March 7, 2021
De parte de Arrezafe
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Blog
de la autora:
www.cecilia-zamudio.blogspot.com

La
lucha por la emancipación de la mujer y la lucha contra el
capitalismo son inseparables.

El
8 de marzo se conmemora a la mujer trabajadora, revolucionaria
. La
comunista Clara Zetkin propuso la conmemoración en la conferencia de
mujeres socialistas de 1910, para homenajear la lucha de las mujeres
contra la explotación capitalista. Se recuerda el asesinato, a manos
del Gran Capital, de 129 obreras en huelga quemadas vivas en una
fábrica textil en EEUU
: los dueños de la fábrica cerraron las
puertas con ellas dentro y le prendieron fuego para hacerlas arder
(como medida de “disuasión” para evitar que otras obreras
siguieran su ejemplo de lucha). Se conmemora la lucha por la justicia
social, por los derechos de la clase trabajadora, la lucha contra el
patriarcado y el capitalismo, cuyos mecanismos se articulan el uno al
otro a la perfección.

El
8 de marzo también quedó apuntalado como fecha eminentemente
revolucionaria por los sucesos del 8 de marzo de 1917 en la Rusia
tzarista: miles de mujeres salieron a las calles clamando por sus
derechos, contra la explotación y las guerras que la burguesía
imponía al pueblo: ellas detonaron la Revolución de Octubre. Tras
la revolución de Octubre las mujeres conquistaron sus derechos
económicos, sociales, sexuales y reproductivos: derecho al voto para
todas las mujeres (no solo para las propietarias como en Gran
Bretaña), derecho al divorcio, derecho al aborto, derechos plenos al
estudio y trabajo, vivienda, sanidad y educación garantizadas, etc.
Todos estos derechos todavía se siguen luchando en la inmensa
mayoría de países capitalistas.

Las
mujeres somos la parte más golpeada de la clase explotada. Somos
víctimas de las guerras imperialistas, del saqueo capitalista que
empobrece regiones y países enteros, de las privatizaciones y la
precariedad, y además somos víctimas del machismo incesantemente
promovido por los medios y toda la industria cultural del
capitalismo. Porque el capitalismo se sustenta fragmentando y
dividiendo a la clase explotada: por ello la industria cultural del
capitalismo difunde incesantemente paradigmas de discriminación como
el machismo y el racismo
.

Somos
las trabajadoras explotadas, estudiantes, artistas, paradas y
jubiladas a quienes se nos está privando de una vida digna, en
ocasiones hasta de la alimentación, la vivienda, el acceso a la
salud, el acceso a la educación, etc. Somos privadas de condiciones
de trabajo y de remuneración dignas por los capitalistas que sacan
la plusvalía de nuestro trabajo. Somos las madres cuyo trabajo en el
hogar no es reconocido, las que se quedan en absoluta precariedad sin
pensión. Somos las mujeres migrantes empujadas a padecer las peores
explotaciones: en maquilas de espanto, rociadas de veneno en el
agro-industrial, abocadas a la explotación de la prostitución o a
ser cosificadas y saqueadas como “vientres de alquiler”.
Somos las niñas violadas y forzadas a parir. Somos designadas por
este sistema como la diana de las frustraciones aberrantes que este
sistema causa, de la misoginia que fomenta. Por ello el feminicidio
galopa: porque los medios banalizan la tortura y toda discriminación
alienante funcional al capitalismo, porque la violencia ejercida de
manera estructural arrastra su odio contra nosotras. Somos vícimas
del capitalismo y su barbarie, víctimas del machismo que el mismo
Capital promueve; pero también somos mujeres luchadoras y
revolucionarias.

El
8 de marzo no es el día de las princesas, ni de las empresarias
explotadoras. Las mujeres opresoras, las Cristine Lagarde, las
Thatcher, las Hillary Clinton y demás… las que se lucran de
devastar selvas, de oprimir poblaciones, de esclavizar en fábricas
de espanto a miles de trabajadoras, las que se lucran, también, de
fomentar el machismo a través de sus medios de alienación masiva,
son clase explotadora, al igual que los hombres de la clase
explotadora.

