December 18, 2021
De parte de La Haine
401 puntos de vista


I

A estos me dirijo; que los viejos –los viejos de coraz√≥n y de esp√≠ritu, enti√©ndase bien– no se molesten en leer lo que no ha de afectarles en nada.

Supongo que ten√©is dieciocho o veinte a√Īos, hab√©is terminado vuestro estudio o aprendizaje y entr√°is en el gran mundo; supongo tambi√©n que vuestra inteligencia se ha purgado de las imbecilidades con que han pretendido atrofiarla y obscurecerla vuestros maestros, y que hac√©is o√≠dos de mercader a los continuos sofismas de los partidarios del obscurantismo; en una palabra, que no sois de esos desdichados engendros de una sociedad decadente que solo procuran por la buena forma de sus pantalones, lucir su figura de monos sabios en los paseos, sin haber gustado en la vida m√°s que la copa de la dicha, obtenida a cualquier precio… Todo al contrario de esto, os juzgo de entendimiento recto, y sobre todo, dotados de gran coraz√≥n.

La primera duda que surge en vuestra imaginaci√≥n es esta: “¬ŅQu√© voy a ser?”. Esta pregunta os la hab√©is hecho cuantas veces la raz√≥n os ha permitido discernir.

Verdaderamente que cuando se est√° en esa temprana edad en que todo son sue√Īos de color de rosa no se piensa en hacer mal alguno. Despu√©s de haberse estudiado una ciencia o un arte –a expensas de la sociedad, n√≥tese bien– nadie piensa en utilizar los conocimientos adquiridos como instrumento de explotaci√≥n y en beneficio exclusivo, y muy depravado por el vicio debiera estar en verdad el que siquiera una vez no haya so√Īado en ayudar a los que gimen en la miseria del cuerpo y la miseria de la inteligencia. Hab√©is tenido uno de esos sue√Īos, ¬Ņno es verdad? Pues estudiemos el modo de convertirle en realidad.

No s√© la posici√≥n social que ha presidido a vuestro nacimiento; quiz√° favorecidos por la suerte hab√©is podido adquirir conocimientos cient√≠ficos, y sois m√©dicos, abogados, literatos, etc…; si es as√≠ a vuestra vista √°brense vast√≠simos horizontes y se os ofrece un porvenir sonriente, quiz√° dichoso. O, por el contrario, malditos de la suerte sois hijos de un pobre trabajador, y no hab√©is tenido otros conocimientos que la escuela del dolor, de las privaciones y de los sufrimientos…

Establezcamos el primer caso; habéis cursado medicina; sois, pues, un facultativo. Un día un hombre de mano callosa, cubierta con una blusa, viene a buscaros para que asistáis a una enferma, conduciéndoos a casa de la paciente por una interminable serie de callejuelas, cuyas casas trascienden a pobreza.

Llegáis, y os es forzoso casi encaramaros por una estrecha escalera, cuyo ambiente está cargado de hidrógeno, por las emanaciones que despide la torcida de un farol cuyo aceite se ha agotado.

Despu√©s de salvar dos, cuatro o treinta escalones, penetr√°is en la habitaci√≥n de la pobre enferma. Como vuestra alma est√° a√ļn pura, el coraz√≥n os late con m√°s violencia de la acostumbrada al contemplar a aquella infeliz, tirado sobre un mal jerg√≥n, y… a aquellas cuatro o cinco criaturas, l√≠vidas, tiritando de fr√≠o, acurrucadas al lado de su pobre madre, a fin de recoger el calor de la fiebre, ya que all√≠ huelga todo abrigo. Los infelices ni√Īos, a quienes la desgracia ha hecho suspicaces, os contemplan asustados y se arriman m√°s y m√°s a su madre, sin apartar sus grandes ojos espantados de vuestra persona.

El marido ha trabajado durante su vida doce y trece horas diarias, pero ahora est√° de m√°s hace tres meses; esto no es raro, se repite peri√≥dicamente. Antes no se notaba tanto su falta de trabajo, pues cuando esto acontec√≠a su mujer se iba a lavar –¬°qui√©n sabe si habr√° lavado lo vuestro!– para ganar una peseta al d√≠a. Pero ahora, postrada en el lecho del dolor hace dos meses, le es imposible, y la miseria m√°s espantosa cierne sus negras alas en aquel hogar.

¬ŅQu√© aconsejar√©is a aquella enferma, doctor? Desde luego habr√©is comprendido que all√≠ reina la agon√≠a general por falta de alimentaci√≥n; prescribir√©is carne, aire puro, ejercicio en el campo, una alcoba seca y bien ventilada. ¬°Esto ser√≠a ir√≥nico! Si hubiera podido la enferma proporcionarse todo esto, no hubiera esperado vuestro consejo.

Esto no es todo. Si vuestro exterior revela franqueza y bondad, os referir√°n historias tanto o m√°s tristes; la mujer de la otra habitaci√≥n, cuya tos desgarra el coraz√≥n, es una planchadora; en el tramo de abajo todos los ni√Īos tienen fiebre; la lavandera que ocupa el piso alto no llegar√° a la pr√≥xima primavera, ¬°ah! ¬°y en la casa de al lado, en la otra, la situaci√≥n es peor!…

¬ŅQu√© pens√°is de todos estos enfermos? Seguramente les recomendar√≠ais cambio de aire, un trabajo menos prolongado, una alimentaci√≥n sana y nutritiva; pero no pod√©is y abandon√°is aquellas catacumbas del dolor con el coraz√≥n lacerado.

Al siguiente d√≠a, y cuando a√ļn no hab√©is desechado la preocupaci√≥n de la v√≠spera, un compa√Īero os dice que ha venido un lacayo en carruaje para que fuerais a visitar al propietario de una casa, donde hab√≠a enferma una se√Īora extenuada a fuerza del insomnio, cuya vida est√° consagrada a visitas, afeites, bailes y disputar con su est√ļpido marido.

Vuestro compa√Īero le ha prescrito h√°bitos m√°s moderados, comida poco estimulante, paseos al aire libre, tranquilidad de esp√≠ritu y ejercicios gimn√°sticos en su alcoba, a fin de substituir un trabajo √ļtil: una muere porque ha carecido de alimento y descanso durante su vida, y la otra sufre porque nunca ha sabido lo que es trabajar.

Si sois uno de esos repugnantes seres ante un espect√°culo triste y miserable se consuelan con dirigir una mirada de compasi√≥n y beberse una copa de co√Īac, os ir√©is acostumbrado gradualmente a esos contrastes y no pensar√©is sino en elevaros a la altura se los satisfechos para evitar tener que rozaros en lo sucesivo con los desgraciados.

