September 15, 2021
De parte de La Haine
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Lo que las élites políticas de “Occidente” aparentemente ya no son capaces de hacer, los dirigentes políticos de China sí pueden lograrlo: pensar estratégicamente a largo plazo y además a escala mundial. Geopolítica no es una palabra extraña para el Partido Comunista, sino una categoría familiar. Como corresponde a una potencia mundial.

Asia Central forma parte de su área de interés e influencia directa. Existe una estrecha cooperación con Pakistán, fruto de la rivalidad con India. El primer interés de China es la protección de sus rutas comerciales hacia Occidente. Una de las nuevas rutas de la seda más importantes pasa cerca de la frontera entre Pakistán y Afganistán. Hay otras posibles rutas paralelas, pero la seguridad de las rutas existentes tiene prioridad.

En segundo lugar, la política exterior de China está impulsada por la necesidad de recursos de una economía en rápido crecimiento. Afganistán tiene abundantes recursos naturales que ofrecer: hierro, cobre, oro, litio, tierras raras, carbón y petróleo, cuyo valor total se calcula en más de tres billones de dólares. Sin embargo, la mayoría de las zonas mineras interesantes se encuentran en territorios agrestes.

Ahora, y en un futuro previsible, son los talibanes quien controlan la minería en Afganistán. Pero para extraer los recursos minerales o incluso para encontrarlos (el 70% del país está todavía escasamente explorado), los talibanes carecen de tecnología, conocimientos y dinero. Los chinos lo tienen. También tienen una concesión para una mina de cobre desde 2007 y para un yacimiento de petróleo desde 2011. Sin embargo, para poder explotar con éxito los recursos minerales, tendrán que construir carreteras y ferrocarriles, una gran parte en alta montaña. Esto requiere una planificación cuidadosa y a largo plazo y mucha experiencia en grandes proyectos de infraestructuras. China también tiene todo eso.

Adormidera, cobre y aceite

Una mirada a su situación económica muestra la urgencia con la que los talibanes necesitan esta cooperación. Su fuente de ingresos más importante hasta ahora ha sido la exportación de adormidera y opio en bruto, además de la extorsión a cambio de protección y los derechos de aduana, que se cobran de forma arbitraria.

En total, las milicias recaudaron unos 1.600 millones de dólares de diversas fuentes oscuras en 2020, mientras que el gobierno afgano pudo registrar unos 5.600 millones de dólares de ingresos en el mismo periodo. Aunque los propios portavoces de los talibanes lo anuncien ahora, no es probable que mantengan sus manos fuera del extremadamente rentable negocio del opio, [fomentado por EEUU en estos 20 años de guerra]. Sobre todo porque están metidos en grandes dificultades financieras después de la toma del poder.

Para gobernar el país, los talibanes necesitan obviamente mucho más. No pueden acceder a las reservas de divisas del banco central afgano – actualmente 9.400 millones de dólares – depositadas en el extranjero, la mayoría de ellas en la Reserva Federal estadounidense. El Fondo Monetario Internacional ha bloqueado el acceso del régimen a la participación del país en los Derechos Especiales de Giro, 340 millones de dólares, y ha suspendido el programa de ayuda por el coronavirus, otros 370 millones de dólares.

Hasta ahora, el dinero de la ayuda de Occidente representaba un buen 43 por ciento del producto interior bruto de Afganistán; más del 60 por ciento del presupuesto del Estado era financiado por Occidente. Este dinero se ha suprimido casi por completo, aunque los británicos, por ejemplo, no quieran suspender sus pagos por el momento. Los talibanes siguen recibiendo donaciones millonarias de algunos Estados del Golfo, pero al mismo tiempo se han enemistado con otros Estados árabes.

En resumen, el nuevo gobierno estará encantado de vender los recursos naturales a China. Las concesiones mineras dan mucho dinero, y los chinos también serían bienvenidos como constructores de carreteras. China tiene socios en Pakistán y en otros países islámicos, lo que facilita la entrada en el mercado afgano. Parece que los chinos podrían ganar la carrera por los recursos naturales afganos.

El terrorismo todavía sigue ahí

Los chinos, por su parte, no se hacen ilusiones sobre los nuevos gobernantes del Hindu Kush. Desconfían de sus promesas sobre no dar cobijo al terrorismo. Y con razón. Aunque la frontera entre Afganistán y China solo mide 76 kilómetros, la amenaza del terrorismo es real. Los yihadistas uigures que regresan de Siria o Afganistán han sido responsables de atentados terroristas en China. El gobierno chino ha reaccionado con dureza y la región autónoma de Xinjiang está bajo un férreo control.

Hasta ahora, los chinos no han tenido buenas experiencias con proyectos mineros en Afganistán. Un consorcio liderado por la China Metallurgical Group Corporation ofreció más de tres mil millones de dólares para convertir el mayor yacimiento de cobre del mundo en la provincia de Logar en una región minera, con una mina, un ferrocarril y una central eléctrica. Hasta la fecha, las obras no han comenzado porque la provincia estaba bajo disputa entre los talibanes y el régimen pro-EEUU. La compañía petrolera estatal abandonó la extracción en la Depresión de Amudarja: no fue posible establecer rutas de transporte seguras hacia China para el petróleo extraído.

Para que haya una cooperación a largo plazo entre China y el gobierno talibán, éste tendrá que cumplir su promesa de mantener a raya el terrorismo islámico. Porque China no depende de los talibanes. Se puede evitar Afganistán, se puede sellar la frontera común. Incluso se había pensado en este sentido hasta ahora para las nuevas rutas de la seda. La República Popular tiene alternativas.

freitag.de. Traducción: Jaume Raventós para Sinpermiso




Fuente: Lahaine.org