May 1, 2021
De parte de Oveja Negra
278 puntos de vista


El trabajo es la fuente de casi toda la miseria existente en el mundo. Casi todos los males que se pueden nombrar proceden del trabajo o de vivir en un mundo dise帽ado en funci贸n del trabajo.

Bob Black, La abolici贸n del trabajo

Antes de cualquier investigaci贸n o reflexi贸n sobre el trabajo en nuestra sociedad, es necesario ser conscientes de que todo en ella est谩 dominado por la ideolog铆a del trabajo.

Jacques Ellul, La ideolog铆a del trabajo

El trabajo es una forma de cancelaci贸n organizada y sistem谩tica de la vida. Es por medio de la imposici贸n del trabajo como nuestra vida se reduce a unidades de tiempo medido y contabilizado que vendemos a cambio de un salario. Como bien explicaba Ellul[1], la imposici贸n del trabajo a los obreros de la 茅poca de la revoluci贸n industrial como una especie de fatalidad brutal e inhumana tuvo que ser necesariamente acompa帽ada, entre otras cosas, por una ideolog铆a que hiciera de esta condici贸n aplastante y embrutecedora una virtud: el trabajo ya no pod铆a presentarse como una maldici贸n del Se帽or, pues, en tal caso, hubiera sido algo inasumible para los proletarios. Pero, como apuntaba el prol铆fico pensador franc茅s, no hay que entender esta imposici贸n de la ideolog铆a del trabajo solo como un procedimiento de enga帽o de los obreros: pues la propia burgues铆a, en cuyo seno esta nace, es la primera en creer en el trabajo, y es debido a esta fe que pone el trabajo por encima de todo. Hoy d铆a, esta vuelta del rev茅s, esta conversi贸n de una condena y humillaci贸n en una virtud, ha seguido progresando hasta tal punto que se habla desde muchos sectores, con la total seriedad y fe, de trabajo digno, de trabajo decente y dem谩s enga帽os que pretenden ocultar la verdadera naturaleza del trabajo[2] (aunque, como recuerda Ellul, ya el mismo Marx hablaba de devolver al trabajo su nobleza y valor, es decir, el tan l煤cido cr铆tico del pensamiento burgu茅s ca铆a en la trampa de la ideolog铆a burguesa del trabajo). Esta ideolog铆a se ha posicionado de una manera a煤n m谩s s贸lida que hace un par de siglos sobre todo por el constante esfuerzo por suavizar las condiciones m谩s duras del trabajo y por las indiscutiblemente mayores comodidades de los asalariados, sus derechos al ocio y dem谩s conquistas laborales, especialmente en los pa铆ses m谩s progresados. Hay trabajos, l贸gicamente, m谩s o menos humillantes, m谩s o menos duros, pero el hecho de que se le atribuya al trabajo dignidad o decencia solo muestra el triunfo aplastante de esta ideolog铆a.

Las reivindicaciones laborales y sus logros, en este sentido, incluso cuando se revisten de auras contestatarias, esconden la aceptaci贸n de tal ideolog铆a, es decir, obedecen al Orden bajo la apariencia de contestaci贸n. De hecho, el propio movimiento obrero cl谩sico, bajo sus distintas expresiones, a pesar de su ret贸rica antiburguesa, compart铆a con la burgues铆a tanto la ideolog铆a del progreso, como la del trabajo, que se entrelazaban entre s铆: se cre铆a que el hombre llegaba a ser de verdad hombre, es decir, progresaba por medio de constante trabajo. Hoy en d铆a, ambas han sobrevivido todos los reveses y, con ciertas actualizaciones, siguen siendo partes importantes de la ideolog铆a imperante, mientras que la sociedad de clases parece haber dado paso no a una sociedad sin clases, sino a una sociedad de masas, donde esta clase obrera supuestamente revolucionaria con el paso del tiempo se ha diluido en la masa como un azucarillo en un vaso de agua.

