January 22, 2021
De parte de Lobo Suelto
626 puntos de vista

Es necesario haber errado mucho, haberse comprometido con bastantes caminos para percibir, a fin de cuentas, que en ning煤n momento se ha abandonado el propio鈥.

 

Edmond Jabes

I.

 

No s贸lo historiador de la filosof铆a o pensador con constelaci贸n propia, Gilles Deleuze fue un gran profesor. Relativamente tard铆a es la valoraci贸n de esta dimensi贸n de su personalidad, para la cual sus textos no nos preparaban. Debemos a editorial Cactusel formidable descubrimiento. Es lo que ratificamos con la edici贸n de un nuevo volumen de la serie Clases: El Poder, Curso sobre Foucault (Tomo II).

 

Maestro como no tuvimos 鈥搉o se vea ingratitud con nuestros a帽os universitarios a los que bien consideramos: durante la segunda mitad de los a帽os 鈥90 era m谩s estimulante la Universidad de Buenos Aires que una beca en Par铆s-, no resulta f谩cil reponerse de la amarga sensaci贸n de no haber asistido a sus cursos.

 

No podemos leer sus clases sin realizar el esfuerzo mental de situarnos all铆.  El sentimiento es ya familiar, y nos invade en la lectura de cada uno de ellos (驴c贸mo pasar indiferente por esa experiencia que es En Medio de Spinoza?). Y sin embargo, Deleuze no ha tenido una relaci贸n f谩cil con la ense帽anza. En un bell铆simo texto de homenaje a Sartre, lo llama maestro de su generaci贸n. Pero Sartre no fue, como 茅l m谩s tarde, profesor universitario.

    

II.

 

En su curso sobre Spinoza, Deleuze elogia la ausencia en la 脡tica de la figura del maestro. Partidario del 鈥減ensador privado鈥, sol铆a repetir la ocurrencia de Spinoza seg煤n la cual habr铆a m谩s bien que pagar para tener derecho a ense帽ar. 

 

Y en sus textos sobre Nietzsche abundan las referencias a la indignidad de quien cree saber por los otros, cosa especialmente peligrosa cuando se trata de maestros que pretenden orientar vocacionalmente a los j贸venes.

La idea de la educaci贸n que aparece en sus libros es radicalmente antipedag贸gica: en sus Di谩logos rechaza direccionar sus palabras a personas consideradas seg煤n niveles (o grados) de ense帽anza y en todas sus obras insiste en una protesta contra la figura pueril del maestro escolarizante, cuyas preguntas s贸lo buscan obediencia.

 

Particularmente aleccionadora es la interpelaci贸n directa que realiza a sus alumnos durante una clase de enero de 1981: 鈥cada uno de ustedes encuentre los autores que les hacen falta鈥ncuentren sus mol茅culas鈥i no las encuentran ni siquiera pueden leer鈥ada m谩s triste en los j贸venes en principio dotados que envejecer sin haber encontrado los libros que verdaderamente hubieran amado鈥s preciso que, en 煤ltima instancia, s贸lo tengan relaci贸n con lo que aman鈥. La filosof铆a como cuesti贸n de sensibilidad.

 

La no-pedagog铆a es un motivo profundo en Deleuze: si bien la potencia nace de los encuentros, no hay preparaci贸n alguna para la potencia sin una soledad (que no es desolaci贸n): el maestro debe acompa帽arnos al desierto y dejarnos all铆. Sin esa inmersi贸n nom谩dica jam谩s aprender铆amos a desarrollar afinidades con los signos del mundo.

 

III.

 

Y bien, volvemos a hacer la experiencia. Abrimos el libro en la primera clase de El Poder. Deleuze comienza a hablar de Foucault: 鈥ven que lo que quiero decir es que la 煤nica continuidad hist贸rica, que ir铆a desde el pasado al presente, es la pr谩ctica. 驴En qu茅 sentido? Pr谩ctica de la lucha, practica del saber, practica de la subjetividad. Eso es lo que establece la correlaci贸n entre las formaciones hist贸ricas aqu铆 y ahora鈥. Imposible no sorprenderse. Los ecos de estas palabras nos alejan de las tesis universitarias y nos acercan a las conversaciones sostenidas hace casi dos d茅cadas en Marcelo T. de Alvear 2230.

 

Deleuze desarrolla una exposici贸n referente a Kant y a sus tres preguntas claves: 鈥渜u茅 debo hacer鈥; 鈥渜u茅 puedo conocer鈥 y 鈥渜u茅 puedo esperar鈥. Foucault, que admiraba en Kant la preocupaci贸n por situar hist贸ricamente al pensamiento, retoma para s铆 estas preguntas a su modo 驴鈥渃u谩les son hoy los nuevos tipos de lucha鈥; 鈥渃u谩l el rol del intelectual鈥; 鈥渉ay nuevas subjetividades?鈥.

 

No se es fil贸sofo sino de una determinada actualidad,  sin que determinadas singularidades se nos den como respuesta concreta a cada una de estas preguntas. Al nivel de las luchas, la coyuntura de Foucault no se comprende sin el surgimiento de una serie de organizaciones no centralizadas desplegadas por fuera del PC(F) y la CGT(f). Se trata de una larga historia que va de la autogesti贸n de la d茅cada del 鈥50 en la Yugoslavia socialista a la transversalidad del 鈥68 franc茅s (Guattari) y la autonom铆a obrera italiana de los setentas (Tronti).