Pero si al contrario, sois hombre; si el sentimiento se traduce en voluntad y la parte animal no se ha superpuesto a la inteligencia, volver√©is a vuestra casa dici√©ndoos: –Esto es infame–; esto no puede continuar as√≠ por m√°s tiempo. Es menester evitar las enfermedades y no curarlas. ¬°Abajo las drogas! Aire, buena alimentaci√≥n y un trabajo m√°s racional; por ah√≠ debe comenzarse; de otro modo, la profesi√≥n de m√©dico solo es un enga√Īo y una farsa.

En ese mismo instante comprenderéis el anarquismo y sentiréis estímulos por conocerlo todo; y si el altruismo no es una palabra vacía de sentido, si aplicáis al estudio de la cuestión social las rígidas inducciones del filósofo naturalista, vendréis a nuestras filas y seréis un nuevo soldado de la Revolución social.

Quiz√° se os ocurra: ¬°Al diablo las cuestiones pr√°cticas! Como el fil√≥sofo y el astr√≥nomo, consagr√©monos a las especulaciones cient√≠ficas. Esto seguramente puede producir un goce individual, una abstracci√≥n de la sociedad y sus males. Pero siendo as√≠, yo pregunto: ¬Ņen qu√© se diferencia el fil√≥sofo dedicado a pasar la vida todo lo agradablemente posible, del borracho que solo busca en la bebida la inmediata satisfacci√≥n de un placer? Indudablemente el fil√≥sofo ha tenido mejor acierto cuando a la elecci√≥n de goce, que es m√°s duradero que el del borracho; pero esto es la sola diferencia; uno y otro tienen la misma mirada ego√≠sta y personal.

Pero no desáis hacer vida semejante, y sí, por el contrario, trabajar en bien de la Humanidad entonces saltará en vuestro cerebro una formidable objeción, y por poco aficionado a la crítica que seáis, comprenderéis perfectamente que en esta sociedad la ciencia no es otra cosa que un apéndice de lujo que no sirve sino para hacer más agradable la vida de los menos, permaneciendo inaccesible a los más.

Ahora bien; hace m√°s de un siglo que la ciencia ha establecido sobre bases s√≥lidas, razonadas nociones cosmog√≥nicas cuanto al origen del Universo. ¬ŅCu√°ntos las conoc√©is? Algunos millares solamente desperdigados entre centenares de millares sumidos a√ļn en supersticiones dignas de los salvajes y, por consiguiente, dispuestos a servir de lastre a los impostores religiosos.

O bien lanzad una ojeada sobre lo que ha hecho la ciencia para elaborar las bases de la higiene f√≠sica y moral; ella os dice c√≥mo debemos vivir para conservar la salud del cuerpo y mantener en buen estado las numerosas masas de nuestras poblaciones. Pero todo esto es letra muerta, por que la ciencia solo existe para un pu√Īado de privilegiados, y porque las desigualdades que dividen a la sociedad en dos clases –explotados y detentadores del capital– hacen que las ense√Īanzas racionales de la existencia sean la m√°s amarga de las iron√≠as para la inmensa mayor√≠a.

Aun podría citar más ejemplos, pero no lo juzgo imprescindible, puesto que la cuestión no es amontonar verdades y descubrimientos científicos, sino extender hasta lo infinito los ya adquiridos, hasta que hayan penetrado en la generalidad de los cerebros. Conviene ordenar de tal suerte las cosas, que la masa del género humano pueda comprenderlas y aplicarlas: que la ciencia deje de ser un lujo; todo al contrario, que sea la base de la vida de todos. Lo exige la justicia.

De este modo no ocurrir√≠a, por ejemplo, lo que pasa hoy con la teor√≠a del origen mec√°nico del calor, que enunciada el siglo pasado por Hir y Clausius, ha permanecido durante m√°s de ochenta a√Īos enterrada en los anales acad√©micos, hasta que la desenterraron los conocimientos de la f√≠sica, extendidos lo suficiente para formar una parte del p√ļblico capaz de comprenderla, ha sido necesario tres generaciones para que las ideas de Erasmo y Darwin sobre la variabilidad de las especies fuesen acogidas y admitidas por los fil√≥sofos acad√©micos, obligados por la opini√≥n p√ļblica. El fil√≥sofo, as√≠ como el artista y el poeta, es siempre producto de la sociedad en que ense√Īa y se mueve.

Si os persuadís de estas verdades, comprenderéis que es de todo punto imprescindible cambiar radicalmente un tal estado de cosas que condena al filósofo a repletarse de conocimientos científicos y al resto del género humano a permanecer en la misma ignorancia que hace diez siglos; esto es, en el estado de esclavitud y de máquina incapaz de asimilarse las verdades establecidas. Desde el momento que os hayáis persuadido de estas profundas verdades iréis poco a poco odiando la inclinación a la ciencia pura y trabajaréis por buscar el medio de efectuar esa transformación social; y si inauguráis vuestras investigaciones con la misma imparcialidad que os ha guiado en los estudios científicos, abrazaréis sin remedio la causa del socialismo.

Haréis, en una palabra, tabla rasa de todos los sofismas y engrosaréis nuestras filas, cansados de procurar placeres a esa minoría que de tantos disfruta, y pondréis todo vuestro valer al servicio de los oprimidos.

Estad seguro que entonces el sentimiento del deber cumplido y la perfecta relaci√≥n entre vuestras ideas y acciones os mostrar√°n una existencia nueva que os es desconocida; y cuando un d√≠a, d√≠a que indudablemente se aproxima –con permiso de vuestros profesores– se haya realizado el fin que os propon√≠ais, las nuevas fuerzas del trabajo cient√≠fico colectivo, con la poderosa ayuda de ej√©rcitos de trabajadores que vendr√°n a prestarle sus concurso, har√°n que la ciencia d√© un paso hacia delante, comparado con el cual el lento progreso del presente, parecer√° un simple juego de ni√Īos.

Entonces gozaréis de la ciencia y este goce será para todos.

II

Abordemos otro punto. Suponemos hab√©is terminado vuestra carrera de Derecho y, por consiguiente, os hall√°is abocado a desempe√Īar un puesto en el foro, halagado por las m√°s bellas ilusiones respecto a vuestro porvenir –os hago justicia de que comprend√©is lo que altruismo significa–. Quiz√°s entonces dig√°is: ¬ŅHay nada m√°s noble que dedicar la vida a una lucha vigorosa contra toda injusticia, aplicar sus facultades al triunfo de la ley, que es la expresi√≥n de la justicia suprema?

Perfectamente: como todavía no tendréis experiencia propia os veis obligado a recurrir a las crónicas judiciales, donde encontraréis hechos que os ilustren.

Aquí tenemos, por ejemplo, un rico propietario que pide la expulsión de un colono que no ha podido pagar, por efecto de cualquier circunstancia fortuita, la renta convenida. Desde el punto de vista legal, no hay escape, si el pobre labrador no paga, sea cualquiera la causa que lo imposibilite, debe ser expulsado de la finca: en este punto la ley es inexorable.

