June 10, 2021
De parte de Fundacion Aurora Intermitente
156 puntos de vista


Parto del axioma que no le deseo la cárcel a nadie. Y este caso no es una excepción. La cárcel, ese mecanismo represivo de control social, en las sociedades avanzadas, se está demostrando incluso, como un método ineficiente y caro.

En Europa occidental, en la cárcel acaban los adictos a substancias ilegales que no pueden pagárselas y vulneran la sacrosanta propiedad con alguna violencia, los enfermos mentales que hacen daño a otros y secundariamente a si mismos (y esta sí es una cuestión que tendríamos que debatir los libertarios, si realmente estamos a favor de la abolición de las cárceles), algún radical que según sus leyes se ha salido de madre, y unos pocos miembros pertenecientes a las élites políticas y más excepcionalmente económicas, que en la lucha por el poder, han perdido, y entonces, mira tú, se descubre que han delinquido.

A estos se les trata con más miramientos y su situación cotidiana es más confortable.

Y este es el caso de los presos del procés.

Ellos y sus amigos estuvieron a punto de ser desplazados del poder, por el cabreo ante la crisis y la progresiva depauperación de la clase media (y no olvidemos que en España el 70% se cree que pertenece a la clase media y solo el 7% a la trabajadora), y tiraron por la calle de en medio proclamando una independencia de quince minutos.

Les fue bien como grupo, la gente volvió al redil, aunque a alguien debía tocarle ir de mártir y el marrón recayó en unos pocos.

Pero los de la otra cara de la moneda, con los que se habían repartido el ejercicio del poder y el dinero, durante más 30 años, se encontraron en una situación similar, y reaccionaron de la misma manera, enarbolando también un trapo rojo y amarillo, pero en este caso de franjas más gruesas.

También les funcionó y detrás de él marcharon legiones de trabajadores, que ya estaban medio encabronados, e incapaces de plantar cara a empresarios y políticos, competían con los inmigrantes por los malos empleos y comenzaban a echarles la culpa.

Y porque la bandera de Madrid es roja, y el antihimno lo hizo García Calvo, y esas cosas tardan en cambiarse, que si no ya nos habrían dividido en tres facciones.

Y una vez más, los que gestionan el poder se fueron de rositas.

No hay nada nuevo bajo el sol, el matadero de la I Guerra mundial o más recientemente la desintegración de Yugoslavia, de forma sangrienta ejemplifican el método.

No nos corresponde a los libertarios, debatir con argumentos jurídicos, que al fín y al cabo, pertenecen al funcionamiento del Estado, lo justo o no de un indulto, cuando no creemos en sus leyes.

Y menos buscar la armonía entre empresarios, políticos de comunidades autónomas y del estado central, para que nos sigan explotando.

Si nos corresponde, y ésta es una cuestión en la que por el momento estamos perdiendo, convencer a los trabajadores, que por encima de las identidades patrióticas, interiorizadas por la mayoría, está la conciencia de clase.

Y que hay que salir a la calle, no detrás de banderas, sino a plantar cara a los que nos continúan robando, en estos días los oligopolios eléctricos, con el apoyo de TODOS los partidos.

Porque ahora que de nuevo tienen pastel ya se lo están repartiendo, y no están dispuestos a dejarnos ni las migajas.




Fuente: Aurorafundacion.org