September 18, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
171 puntos de vista


Autora: Kathy Kelly

Titulo original: To Counter Terror, Abolish War

Traducción, notas y epílogo: Agustín Velloso


En la mañana del 11 de septiembre de 2001 formaba un pequeño grupo (1) con otros ciudadanos estadounidenses, sentados en palés de leche, que mostraba carteles frente a la Misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas en Manhattan (en adelante la Misión). Llevábamos un mes de ayuno de alimentos sólidos, pidiendo el fin de la brutal guerra económica emprendida contra Iraq mediante la imposición de sanciones de la ONU.

Cada viernes de nuestro ayuno nos acercábamos a la entrada de la Misión llevando lentejas y arroz, para pedir a los funcionarios estadounidenses que rompieran nuestro ayuno con nosotros y escucharan nuestros informes, recogidos después de visitar hospitales y hogares iraquíes indigentes. En cuatro tardes de viernes sucesivas la policía de Nueva York nos esposó y nos llevó a la cárcel. (2)

Dos días después de que los aviones de pasajeros atacaran el World Trade Center, los funcionarios de la Misión nos llamaron y nos pidieron que fuéramos a verlos.

Ingenuamente esperaba que esta invitación pudiera significar empatía por parte de los funcionarios estadounidenses. Tal vez el ataque del 11 de septiembre engendraría pena por el sufrimiento y el dolor que padecen los habitantes de Irak y otros países cuando Estados Unidos los ataca. Los funcionarios de la Misión querían saber por qué habíamos ido a Irak, pero intuimos que lo que más les interesaba era realizar informes para cumplir con la orden de reunir más información sobre los estadounidenses que viajaban a Irak.

El gobierno y el ejército de Estados Unidos aprovecharon el dolor y la conmoción tras los atentados del 11 de septiembre para infundir miedo, promover la islamofobia y lanzar guerras eternas que continúan hasta hoy. Con el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, Estados Unidos prometió ataques combinados mediante aviones no tripulados, vigilancia, ataques aéreos y operaciones encubiertas para seguir haciendo la guerra, esta vez en Afganistán. El terror entre los afganos persiste todavía.

Visité Kabul, Afganistán, en septiembre de 2019. Estando allí, un joven amigo al que conozco desde hace cinco años me saludó y luego me habló en voz baja. “Kathy”, me preguntó, “¿conoces a Qazi Qadir, Bahadir, Jehanzeb y Saboor?”. Asentí con la cabeza. Había leído una noticia, poco antes de mi llegada, sobre comandos de operaciones especiales afganos, entrenados por la CIA, que habían realizado una incursión nocturna en la ciudad de Jalalabad en la casa de cuatro hermanos. Despertaron a los jóvenes y luego los mataron a tiros. Los vecinos dijeron que los jóvenes se habían reunido para dar la bienvenida a su padre de vuelta del Hajj; numerosas personas insistieron en que los jóvenes eran inocentes.

Mi joven amigo se ha sentido profundamente preocupado por muchos otros incidentes en los que Estados Unidos ha atacado directamente a personas inocentes o entrenado a unidades afganas para hacerlo. Dos décadas de combates estadounidenses en Afganistán han hecho que los civiles sean vulnerables a los ataques con aviones no tripulados, las incursiones nocturnas, los ataques aéreos y las detenciones. Más de cuatro millones de seres humanos se han convertido en desplazados internos al huir o al no poder seguir sobreviviendo en tierra quemada y afectada por la sequía.

En una visita anterior a Kabul, en plena oleada de las tropas estadounidenses, otro joven amigo me pidió encarecidamente que dijera a padres en Estados Unidos que no enviaran a sus hijos e hijas a Afganistán. “Aquí es muy peligroso para ellos”, dijo. “Y no nos ayudan realmente”.

Durante muchos años Estados Unidos afirmó que su misión en Afganistán mejoraba la vida de las mujeres y los niños afganos. Sin embargo, esencialmente la guerra de Estados Unidos mejoró el nivel de vida de quienes diseñaron, fabricaron, vendieron y utilizaron armamento para matar a los afganos.

Cuando Estados Unidos estaba dando por concluido su aumento de tropas en 2014, pero no su ocupación, la cúpula militar emprendió lo que definió “como la mayor misión de repliegue en la historia militar de Estados Unidos”, con lo que incurrió en enormes gastos.

Una estimación es que la guerra en Afganistán estaba costando dos millones de dólares por soldado estadounidense al año. Ese mismo año, los funcionarios de UNICEF calcularon que el coste de añadir sal yodada a la dieta de un bebé afgano, una medida que podría prevenir daños cerebrales crónicos en niños que sufren desnutrición aguda, sería de cinco céntimos por niño al año. (3) (4)

¿Qué habría optado la mayoría de los estadounidenses por apoyar personalmente con sus recursos personales si se les hubiera dado a elegir? ¿El gasto militar despilfarrador de Estados Unidos en Afganistán o la ayuda vital para un niño afgano hambriento?

Uno de mis jóvenes amigos afganos dice ahora que es anarquista. No confía mucho en los gobiernos ni en los militares. Siente una fuerte lealtad hacia la red de base que ha ayudado a construir, un grupo que normalmente nombraría y celebraría, pero ahora debo referirme a éste como “nuestros jóvenes amigos de Afganistán”, con la esperanza de protegerlos de los grupos hostiles.

La valiente y apasionada dedicación que mostraron al trabajar incansablemente para compartir recursos, cuidar el medio ambiente y practicar la no violencia, les ha hecho bastante vulnerables ante posibles acusaciones de estar demasiado conectados con los occidentales. (5) (6)

En las últimas semanas he formado parte de un equipo ad hoc que asiste a 60 jóvenes y a sus familiares que se sienten alarmados por permanecer en Kabul y que están valorando sus opciones para huir del país.