Si os conform√°is con la exterioridad de los hechos pedir√©is la expulsi√≥n creyendo que as√≠ cumpl√≠s con vuestro deber; s√≠, por el contrario, profundiz√°is en el asunto, encontrar√©is muchas veces que el propietario ha derrochado siempre su renta, en tanto que el colono ha trabajado cotidianamente; que el propietario no ha hecho nada para mejorar sus tierras, y sin embargo, el valor de estas, merced a los esfuerzos de aquel colono a quien arrojan del suelo que ha regado con su sudor, ha triplicado en cincuenta a√Īos, contribuyendo tambi√©n a ello el mayor precio adquirido por la construcci√≥n de un ferrocarril, o una carretera, o la desecaci√≥n de una laguna, o la roturaci√≥n y cultivo de terrenos antes bald√≠os, obra todo no del propietario, sino de aquel miserable colono que se ha arruinado por haber tenido que tratar con los usureros, que le han sacrificado hasta lo √ļltimo, agotando implacablemente todos sus recursos.

La ley, sin embargo, siempre a favor de la propiedad, est√° concluyente: sea de ello lo que quiera, el derecho favorece al propietario y desconoce el del colono; pero si vuestro sentimiento de justicia natural no ha sido a√ļn suplantado por las ficciones legales, ¬Ņqu√© har√©is? ¬ŅSosten√©is que el colono debe ser arrojado a la calle, en consonancia a lo estatuido por la ley, o sostendr√©is que lo justo es que el propietario pague al colono el total aumento del valor de sus tierras, puesto que es debido muy principalmente al trabajo y desvelos de este? Esto no est√° escrito en ning√ļn C√≥digo, pero es lo que la equidad demanda. ¬ŅQu√© partido tomar√©is: el de la ley contra la justicia o el de la justicia contra la ley?

Y cuando se hayan declarado en huelga los trabajadores sin prevenirlo con quince d√≠as de anticipaci√≥n, ¬Ņa qu√© lado os inclinar√©is? ¬ŅEn favor del patr√≥n que, aprovech√°ndose de una prolongada crisis, ha conseguido ganancias fabulosas, o contra la ley y en defensa de los trabajadores que durante todo ese tiempo solo han percibido un peque√Īo jornal y visto morir de hambre a sus mujeres e hijos? ¬ŅDefender√©is esa ficci√≥n que consiste en afirmar la libertad de las transacciones, o mantendr√©is la equidad que estatuye que un contrato celebrado entre el que ha comido bien y el que no ha probado bocado, esto es, entre el fuerte y el d√©bil, es un contrato leonino?

Pongamos otro ejemplo: un hombre que vaga alrededor de una carnicer√≠a rob√≥ un pedazo de carne; la gente corri√≥ tras √©l gritando: ¬°al ladr√≥n! Se le detuvo e interrog√≥, averigu√°ndose que era un artesano sin trabajo, que hac√≠a cuatro d√≠as que no hab√≠a comido ni √©l ni su familia. Pidiese al carnicero que lo dejase en libertad; pero este era partidario (para los dem√°s) del cumplimiento de la justicia, y el hambriento fue sentenciado a seis meses de prisi√≥n. ¬ŅNo se os sublevar√° la conciencia contra una ley y una sociedad que pronuncia todos los d√≠as semejantes infames juicios?

¬ŅPedir√©is la aplicaci√≥n de la ley contra el hombre que, privado de educaci√≥n y maltratado desde su infancia, sin haber o√≠do nunca palabra de afecto y de cari√Īo, termine su fatal carrera asesinando, azuzado por el hambre, a un vecino para robarle una peseta? ¬ŅPedir√©is su muerte, o lo que es peor, que vaya veinte a√Īos a presidio cuando os costa que es m√°s bien que criminal, loco, y que su crimen es obra de la sociedad entera? ¬ŅPedir√©is que vayan a presidio esos infelices tejedores que en un momento de desesperaci√≥n prendieron fuego a la f√°brica donde han consumido su existencia y dejado su sudor o que fusilen al insurrecto que enarbol√≥ en la barricada la bandera del porvenir? No, seguramente.

Si en vez de repetir lo que se os ha ense√Īado razon√°is; si analiz√°is la ley y apart√°is de ella esas nebulosas ficciones con que se la ha envuelto a fin de ocultar su verdadero origen, que es el derecho del m√°s fuerte, y su fondo que ha sido siempre la consagraci√≥n de todas las tiran√≠as que pesan sobre el g√©nero humano a trav√©s de su larga y sangrienta historia; cuando hay√°is comprendido esto, sentir√©is un profundo desprecio por la ley y sentir√©is aversi√≥n sin tasa contra esa monstruosidad que os coloca diariamente en oposici√≥n con la conciencia.

Y como esa lucha no puede ser eterna, o tendréis que subordinaros a ser un miserable, o romperéis con la abominable tradición y vendréis a nuestro lado a trabajar por la completa destrucción de esta injusticia económica, social y política; entonces seréis socialistas revolucionarios.

Y t√ļ, joven ingeniero, que has so√Īado mejorar la suerte de los trabajadores aplicando la ciencia a la industria, ¬°qu√© tristes desenga√Īos te esperan! Has dedicado tu juventud, energ√≠a y entendimiento a la formaci√≥n de un proyecto de ferrocarril que bordeando monta√Īas y salvando precipicios una dos pueblos separados por la naturaleza. Una vez comenzada la obra ver√©is masas de obreros diezmados por las privaciones y las enfermedades y otros que vuelven a sus casas con algunas monedas y la semilla de la consunci√≥n; y cuando esta obra de progreso se haya terminado, lejos de servir para que los obreros puedan comunicar entre s√≠, los ver√©is excluidos de gozar y disfrutar de su trabajo, sirviendo en cambio para que la utilice la burgues√≠a para dar paso a sus ej√©rcitos.

Hab√©is dedicado la flor de vuestra juventud a perfeccionar un invento que facilite la producci√≥n, y despu√©s de muchos ensayos y largas vigilias consegu√≠s sacar a flote vuestro pensamiento, lo pon√©is en pr√°ctica, y sus resultados sobrepujan vuestros c√°lculos. Las consecuencias primeras de vuestro adelanto las sufrir√°n los trabajadores. Diez, cien, mil o m√°s ser√°n despedidos de los talleres y reducidos a la miseria: mientras que dos o tres burgueses, con la aplicaci√≥n de la m√°quina o m√°quinas de vuestra invenci√≥n, se enriquecer√°n con vuestro invento y beber√°n a la salud del medio que les facilita una mayor ganancia a costa del incruento martirio del hambre de multitud de familias. No hab√≠ais previsto esto all√° en vuestros insomnios, ¬Ņverdad? ¬°No hubi√©rais cre√≠do nunca que lo que juzgabais adelanto, progreso, beneficio, se trocara por leyes arbitrarias y desp√≥ticas de este infame desorden social, en llanto, desdicha y miseria de infinidad de seres! Pues esto es lo que, hoy por hoy, resulta: y sin embargo, nosotros, amantes del progreso, aunque sus v√≠ctimas propiciatorias, caemos bendici√©ndole, ¬°tanto amamos a la ciencia!, y maldiciendo a sus detentadores.

