August 3, 2021
De parte de Briega
343 puntos de vista


Adaptaci贸n de 芦Saturno devorando a su hijo禄.- Ira Hybris

Este texto, traducido por Ricardo Galiano, es un fragmento del art铆culo que public贸 Jules Gleeson en New Socialist en marzo de 2020. La traducci贸n pertenece a la antolog铆a Las degeneradas trans acaban con la familia, coordinada por Ira Hybris desde la editorial transfeminista Imperdible, que se publicar谩 pr贸ximamente. Hemos decidido publicar este pasaje de antemano, ante el debate que el asesinato de Samuel ha abierto en torno a las familias escogidas, y con af谩n de procurar desde la lucha LGTBI y queer un discurso abiertamente abolicionista de la familia.

En los 煤ltimos a帽os, varies pensadores comunistas han tratado de revivir la demanda del Manifiesto Comunista por la abolici贸n de la familia burguesa. Siguiendo el ejemplo m谩s reciente del abolicionismo carcelario en Estados Unidos, hemos abogado por reemplazar la convenci贸n actual que divide a las crianzas entre hogares privados (en realidad, mediante el uso extensivo de empresas dedicadas al cuidado de las criaturas y acuerdos remunerados con las trabajadoras del cuidado). En este sentido, la abolici贸n de la familia se trata de una estrategia provocativa, m谩s sin duda positiva: abogamos por la sustituci贸n de los hogares privados por procesos de estructuraci贸n de provisi贸n directa, ofreciendo elementos clave de la crianza 鈹desde la satisfacci贸n de las necesidades nutricionales hasta la alfabetizaci贸n鈹 de una manera sistem谩tica y colectivizada.

Esta es una visi贸n de las relaciones comunistas que comienza con la subversi贸n del da帽o provocado por la presente dominaci贸n que ejercen las relaciones patriarcales e instituciones raciales sobre nuestras crianzas. Pedimos la abolici贸n de la familia no como medio para desde帽ar los incansables esfuerzos de les proletaries para preservar el bienestar de sus allegados, sino conscientes de que estas luchas personales nunca podr谩n emanciparnos como clase por s铆 solas. Un sector minoritario de la pol铆tica socialista contempor谩nea ha respondido a estos esl贸ganes contra la familia con una mezcla de alarma, rechazo feroz y aparente incomprensi贸n. Seg煤n estos defensores izquierdistas de las leyes que rigen hoy el hogar, la familia es un basti贸n al margen de la neoliberalizaci贸n global y expansiva de las relaciones econ贸micas, un reino al margen de los precios y las condiciones humillantes del trabajo asalariado. Bajo este punto de vista, la abolici贸n de la familia es una cruel estratagema que aspira a arrebatar a les trabajadores explotades las migajas de consuelo que alcanzan a ara帽ar juntes.

Aquelles que est茅n familiarizades con el debate alrededor de la relaci贸n entre el comunismo y el Estado, descubrir谩n una sorprendente semejanza entre 茅ste y el discurso anterior. Los social-dem贸cratas anhelan la existencia de un Estado sencillo, que provea de una educaci贸n integral y puestos de trabajo sin que a ello acompa帽e un aparato de guerra infinita, la represi贸n de los disturbios p煤blicos o cruentos actos deliberados de espionaje. Para los social-dem贸cratas existe un Estado que nutre, que provee de estructuras de confianza, que todav铆a puede redimirse. De la misma forma, sue帽an tambi茅n con una familia que provea a sus miembros un espacio ideal de confort fuera del centro de trabajo. Un enclave que est谩 m谩s all谩 de la generaci贸n de beneficios, de la presi贸n y el papeleo. Una unidad en estado de sitio pero pese a todo noble, irremplazable por su capacidad de proveer consuelo y refugio parcial. En otras palabras, una cara de la familia que s贸lo una minor铆a reconoce, que precisamente ningune de nosotres ha conocido.

