June 29, 2022
De parte de Valladolor
181 puntos de vista

37 inmigrantes muertos en la
valla de Melilla, cientos más heridos

ESPAÑA APUNTA, MARRUECOS
DISPARA

De acuerdo con los últimos
recuentos que proporcionan las ONGs, el número de inmigrantes
muertos el viernes al intentar entrar en España llega ya a 37.
Marruecos, y España detrás de él, afirma que son muchos menos,
pero las imágenes que han llegado a los medios de comunicación, en
las que se puede ver cadáveres apilados como en una escena bélica,
muestran una realidad que contradice la versión del gobierno alauí.

Según estas mismas ONGs 2.000
inmigrantes, en su mayor parte de origen subsahariano, intentaron
saltar la valla de seguridad que separa Melilla de Marruecos el
viernes por la mañana. Estos inmigrantes llevaban semanas esperando
en el lado marroquí de la frontera, en los bosques de la zona, para
intentar alcanzar España por la parte más viable, la que toca con
el barrio chino de la ciudad. En el momento del salto, la Gendarmería
marroquí utilizó material antidisturbios contra ellos, obligándoles
a retroceder y haciéndoles caer en una hondonada que actúa como
defensa natural de la frontera. Según caían los inmigrantes, los
policías continuaban disparando contra ellos provocando la masacre.
Además de aquellos que fallecieron inmediatamente por los golpes que
recibieron con botes de humo lanzados a bocajarro o por la caída en
el desnivel, a los muertos hay que sumar los que perdieron la vida
asfixiados bajo los cuerpos de sus compañeros.

Los pocos cientos de inmigrantes
que lograron saltar la valla, si bien corrieron mejor suerte que
aquellos que cayeron muertos o gravemente heridos, tuvieron que
enfrentarse a la Guardia Civil y a los gendarmes marroquíes a los
que se permitió entrar (ilegalmente de acuerdo a la legislación
española) para ayudar a reprimir, capturar y devolver a los
inmigrantes. No llegaron a ser asesinados, como sucedió al otro lado
de la valla, pero sufrieron las palizas de los policías de ambos
países: esta es la verdadera solidaridad que existe entre los
mercenarios a sueldo de ambos Estados, para los que no existe ninguna
restricción a la hora de ensañarse contra jóvenes que llevan
meses, si no años, de una agotadora travesía en la que la falta de
agua y alimentos adecuados les han dejado agotados.

Después de la masacre, el
gobierno español se ha apresurado a alabar la acción de las fuerzas
represivas españolas y marroquíes, elogiando por boca de Pedro
Sánchez la operación policial contra la “violencia” de los
inmigrantes: 37 muertos, para el gobierno y el Partido Socialista,
son un buen resultado ante la “crisis migratoria” para la que
durante años pidieron una solución “humanitaria”. Por parte de
Unidas Podemos, la otra pata del “gobierno más progresista de la
historia” ha tomado la contundente decisión de exigir… una
investigación judicial para aclarar lo sucedido, es decir, para ver
si los muertos han sido asesinados legal o ilegalmente. Finalmente,
la ministra de Trabajo y
súper candidata
de la próxima coalición de izquierdas, Yolanda Díaz, ha enviado su
muy sentido pésame a las familias de los muertos apenada sin duda
por su trágico fin. Esta es la realidad de un gobierno que, a cargo
como está de gestionar los intereses inmediatos y generales de la
clase burguesa, constituye la principal garantía para el
mantenimiento de la política represiva contra los inmigrantes que
pretenden encontrar una vida mejor, huyendo del hambre y la miseria
de sus países de origen, en el “paraíso” europeo. Mañana,
cuando los medios de comunicación cumplan con su cuota de
sensacionalismo en este tema y se pueda pasar página, volverán a
clamar contra el avance de Vox, el éxito de la extrema derecha y la
amenaza del fascismo…

Más allá de la política
represiva que todos los gobiernos burgueses, de izquierdas o de
derechas, mantienen en la frontera con Marruecos, estos muertos son
la consecuencia directa del giro en política exterior que el
gobierno ha realizado en los últimos meses: azuzado por la carestía
de fuentes de energía que provoca la guerra de Ucrania y el cese
parcial del suministro de gas ruso a Europa, el gobierno español se
ha sumado a la doctrina norteamericana que fija en Marruecos el
principal aliado occidental en el área del Magreb, dándole un apoyo
que le permite desarrollar sus intereses políticos, económicos y
militares en la región en detrimento de Argelia. Para ello, en abril
de este año reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhrara
Occidental apoyando su proyecto de autonomía para la región, algo
que implica reconocerle el derecho a disponer de este territorio como
si formase parte del país, dejando de lado el proyecto de referéndum
de autodeterminación planteado por naciones unidas y aceptado por
España hasta entonces. Esto supone que España renuncia a sus
derechos como potencia administradora del Sáhara Occidental y
reconoce como legal la ocupación marroquí iniciada en 1.975 a
cambio de que Marruecos permita el acceso al gas natural bombeado a
través del gasoducto que pasa por su territorio.

