March 10, 2021
De parte de Briega
321 puntos de vista


A veinte a帽os de la marcha zapatista. Presencia del Internacionalismo de Cantabria.

-La entrada de la Marcha Zapatista en M茅xico D.F. en marzo de 2001 supuso un ejercicio de dignidad y reivindicaci贸n de los pueblos indios de M茅xico.

-A finales de los a帽os 70 los Comit茅s de Solidaridad empezaron a realizar tareas de denuncia, informaci贸n y ayuda moral y econ贸mica a los movimientos revolucionarios que promet铆an procesos efectivos de transformaci贸n social.

El 15 de julio de 2001 la revista semanal del diario 鈥淓l Pa铆s鈥 publicaba un peque帽o reportaje bajo el equ铆voco y por tanto muy discutible t铆tulo de 鈥淰acaciones solidarias鈥.  En 茅l, entre otros ejemplos de gente comprometida y viajera, aparece una fotograf铆a en la que cinco integrantes del Comit茅 de Solidaridad con los Pueblos鈥揑nterpueblos, de Cantabria, posan ante un barrac贸n de madera con la efigie pintada de Emiliano Zapata en el Aguascalientes (municipio aut贸nomo rebelde zapatista) de Oventic, en Chiapas (M茅xico); un territorio af铆n al Ej茅rcito Zapatista de Liberaci贸n Nacional (EZLN), al igual que otros similares en la geograf铆a chiapaneca como son La Realidad, Roberto Barrios, Morelia o La Garrucha.

La imagen se tom贸 en los d铆as posteriores al 11 de marzo de 2001, fecha en la que la Marcha Zapatista del Color de la Tierra finaliz贸 su periplo reivindicativo de 15 d铆as por territorio mexicano, desde San Crist贸bal de las Casas, en el sur, hasta M茅xico Distrito Federal.

Siete a帽os antes, el d铆a en que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio entre M茅xico, Canad谩 y Estados Unidos, primero de enero de 1994, y en un m谩s que probable gui帽o a la entrada en 1959 de la guerrilla castrista en La Habana, el mundo se sorprend铆a con las im谩genes y las cr贸nicas que retransmiten infinidad de medios de comunicaci贸n. Una multitud de ind铆genas armados, precariamente uniformados y con pasamonta帽as cubriendo su rostro, toma la ciudad de San Crist贸bal de las Casas y otras cabeceras municipales del estado sure帽o de Chiapas.

Los combates contra el ej茅rcito regular enviado a la zona por el presidente del gobierno Carlos Salinas de Gortari se suceden durante once d铆as, al cabo de los cuales y tras decenas de muertos, el gobierno mexicano ofrece un alto el fuego con el objeto de posibilitar el di谩logo con los zapatistas.

Autob煤s de la Comandancia Zapatista. Mitin a las afueras de Cuautla-Morelos. (Mariano Calvo Haya-Desmemoriados-Interpueblos)

驴Pero qu茅 es lo que quer铆an los zapatistas?

En las conversaciones de paz que se desarrollaron en San Andr茅s Larra铆nzar (bautizado por los zapatistas como San Andr茅s Sakam鈥檆hen de los Pobres), tras el alto el fuego entre el gobierno mexicano y el EZLN, quedan plasmadas sus demandas en varios acuerdos que pretenden impulsar el reconocimiento de los pueblos ind铆genas en la constituci贸n mexicana y su derecho a un marco de autonom铆a, as铆 como su cultura y los sistemas normativos internos  para la elecci贸n de representantes y asegurar el disfrute de sus propios recursos, impulsando la producci贸n, el empleo y la satisfacci贸n de las necesidades propias de los pueblos indios. En definitiva el reconocimiento por parte del Estado de una poblaci贸n que hasta entonces hab铆a estado olvidada y sojuzgada.

Sin embargo los acuerdos firmados de San Andr茅s jam谩s llegaron a cumplirse por parte de las instituciones gubernativas mexicanas. La Marcha Zapatista del Color de la Tierra emprendida por los ind铆genas simpatizantes del zapatismo en 2001 fue la respuesta a ese incumplimiento. Un modo de visibilizar, no solo en el resto de M茅xico sino en todo el mundo, la injusticia de un papel mojado y la realidad de que los ind铆genas exist铆an y segu铆an dispuestos a reivindicarse.

M谩s all谩 de la inesperada vena po茅tica del EZLN, tan alejada de otros movimientos guerrilleros latinoamericanos, y de la evidente capacidad del Subcomandante Marcos (su imagen m谩s conocida) para 鈥済enerar comunicados, cartas, discursos, art铆culos, relatos; as铆 como su humorismo constante y sorprendente, su capacidad de tornar naturales o cotidianos los hechos m谩s absurdos y terribles, su facilidad para re铆rse de s铆 mismo y expresar de manera concisa conclusiones que uno siente oscilar entre la profundidad y la poes铆a, entre revelaci贸n de verdades de la naturaleza humana o de la lucha鈥 tal como manifiesta Carlos Montemayor en su libro 鈥淐hiapas, la rebeli贸n ind铆gena de M茅xico鈥 (Editorial Espasa Calpe), lo cierto es que en buena medida el neozapatismo  y los postulados de la comandancia del EZLN, tuvieron una amplia difusi贸n en Europa y Am茅rica, antes, durante y despu茅s de la Marcha Zapatista, gracias al trabajo divulgativo que el movimiento internacionalista consigui贸 realizar en sus propios pa铆ses.