Les comunistas rechazamos cualquier partida estatal insistiendo, con cierta pesadez, en que el abastecimiento por parte del estado en el contexto de un imperialismo con rienda suelta y dimensiones globales est谩 en 煤ltima instancia ligado, si bien de forma ca贸tica, con una predecible cadena de explotaci贸n. Cuando una serie de territorios disfrutan de un Estado opulento para todes, no debemos obviar siquiera por un instante a quienes son ajenos a las competencias de estas contadas entidades pol铆ticas. Por este motivo rechazamos tambi茅n la familia como instituci贸n. No podemos desligar de 茅sta el da帽o de consecuencias potencialmente patol贸gicas que provoca, durante la tierna infancia y toda la crianza, su instinto de reproducci贸n. No pretendemos quitarle peso a la familia o rejuvenecerla. No aspiramos a purificarla hasta hacer de ella un proveedor cristalino de amor. Trabajamos para ser testigues de su superaci贸n. Esto no equivale a pasar por alto los momentos de comodidad, la solidaridad intuitiva, el apoyo y la intimidad que se producen en la parcela de lo privado. Tampoco, que el movimiento revolucionario que proponemos se defina por la soledad total y el rechazo a la amabilidad que hemos tanto recibido como ofrecido en las actuales circunstancias. Significa que trabajamos desde la conciencia clara de que para que lleguen a existir las relaciones comunistas, ni decir tiene que sobrevivan, se necesita de una ruptura sin precedentes del modelo de crianza. Significa que vemos esencial en el rol de la familia actual una procesi贸n de capital y privilegios.

A d铆a de hoy, incluso contando con el apoyo de un pu帽ado de comunistas, contamos las difamaciones y las muestras de rechazo por montones. Un activista blanco lleg贸 incluso a acusarnos de despreciar las tradiciones y vivencias de las personas racializadas. Esta es sin duda una peculiar estrategia de ataque; puesto que todas las abolicionistas comunistas que se me vienen a la mente cuando pienso en aportaciones cruciales a esta corriente de pensamiento son feministas negras de los a帽os 80: Angela Davis por The Approaching Obsolescence of Housework [La pr贸xima obsolescencia del trabajo dom茅stico] (que argumenta que el trabajo dom茅stico no debe dividirse igualmente entre los sexos, si no que debe ser eliminado por completo a trav茅s de la divisi贸n del mismo entre diferentes grupos industriales) y Hortense Spillers por Papa鈥檚 Baby, Mama鈥檚 Maybe (que explora precisamente como las relaciones matenorfiliales de las negras americanas se reduc铆an a la herencia de la enajenaci贸n, creando una brecha en las experiencias de feminidad estadounidenses). La experiencia nos demuestra que los revolucionarios ut贸picos, independientemente de su etnia, siempre reciben el abolicionismo de la familia como una postura exc茅ntrica y marginal. Esta vinculaci贸n del abolicionismo pol铆tico de la familia y la blanquitud revela ser m谩s bien un primer paso hacia el rechazo, una reacci贸n que demuestra una vez m谩s que nuestra teor铆a ha cumplido su objetivo: Trastocar lo naturalizado. 驴Pero de qu茅 nos sorprendemos? Ya lo dec铆an Marx y Engels:

隆Abolici贸n de la familia! Incluso los m谩s radicales se encienden con esta infame proposici贸n de los Comunistas.

Este es un argumento que siempre provoca preocupaci贸n y malos entendidos. As铆 que vamos a aclararlo. 驴C贸mo se puede justificar este alarmante posicionamiento? 驴C贸mo pueden algunes comunistas comprometerse con una posici贸n que se daba por obsoleta? La mejor forma de comprender a qui茅nes apela aquello de 鈥溌bolamos la familia!鈥 es recordar la fractura que divide a heterosexuales de todes nosotres. La familia, fiel a su papel de cerciorar que las fuerzas de trabajo capitalistas no dejan de reproducirse generaci贸n tras generaci贸n, en realidad nunca ceja en su empe帽o disciplinario de arrancar de ra铆z el desarrollo queer. Para les queers (el sabor es a elegir), las familias se comportan como su principal antagonista. Los amantes han de ocultarse, la jerga abandonarse y los encuentros extra帽os entre ambos mundos deben obviarse o dejar que se disuelvan.