En el dominio de las luchas reivindicativas de hoy muy a menudo se aprecia este enfoque progresista: se trata de ir ganando mayores cuotas de bienestar y consolidar las conquistas sociales a partir de las cuales seguir progresando en el perfeccionamiento de las condiciones sociales imperantes, posicionando cada vez mejor dentro del Sistema a las llamadas mayor铆as sociales. Estas reivindicaciones est谩n con frecuencia acompa帽adas de discursos conmemorativos sobre las conquistas heroicas del pasado, como, por ejemplo, el caso de la jornada de 8 horas, sin que se preste demasiada atenci贸n a la evidencia de la frecuente obsolescencia de estas conquistas. Ciertamente, las 8 horas laborales es todo un hito en la historia del movimiento obrero, y no se trata aqu铆 de menospreciar las duras luchas de anta帽o ni las mejoras conseguidas en las condiciones de sumisi贸n al trabajo. Es evidente que no es lo mismo tener que trabajar 14 horas al d铆a que solo 8. Pero la cuesti贸n es que esta conquista ya no nos dice nada sustancial respecto de nuestra situaci贸n actual, pues es evidente que a estas alturas de progreso trabajamos m谩s que nunca.

Estas reclamaciones y reivindicaciones laborales son totalmente leg铆timas (si uno est谩 condenado a tener que cambiar su vida por el tiempo vac铆o del trabajo, leg铆timamente puede aspirar a que su sumisi贸n al trabajo se d茅 en las condiciones lo m谩s c贸modas posible; no pretendemos aqu铆 atacar a los 鈥減obres diablos que tienen que vivir y morir bajo el capitalismo鈥[3], sino a las propias l贸gicas que nos dominan, aunque, tal vez, sea demasiado exagerado establecer entre los unos y las otras grandes separaciones), pero que, lejos de llevarnos por los caminos de la subversi贸n del Orden, nos hunden todav铆a m谩s en el fango del capitalismo: todas estas luchas y todas estas organizaciones que defienden el trabajo, como sindicatos, partidos de izquierdas y dem谩s, son esencialmente capitalistas y no se explican sino por la necesidad que tiene de ellas el Sistema establecido, pues, como bien dec铆a Landauer, 鈥渟on necesarias en el capitalismo, mientras los trabajadores no sepan salir del capitalismo. Pero todo esto gira siempre dentro del c铆rculo vicioso del capitalismo; todo lo que ocurre dentro de la producci贸n capitalista s贸lo puede llevar a adentrarnos m谩s profundamente en ella, pero nunca a salir de ella鈥[4]. Los acontecimientos de los 煤ltimos cien a帽os han mostrado que en esas palabras del anarquista judeoalem谩n hab铆a mucha raz贸n: el capitalismo y sus muy diversas estructuras solo pueden engendrar m谩s capitalismo. Los trabajadores no supieron salir del capitalismo en los tiempos que 茅l viv铆a y los de hoy todav铆a menos: para salirse del capitalismo, y por ende del trabajo, tendr铆an que salirse de s铆 mismos.

Para darse cuenta de la obsolescencia de la jornada de 8 horas no hacen falta ni grandes destrezas intelectuales ni empleo de jergas filos贸ficas: con tan solo apreciar que un mont贸n de gente en nuestras sociedades dedican al trabajo m谩s de 8 horas al d铆a basta para entender que tal conquista ha ido perdiendo su impacto en el terreno laboral. Bajo el dominio del Capital avanzado, por poner solo un ejemplo, la poblaci贸n tiende a concentrarse en grandes n煤cleos urbanos donde la mayor circulaci贸n dineraria ofrece mayores posibilidades de trabajo. Las zonas hist贸ricas, los antiguos centros y zonas financieras de las ciudades van rode谩ndose de numerosos barrios y zonas perif茅ricas, mientras que los pueblos y ciudades peque帽as se ven engullidas por el crecimiento imparable de las aglomeraciones. Estas presentan hoy en d铆a espacios donde la existencia de los individuos se vuelve totalmente dependiente de los medios de transporte. Tal y como corresponde a las l贸gicas imperantes, sus condiciones y caracter铆sticas se est谩n adaptando cada vez m谩s a los principios de rentabilidad y de circulaci贸n, y en esa vor谩gine el trabajador, o el funcionario, o incluso alg煤n que otro ejecutivo quedan destinados a pasar largas horas en las carreteras para llegar o volver de sus puestos de trabajo. El autom贸vil, que nos envuelve muchas veces en la tranquilizadora ilusi贸n de que podemos hacer las cosas en menos tiempo, contrariamente, parece ensanchar el tiempo del trabajo[5]. En vez de trabajar menos, trabajamos m谩s, a pesar de toda la velocidad que nos proporciona[6].