Al
Capital le interesa mantenernos atadas a la división sexual del
trabajo, a labores de cuidado no remuneradas, a la discriminación
salarial por ser mujeres. Al Capital le interesa una clase explotada
pulverizada y golpeada, impedida de unidad por el machismo, el
racismo, la xenofobia, el individualismo y demás alienaciones que la
clase explotadora se encarga de cultivar.

Frente
a una realidad tan brutal, el reformismo, siempre sirviendo a impedir
cuestionamientos profundos, pretende encapsular nuestra lucha y
superficializarla, ocultando su carácter de clase, obviando la
funcionalidad que para el capitalismo tiene el machismo. Los
reformistas, que pretenden seguir engañándonos con la cínica
fábula de un supuesto e imposible “capitalismo con rostro humano”,
buscan ocultar que no lograremos cambiar la cultura profundamente
machista que impera en el mundo entero, a menos que nos tomemos los
medios de producción y por lo tanto los de difusión y educación.
En este sistema toda una artillería de sometimiento ideológico es
implementada por la clase burguesa; los paradigmas de opresión son
activamente martilleados desde múltiples flancos: desde las
instituciones religiosas históricamente funcionales a las clases
dominantes, pasando por la gran industria audiovisual, hasta los nada
‘inocuos’ videojuegos. Para contrarrestar esa alienación a gran
escala, que tanto sufrimiento causa, se necesitan obviamente medidas
que subviertan el actual orden social; abolir el patriarcado no será
posible sin abolir el capitalismo.

Los
caballos de Troya de la burguesía intentan hacer creer que las
mujeres explotadoras son nuestras hermanas, cuando ellas también
participan de perpetuar este sistema que devora a la naturaleza,
explota a los seres humanos (a la clase trabajadora), y perpetúa al
machismo, al racismo, al individualismo, comportamientos y
discriminaciones fundamentales para el mantenimiento de este sistema
putrefacto
.

Las
mujeres revolucionarias sabemos que la sociedad de clases se perpetúa
sobre la violencia: esa violencia ejercida por la clase explotadora
(la que posee los medios de producción) contra las mayorías
explotadas y precarizadas, y sabemos también el lastre que significa
el machismo para la unidad de la clase explotada. Luchamos también
por un feminismo revolucionario, para poder oponerlo a la infame
recuperación que el sistema está intentando hacer de la lucha
feminista, con sus aberrantes Caballos de Troya y su discurso de “sororidad interclasista” (¡cómo si tuviéramos que tener
“sororidad” con una capitalista explotadora, una proxeneta
o una ficha del complejo militar-industrial por el mero hecho de ser
mujer!).

Luchamos
contra toda explotación, y nuestra lucha contra la opresión de la
mujer trabajadora, la adelantamos luchando día a día contra el
machismo, contra la clase burguesa, contra un orden social de
explotaciones concatenadas; luchando contra la raíz que sostiene las
desigualdades sociales: luchando contra un sistema que fomenta la
opresión de la mujer porque necesita esta opresión como mecanismo
de dominación y división de la clase explotada; luchando contra un
sistema que fomenta la violencia machista a modo de control social
(como pérfida válvula de escape de las frustraciones que tal
sistema crea); luchando contra un sistema en el que un puñado de
multimillonarios capitaliza moliendo humanidades y rebanando el
planeta.

El
Feminicidio galopante es parte de la barbarie de un sistema
económico, político, social y cultural, el capitalista, violento en
esencia y perverso en su lógica. Un sistema basado en la explotación
de las y los trabajadores y en el saqueo de la naturaleza, es un
sistema que necesita banalizar la explotación, la injusticia social
y la tortura.

La
lucha por la emancipación de la mujer y la lucha contra el
capitalismo son inseparables. Por un feminismo revolucionario, que no
es foto de portada sino lucha cotidiana, que lucha contra toda
explotación
.




Fuente: Arrezafe.blogspot.com