Construir lazos con otras personas queer supone compartir este peso. Conocernos les unes a les otres nos produce una felicidad incalculable, pero pronto desemboca en un intercambio de historias entretejidas por traumas id茅nticos (y tambi茅n en observar c贸mo sus legados asoman en nuestros v铆nculos no-hetersoexuales). Las historias de aversi贸n, amenazas y abandono son tan comunes que han perdido la capacidad de estremecernos de forma sincera. En ocasiones la mala fe y el tedio reprimido terminan por reinar en estos encuentros, conforme nuestras amistades se vuelven a herir una y otra vez de formas que se niegan a predecir y terminamos por descubrirnos despotricando de quienes m谩s han tirado de nosotres para liberarnos de la heterosexualidad.

La historia de conflicto de une compa帽ere queer con su familia natal gira siempre alrededor de unos motivos comunes: hay afilados alambres de frases hechas que nos recuerdan a las que nosotres mismes recibimos, patrones que van amontonando una humillaci贸n tras otra sin que exista una luz al final del t煤nel. Nos encontramos cuidando de amistades (y no pocas veces de una suerte de conocidos) mientras transitan por baches que sienten como una p茅rdida sin precedentes y que, sin embargo, nosotres identificamos como otro eslab贸n m谩s de una larga cadena. A veces esa labor nos da la vida. Otras nos agota. A menudo nos parece que los comportamientos m谩s hostiles pueden disfrazarse de bendiciones: al menos aquellos que despliegan imp煤dicamente sus fobias aceleran la separaci贸n, la convierten en un desalojo precipitado. En los casos m谩s sutiles, desalojar a quienes tienen a sus espaldas una vida entera de denigraci贸n se puede convertir en todo un viacrucis. Seg煤n este prisma, las relaciones 鈥減rivatizadas鈥 por el proceso de delegaci贸n de las mismas a la intimidad del hogar, pierden su particularidad: aunque los familiares manipuladores tachen a las dianas de su ataques como 鈥渇rikis鈥 cuyas circunstancias son siempre 煤nicas, una labor concienzuda de apoyo queer saca a la luz su similitud. Bajo este punto de vista, la familia queda retratada como Saturno: devorando a su prole.

Para les queers, el horizonte de acabar con la dominaci贸n de la privacidad dom茅stica puede parecer menos extremista y m谩s esperanzador: abolir la familia es una forma de poner fin a esa din谩mica de la vida queer como una sucesi贸n de violentos incendios que debemos apagar como buenamente podamos. Lo que anhelamos de forma intuitiva es el fin de la procesi贸n de tormentos y demostraciones inefectivas de fuerza disciplinaria en el 谩mbito privado, que s贸lo logran cortar por el mismo patr贸n las aflicciones de uno y otro ni帽o marica. En resumidas cuentas, abolir la familia significa derribar la farsa en que los heterosexuales son quienes cr铆an a las infancias queer.

Tambi茅n significa liberar de escrutinio alguno los v铆nculos que ya han florecido entre todes nosotres. Nosotres ya nos ofrecemos rec铆procamente extensos episodios de alegr铆a, habilidades poco comunes, y formas de apoyo que por nuestra posici贸n s贸lo nosotres podemos compartir. Y esto no lo hacemos con el fin de crear p茅treas estructuras que sobrevivan durante generaciones enteras, sino precisamente para compartir agradables momentos comunitarios con nuestras compa帽eres exiliades. Las afinidades en las que se apoyan las relaciones comunistas nos empujan en otra direcci贸n: partir de las ense帽anzas que nos brindan la solidaridad comunitaria y los conflictos para empujarnos hacia un nuevo contexto, en el que el da帽o provocado por nuestras familias no s贸lo se mitiga, si no que se supera definitivamente.

Publicado en P铆kara 28/07/2021




Fuente: Briega.org