La conquista del tiempo libre (estrechamente ligada a la reducci贸n de la jornada laboral) tambi茅n es un claro ejemplo de c贸mo el Sistema es capaz de darle vuelta a las cosas para convertir en sus propias armas (en sus caballos de Troya) lo que en principio parec铆a ser una conquista de las antiguas clases trabajadoras. Y es que este tiempo libre del individuo se ha convertido, casi se podr铆a decir sin exagerar demasiado, en otra forma de trabajo, pagado con diversi贸n y evasi贸n. La separaci贸n entre el tiempo de trabajo y el tiempo de ocio se vuelve cada vez m谩s ilusoria y enga帽osa. Supuestamente, el tiempo de ocio, o el tiempo libre, ser铆a ese rato que el individuo puede emplear para otras cosas que no sean su trabajo: ser铆a un tiempo que se contrapone al tiempo de trabajo, un tiempo cualitativamente distinto, un tiempo donde 茅l es libre, un tiempo que est谩 a salvo de las garras del Capital. Eso ser铆a lo que podr铆a ser en teor铆a, pero no resulta as铆 en la pr谩ctica. El tiempo libre, en realidad, no es sino un tiempo igualmente vac铆o que se ha de rellenar de diversiones y de ocio que nos ofrece el Capital y el Estado, es decir, es sustancialmente equiparable al tiempo de trabajo, en el que se elimina la posible vida y se impone un tiempo medido y repartido en unidades que sirve para alimentar al Capital. Y uno lo hace, aunque sea en forma de ponerse a mirar la tele (es que tambi茅n hay trabajos que consisten en estar sentado mirando unas pantallas sin hacer pr谩cticamente nada). Este rato libre ha de ser necesariamente convertido en esencialmente el mismo tiempo que se nos impone cuando trabajamos por un salario, para evitar, en la medida de lo posible, que el individuo se disponga a hacer otras cosas[7] que rompan con lo previsto y preestablecido por el sistema.

No parece este tiempo de ocio o diversi贸n ocupar un espacio secundario en la sociedad, como mero espacio auxiliar del sistema productivo, pues el proceso que de verdad marca las caracter铆sticas de la sociedad actual es el de despilfarro de todo tipo de bienes (La Comuna Antinacionalista Zamorana). Evidentemente, el sistema no produce cosas para satisfacer las necesidades b谩sicas o no tan b谩sicas de la gente -estas necesidades, m谩s bien, se vuelven mero pretexto-, sino para cumplir con esa ley de despilfarro y de gasto. Hay que comprar y despilfarrar ingentes art铆culos de cultura, de ocio, de entretenimiento y de cosas por el estilo, es decir, hay que hacer que el dinero circule (en esa circulaci贸n est谩 la vida del Capital), sin importar si la gente los hab铆a pedido o no: lo cual requiere tiempo y dedicaci贸n y se vuelve un trabajo, como m铆nimo, igual de importante que el que sucede en las f谩bricas, las oficinas o ante las pantallas de ordenador, si es que tenemos en cuenta esta imposici贸n reciente de teletrabajo. Cuando alguien va de compras a un centro comercial un fin de semana, no solo se busca que satisfaga sus necesidades (como la de comer o vestirse), que se convierten, como dec铆a antes, en un mero pretexto, sino tambi茅n y sobre todo que se cierre el ciclo de desposesi贸n de la vida que comienza cada semana en el puesto en una oficina, f谩brica o cualquier otro lugar (a cambio de lo cual, el despose铆do recibe en posesi贸n tiempo vac铆o, salario, entretenimiento y evasi贸n). El Capital hace tiempo ya que se ha apropiado de la mayor parte de la vida del individuo: su esp铆ritu determina tanto las faenas rutinarias que este lleva a cabo mientras est谩 en su puesto de trabajo, como sus vacaciones y ratos de diversi贸n o entretenimiento.

