January 22, 2022
De parte de Arrezafe
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KOLOZEG.Org
– 20/01/2022

   Traducción del inglés:
Arrezafe

Las potencias
occidentales están jugando con fuego al ignorar los urgentes
llamamientos de Rusia para garantizar la seguridad en Europa. En una
serie de reuniones de alto nivel, la semana pasada Estados Unidos y
el bloque militar de la OTAN rechazaron las demandas de Moscú que ha
exigido una amplia distensión.

Rusia quiere un tratado
mediante el cual la OTAN retroceda décadas de invasión de los
países el este. Para apreciar la importancia de la coyuntura actual
primero se requiere una comprensión profunda de la geopolítica que
las potencias occidentales han seguido contra Moscú durante más de
un siglo. Ese lapso abarca la Primera Guerra Mundial, la Revolución
Rusa, el crecimiento del fascismo en Europa, que condujo a la Segunda
Guerra Mundial, la subsiguiente Guerra Fría de cinco décadas y la
última fase del expansionismo de la OTAN en los últimos 30 años.

De hecho, a partir de las
reuniones celebradas entre funcionarios de EEUU y la OTAN y sus
homólogos rusos, y en los informes de los medios occidentales sobre
esas discusiones, la realidad se puso patas arriba. Los socios de
EEUU y la OTAN exigieron que Rusia redujera la escalada o, de lo
contrario, enfrentaría una confrontación. Rusia no tiene tropas
fuera de su territorio, mientras que EEUU y la OTAN establecen
inexorablemente fuerzas ofensivas en las fronteras occidentales de
Rusia. Evidentemente, el agresor no es Rusia, son las potencias
occidentales. Son ellas las que tienen que desescalar.

Por segunda vez, Rusia
contempla como una fuerza militar masiva se abalanza desde occidente
sobre su territorio. En 1941, la invasión de la Alemania nazi
condujo a la Guerra Patriótica en la que murieron 27 millones de
ciudadanos soviéticos. Finalmente, el Ejército Rojo derrotó al
Tercer Reich y liberó a Europa del fascismo.

Casi la mitad del número
total de muertes en la Segunda Guerra Mundial se produjeron entre
rusos y otros pueblos eslavos. Este horror sigue vivo en la memoria.
No es sorprendente (si la historia se apreciara adecuadamente) que
Rusia esté hoy perpleja al ver otra movilización ofensiva del poder
militar en sus fronteras occidentales, esta vez bajo la égida de la
alianza de la OTAN dirigida por Estados Unidos.

Este acopio militar ha
estado en marcha durante los últimos 30 años desde la disolución
de la Unión Soviética. A pesar de las garantías verbales dadas en
sentido contrario, el bloque militar de la OTAN se ha expandido desde
Alemania hasta el Báltico y el Mar Negro. Rusia está hoy rodeada
por miembros de la OTAN habilitados para instalar misiles nucleares
estadounidenses capaces de impactar en Moscú en cuestión de
minutos. Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, Alemania y otros
miembros de la OTAN poseen aviones de combate, tanques y buques de
guerra maniobrando constantemente a las puertas de Rusia a lo largo
de un arco que se extiende desde el Báltico hasta el Mar Negro.

No solo eso, sino que los
países que se unieron a la OTAN tras el supuesto fin de la Guerra
Fría son vehementemente antirrusos. Polonia y los estados bálticos
de Letonia, Lituania y Estonia, que limitan con Rusia, son los más
estridentes: acusan a Moscú de «agresión» y piden más despliegue
de fuerzas de la OTAN. Estas naciones quieren admitir a Ucrania en
las filas de la OTAN a pesar de que la ex república soviética está
involucrada en una guerra civil entre un régimen de extrema derecha
de Kiev y las personas de habla rusa en el sureste del país.

Las facciones políticas
dominantes en Polonia, los estados bálticos y Ucrania están
marcadas por su asociación con la Alemania nazi durante la Segunda
Guerra Mundial. Hoy en día, hay ceremonias públicas que glorifican
a las figuras políticas y a los militares locales que colaboraron
con el Tercer Reich.