Esto no es parad√≥jico: estudiados los recientes adelantos industriales, resulta que la costurera, por ejemplo, no ha ganado nada con la invenci√≥n de la m√°quina de coser; que, a pesar de las perforadoras de diamante, el obrero muere de anquilostoma en los t√ļneles; que los alba√Īiles, los braceros todos carecen de trabajo no obstante los ascensores Giffard. Si discut√≠s, pues los problemas sociales con esa independencia de criterio que os ha guiado en los problemas t√©cnicos, deducir√©is necesariamente la conclusi√≥n de que, bajo el dominio de la propiedad privada y del abominable r√©gimen del salario, todo invento, lejos de aumentar el bienestar del obrero, hace m√°s pesada su cadena, m√°s degradante el trabajo; y disminuye el tiempo de ocupaci√≥n, prolonga la crisis y solo viene a a√Īadir comodidades a la clase de los satisfechos.

Ahora bien: cuando os hay√°is penetrado de esta gran verdad, ¬Ņqu√© har√©is? ¬ŅAcallar√©is con sofismas los gritos de vuestra conciencia procurando adquirir de cualquier modo los goces y placeres que disfrutan los explotadores u obedecer√©is los impulsos del coraz√≥n que os dice: “No, no es esta la √©poca de las invenciones; trabajemos primero por transformar el modo de ser de la producci√≥n, y cuando esto se haya efectuado, todo adelanto industrial, ser√°, no beneficio a una clase, sino al g√©nero humano”?

No temáis por la ciencia; esta, como la libertad, no puede perecer; y no perecerá seguramente en manos de los trabajadores: cuando esas masas, hoy sumidas en la ignorancia, despierten a la luz de la inteligencia, desarrollada por medio del estudio y del trabajo, la mecánica tomará vuelos desconocidos; llegará sin duda alguna a lo que, ni en hipótesis, puede hoy entreverse.

¬ŅY qu√© decir cuanto al maestro de escuela, ese pedagogo harapiento y muerto de hambre de nuestros d√≠as? No me refiero ciertamente al ser rutinario que toma su profesi√≥n como una pesada carga, sino al que, rodeado de un grupo de ni√Īos se siente solicitado por la atm√≥sfera infantil que le rodea y trata de inocular en aquellos cerebros, apenas formados, las ideas de humanidad que √©l mismo acaricio cuando era joven. Sufrir√©is cuando el disc√≠pulo a quien por fuerza os empe√Ī√°is en que aprenda el lat√≠n, no da pie con bola, no se asimila el idioma de Lacio; pero observad en cambio sus bellezas de coraz√≥n y c√≥mo se entusiasma al recitar la historia de Guillermo Tell y con qu√© pasi√≥n ha le√≠do los versos de Schiller:

Jam√°s tembl√© ante el hombre libre, y s√≠ al romper las cadenas del esclavo…

Procurad desarrollar aquellos gérmenes de libertad, aquel odio contra los tiranos, y esto contrabalanceará el perpetuo sermón doméstico que trata de anular tan bellas cualidades, supeditándolas a ese necio respeto al cura, al rey, al juez, a todo el arbitrario sistema inventado por el autoritarismo para refrenar los impulsos de la libertad, las sacudidas de la inteligencia hacia la investigación.

Nuestra misi√≥n es sembrar el bien, difundir la luz y, por medio de la instrucci√≥n, libre de todos los prejuicios de la rutina, crear corazones que odien la tiran√≠a y desde la infancia maldigan a todos los verdugos y a todos los explotadores. La ense√Īanza no es ese pesado repetir transmitido de una en otra generaci√≥n, sin examen, sin variaci√≥n, con la monoton√≠a del p√©ndulo; esa es la instrucci√≥n burguesa que, cual pesada mole, comienza a perturbar las facultades mentales del ni√Īo a fin de cercenar en su cerebro todas las nobles emulaciones por lo grande, lo humanitario, lo bello.

La burgues√≠a ha desnaturalizado de tal suerte las fuentes primeras donde se desarrollan las facultades del ser, que ha logrado convertir lo que deb√≠a ser templo de la verdad –la escuela– en presidio, y al que deb√≠a ser primer magistrado –el maestro– en carcelero.

Hay que romper sin vacilaciones ese lecho de Procusto; hay que caminar adelante: o con la burguesía, que os paga malamente vuestros servicios y os relega enteramente o intoxicar los cerebros infantiles con los venenos de la autoridad, la religión y la propiedad, o al campo anarquista a trabajar con los revolucionarios para educar a la juventud en el verdadero camino de la emancipación del hombre, en las sanas doctrinas de la equidad, de la solidaridad y de la libertad.

Y, por √ļltimo, vosotros, j√≥venes artistas, escultores, pintores, poetas, m√ļsicos, ¬Ņno veis que el sagrado fuego que inspir√≥ a vuestros predecesores ha desaparecido hoy d√≠a que el arte es vulgar, supeditado a los perversos gustos de una burgues√≠a adocenada, y que por tanto impera en absoluto la median√≠a? Y no puede ser de otro modo: la inspiraci√≥n de descubrir un nuevo mundo y ba√Īarse en las fuentes de la naturaleza que cre√≥ las obras maestras del Renacimiento, se ha agotado en nuestros tiempos. El ideal revolucionario no le ha dado calor hasta ahora, y a falta de este ideal, el √ļnico racional y verdadero, las artes han supuesto un bastardo realismo que consiste en fotografiar, trabajosamente la gota de roc√≠o en la hoja de la planta, imitar los m√ļsculos de la para de un corn√ļpeto o describir en prosa o verso el aire asfixiante del sal√≥n de una meretriz de alto rango.

Pero si esto es as√≠, me preguntar√©is: –¬ŅQu√© es lo que debemos hacer?