Por lo tanto, el tiempo libre no suele ser un resquicio por donde asoma la vida no domada ni dominada por el Capital, no supone una ventana que abre la posibilidad de actuar libremente, al contrario de lo que se nos induce a pensar. Al igual que sucede con el tiempo de trabajo, este rato de vida, al ser convertido en tiempo que se emplea en satisfacer las necesidades del Capital,  se sustituye por un tiempo vac铆o donde este individuo ya no vive, solo desarrolla la otra parte de trabajo que se le impone. El tiempo 鈥榣ibre鈥 que se han ganado en su momento los obreros conten铆a veneno que acab贸 intoxicando esta conquista: en vez de libertad se nos suministra un sustituto que completa la eliminaci贸n de la vida que adquiere los mismos rasgos que tienen las jornadas laborales: actividades planificadas, rutina, obligaci贸n, fatiga, aburrimiento鈥 驴Cu谩ntos de nosotros volvemos de nuestras vacaciones hartos y aburridos de estar de vacaciones?

En este sentido, una reivindicaci贸n de supresi贸n de horarios flexibles y de empleos precarios o petici贸n de creaci贸n de m谩s puestos de trabajo es, evidentemente, dentro de lo que marcan los l铆mites del Sistema, un reclamo leg铆timo que busca beneficiar a los asalariados que est谩n sometidos a trabajos precarios o a los desempleados que se desesperan en busca de un empleo. Y, sin embargo, por muy beneficiosas que sean para ellos esas reivindicaciones, se los sigue condenando a ser clientes del Capital, a ser sometidos a las necesidades del dinero, ser meros engranajes de un enorme y complejo sistema irracional. Esas reivindicaciones (reivindicar algo ya de antemano significa reconocer y confirmar los Cielos del Poder, hacia los cuales se dirigen estas reivindicaciones), aunque mejoren su situaci贸n, los confirman como sujetos formados y constituidos por el Capital y el Estado. Si vamos un poco m谩s all谩 hemos de anotar que la exigencia de reducci贸n de horas de trabajo (hacer el poco trabajo necesario que no pueden hacer las m谩quinas), para que se trabaje menos y de forma menos penosa, tampoco puede pasar por alto esta situaci贸n actual en la que, por un lado, all铆 donde se suprime trabajo 煤til aumenta con creces el trabajo in煤til (y, adem谩s, muchas veces nocivo y perjudicial para la salud) y, por el otro, el tiempo de ocio se convierte cada vez m谩s a menudo en una forma de trabajo. Reducir las horas de trabajo significar铆a tambi茅n ver menos televisi贸n y hacer menos turismo.

Si salimos de los terrenos reivindicativos y entramos en el desesperado deseo de buscar y hallar salidas del capitalismo, para las cuales esas reivindicaciones son absolutamente insuficientes, se hace evidente que la lucha contra el Capital se tiene que dar en todas las esferas posibles de la vida, pues no es solo la explotaci贸n laboral lo que nos impide vivir plenamente, sino que pr谩cticamente la mayor parte de nuestra vida ha sido convertida en un trabajo para el Capital; ahora el que vive es el Dinero, la abstracci贸n, nosotros no, nosotros nos dedicamos a trabajar y a divertirnos para que 脡l siga viviendo.  Lo que nos pide el cuerpo y la mente es una liberaci贸n de la vida tanto del trabajo como del ocio que impone el Sistema, porque lo uno y lo otro son lo mismo y obedecen al mismo fin: garantizar el desarrollo adecuado del Capital y, por ello, reducir al m铆nimo las posibilidades de una vida relativamente libre y aut贸noma de la gente.