Fue a través de estos
mismos países que la maquinaria de guerra nazi se abrió camino
hacia la Unión Soviética. Por lo tanto, no es de extrañar que hoy
Moscú esté profundamente alarmado por una concentración similar de
fuerzas militares en su frontera oeste y, especialmente, en naciones
que ejercen una intensa política antirrusa y que en el pasado
sirvieron de instrumentos para la Operación Barbarroja de la
Alemania nazi.

Es por eso que Rusia
insiste en que Estados Unidos y demás potencias de la OTAN celebren
un acuerdo que limite la expansión hacia el este del bloque militar,
además de la retirada de las armas de ataque estadounidenses de los
territorios fronterizos y restringir los ejercicios de movilización
regional. La máxima prioridad para Moscú es el compromiso de la
OTAN de no admitir a Ucrania ni a otras repúblicas exsoviéticas en
sus filas. Porque hacerlo supondría una amenaza existencial
inaceptable para Rusia.

Lo inquietante es la
aparente indiferencia de EEUU y otros líderes de la OTAN ante las
propuestas de seguridad de Rusia. El resultado de las reuniones de la
semana pasada en tres capitales europeas fue un rechazo arbitrario
por parte de los estadounidenses y sus aliados europeos. La OTAN,
dijeron, seguirá expandiéndose y rodeando a Rusia. Moscú, dijeron,
no tiene poder de veto sobre cómo la OTAN decida expandirse. Esto,
afirman, sé debe que la OTAN es “defensiva” y “democrática”.

Tal actitud es
intencionalmente engañosa. La OTAN fue fundada al comienzo de la
Guerra Fría en 1949 con el propósito de enfrentar a la Unión
Soviética. La Unión Soviética ya no está, pero el bloque militar
liderado por Estados Unidos la ha reemplazado como enemigo
contemporáneo por la Federación Rusa. Washington y la OTAN han
declarado públicamente que ven a Rusia como una amenaza
“existencial” sin fundamentar de manera creíble la base de tan
provocativa imputación.

Sin embargo, son los
miembros de la OTAN como Polonia, los estados bálticos y otros
estados de Europa del Este, así como Ucrania, los que agregan una
dimensión preocupante. Las facciones políticas gobernantes en estos
países son rabiosamente anti-Rusia, tienen una sensación paranoica
de inseguridad, hacen afirmaciones histéricas sobre una invasión y
agresión rusas y, lo que es más tóxico, tienen una oscura
asociación revanchista que proviene de su complicidad con la
Alemania nazi.

Rusia ha advertido a
Washington y otras potencias occidentales que están jugando con
fuego al envalentonar a la extrema derecha que gobierna en Europa del
Este y que son miembros de la OTAN. La militarización de Polonia,
los países bálticos y Ucrania por parte de la OTAN otorga a estos
países una actitud aún más temeraria de confrontación con Rusia.
Paradójicamente, se acusa a Rusia de agresión y planificación de
una invasión, cuando en realidad es Ucrania y sus vecinos de la OTAN
los que tienen más probabilidades de articular algún tipo de
provocación que conduzca a la guerra con Rusia.

He ahí el reprochable
ritmo de la historia. Al contrario de lo que reflejan los relatos
históricos occidentales convencionales, el ascenso de la Alemania
nazi durante la década de 1930 fue consecuencia de una política
deliberada de las potencias occidentales. Los gobernantes
estadounidenses, británicos y franceses financiaron el crecimiento
del Tercer Reich como un baluarte contra la Unión Soviética y una
cachiporra contra el socialismo internacional. El capitalismo
occidental vio al fascismo como un arma conveniente contra una
amenaza percibida contra su propio orden. A tal fin, Wall Street y el
Banco de Inglaterra invirtieron masivamente en la construcción de la
maquinaria de guerra nazi bajo Adolf Hitler.

Las potencias
occidentales se comprometieron con el Tercer Reich para forjar
esferas de influencia en las que el Imperio Británico no
intervendría, mientras que Hitler tendría las manos libres para la
expansión nazi hacia el este. Un objetivo principal de este pacto
(revelado tácitamente por la cumbre de Munich de 1938 entre Hitler y
el primer ministro británico Neville Chamberlain) era contener a la
Unión Soviética. El rabioso anticomunismo del Tercer Reich (a pesar
de su nombre inapropiado de «nacionalsocialismo») y sus creencias
«Untermensch» sobre los subhumanos eslavos hicieron de la Alemania
nazi el socio elegido por las potencias occidentales para contener a
la URSS.