La contestaci√≥n es muy sencilla; si el fuego sacro que dec√≠s poseer es √ļnicamente un fuego fatuo, entonces continuar√©is como hasta aqu√≠, y todo vuestro gusto art√≠stico, vuestra inspiraci√≥n, degenerar√° r√°pidamente en decorar tiendas, proveer de libretos de operetas de tercera clase y hacer cuentos para las veladas de Nochebuena; muchos vais descendiendo por esta pendiente con gran rapidez…

Pero si vuestro corazón late verdaderamente al unísono con el de la humanidad; si como verdadero poeta os ocupáis de las realidades de la vida, ¡ah! entonces, contemplando ese mar de tristezas, frente a frente de gentes que perecen de hambre; a la vista de esos cadáveres amontonados en las minas y esa aglomeración de cuerpos mutilados en las barricadas; viendo esas interminables cuerdas de deportados que van a enterrarse en las perpetuas nieves de la Siberia o en los pantanos tropicales; ante esta desesperada lucha sostenida entre los gritos de dolor de los vencidos y las orgías de los vencedores, entre el egoísmo contra la cobardía, y entre la noble resolución y la despreciable astucia, no podéis permanecer neutral y vendréis a colocaros al lado del oprimido, porque sabéis que lo hermoso, lo sublime, el espíritu mismo de la vida están al lado de aquellos que luchan por la luz, por la humanidad.

Yo os oigo interrumpirme de nuevo. Si la ciencia abstracta es un lujo y la pr√°ctica de la medicina una farsa; si la ley excluye la justicia, y las invenciones mec√°nicas no son sino instrumento de robo; si la escuela, en oposici√≥n a los deseos del verdadero maestro, ha de ser anulada y el arte sin la idea revolucionaria solo puede degenerar, ¬Ņqu√© me queda a m√≠ que hacer? Os lo dir√©: un trabajo vasto e important√≠simo, en el cual estar√°n vuestras acciones en completa armon√≠a con vuestra conciencia; una empresa capaz de elevar los caracteres m√°s nobles y generosos.

¬ŅQu√© trabajo? Voy a dec√≠roslo: o capitul√°is con vuestra conciencia y dec√≠s al fin: “perezca la humanidad con tal de que yo pueda gozar por completo muchos placeres, toda vez que la gente es bastante necia para permit√≠rmelo”, o una vez m√°s se os presentar√° la inevitable alternativa de tomar parte con los revolucionarios y trabajar con ellos para la completa transformaci√≥n de la sociedad. Tal es la irrefragable consecuencia del an√°lisis que acabamos de hacer: esta es la l√≥gica conclusi√≥n a que todo hombre inteligente ha de llegar son remedio, con tal de que razone con lealtad sobre lo que pasa a su alrededor, descartando los sofismas que su educaci√≥n privilegiada y el inter√©s de los que le rodean han deslizado en su o√≠do.

Llegado a esta conclusi√≥n, la pregunta ¬Ņqu√© ha de hacerse? se presenta naturalmente; la contestaci√≥n es f√°cil: dejad el medio en que est√°is colocado y en el cual es moda decir que el pueblo no es m√°s que un pu√Īado de brutos; venid a mezclaros con ese pueblo y la contestaci√≥n surgir√° por si sola.

Ver√©is que en todas partes, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia, Rusia, Estados Unidos, all√≠ donde hay una clase privilegiada y otra oprimida, existe un gran movimiento en el seno de la clase trabajadora, cuyo objeto es romper para siempre la esclavitud impuesta por el feudalismo capitalista, y echar los cimientos de una sociedad establecido sobre la base de justicia e igualdad. Ya no es suficiente al hombre del pueblo manifestar sus dolores en uno de esos cantos cuya melod√≠a os traspasa el coraz√≥n, como los que se cantaban por los siervos del siglo XVIII y se cantan todav√≠a por los aldeanos esclavos; ahora trabaja con sus compa√Īeros por su emancipaci√≥n, con conocimiento de que lo hace y contra todos los obst√°culos que encuentra en su camino. Su pensamiento est√° constantemente en ejercicio, considerando qu√© es lo que deber√≠a hacer a fin de que la vida, en lugar de ser una carga para las tres cuartas partes de la humanidad, pueda ser una verdadera satisfacci√≥n para todos; se ocupa de los m√°s arduos problemas de sociolog√≠a y procura resolverlos con su buen sentido, su esp√≠ritu de observaci√≥n y mucha experiencia; con objeto de ponerse de acuerdo con otros tan miserables como √©l, trata de formar grupos, organizar; forma sociedades sostenidas con dificultad por peque√Īas suscripciones; procura hacer pactos con sus compa√Īeros del lado all√° de la frontera y prepara el d√≠a en que las guerras internacionales sean imposibles de un modo m√°s eficaz que el usado por los fr√≠os fil√°ntropos que ahora nos aburren con sus tonter√≠as sobre la paz universal. A fin de conocer lo que hacen sus hermanos y para tener con ellos conexi√≥n m√°s √≠ntima y elaborar sus ideas, sostiene ¬°pero a costa de cu√°ntos sacrificios y cu√°ntos incesantes esfuerzos! su prensa trabajadora.

Al fin, cuando la hora llega, se levanta, y enrojeciendo el pavimento de las barricadas con su sangre se lanza a conquistar esas libertades que los poderosos y satisfechos sabrán después cómo corromper y cómo volver contra él de nuevo.

¡Qué interminable serie de esfuerzos! ¡Qué lucha tan incesante! ¡Qué trabajo vuelto continuamente a empezar, unas veces para llenar los huecos ocasionados por las deserciones, resultado del cansancio, corrupción y persecuciones; otras para reunir las quebrantadas fuerzas diseminadas por los fusilamientos y las matanzas a sangre fría; otras, en fin, para reanudar los estudios bruscamente interrumpidos por el burgués en grande escala!

Los peri√≥dicos se publican por hombres que se han visto obligados a privarse del sue√Īo y del alimento, a fin de poder arrancar a la sociedad los conocimientos m√°s precisos; la agitaci√≥n se sostiene con c√©ntimos deducidos de la cantidad necesaria para adquirir lo absolutamente indispensable para la vida, y todo esto bajo la constante amenaza de ver a su familia reducida a la m√°s espantosa miseria tan pronto como el patr√≥n sepa que su trabajador, su esclavo, est√° tocado de socialismo.

Esto es lo que ver√©is si os mezcl√°is con el pueblo. Y en esta lucha incesante, cu√°ntas veces no se ha preguntado in√ļtilmente el trabajador, al par que camina bajo el peso de su yugo: “¬ŅD√≥nde, pues, est√° esa gente joven a quien se ha ense√Īado a nuestra costa, esos j√≥venes a quienes alimentamos y vestimos mientras estudiaban? ¬ŅD√≥nde est√°n aquellos para quienes hemos edificado, con nuestros hombros agobiados bajo el peso de nuestras cargas y nuestros est√≥magos vac√≠os, esos colegios, esas salas de conferencia y esos museos? ¬ŅD√≥nde est√°n los hombres para cuyo beneficio nosotros, con nuestros rostros p√°lidos y demacrados hemos impreso esos hermosos libros, muchos de los cuales ni aun podemos leer? ¬ŅD√≥nde est√°n esos profesores que pretenden poseer la ciencia y para quienes la misma humanidad no vale tanto como un insecto raro? ¬ŅD√≥nde los que siempre est√°n hablando en favor de la libertad y nunca tratan de conquistarla, vi√©ndola constantemente pisoteada bajo sus pies? ¬ŅD√≥nde esos escritores, poetas y esos pintores? ¬ŅD√≥nde, por √ļltimo, est√° toda esa falange de hip√≥critas que habla del pueblo con l√°grimas en los ojos, pero que jam√°s por ning√ļn concepto se encuentra entre nosotros ayud√°ndonos en nuestro trabajo?”