Con esto, la situación queda de
la siguiente manera: Europa obtiene una fuente suplementaria de Gas
Natural, que se suma a la ya menguada vía rusa y a la argelina (que,
si no se bombea directamente a España, pasará por Italia) mientras
que se alinea con la política exterior de EE.UU. en la región norte
africana. Marruecos se ve reforzado como fuerza regional de primer
nivel, extendiendo su control definitivamente sobre el Sáhara
Occidental y garantizando con ello su victoria frente a la ofensiva
del Frente Polisario. Finalmente, España cumple con su papel de
mediador entre las grandes potencias y cede sus derechos como antigua
potencia colonial, ve afectadas sus relaciones comerciales y su
tradicional buena relación con Argelia y toma partido por Marruecos
en el conflicto latente que hay en el Magreb entre este país y
Argelia, pero obtiene tanto una fuente segura de energía como los
servicios del país alauí como policía fronterizo. La llamada
“frontera sur”, que separa a Europa de África y que tiene en
Marruecos un punto clave, se ve fortalecida con la garantía policial
de un país que, como es sabido, no tiene muchos miramientos con las
masas de inmigrantes que usan su territorio como última parada antes
de entrar en Europa.

Las consecuencias de este nuevo
reparto de la influencia imperialista en el área del Magreb son
evidentes: si hace poco más de un año el Estado marroquí abrió
las vallas de Ceuta para permitir que los inmigrantes retenidos en la
frontera entrasen en España, dando lugar a una intervención militar
española en la zona, el pasado viernes asesinó a decenas de
inmigrantes que intentaban pasar. España recibe con ello el justo
precio por su cambio de rumbo en cuestiones internacionales, el
peligro inmigrante queda contenido por la acción represora de las
fuerzas policiales magrebíes y la Guardia Civil puede limitarse a
mirar desde lejos. Los muertos son la pieza cobrada por la diplomacia
europea y española, como lo son los miles de inmigrantes reprimidos
en las fronteras libias o turcas, donde existen verdaderos campos de
concentración cuya función es taponar el paso a la inmigración
africana y asiática. Ante el recrudecimiento de las tensiones
imperialistas, el empeoramiento de la situación económica y el
arreciar de los vientos de guerra, Europa, en este caso a través de
España, se blinda contra unas masas de inmigrantes que la burguesía
ve como un peligro potencial para la estabilidad económica y social
de sus países.

Estos inmigrantes, huyendo de la
situación de auténtica miseria que viven en sus países, son
empujados hacia las fronteras europeas cada vez con más intensidad.
Sufren el trato de las mafias, la presión de las policías de todos
los Estados, que los quieren muertos como en Marruecos o esclavos
como en Libia, y si finalmente logran entrar en Europa, alcanzan no
el bienestar soñado sino una vida como mano de obra barata y
desechable en cualquier momento, bajo la presión continua de las
fuerzas represoras, con la amenaza de la cárcel en forma de CIEs o
de la expulsión a los países que se prestan a recogerlos y
mantenerlos en campos de refugiados a cambio de una compensación
económica que paga la UE. Y esto sucede tanto en la frontera de
España como en la de Grecia o en la de Estados Unidos con México.

Las masas de inmigrantes quieren
entrar en los países del llamado primer mundo. Y realmente son
necesarias para una burguesía necesitada de mano de obra barata y
explotable sin los condicionantes que la legislación social y
laboral de los países capitalistas desarrollados mantiene para sus
proletarios nativos, pero lo son siempre y cuando lleguen
correctamente disciplinadas. Siempre y cuando entren en Europa o
Estados Unidos sabiendo qué son (proletarios a explotar), qué se
espera de ellos (sumisión y aceptación de cualquier cosa que se les
exija) y cuál puede ser su destino (la cárcel, la deportación o la
muerte) si desobedecen.

Pero estas medidas no les
detendrán. El hambre y la pobreza les obligan a emigrar para vivir.
Y tal y como huyen de su destino en sus países de origen, traen
consigo materialmente la fuerza de la rebelión, orientada hoy a
lograr un pase para Europa o Estados Unidos, pero que podrá
dirigirse, mañana, con otras condiciones de lucha del proletariado
nativo, hacia la lucha de clase. Ellos, que no tienen nada que perder
pero que tienen la fuerza para sacudirse las cadenas con que
pretender someterles, podrán dar, en un futuro no muy lejano, una
contribución decisiva, a base de fortaleza y rebeldía, al
proletariado occidental para escapar de la intoxicación democrática
y colaboracionista, hermanándose en una única lucha. Esto es lo que
realmente teme la clase burguesa de todas las naciones.

¡Solidaridad con los
trabajadores inmigrantes!


¡Por la unidad de clase del
proletariado, más allá de razas, nacionalidades, sexo o edad!


¡Por el retorno de la lucha de
clase!

 

Partido Comunista Internacional
(El Proletario)
www.pcint.org  –  25-06-2022




Fuente: Valladolorentodaspartes.blogspot.com