Es difícil prever cómo les afectará el régimen talibán.

Algunas personas extraordinariamente valientes ya han organizado protestas en las provincias de Herat, Nimroz, Balkh, Farah y en la ciudad de Kabul, donde decenas de mujeres salieron a la calle para exigir una representación en el nuevo gobierno e insistir en que sus derechos deben ser protegidos.

En muchas provincias de Afganistán el talibán puede encontrarse gobernando sobre un pueblo cada vez más resentido. La mitad de la población vive en la pobreza y se avecina una catástrofe económica. Por los daños causados durante la guerra la gente ha perdido cosechas, casas y ganado. Una tercera ola de la COVID aflige al país y tres millones de afganos se enfrentan a las consecuencias de una grave sequía. ¿Tendrá el gobierno talibán los recursos y la capacidad para hacer frente a estos problemas abrumadores?

Por otra parte, en algunas provincias el gobierno talibán ha parecido preferible a la incompetencia y la corrupción del gobierno anterior, especialmente en lo que respecta a las disputas por la propiedad o la tierra. (7)

Debemos ser sinceros. El talibán está hoy en el poder debido al desastre colosal que Estados Unidos ayudó a crear.

Los ciudadanos estadounidenses debemos insistir en el pago de reparaciones por la destrucción causada por 20 años de guerra. Para que sean significativas, las reparaciones deben incluir también el desmantelamiento de los sistemas de guerra que causaron tantos estragos y miseria. Nuestras guerras se libraron contra personas que no nos hicieron daño. Debemos elegir, ahora, dejar de lado la cruel inutilidad de nuestras guerras de siempre. (8) (9)

Mi joven amigo que me informó sobre los abusos de los derechos humanos en 2019, huyó recientemente de Afganistán. Dijo que no quiere dejarse llevar por el miedo, sino que lo que más desea es dedicar su vida a hacer el bien para construir un mundo mejor.

En última instancia Afganistán necesitará gente como él y sus amigos si quiere que el país tenga un futuro en el que se cumplan los derechos humanos básicos de alimentación, vivienda, atención sanitaria y educación. Necesitará gente que ya ha hecho sacrificios por la paz creyendo en el adagio afgano que dice “la sangre no lava la sangre”.

Esencialmente la gente de Afganistán necesitará que los estadounidenses hagan suya esta misma enseñanza. Debemos expresar nuestro verdadero dolor, buscar el perdón y mostrar un valor similar al de los valientes que insisten en los derechos humanos en Afganistán hoy en día.

Reconociendo colectivamente el terrible legado del 11-S, debemos ponernos de acuerdo: Para contrarrestar el terror, hay que abolir la guerra.

Epílogo

Kathy Kelly publica con este nuevo artículo un alegato excepcional contra la guerra.

Hace días que hay una riada de artículos sobre Afganistán, bienvenidos sean los que no son “políticos” en el sentido que cualquiera se puede imaginar por lo que estamos viendo, éstos son los que contribuyen conscientemente a la perpetuación del crimen.

Aparte de aquellos, incluso entre los mejores que salen y se pueden recomendar, no creo que haya uno que, informando de lo sustancial con unos pocos párrafos, además

1. presente con la mayor claridad y serenidad el tamaño del crimen cometido por Estados Unidos y sus compinches,

2. relate la inhumana situación en la que ha dejado a las víctimas,

3. anticipe el peligroso e inestable futuro del país y quizás de la paz mundial,

4. exponga de forma inequívoca la única solución capaz de poner fin a la guerra en Afganistán: justicia y reparación, que de realizarse sería la primera de otras a aplicar en el resto de crímenes cometidos por los mismos responsables,

5. enuncie la pregunta fundamental que ha de rondar en la cabeza a cada persona sana psicológicamente, aunque termine encerrándola bajo montones de excusas en su subconsciente: “¿Qué habría optado la mayoría de los estadounidenses (vale decir cualquier ser humano) por apoyar personalmente con sus recursos personales si se les hubiera dado a elegir?”,

6. se atreva a dirigirse a cada ser humano para pedirle “el pago de reparaciones por la destrucción causada por 20 años de guerra”,

7. y además sugiera esta dulce propuesta a todos: “para contrarrestar el terror, hay que abolir la guerra”.

8. aparte de lo anterior expone de forma patente e incontestable la mentira y la maldad de la ‘misión de paz, estabilización y democratización’, así como el lucrativo negocio de sus promotores en el gobierno y en la industria,

9. al tiempo denuncia la mezquindad del aparato represivo policial y de espionaje chapuceros e inútiles con los grupos de activistas contra la guerra.

Notas:

(1) http://vcnv.org/ (Voices for Creative Nonviolence)

(2) Kathy Kelly ha sido detenida por su activismo en más de 60 ocasiones

(3) http://theconversation.com/calculat…

(4) www.bbc.com/mundo/noticias-internac…

(5) Cómo hundir un país: el problema de los colaboracionistas: www.euronews.com/2021/08/19/taliban…

(6) www.channel4.com/news/articles/uk/t…

(7) La escalofriante dimensión de la economía ilegal: www.bbc.com/mundo/noticias-internac…

(8) http://news.gallup.com/opinion/poll…

(9) www.globalissues.org/article/302/wo…


Créditos de la fotografía:

www.nbcnews.com/slideshow/amp/afgha…

Fuente:

http://dissidentvoice.org/2021/09/t…




Fuente: Grupotortuga.com