¬ŅD√≥nde est√°n en verdad?

Unos se entregan al descanso con la más cobarde indiferencia; otros, la mayoría, desprecian a la sucia multitud y están dispuestos a lanzarse sobre ella si se atreve a tocar uno solo de sus privilegios.

Es verdad que de cuando en cuando viene a nosotros alg√ļn joven que sue√Īa con tambores y barricadas y busca impresiones fuertes; pero que deserta de la causa del pueblo en cuanto percibe que el camino de la barricada es largo, el trabajo pesado y las coronas de laurel que han de ganarse en esta campa√Īa est√°n cubiertas de espinas. Generalmente estos ambiciosos especuladores del trabajo, quienes, no habiendo podido hacer nada en este sentido, tratan de sorprender a la gente por este medio, y que ser√°n poco despu√©s los primeros en denunciarla cuando el pueblo desee aplicar los principios que ellos mismos hab√≠an profesado, est√°n tal vez hasta dispuestos a volver sus armas contra la vil multitud si se atreve a moverse antes que ellos hayan dado la se√Īal.

Agregad a esto, bajos instintos, desprecio completo y viles calumnias de parte de la gran mayoría y sabréis lo que el pueblo puede esperar hoy de la mayor parte de los jóvenes de las clases privilegiadas en concepto de ayuda para la revolución social.

Pero a√ļn pregunt√°is, ¬Ņqu√© haremos? Cuando todo est√° por hacer, cuando un ej√©rcito entero de gente joven encontrar√≠a bastante en ocupar todo el vigor de su viril energ√≠a y toda la fuerza de su inteligencia y talento para ayudar al pueblo en la vasta empresa que ha acometido, ¬Ņpregunt√°is qu√© har√©is? Escuchad: vosotros, amantes de la ciencia pura, si est√°is compenetrados de los principios del socialismo, si hab√©is comprendido el verdadero significado de la revoluci√≥n que hoy llama a nuestras puertas ¬Ņno veis que toda ciencia debe ser reconstituida a fin de ponerla en armon√≠a con los nuevos principios, que os corresponde realizar en este terreno una revoluci√≥n mucho m√°s grande que la que tuvo lugar en todos los ramos de la ciencia durante el siglo XVIII? ¬ŅNo observ√°is que la historia, que hoy no es m√°s que un cuento de viejas sobre grandes reyes, grandes hombres de Estado y grandes Parlamentos, que la historia misma tiene que volverse a escribir desde el punto de vista del trabajo hecho por las masas en la larga evoluci√≥n del g√©nero humano? ¬ŅQue la econom√≠a social que hoy es puramente la satisfacci√≥n del robo por el capital tiene que reconstituirse de nuevo, lo mismo en sus principios fundamentales que en sus aplicaciones? ¬ŅQue la antropolog√≠a, sociolog√≠a y √©tica deben ser completamente refundidas, y que las mismas ciencias naturales, miradas desde otro punto de vista, deben sufrir una profunda modificaci√≥n, lo mismo en lo que refiere a la concepci√≥n de los fen√≥menos naturales que respecto al modo de exposici√≥n?

Siendo, pues, as√≠, poneos a trabajar; colocad vuestra capacidad al servicio de la buena causa: ayudadnos especialmente con vuestra clara l√≥gica a combatir las preocupaciones y a establecer con vuestra s√≠ntesis los cimientos de una organizaci√≥n mejor; m√°s a√ļn: ense√Īadnos a usar en nuestros argumentos diarios el valor de vuestras verdaderas investigaciones cient√≠ficas, y mostradnos como hicieron nuestros predecesores, de qu√© modo los hombres se atreven a sacrificar hasta la vida misma por el triunfo de la verdad.

Vosotros, los doctores, que hab√©is aprendido el socialismo por una amarga experiencia, no os cans√©is nunca de decirnos hoy y ma√Īana, en todo tiempo y lugar, que la humanidad misma marcha r√°pidamente a su degeneraci√≥n si permanece en su condici√≥n actual; que todos vuestros medicamentos contra las enfermedades han de ser impotentes forzosamente mientras que la mayor√≠a del g√©nero humano vegete en condiciones absolutamente contrarias a aquellas que la ciencia os dice son necesarias a la salud; que las enfermedades es lo que se debe desarraigar, y qu√© es lo que debe hacerse para conseguirlo.

Venid con vuestro escalpelo y disecad para nosotros con mano firme esta vuestra sociedad que rápidamente marcha a la putrefacción, y decidnos lo que podría y debería ser una existencia racional; insistid, como verdadero cirujano, en que un miembro gangrenado debe amputarse cuando puede contagiar el cuerpo entero.

Vosotros, que habéis trabajado por la aplicación de la ciencia a la industria, venid y decidnos francamente cuál ha sido el resultado de vuestros descubrimientos; convenced a aquellos que no se atreven a marchar resueltamente hacia el porvenir y hacedles ver cuantas nuevas invenciones lleva en su seno el conocimiento adquirido hasta el día: qué podría hacer la industria bajo mejores condicione y cuánto podría el hombre producir fácilmente si trabajase con el fin de favorecer su propia producción.

Vosotros, poetas, pintores, escritores, m√ļsicos; si comprend√©is vuestra verdadera misi√≥n y el exacto inter√©s del arte mismo, venid a nosotros; poned vuestra pluma, vuestro l√°piz, vuestro cincel y vuestras ideas al servicio de la revoluci√≥n; presentad con vuestro elocuente estilo y con vuestros expresivos cuadros la lucha heroica del pueblo contra los opresores; encended el coraz√≥n de nuestra juventud con ese glorioso entusiasmo revolucionario que inflam√≥ el pecho de nuestros antecesores; decid a las mujeres qu√© carrera tan gloriosa es la del marido que dedica su vida a la gran causa de la emancipaci√≥n social.

Mostrad al pueblo qué triste es su vida actual, y hacedle tocar con la mano la causa de su desgracia. Decidnos qué racional sería la vida si no se encontrasen a cada paso las locuras e ignominias de nuestro presente orden social.

