más que nunca, sigue teniendo rostro femenino: uno cruel, sin maquillaje posible o sutilmente retocado con limosnas públicas y privadas. No hay carmín ni organización no gubernamental que pueda embellecer las cifras de la pobreza de las mujeres. No hay institutos de color malva ni se ha inventado el rímel que pueda disfrazar el modo en que nos vemos obligadas a la doble jornada, a veces triple, y a vender nuestros cuerpos, por partes o íntegramente. No hay tesis doctoral que resuelva cómo encubrimos las mujeres la falta de techo inmersas en relaciones que nos ahogan. Eso es la violencia. Esas son las violencias que sin lluvia ni abono germinan engordando las listas de asesinadas hasta tallas insospechadas.

No son solo las asesinadas, aunque son importantes y hoy toque recuento. Es que cada prostíbulo tolerado me mata un poco; nos mata a todas, a las de dentro y a las de fuera. Nos matan los que se lucran con la explotación de nuestros cuerpos.

No son solo las asesinadas, a pesar de que la fecha obligue al homenaje. Es que cada salario miserable tolerado cuando trabajo como cajera, peluquera, gerocultora, limpiadora, camarera, cocinera y niñera me mata un poco a mí y a todas las demás. Cada convenio laboral que no se cumple nos mata progresivamente. Cada sentencia judicial postergada nos mata poco a poco.

No son solo las asesinadas, aunque sean protagonistas en el inventario de las violencias. Es que cada imagen de mujer que cosifique, humillando o exaltando, tanto da, nos mata un poco a cada una y a todas a la vez. Es que cada manual escolar que niega a mis antepasadas las mata a ellas, a mí y a todas.

Es que cada muchacha anoréxica nos afecta a todas y a todos, por más que insistamos en mirar hacia otro lado. Cada ansiolítico recetado para calmar malestares que produce el sistema político y económico nos cierra la boca violentamente a todas.

Es que cada tratamiento sofisticado que se idea y financia para promocionar la maternidad al tiempo que se ignoran otras necesidades más imperiosas nos maltrata a todas, y a todos.

No son solo las asesinadas, aunque hoy sea día de minutos de silencio, de manifestación bulliciosa o de sentidas lágrimas. Es que no paran de destinar buenas palabras y dinero a lograr la igualdad y, sin embargo, la pobreza extrema, hoy más que nunca, sigue teniendo rostro femenino: uno cruel, sin maquillaje posible o sutilmente retocado con limosnas públicas y privadas. No hay carmín ni organización no gubernamental que pueda embellecer las cifras de la pobreza de las mujeres. No hay institutos de color malva ni se ha inventado el rímel que pueda disfrazar el modo en que nos vemos obligadas a la doble jornada, a veces triple, y a vender nuestros cuerpos, por partes o íntegramente. No hay tesis doctoral que resuelva cómo encubrimos las mujeres la falta de techo inmersas en relaciones que nos ahogan. Eso es la violencia. Esas son las violencias que sin lluvia ni abono germinan engordando las listas de asesinadas hasta tallas insospechadas.

Cada nuevo proyecto aspirante a corregir estas cercanas realidades vuelve a decirnos cómo hemos de ser mujeres, y qué debemos hacer para estar a la altura de las circunstancias. Eso es lo que nos mata poco a poco llevándonos al inventario de asesinadas: la falta de autonomía material, a la que se suma una enmascarada falta de autonomía moral. Nos sobran agentes, instituciones y elementos tutorizantes que nos indiquen los buenos caminos. No necesitamos que nos digan cuánto debemos pesar, cómo debemos vestir y hablar, dónde tenemos que solicitar ayudas, qué parte del cuerpo podemos retocar o cuándo podemos abortar. Porque decirnos el peso óptimo, la largura de la melena, de las pestañas, del tacón y de la falda, cómo intervenir nuestros cuerpos infértiles para ser madres u obligarnos a vivir la maternidad cuando no la deseamos son violencias. Son violencias toleradas e importantes. Son violencias que nos matan día a día: a las de dentro y a todas las demás. Son violencias que nos matan a nosotras y a todos los que nos rodean.

Secretariado del Comité Confederal Confederación Nacional del Trabajo




Fuente: Comarcalsur.cnt.es