September 16, 2021
De parte de Kurdistan America Latina
301 puntos de vista


La pareja de j贸venes llevaba horas desaparecida cuando las tropas que las buscaban oyeron disparos en la noche del desierto. Dos r谩pidos estallidos, y luego otros dos. Encontraron los cuerpos junto a la carretera.

Con la mirada fija en ellos, los soldados de las Fuerzas Democr谩ticas Sirias (FDS) no ten铆an dudas sobre qui茅n hab铆a secuestrado a las mujeres, ambas trabajadoras del gobierno local, y las hab铆a matado a tiros. 鈥淓stos asesinatos fueron un mensaje para todo el mundo鈥, record贸 que pens贸 el comandante de las FDS, Shvan Selmo. Los asesinatos cerca de la remota aldea de Dashisha, abrasada por el sol, llevaban el sello del Estado Isl谩mico (ISIS).

Dos a帽os y medio despu茅s de que su autoproclamado califato se extinguiera en medio de un bombardeo de ataques a茅reos de la coalici贸n liderada por Estados Unidos en los palmerales de Baghouz, m谩s al sur, los militantes del noreste de Siria est谩n abatidos pero no derrotados. Han vuelto a sus ra铆ces insurgentes, sembrando c茅lulas durmientes en toda la regi贸n, as铆 como en el pa铆s vecino Irak, y utilizando explosivos improvisados y armas peque帽as para atacar a las fuerzas de seguridad y a los empleados del gobierno.

Esta parte de Siria est谩 dirigida por una autoridad dominada por los kurdos y asegurada por las Fuerzas de Autodefensa, una fuerza armada y entrenada para llevar la lucha contra el Estado Isl谩mico. Unos 900 soldados estadounidenses siguen en la zona, patrullando las infraestructuras petroleras y apoyando a las FDS en sus operaciones contra el grupo yihadista.

La coalici贸n liderada por Estados Unidos estima que entre 8.000 y 16.000 combatientes del Estado Isl谩mico siguen operando en Siria e Irak. Y con los militantes atrincherados para el largo plazo, y los j贸venes que siguen siendo reclutados, aunque a menor escala que antes, los funcionarios locales ahora vigilan sus espaldas mientras trabajan. En las comunidades rurales, los temerosos residentes hacen la vista gorda cuando los combatientes salen del desierto.

Los militantes que arrastraron a Hind Latif al-Khadir, de unos 20 a帽os, y a su amiga Sa鈥檇a Faysal al-Hermas, desde sus casas a principios de este a帽o, llev谩ndolas en camiones a trav茅s del desierto hacia su muerte, parec铆an estar seguros de que nadie los rastrear铆a.

Uno de los combatientes del Estado Isl谩mico, un recluta adolescente llamado Ibrahim, se hab铆a jactado d铆as antes de que se sent铆an intocables. 鈥淣os movemos libremente aqu铆鈥, le dijo a su primo, seg煤n los mensajes de voz compartidos por las Fuerzas de Autodefensa, que dijeron hab铆an sido recuperados del tel茅fono del joven. 鈥淣o te preocupes, nadie sabe siquiera qui茅nes somos鈥.

Ibrahim record贸 posteriormente que hab铆a sido reclutado por el Estado Isl谩mico por un hombre llamado Abu Omar, conocido por la familia de Ibrahim como miembro del grupo. Entrevistado mientras estaba detenido en la prisi贸n de Shaddadi en presencia de un guardia, Ibrahim, de 18 a帽os, dijo que simplemente buscaba ganar algo de dinero.

Sin embargo, los agentes de inteligencia de las Fuerzas de Autodefensa afirmaron que, desde el principio, pidi贸 unirse a las operaciones armadas del grupo y que llevaba un tiempo viendo la propaganda del Estado Isl谩mico en internet. No quisieron dar m谩s detalles. Un funcionario de la prisi贸n de Shaddadi, que habl贸 bajo condici贸n de anonimato porque no estaba autorizado a hablar con la prensa, dijo que la trayectoria del joven era com煤n entre los detenidos por participar en c茅lulas durmientes del Estado Isl谩mico: 鈥淭ienen una educaci贸n pobre. Su moral es baja. Ven la posesi贸n de armas como una forma de encontrar poder鈥.

La introducci贸n de Ibrahim en el grupo comenz贸 con lecciones religiosas dos veces por semana, dijo, describiendo un plan de estudios que demonizaba a las personas que luchaban contra el grupo o se un铆an al gobierno local.