Finalmente, todos los que pose√©is saber, talento, capacidad, industria, si ten√©is un √°tomo de simpat√≠a en vuestro coraz√≥n, venid y poned vuestros conocimientos a disposici√≥n de aquellos que m√°s lo necesitan. Y tened presente si ven√≠s, que no lo hac√©is como amos, sino como compa√Īeros de penas; que no ven√≠s a gobernar, sino a fortaleceros en una nueva vida que se eleva constantemente hacia la conquista del porvenir; que m√°s que ense√Īar, ven√≠s a recoger las aspiraciones de los m√°s; a adivinarlas, a darles forma y a trabajar constantemente con todo el fuego de la juventud y el juicio de la edad madura para hacerlas posible en el momento actual; entonces y solo entonces, seguir√©is una conducta verdaderamente noble y racional, viendo as√≠ que cada esfuerzo vuestro en este sentido produce frutos en abundancia; y una vez establecida esta sublime armon√≠a entre vuestras acciones y lo que os dicta vuestra conciencia, obtendr√©is facultades que nunca so√Īasteis pudieran dormir latentes en vosotros mismos.

Luchad incesantemente por el triunfo de la verdad, justicia e igualdad entre los hombres, cuya gratitud ganar√©is. ¬ŅQu√© carrera m√°s noble que esta puede desear la juventud de todos los pa√≠ses?

Tiempo he necesitado para mostraros a vosotros que pertenecéis a las clases acomodadas, que, en vista del dilema que os presenta la vida, os veréis obligados, siendo honrados y sinceros, a venir a trabajar con los anarquistas y defender con ellos la causa de la revolución social. ¡Qué claro y sencillo es todo esto! Pero cuando uno se dirige a aquellos que no han sufrido los efectos del medio en que vive la burguesía, ¡cuántos sofismas hay que combatir! ¡cuántas preocupaciones que vencer! ¡cuántas objeciones interesadas que desechar!

III

Hoy es fácil el ser uno breve al dirigirse a vosotros jóvenes del pueblo; la fuerza misma de las cosas os impele a ser anarquistas, por poco que penséis y razonéis.

Salir de las filas del pueblo y no dedicarse, a ser posible, al triunfo de la revolución, es desconocer vuestro verdadero interés y abandonar vuestra causa y vuestra verdadera misión histórica.

¬ŅRecord√°is la √©poca en que ni√Īos a√ļn fuisteis una tarde de invierno a jugar en vuestra oscura callejuela? El fr√≠o os penetraba a trav√©s de vuestros ligeros vestidos y el fango hac√≠a lo mismo por los agujeros de vuestros viejos zapatos; aun entonces, cuando visteis a esos rollizos ni√Īos, ricamente vestidos, pasar a cierta distancia y miraros con desprecio, comprendisteis bien claramente que esos mu√Īecos, vestidos de punta en blanco, no eran iguales a vosotros ni en inteligencia, ni en energ√≠a; pero m√°s tarde, cuando os visteis obligados a encerraros en una sucia f√°brica desde las cinco a las seis de la ma√Īana, para permanecer doce horas al lado de una m√°quina, y convertidos en otra obligados a seguir d√≠a tras d√≠a sus movimientos incesantes o mon√≥tonos, pudisteis comprender que mientras tanto los otros iban tranquilamente a aprender en hermosas academias, escuelas y universidades; y ahora esas mismas criaturas, menos inteligentes, pero m√°s instruidas, han venido a ser vuestros amos, y gozan de todos los placeres, de los beneficios de la civilizaci√≥n. Y a vosotros ¬Ņqu√© suerte os espera?

Volv√©is a una habitaci√≥n peque√Īa, oscura y h√ļmeda, en la que se encuentran reunidos en un espacio bastante peque√Īo cinco o seis seres humanos, y en la que vuestra madre, cansada de la vida, envejecida m√°s por los trabajos y fatigas que por los a√Īos, os ofrece pan duro y un poco de agua sucia llamada por iron√≠a caf√©; y para distraer vuestra imaginaci√≥n ten√©is siempre presente la siguiente pregunta: “¬ŅC√≥mo se podr√° pagar ma√Īana al panadero y al casero al d√≠a siguiente?” ¬°C√≥mo! ¬ŅHab√©is de arrastrar la misma desgraciada existencia que arrastraron vuestros padres durante treinta o cuarenta a√Īos? ¬ŅHab√©is de trabajar toda la vida para proporcionar a otros todos los placeres del bienestar, de la ilustraci√≥n y del arte y guardar para vosotros √ļnicamente la constante ansiedad respecto a encontrar ma√Īana un pedazo de pan que llevaros a la boca? ¬ŅAbandonar√©is para siempre todo lo que hace la vida agradable, para dedicaros a proporcionar comodidades sin fin a un pu√Īado de holgazanes? ¬ŅOs aniquilar√©is trabajando para recibir en cambio menos de lo indispensable y ser v√≠ctimas de la miseria cuando sobreviene una de esas crisis que por desgracia son tan frecuentes? ¬ŅEs esta la clase de vida a que aspir√°is? ¬ŅOs dar√©is tal vez por vencidos? No viendo modo alguno de salir de vuestra situaci√≥n, tal vez os dig√°is: “Generaciones enteras han sufrido la misma suerte, y yo, que en nada puedo variar lo existente, debo someterme tambi√©n; sigamos, pues, trabajando, y procuremos vivir lo mejor que se pueda”.

Perfectamente; en tal situaci√≥n, el iluminar vuestro entendimiento ser√° poco menos que imposible. Pero llega un d√≠a en que se presenta una crisis de esas que no son ya fen√≥menos pasajeros, como antes suced√≠a sino que destruye toda una industria que aniquila a familias enteras; luch√°is como los dem√°s, contra la calamidad; pero pronto veis c√≥mo vuestra mujer, vuestros hijos sucumben poco a poco a causa de las privaciones, y desaparecen a causa de la falta de alimentos, de cuidados y de asistencia m√©dica y van a concluir sus d√≠as en un asilo de pobres mientras que la vida del rico se pasa alegre y gozosa en las grandes ciudades, brillando la luz del sol y permaneciendo completamente extra√Īo e indiferente a los gritos de angustia de aquellos que perecen.

Entonces comprender√©is cu√°n repugnante es esta sociedad; reflexionar√©is sobre las causas de estas crisis, y el examen llegar√° hasta el fondo mismo de esta abominaci√≥n que pone a millones de seres humanos a merced de la brutal ambici√≥n de un pu√Īado de explotadores; entonces comprender√©is que los anarquistas tienen raz√≥n al decir que nuestra sociedad actual puede y debe ser reorganizada de pies a cabeza.

