December 17, 2021
De parte de El Topo
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En nuestro d铆a a d铆a, nos duchamos con agua caliente de termo de gas, vamos al curre en coche, utilizamos dispositivos electr贸nicos como ordenadores y tel茅fonos, cocinamos con gas o con vitrocer谩mica el茅ctrica, aclimatamos nuestros hogares con aire acondicionado o calefacci贸n, vamos a diferentes comercios y encontramos lo que est谩bamos buscando鈥 Quehaceres cotidianos a los que estamos tan acostumbradas que, habitualmente, ni siquiera nos damos cuenta de lo que implican a nivel econ贸mico, social y ambiental. Sin embargo, detr谩s de cada una de estas tareas habituales hay toda una pl茅yade de materiales y una compleja red de trabajos que los hacen posible. Algunos de estos elementos que juegan entre bambalinas para muchas de nosotras est谩n quedando ahora al descubierto, como si se estuviera empezando a deshacer el decorado de un inmenso escenario en plena funci贸n.

Uno de los actores ocultos que est谩 quedando al descubierto, 煤ltimamente, es el sistema el茅ctrico y todo lo que este conlleva, incluyendo a miles de trabajadores y trabajadoras. Los medios de comunicaci贸n de las clases dirigentes no paran de hablar sobre la subida del precio de la electricidad. Nos estamos empezando a enterar del sistema de c谩lculo del precio mayorista de la electricidad; un c谩lculo 芦marginalista禄, le llaman, por el que toda la energ铆a el茅ctrica se paga al precio de la 煤ltima en entrar en subasta (la m谩s cara, es decir, el gas, que se quema en centrales t茅rmicas). Un sistema de precios dise帽ado por las burocracias neoliberales de la Uni贸n Europea al servicio de los grandes capitalistas. Tambi茅n estamos aprendiendo que estamos llegando al pico de extracci贸n mundial de gas y que su precio mayorista en Europa ha aumentado cerca del 80% desde la primavera. Tambi茅n sabemos ahora que el mercado de gas est谩, geogr谩ficamente, mucho m谩s localizado que el de petr贸leo debido a las dificultades para su transporte; hace falta construir gaseoductos y el transporte mar铆timo de gas (licuado) es muy costoso econ贸mica y energ茅ticamente. Adem谩s, estamos aprendiendo pol铆tica geoestrat茅gica al identificar el papel clave de Rusia y Argelia en el suministro de gas a Europa. Para quienes ya tenemos unos a帽os y encajamos en la categor铆a de boomers, estos aprendizajes se conectan con recuerdos que vamos desempolvando, poco a poco, como la privatizaci贸n de la empresa p煤blica de generaci贸n de electricidad (Endesa) por parte del PSOE y el PP. Al unir todas estas informaciones en nuestro puzle mental, podemos llegar a la conclusi贸n de que existe un riesgo importante de que el gas se convierta en un lujo o, incluso, de quedar desabastecidas. Entonces, algunas veces, tendemos a olvidar estas malas informaciones. Nuestro cerebro pone en marcha, de manera inconsciente, la disonancia cognitiva que arrincona en nuestras neuronas aquellas informaciones que hacen tambalearse nuestra percepci贸n actual del mundo. Sin embargo, las noticias y la factura de la electricidad se empe帽an en recordarnos, una y otra vez, que algo fuera de lo habitual est谩 pasando.

A la subida del precio del gas y la electricidad se suma el ascenso de los precios de la gasolina (el barril de Brent est谩 por encima de ochenta d贸lares) y de recursos naturales claves como el magnesio, imprescindible en multitud de procesos productivos b谩sicos como los del acero y el aluminio (necesarios para las energ铆as solar y e贸lica). Por si esto fuera poco, las cadenas internacionales de producci贸n est谩n mal engrasadas tras la parada productiva de la pandemia. Esto, unido a la carest铆a de materias primas claves, dificulta la producci贸n y el transporte de mercanc铆as. A todo esto hay que sumarle una econom铆a capitalista exhausta que a煤n no se ha recuperado de la crisis econ贸mica que comenzara en 2008. Una econom铆a dopada con grandes inyecciones de capital por parte de los bancos centrales. Capital que se dirige, fundamentalmente, a burbujas financieras especulativas, y que deja de lado las inversiones productivas, ya que estas ofrecen cada vez menos beneficios en un contexto de ca铆da general de la tasa de beneficios de los capitalistas en el marco de un sistema socioecon贸mico muy maduro. Escasas inversiones productivas que se combinan con altas tasas de explotaci贸n ambiental y laboral para aumentar los beneficios menguantes, lo que conduce a la falta de mano de obra (a la que hay que pagar y formar con tiempo, pues no aparece de la nada) y a la guinda de este pastel del desprop贸sito: un cambio clim谩tico que se agrava cada d铆a camino del calentamiento brusco e incontrolado en pocas d茅cadas. Adem谩s, el dinero barato de los bancos centrales ha generado grandes deudas privadas y estatales que, ahora, con el aumento de la actividad econ贸mica tras la mejora parcial de la situaci贸n pand茅mica y la escasez de ciertas materias primas, est谩 generando un aumento de precios. En este contexto, los capitalistas no tienen salida buena en la gesti贸n de su sistema. Si siguen inyectando dinero barato acabar谩n explotando burbujas especulativas y la inflaci贸n frenar谩 su sacrosanto crecimiento econ贸mico. Pero es que si suben los tipos de inter茅s, dejar谩n al descubierto a multitud de empresas y estados zombis que no podr谩n pagar sus deudas, lo que pondr铆a en marcha una muy posible cascada de impagos con el riesgo de que cayeran algunas empresas/bancos 芦demasiado grandes para caer禄.

Dej谩ndonos llevar por estos an谩lisis tan terrenales y poco agradables podr铆an venirnos a la cabeza escenas dist贸picas que hubi茅semos visto en alguna pel铆cula o serie de esas que tanto abundan sobre cat谩strofes. Podr铆amos imaginarnos a dos hombres peleando en una gasolinera londinense por el 煤ltimo litro disponible de gasolina. Las im谩genes de ficci贸n se podr铆an mezclar con las reales y vernos a nosotras mismas en un gran apag贸n, ensayando una ceguera comunitaria. Entonces, en este escenario tan complejo e inquietante, al borde del precipicio, de la navaja, podr铆amos darnos cuenta de que la soluci贸n suele ser siempre la m谩s sencilla: 芦隆es el capitalismo, imb茅cil!禄, acabar铆amos grit谩ndonos al mismo tiempo que nos autoorganizamos desde la dignidad y por la supervivencia.

Por

Jes煤s M. Castillo

Catedr谩tico de Ecolog铆a de la Universidad de Sevilla y equipo de EL TOPO




Fuente: Eltopo.org