 

En cuanto a la pregunta referida al saber, lo que cuenta es la explosi贸n de la bomba at贸mica a finales de la segunda guerra mundial. Lo que impresiona a Foucault es el papel que desempe帽aron los f铆sicos que se opon铆an a la bomba (Oppenheimer, por ejemplo, 鈥渉ablaba en nombre del laboratorio en el que estaba鈥). Se trata de la figura del intelectual espec铆fico que luego inspirar谩 a Foucault la formaci贸n del GIP (grupo de informaci贸n sobre las prisiones) y el v铆nculo con las Panteras Negras. En ruptura con el intelectual  鈥渦niversal鈥 -que enuncia juicios de valores-, Foucault comienza a hablar 鈥渆n nombre de una vida singular鈥.

 

En el nivel de las nuevas subjetividades, lo que interesa a Foucault son 鈥las comunidades americanas, el inter茅s por formas solitarias tanto como comunitarias鈥, una manera de 鈥eludir la identificaci贸n鈥 (sobre este punto Deleuze es escueto, pero hay bastante informaci贸n en las biograf铆as de Erib贸n y Miller).  

 

IV.

 

Pero todo ha cambiado. Ya entrados en los 鈥80 Deleuze se encuentra en la 鈥渘oche sin preguntas鈥. Foucault ha sido el 煤ltimo de los fil贸sofos con coyuntura. De modo que leer a Foucault es penetrar en el modo en que intent贸 operar en ella.

 

Ya desde los primeros a帽os 鈥70 -en plena formaci贸n del GIP-, Foucault asume tareas pr谩cticas. Pone en juego su olfato, 鈥algo va a pasar ac谩鈥. El fil贸sofo deviene militante: 鈥es muy dif铆cil comprender lo que sea una pol铆tica sin estar atravesado por esas evaluaciones鈥 lo dif铆cil es decir 鈥榚so es importante, no va a abortarse鈥. Hubo una gran evoluci贸n pol铆tica de Foucault al decirse que all铆 hab铆a algo. Como si en el letargo del post-mayo, se volviera a encender un foco, pero extra帽amente en las prisiones鈥.  

 

La coyuntura concluy贸 en una derrota. Y Deleuze presenta su hip贸tesis al respecto: 鈥una de las razones del silencio, de la especie de abatimiento, de desesperanza que tuvo Foucault m谩s tarde, mucho m谩s tarde, fue lo que se puede llamar la derrota de ese movimiento鈥. Y no es que no se hubiesen concretado cambios a nivel del r茅gimen penitenciario. Pero Foucault 鈥hubiera querido que haya todav铆a m谩s, qued贸 bastante abatido鈥. La filosof铆a no tiene respuestas en momentos como estos.

V.  

 

Pero Deleuze est谩 decidido a salvar un tesoro del desastre. Autonom铆a y transversalidad, los rasgos centrales del ciclo de luchas terminado (no concede a Foucault la idea de derrota), constituyen para 茅l algo m谩s que meros episodios transitorios. No hay que congelarse en las circunstancias: 鈥las luchas transversales no datan del 68鈥. Las coyunturas luminosas lo son por el hecho de que dejan entrever algo eterno: 鈥podemos preguntarnos si despu茅s de todo la historia no se hizo perpetuamente a trav茅s de luchas transversales鈥.

 

Se dir谩 que fuerza un salto demasiado brusco por fuera de la situaci贸n: 鈥驴no ha sido la historia perpetuamente un tejido, una red de luchas transversales, antes que esas luchas sean centralizadas?鈥.

 

Lo que he intentado exorcizar es una respuesta central a la pregunta 驴Qu茅 es el poder?鈥. Y si Foucault nos interesa es porque fue 鈥el 煤nico en haber hecho una teor铆a izquierdista del poder鈥. Porque a su pregunta s贸lo puede convenirle 鈥una respuesta transversal que desmigaje el poder en una multiplicidad de focos鈥.

 

Y bien, para poder pensar esto hace falta una microf铆sica del poder,  鈥no hay que partir de los grandes conjuntos鈥, las grandes instituciones. Porque los grandes conjuntos se dan 鈥測a hechos鈥. 鈥No es que no haya estado, no es que no haya ley, es que son expresiones estad铆sticas de una agitaci贸n de otra naturaleza鈥.

 

Para comprender esta respuesta de Foucault hay que comprender hasta qu茅 punto la estrategia se da en 茅l como una pol茅mica con el estructuralismo. La estrategia 鈥揇eleuze ve en esto un parentesco con la micro-sociolog铆a de los deseos y las creencias de Tarde- es siempre molecular. 

 

VI.

 

Si las relaciones de fuerzas son moleculares, los grandes conjuntos efect煤an un 鈥渄iagrama鈥 de las fuerzas. S贸lo que el t茅rmino diagrama es utilizado una sola vez por Foucault. 驴C贸mo es posible que un t茅rmino tan fundamental tenga una presencia casi fantasmal? 

 

Deleuze no se explica esta situaci贸n sin acudir a una teor铆a de la lectura: un libro, dice, 鈥nunca es homog茅neoest谩 hecho de tiempos fuertes y de tiempos d茅biles鈥 y no estoy seguro de que la distribuci贸n de los tiempos fuertes y de los tiempos d茅biles sea la misma en dos lecturas, en dos personas que leen con pasi贸n鈥.




Fuente: Lobosuelto.com