April 1, 2021
De parte de Lobo Suelto
186 puntos de vista


I

Fiesta, gedencia, ética del segundeo, insurrecciones escolares, esquina, despojo, sobreviviente, saqueo y mutación son los momentos genuinos de una fenomenologia risueña de la vida plebeya. Allí, los muertos tatuados no sólo oprimen como pesadilla la pieles de los vivos, sino que pueden ser la fuerza para no caer en la peor de las muertes: la normalidad. Allí, donde el miedo es condición de posibilidad para fabular el mundo. Allí, en la deserción, no hay nada para hacer porque todo está por hacerse. Allí, donde la ciudad es el desplazamiento afectivo que cada día esta por crearse. Allí donde hay que plantarse, como disposición corporal de los que se saben en guerra: una atención única frente a cada encuentro. Se trata de leer las posibilidades que habitan en una cotidianeidad tediosa e insoportable.

Fábular como lo contrario a explicar: gesto imposible sin una poética propia, risa cínica y, ante todo, amistosa frente a todo aquello que nos quiere explicar que el mundo no es -o puede no ser- como lo vivimos.

II

Valeriano es una máquina. Repite lo mismo: muerte, sexo y lenguaje. La tríada vitalista en el Apocalipsis. Máquina de abolición. Es el padre garrón ante la piba condenada a ser poderosa. En el sexo se juega vida y muerte. La vida con muerte es la única sexual. El sexo determina la vida en la muerte. Y todo esto (y este es el secreto de Valeriano) animando, en el extremo del nihilismo, al lenguaje. Si. Valeriano es un homenaje a la potencia del lenguaje. El lenguaje como último y más alto medio para comprender lo q ocurre entre sexo, muerte y vitalidad. Llamarlo fábula, al lenguaje, es redescubrir su potencia religiosa en el sentido de realizar lo q la filosofía ni la política lograron: dotarse de nuevos modos o motivos de creencia en el mundo

III

Eduqué a mi hija para una invasión zombie son Los diarios de Renzi de nuestra temporalidad. Por eso no (ya) diarios: escritos espurios, donde pensamiento, borrador, sentimiento, idea, reflexión se lo pliegan y despliegan a velocidad altísima. el volumen y la rigurosidad pigliana toman una radicalidad perceptiva.

IV

Valeriano rompe abiertamente con el problema de la representación y el diálogo. si Piglia publicaba a Renzi, en y fuera de ese nombre, Valeriano desparrama sus relatos desde otra persona: no en su nombre, pero a propósito de su hija. un intento -bellisimo- de no aleccionar mientras se habla al, desde, sobre y para el otro. dentro de esa forma, nos enseña sin enseñarnos, conversa con nosotrxs.

V

El apocalipsis de Valeriano es una fiesta. Es el momento donde se juegan las posibilidades para activar las fibras del cuerpo desobediente y afirmarse en otro modo de persistir en la existencia policiada. La vida de los pibes y las pibas de los nuevos barrios pobres no es romántica. Su hija no es una heroína. Pero Valeriano encuentra conceptos en ellxs para resonar y remover nuestra costra ortiba, miedosa y paranoica. Segundear no es sólo el único gesto válido. Segundear es un concepto filosófico. Relanza el acontecimiento de la fuga, atesorando un estado de lengua, preparando el cuerpo para la guerra social. Necesitamos actualizar el atlas argentino de las desobediencias como hicieron las lenguas de Roberto Arlt y Alejandra Pizarnik en sus épocas. Valeriano es el soporte lenguajero, el titán cultural, el geógrafo político de esa epopeya en nuestra época.




Fuente: Lobosuelto.com