11 de marzo de 2001. Comandancia zapatista frente al palacio presidencial en el Z贸calo de M茅xico D.F. (Mariano Calvo Haya-Desmemoriados-Interpueblos)

El 11 de marzo de 2001, justo hace veinte a帽os, los zapatistas llegaron al Z贸calo de la ciudad de M茅xico acompa帽ados por una multitud, para decir en la voz de Marcos, 鈥Nosotros no deber铆amos estar aqu铆. Y sin embargo estamos. Y estamos junto a ellas y ellos, los ellos y ellas que pueblan los pueblos indios de todo M茅xico. Los pueblos indios, nuestros m谩s primeros, los m谩s primeros pobladores, los primeros oidores. A los que, siendo primeros, 煤ltimos parecen y perecen鈥. 

 Ese mismo d铆a, junto a la comandancia zapatista llegaron al Z贸calo de la ciudad de M茅xico miles de mexicanos que sent铆an que, a la par que para tzotziles, tojolabales, choles y otras comunidades ind铆genas, tambi茅n hab铆a lugar para su esperanza. Y junto a ellos as铆 mismo llegaron miembros de la comunidad internacional: europeos, latinoamericanos, asi谩ticos, estadounidenses y canadienses, que present铆an que un acto de justicia en aquel lugar tan emblem谩tico trascend铆a las geograf铆as. As铆 lo sent铆an tambi茅n los c谩ntabros presentes en aquella plaza en una jornada de emociones dif铆ciles de olvidar.

Y no es que anduvieran escasos de emociones o de experiencias aquellos que, desde mucho antes, entend铆an el internacionalismo, la solidaridad y el trabajo en pa铆ses y en comunidades lejanas, como un modo de combatir las desigualdades, no solo en aquellos mismos lugares donde el imperialismo y las tiran铆as colocaban su larga mano, sino tambi茅n para preservar d铆a a d铆a  la justicia, la libertad y los derechos sociales defendidos duramente en nuestro propio pa铆s.

En Cantabria, el trabajo internacionalista a lo largo de los a帽os, desde finales de los 60 hasta hoy, y tal como se帽ala el propio Comit茅 de Solidaridad-Interpueblos en un cap铆tulo introductorio de su trabajo titulado 鈥淚nternacionalismo en Cantabria. 1979-2008鈥, ha tenido un aspecto poli茅drico desde sus or铆genes. Si a finales de los a帽os 60 y hasta la muerte del dictador en 1975, la izquierda estaba ocupada en la lucha antifranquista y era receptora de solidaridad desde sus propios 贸rganos en el exilio o bien desde otras organizaciones hermanas en pa铆ses de Europa y Am茅rica, ser谩 a posteriori, embarcados en una fatigosa y turbulenta transici贸n, cuando diversos episodios, como los estertores de la guerra de Vietnam, la consolidaci贸n del r茅gimen cubano, el doloros铆simo golpe de estado fascista al Chile de Salvador Allende, al que le seguir谩n en cadena los de Uruguay y Argentina, y el consiguiente contacto con exiliados de esos pa铆ses del Cono Sur, lo que haga nacer una conciencia de solidaridad (de ida y vuelta) en los sectores progresistas espa帽oles. Sin embargo, ser谩 a partir de 1979, con el imprevisto triunfo de la guerrilla sandinista en Nicaragua y la lucha del Frente Farabundo Mart铆 en el vecino pa铆s de El Salvador, cuando se producir谩 ya el apoyo totalmente incondicional de una nutrida parte de la izquierda espa帽ola a los movimientos revolucionarios y de resistencia que comenzaban a asomar por el mundo y que promet铆an procesos efectivos de transformaci贸n social.

A partir de aqu铆 cada vez se volver谩 m谩s habitual la presencia de personas que inicialmente, desde organizaciones pol铆ticas, y  posteriormente desde todo tipo de Comit茅s de Solidaridad, acudan a la llamada en busca de apoyo y solidaridad de pueblos hermanos en conflicto. De este modo, y en una triple vertiente de denuncia, informaci贸n y ayuda moral y econ贸mica, as铆 como posibilitando la llegada a Espa帽a de representantes de esos pueblos y comunidades para dar a conocer su trabajo, o bien como en el caso de la presencia de c谩ntabros en Chiapas que ilustra este art铆culo, a lo largo de los a帽os una gran cantidad de militantes de la solidaridad  partir铆an desde Cantabria para realizar trabajos de concienciaci贸n y colaboraci贸n en diferentes lugares del mundo: Nicaragua, El Salvador, Cuba y M茅xico, principalmente en Latinoam茅rica, as铆 como el Sahara Occidental, Kurdist谩n o Palestina en otros puntos cardinales.

El d铆a 12 de marzo de 2001, al d铆a siguiente de la multitudinaria recepci贸n a la comandancia zapatista en la plaza mayor de la capital mexicana, el escritor Manuel V谩zquez Montalb谩n recalcar铆a en su intervenci贸n, junto a otros ilustres seguidores de la Caravana Zapatista, dentro del recinto de la Universidad de M茅xico, que all铆, donde se estaban levantando las comunidades ind铆genas, los for谩neos hab铆an ido a aprender m谩s que a ense帽ar.

En los a帽os 30 del siglo XX, durante la Guerra de Espa帽a, otros extranjeros integrantes de las Brigadas Internacionales, much铆simos de ellos de extracci贸n humilde, que abandonaron en su pa铆s todo lo que ten铆an, vinieron a ense帽ar lo que es realmente la solidaridad.

Y tal vez desde entonces, a煤n sin saberlo a ciencia cierta, pese a las desilusiones y los desencantos que sin duda iban viniendo, nos qued贸 impreso en la mente lo que alguien quiso decir muchos a帽os despu茅s cuando manifest贸 que 鈥渓a solidaridad es la ternura de los pueblos鈥.

El Subcomandante Marcos al final de un mitin celebrado durante la Marcha Zapatista. (Mariano Calvo Haya-Desmemoriados-Interpueblos)




Fuente: Briega.org