Cabe decir que las
potencias occidentales probablemente no imaginaron cuán
desastrosamente lejos llevaría la Alemania nazi sus propias
ambiciones imperiales o cuál sería el horrible alcance genocida de
su depravada Solución Final. Eventualmente, resultó que los
establishment británico y estadounidense se verían obligados
a ir a la guerra contra el régimen nazi tras contribuir a su
instauración. Las potencias occidentales habían jugado con fuego al
patrocinar un rabioso régimen antisoviético que terminó
volviéndose contra las potencias occidentales.

Así pues, se puede decir
sin lugar a dudas, que el resultado de las maquinaciones urdidas por
las potencias occidentales con el propósito de contener a la Unión
Soviética, fue lo que condujo a la Segunda Guerra Mundial y a la
escalofriante cifra de más de 70 millones de personas muertas en
todo el mundo.

Hoy, Gran Bretaña y
Estados Unidos se jactan de su presunto papel en la derrota de la
Alemania nazi. Sin embargo, la verdad es que ellos crearon el
monstruo fascista y la monstruosa guerra que siguió, una guerra
necesaria para acabar con el perro rabioso que habían desatado. La
verdadera victoria de la guerra pertenece al pueblo soviético y al
Ejército Rojo que enterró la maquinaria de guerra nazi en Berlín.
La victoria soviética sobre la Alemania nazi fue el acontecimiento
definitivo de la Segunda Guerra Mundial. Las potencias occidentales
fueron actores secundarios, de hecho fueron sus imprudentes
maquinaciones las fomentaron la invasión nazi contra la Unión
Soviética.

En el fondo de estas
maquinaciones imperialistas subyacía el objetivo, nacido del
imperativo hegemónico capitalista occidental, de contener a la
Unión Soviética.

Eliminada la amenaza nazi
en 1945, en medio de los humeantes escombros de la Segunda Guerra
Mundial, las potencias occidentales rápidamente comenzaron a ejercer
su obsesión antisoviética. La configuración de la OTAN, el
reclutamiento de nazis, científicos, espías y colaboradores por
parte de las potencias occidentales y el despliegue de saboteadores
fascistas respaldados por la CIA en Europa del Este (detrás de las
líneas soviéticas), apuntaba a una reanudación de la geopolítica
destinada a “contener” a Moscú.

Hoy Rusia no representa
la amenaza ideológica que para el capitalismo occidental significó
la Unión Soviética. No obstante, Rusia sí representa un
problemático obstáculo a la supuesta o pretendida hegemonía
imperialista occidental, al igual que China y otras naciones que
proclaman la conveniencia de un orden internacional multipolar en
oposición al dictado por Washington y sus aliados occidentales.

Por eso la OTAN sigue
expandiéndose alrededor de las fronteras rusas. Es parte de la
estrategia de contención basada en la intimidación y el impacto
desestabilizador. Este fue el hilo geopolítico permanente durante el
siglo pasado.

Washington quiere a Moscú
subordinado a su poder global al igual que lo están sus aliados
(vasallos) europeos de la OTAN. El cambio de régimen en Moscú es el
objetivo final ideal mediante el cual el capital occidental podría
explotar al país más grande del planeta y su vastos recursos
naturales.

De manera similar al
imprudente fomento de la Alemania nazi como baluarte contra Moscú,
las potencias occidentales están fomentando los regímenes de
extrema derecha en Europa del Este con el respaldo de la OTAN. La
primera política condujo al cataclismo de la Segunda Guerra Mundial.
¿Quién puede asegurar que el envalentonamiento y el armamentismo de
los regímenes rusofóbicos en Europa del Este no termine con una
agresión occidental de manera similar a la de los nazis?

La política y la
dinámica de hoy son un eco amenazante de tiempos pasados, cuando las
potencias occidentales empujaron al fascismo para hacer su sucio
trabajo: terminar con la Unión Soviética. Fuerzas similares
trabajan en el presente y Moscú tiene razón al señalar los
peligros derivados del peligroso juego que las potencias occidentales
están volviendo a ejercer en el tablero geopolítico.

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Fuente: Arrezafe.blogspot.com