Pronto se le pidi贸 que realizara misiones. Al principio, le pidieron que transportara motocicletas y bolsas por el desierto, dijo. Durante la siguiente operaci贸n, mataron a un hombre, al parecer como castigo por haber sido miembro de las Fuerzas de Autodefensa.

Ibrahim se describi贸 a s铆 mismo como un espectador en ese ataque, sin aviso previo de la intenci贸n de la c茅lula. Sin embargo, en un mensaje telef贸nico de varios d铆as despu茅s, escuchado por The Washington Post, Ibrahim suena vertiginoso al decir que fue 茅l quien dispar贸 el arma. 鈥淣o me detuve hasta que pude ver sus sesos鈥, le dice a un primo.

Al volver a casa a altas horas de la noche despu茅s de ese asesinato, Ibrahim recuerda que pens贸 para s铆 mismo que no hab铆a vuelta atr谩s. 鈥淭en铆a la sensaci贸n de que ya estaba dentro鈥, dijo.

La c茅lula de Ibrahim comenz贸 a planear los asesinatos de las j贸venes d铆as despu茅s, seg煤n 茅l y los funcionarios de las Fuerzas de Autodefensa. Las dos mujeres participaban en un programa de empoderamiento femenino patrocinado por el gobierno local.

Una noche de enero, los miembros de la c茅lula se reunieron. Ibrahim dijo que no reconoci贸 a la mayor铆a de los hombres. 鈥淯no de ellos nos dio una ubicaci贸n en el desierto鈥, dijo. 鈥溍塺amos seis鈥.

Las tropas locales de las FDS se enteraron primero del secuestro de Sa鈥檇a. Les dijeron que la hab铆an sacado de su casa a primera hora de la noche y la hab铆an metido en una camioneta Bongo. Los soldados subieron r谩pidamente a sus veh铆culos y se lanzaron a perseguirla.

Pero mientras se dirig铆an hacia el lugar del secuestro, los asaltantes corr铆an hacia su siguiente objetivo. Llegaron a la casa de Hind a las 7 de la tarde, dijo su familia.

Primero golpearon la puerta. Luego los hombres irrumpieron en el interior, con m谩scaras, y los gritos llenaron el aire.

Los atacantes separaron a Hind de su hermana Hiyam, y le pusieron una pistola en la cabeza. En la habitaci贸n contigua, alguien sujetaba a Hind y gritaba a los dem谩s para que encontraran el arma de la familia.

Entonces los militantes huyeron con Hind, mientras las esperanzas de que sobreviviera se desvanec铆an con sus gritos ahogados. 鈥淎 veces ya sabes qui茅n ha venido a tu puerta鈥, dijo Hiyam. Se derrumb贸 en sollozos irregulares mientras el cami贸n se alejaba y la noche parec铆a mortalmente inmovil, record贸.

Una foto del cuerpo de su hermana, vestida con el ch谩ndal de terciopelo negro que hab铆a comprado para llevar a casa, lleg贸 al tel茅fono de Hiyam en poco m谩s de una hora. As铆 lleg贸 a la conclusi贸n de que su casa hab铆a sido vigilada durante semanas, pero no estaba segura de si hab铆an sido los militantes o sus propios vecinos quienes les hab铆an espiado. 鈥淣os ped铆an detalles que nadie m谩s pod铆a saber鈥, dijo. 鈥溌緾贸mo podemos confiar en alguien aqu铆 ahora?鈥.

Ibrahim fue arrestado d铆as m谩s tarde, bas谩ndose en informaci贸n de inteligencia proporcionada por la coalici贸n, seg煤n funcionarios de las Fuerzas de Autodefensa en la prisi贸n de Shaddadi. 鈥淟lev谩bamos tiempo sigui茅ndoles la pista鈥, dijo un funcionario, y a帽adi贸 que el resto de la c茅lula de Ibrahim muri贸 en un ataque a茅reo la semana siguiente.

Los comandantes de las Fuerzas de Autodefensa afirman que sus fuerzas han desarticulado decenas de c茅lulas durmientes en los 煤ltimos meses, a menudo sobre la base de informaci贸n de la coalici贸n liderada por Estados Unidos, o con el apoyo a茅reo de la coalici贸n.

Pero en zonas remotas como Dashisha, el terreno est谩 del lado de los militantes. La aldea, situada cerca de la frontera con Irak, est谩 rodeada por el desierto a lo largo de varios kil贸metros, y los puestos de control son escasos y distantes entre s铆. A lo largo de la frontera sirio-iraqu铆, los combatientes del Estado Isl谩mico se refugian en t煤neles ocultos o en edificios vaciados por los bombardeos de la coalici贸n liderada por Estados Unidos.