Mas pasando de las crisis generales a vuestro caso particular, suponemos que un d√≠a, cuando vuestro patr√≥n trate por medio de una nueva reducci√≥n del jornal de sacaros algunos c√©ntimos con el fin de aumentar a√ļn m√°s su fortuna, protest√°is; a lo que os contestar√° con altaner√≠a: –“Idos a comer hierba, sino quer√©is trabajar por el precio que os ofrezco”–. Entonces comprender√©is que vuestro patr√≥n no solo trata de esquilaros como a un animal inferior; que no contento con teneros sujeto en sus garras por medio del sistema del salario, trata adem√°s de haceros un esclavo en todos conceptos. Entonces os rebajar√©is √©l abandonando toda idea de dignidad humana y concluyendo por sufrir todas las humillaciones posibles, o la sangre se os subir√° a la cabeza; os detendr√©is en la odisea pendiente en que vais resbalando, y encontr√°ndoos despedido y en la calle sin trabajo, comprender√©is cu√°nta raz√≥n tienen los anarquistas cuando dicen: “¬°Rebelaos, levantaos contra esa tiran√≠a econ√≥mica, porque ella es causa de toda esclavitud!”. Entonces vendr√©is y ocupar√©is vuestro puesto en las filas de los revolucionarios, y trabajar√©is con ellos por la completa destrucci√≥n de toda esclavitud econ√≥mica, social y pol√≠tica.

Otro d√≠a oir√©is referir la historia de aquella encantadora muchacha cuyo car√°cter alegre, francas maneras y animada conversaci√≥n tanto hab√≠ais admirado. Despu√©s de haber luchado durante a√Īos contra la miseria, abandon√≥ su pueblo natal por la capital; bien sab√≠a que all√≠ la lucha por la existencia deb√≠a ser dif√≠cil, pero esperaba al menos poder buscarse la vida honradamente. Pues bien; ya sab√©is cu√°l ha sido su suerte: galanteada por el hijo de un tendero, se dej√≥ enga√Īar por sus dulces palabras, se entreg√≥ a √©l con toda la pasi√≥n de la juventud, y se vio despu√©s abandonada con una criatura en los brazos; siempre valerosa, nunca ces√≥ de luchar, pero se destruy√≥ en esta desigual lucha contra el hambre y el fr√≠o, yendo a concluir sus d√≠as en uno de esos hospitales cuyo nombre nadie recuerda… ¬ŅQu√© har√©is? Una vez m√°s se os presentan dos caminos que seguir: o trat√°is de desechar tan desagradable recuerdo con la siguiente est√ļpida frase: “Ella no fue la primera ni ser√° la √ļltima”, y tal vez hall√°ndoos alguna noche en la taberna con otros ultraj√©is la memoria de la infeliz muchacha con alg√ļn cuento repugnante; o, por el contrario, el recuerdo del pasado os llegar√° al coraz√≥n; tratar√©is de encontrar al infame seductor para escupirle al rostro, y reflexionando sobre las causas de estos males que ocurren diariamente, comprender√©is que nunca cesar√°n en tanto que la sociedad est√© dividida en dos campos: en el uno los desgraciados y en el otro los perezosos, las fieras con dulces palabras e inclinaciones bestiales. Comprender√©is que es ya tiempo sobrado de concluir con esta diferencia y vendr√©is a colocaros entre los revolucionarios.

Y vosotras, mujeres del pueblo, ¬Ņhab√©is o√≠do sin conmoveros la triste relaci√≥n de esta historia? Mientras que acarici√°is la linda cabeza de esa criatura que duerme en vuestros brazos, ¬Ņno hab√©is pensado nunca en la suerte que le espera si no se cambian las presentes condiciones de la sociedad? ¬ŅNo reflexion√°is sobre el porvenir reservado a vuestras hermanas y a vuestros hijos? ¬ŅQuer√©is que estos tambi√©n vegeten como vegetaron vuestros padres, sin m√°s ocupaci√≥n que la de buscar el pan de cada d√≠a ni otro placer que el de la taberna? ¬ŅDese√°is que vuestro marido y vuestros hijos est√©n siempre a merced del primer advenedizo que haya heredado de sus padres un capital con que poder explotarlos? ¬ŅOs avendr√©is a que sigan siendo siempre esclavos de un amo y materia dispuesta para servir de abono a los prados de los ricos explotadores? ¬°No, nunca!

Bien s√© que os ha encendido la sangre al o√≠r que vuestro marido, despu√©s de haber entrado en una huelga lleno de entusiasmo y de determinaci√≥n, ha concluido por aceptar con el sombrero en la mano las condiciones dictadas por el orgulloso burgu√©s en un tono altamente despreciativo. S√© que hab√©is admirado a esas mujeres espa√Īolas que en un alzamiento popular han presentado el pecho a las bayonetas de los soldados en las primeras filas de la insurrecci√≥n. Estoy seguro que mencion√°is con reverencia el nombre de la mujer que atraves√≥ con una bala el pecho de aquel rufi√°n que se atrevi√≥ a ultrajar a un prisionero anarquista en su calabozo; y estoy persuadido de que vuestro coraz√≥n late con m√°s violencia cuando le√©is como se reun√≠an bajo una lluvia de balas las mujeres de Par√≠s, para animar a los hombres y estimularlos a ejecutar actos de hero√≠smo.

Repito que sobre todo esto no abrigo ning√ļn g√©nero de duda, y por esto estoy convencido de que tambi√©n concluir√©is por reuniros aquellos que trabajan por la conquista del porvenir.

Cada uno de vosotros, pues, jóvenes honrados, hombres y mujeres, trabajadores del campo y de las fábricas, artesanos y soldados, comprenderéis cuáles son vuestros derechos y os vendréis con nosotros, a fin de trabajar con vuestros hermanos en la preparación de esa revolución que, arriendo todo vestigio de esclavitud, destruyendo ligaduras y cadenas y rompiendo con viejas y gastadas tradiciones, abra a todo el género humano un nuevo y ancho campo de feliz existencia, estableciendo al fin la verdadera libertad, igualdad y fraternidad en la sociedad humana. Que no se diga de nosotros, siendo un grupo relativamente insignificante, que somos demasiado débiles para conseguir el magnífico fin a que inspiramos: contad y ved cuántos somos los que sufrimos esta injusticia.

Nosotros, los trabajadores del campo, que trabajamos para otros y mascamos la paja, mientras que nuestros amos se comen el trigo; nosotros solos somos millones de hombres; somos tan numerosos, que formamos la masa del pueblo.

Nosotros, los obreros de las fábricas, que tejemos terciopelos y sedas para cubrirnos de harapos, también somos una gran multitud, y cuando el ruido de la fábrica nos deja un momento de reposo, invadimos las calles y plazas como el mar en las grandes mareas de verano.

¬°Ay! todos juntos, los que sufrimos y somos diariamente insultados, formamos tal multitud, que ning√ļn hombre puede contar; somos el Oc√©ano que lo abraza e invade todo.

Nos basta querer para que se haga la justicia y todos los tiranos de la tierra muerdan el polvo.

Nos basta querer para que la revolución social acabe con todas las infamias y todos los privilegios.

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Fuente: Lahaine.org