August 17, 2021
De parte de Acracia
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En el verano de 2018 ocupaba varias portadas de medios de comunicaci贸n la denuncia de nueve temporeras marroqu铆es de los campos de la fresa en Huelva, que no solamente denunciaban contratos laborales abusivos, sino tambi茅n condiciones de vida inhumanas: amenazas, castigos e incluso abusos sexuales. Desde el principio se divisaba que esto era nada m谩s que la punta de un iceberg bien anclado en un oc茅ano de desigualdades y la violaci贸n flagrante de derechos humanos. Una realidad que formaba parte de toda una estructura de explotaci贸n laboral con una determinante impronta del papel del patriarcado.

Con la ayuda del Sindicato Andaluz de Trabajadores, estas jornaleras consiguieron poner sobre la mesa un conflicto destinado a mantenerse silenciado. Tres a帽os m谩s tarde se ha materializado en la creaci贸n de una Brigada de Observaci贸n Feminista que durante el mes de mayo de este a帽o 2021 recorri贸 las huertas onubenses para encontrarse con las trabajadoras aut贸ctonas y migrantes. Mujeres organizadas conjuntamente tratando de resistir a una situaci贸n que, pese a las denuncias realizadas, sigue desarroll谩ndose en condiciones de explotaci贸n.

La explotaci贸n que esconden las huertas europeas en la zona mediterr谩nea

La forma contractual m谩s extendida en las huertas de este pa铆s son los contratos precarios realizados por ETT鈥檚, que otorgan una apariencia de legalidad a quien contrata. Se produce un trabajo a destajo e incluso trabajo forzado, adem谩s existen importantes similitudes en las situaciones de explotaci贸n agr铆cola entre Espa帽a, Italia y Grecia. Est谩 determinado por un flujo comercial de sur a norte de Europa, un extractivismo capitalista agr铆cola sobre la base de la explotaci贸n al m谩s vulnerabilizado en varios sentidos. Por ejemplo, un dato es que el 90% de los trabajadores en el campo griego son personas migrantes.

La pulcritud del supermercado como consumidores encierra una cadena de explotaci贸n y vulneraci贸n de derechos humanos. Las empresas transnacionales requieren de una presi贸n y denuncia igualmente internacional porque cinco o seis empresas tienen el oligopolio de la producci贸n hort铆cola.

La explotaci贸n nace de un marco explotador global; del monocultivo extensivo, de grandes explotaciones empresariales y mano de obra migrante. Es un funcionamiento sist茅mico y estructural, no es una excepci贸n; no son manzanas podridas en un cesto de mimbre鈥 es el cesto el que est谩 podrido e interesa que as铆 contin煤e. Como consumidoras no hay soluciones f谩ciles, el boicot individual no es una soluci贸n como herramienta pues est谩 desligada de una lucha m谩s coordinada. Las propias jornaleras comentan que boicotear el consumo las dejar铆a m谩s vulnerabilizadas. El consumo debe pensarse como algo social y no como un acto individual. Ellas mismas comentan que favorece la creaci贸n de alianzas y apoyar sus luchas cuando lo soliciten, comprender su trabajo esencial en la cadena alimentaria.

La agricultura en el sur de Europa es un motor econ贸mico invisibilizado, racializado y feminizado. Se materializa de manera concreta en la vida de personas esa alianza entre capitalismo, patriarcado y colonialismo; no son simples lemas. En definitiva, las compa帽eras de Huelva son laboratorios neoliberales agrocapitalistas. El aumento del beneficio capitalista es el abaratamiento del salario, se reduce el salario seleccionando a los individuos m谩s controlables y vulnerabilizados de la sociedad: mujeres que sostienen a sus familias. Se crea un flujo de poblaci贸n migrante n贸mada que mantienen las econom铆as del norte global.

Conquistar todos los frentes y aliarse contra la divisi贸n que fuerza la patronal

Durante la pandemia con el cierre de fronteras se permiti贸 a trabajadores aut贸ctonos cobrar el paro al mismo tiempo que recog铆an en el campo. Se necesitan muchas alianzas y compartir relatos de las trabajadoras para salir de ese aislamiento. Igualmente, es necesario un sindicalismo adaptado a la realidad del siglo XXI, que vaya por la v铆a de la autoorganizaci贸n efectiva. Se practica sindicalismo y feminismo sobre la realidad, se genera experiencia y se formula teor铆a a ra铆z de esa pr谩ctica, no al rev茅s.
Trabajar en el campo genera lazos y compa帽erismo, las mejoras no llegan por acuerdos individuales sino a trav茅s de la articulaci贸n com煤n. No se puede mirar a otro lado y no queda otra soluci贸n m谩s que organizarse, esa es la verdadera pedagog铆a. De esa experiencia surge Jornaleras de Huelva en Lucha a ra铆z de los sucesos de ese verano de 2018 y las denuncias de abusos sexuales. Encuentro entre mujeres aut贸ctonas y migrantes frente al miedo y la divisi贸n propuesta por la patronal para romper esos lazos. La base racista es el discurso de supervivencia de este modelo de explotaci贸n. Se han tejido redes a煤n sin conocimientos ni herramientas de defensa id贸neas.

De ese compromiso nace la experiencia 隆Abramos las cancelas! (en relaci贸n a las puertas met谩licas que cierran f铆sicamente los campos de las huertas), una iniciativa sobre el terreno por Abogadas Sociedad Cooperativa Andaluza. Mujeres que quisieron documentar y visibilizar la situaci贸n de las trabajadoras aut贸ctonas y migrantes estacionales. De esa Brigada de Observaci贸n Feminista y su reciente presentaci贸n p煤blica en Madrid surge este texto con notas tomadas directamente de sus protagonistas; que hablen las oprimidas, las organizadas, las que tienen poco que perder y mucha dignidad por conquistar.

Todo por hacer




Fuente: Acracia.org