Cuando los periodistas viajaron recientemente a la zona con una escolta de las Fuerzas de Autodefensa, las tropas se mostraron visiblemente cautelosas, oteando el horizonte en busca de amenazas. En un momento dado, los soldados frenaron de golpe y se desplegaron a pie por las dunas de arena. Lo que hab铆an visto, result贸 ser s贸lo una motocicleta abandonada.

Los militantes que acechan a Dashisha suelen ser locales o del pa铆s vecino Irak, seg煤n funcionarios de las Fuerzas de Autodefensa, y las c茅lulas como la de Ibrahim suelen estar formadas por media docena de hombres. Por lo general, toman decisiones entre ellos que se adhieren a la propaganda del grupo, ahora en gran medida sin l铆der. Aunque existe cierta comunicaci贸n entre las c茅lulas, en su mayor铆a est谩n aisladas, lo que puede dificultar su seguimiento.

Las c茅lulas del Estado Isl谩mico tambi茅n est谩n activas al otro lado del r铆o 脡ufrates, al suroeste, en el territorio en manos de las fuerzas gubernamentales sirias de Bashar Al Assad. Funcionarios de la coalici贸n afirman que las fuerzas gubernamentales s贸lo han hecho d茅biles esfuerzos para hacer frente a los militantes, d谩ndoles una base para reconstituirse.

Funcionarios de las Fuerzas de Autodefensa y de la coalici贸n tambi茅n advierten que las c茅lulas locales podr铆an reforzarse alg煤n d铆a con los fugados de las prisiones d茅bilmente defendidas y de los campos de desplazados gestionados por las Fuerzas de Autodefensa en otros lugares del noreste de Siria, que albergan a miles de antiguos combatientes del Estado Isl谩mico y a sus familias. Los funcionarios dicen que hombres y mujeres han sido sacados de contrabando tanto de los campamentos como de las prisiones, y que algunos se han reincorporado a la lucha.

La coalici贸n dijo en un informe publicado el mes pasado que los activistas del Estado Isl谩mico ya han intentado reclutar entre los cientos de sirios que han sido liberados recientemente, pero no aport贸 pruebas.

La zona que rodea a Dashisha est谩 cr贸nicamente desatendida, con escaso acceso al agua o a la electricidad. Si bien estas condiciones extremas han llevado a algunos lugare帽os a unirse al Estado Isl谩mico, estas dificultades han ayudado a convencer a Hind de que se una al gobierno local, seg煤n su familia. 鈥淓lla quer铆a ayudar a la gente y quer铆a mantenernos鈥, dijo Hiyam.

La casa de la familia es una peque帽a estructura de hormig贸n. El d铆a que los periodistas la visitaron no se ve铆a ning煤n mueble. En la pared junto a la puerta, alguien hab铆a grabado capullos de rosa en el hormig贸n y los hab铆a pintado de color rosa.

Rusil, la hija de 4 a帽os de Hind, recorri贸 la galer铆a de fotos del tel茅fono m贸vil de Hiyam, desde las im谩genes de su madre sonriente con un vestido de fiesta escarlata hasta la imagen de ella tendida en un charco de sangre. Rusil no dejaba de se帽alar la foto y decir: 鈥淢am谩鈥.

La familia de Hind ya no sale mucho. El mes pasado, un joven se acerc贸 a su sobrino en la calle y le dijo que la familia deb铆a esperar a ver qu茅 pasaba despu茅s. Lo tomaron como una advertencia.

En los pueblos vecinos, pocos quer铆an hablar de los asesinatos. 鈥淓s dif铆cil que hablen鈥, observ贸 el comandante de las Fuerzas de Autodefensa Selmo, mirando hacia el polvoriento borde de la carretera donde se hab铆an encontrado los cuerpos de Hind y Sa鈥檇a. Pero cuando se pregunt贸 a los aldeanos por el motivo de lo ocurrido, dijeron que ten铆an pocas dudas. 鈥淏ueno, trabajaban para el ayuntamiento鈥, dijo Hamid Aboud Mohammed, vecino de Sa鈥檇a. 鈥淟a gente no hace eso por aqu铆鈥.

Mientras tanto, el destino de Ibrahim sigue siendo incierto. Las Fuerzas de Autodefensa dicen que no tienen capacidad para juzgarlo. Lleva siete meses detenido y no tiene abogado. Cuando se le pregunt贸 si le hab铆an informado de cu谩ndo podr铆a ser juzgado, el joven se limit贸 a bajar la mirada y negar con la cabeza.

FUENTE: Louisa Loveluck / The Washington Post / Infobae

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Fuente: Kurdistanamericalatina.org