En el fondo, se trata de una cuesti贸n de tener la capacidad de mantener viva la negaci贸n del Orden establecido: algo mucho m谩s descomunal y desagradable que las reivindicaciones sociales y, a la vez, mucho m谩s incierto e inseguro, pues si por algo se caracteriza eso que algunos llaman el Occidente es por su tendencia a integrar y asimilar las voces que lo niegan, convertirlas en una parte m谩s de su Ser, hacer de una negaci贸n otra forma m谩s sutil de decirle 鈥渟铆鈥 al Poder鈥 Toda potencial lucha anti-capitalista enfrenta este dif铆cil problema: saber c贸mo mantener viva e indomable la negaci贸n del Orden establecido, que en momentos cruciales amenaza con convertir esa negaci贸n en su propio patrimonio cultural, como, por ejemplo, en meras reivindicaciones progresistas de turno. No se puede pedir m谩s Progreso, porque es este Progreso el que acaba siendo el mejor instrumento que emplea el Capital para perpetuarse. No hay receta para la resoluci贸n de este problema, pero uno de los pasos imprescindibles ya lo esboza Julius van Daal: 鈥減ara emanciparse del trabajo y del dinero hay que criticarlos en actos cada dos por tres. Es lo que sucede en las luchas colectivas, siempre y cuando escapen al control de los bur贸cratas y los politicastros. Es entonces cuando se esbozan comunidades factibles鈥︹[8].

Recordemos, para cerrar esta modesta reflexi贸n, que los desempleados m谩s o menos cr贸nicos tampoco consiguen, en verdad, escapar de la sombra del trabajo: su b煤squeda constante y dem谩s perturbaciones ligadas al desempleo se vuelve un trabajo penoso y psicol贸gicamente devastador. Dependiendo del grado de exclusi贸n laboral, pueden ir busc谩ndose la vida haciendo de vez en cuando alg煤n trabajo precario, informal, quedarse atrapados en delincuencia, volverse unos emprendedores dentro de una econom铆a sumergida o, sobre todo en el caso de los estudiantes, estudiar m谩s (o hacer pr谩cticas) para engrosar sus curr铆culos esperando su 鈥渙portunidad鈥. Las 8 horas laborales, seguridad social y etc., no forman parte de sus existencias. Est谩n excluidos del Mercado, pero al mismo tiempo, tal exclusi贸n no les permite organizarse fuera de la sociedad, fuera del trabajo. Es una exclusi贸n que los mantiene atados al Sistema. No portan un nuevo mundo en sus corazones, de sus miradas no emana una luz inquietante, fresca y rebelde: reproducen de otra forma la misma miseria que caracteriza a los bien integrados. Este enorme ej茅rcito de hambrientos de trabajo garantiza en todo momento la permanencia de la imposici贸n de esta instituci贸n. Tiene que haber miedo de caerse en el abismo social, tiene que pulular sobre las cabezas de los que tienen un empleo una amenaza del paro con todos los horrores que conlleva. Por eso no nos debe extra帽ar que vivimos en un mundo en que en vez de luchar por su abolici贸n se reivindica m谩s trabajo: un s铆ntoma inequ铆voco del aplastante dominio del Capital sobre la vida. Las palabras que he citado arriba de Gustav Landauer, sobre la evidencia de que no se sale del capitalismo por medio de participaci贸n en sus estructuras vitales, lamentablemente, es muy probable que sigan siendo deso铆das otros cien a帽os m谩s, si es que antes no suceda algo inesperado. Las salidas del capitalismo se nos dibujan como improbables, casi imposibles en nuestros d铆as: se puede criticar el trabajo, claro que s铆, pues se reducir谩 tal rechazo del trabajo a una respetable opini贸n democr谩tica y nada m谩s, pero a la hora de la verdad estas cr铆ticas se guardan en el caj贸n del que nunca se saca nada porque lo que se impone en la vida individual es la dura realidad de la sumisi贸n al trabajo. Pero 驴qui茅n dijo que iba a ser f谩cil levantarse contra el Mundo que nos aplasta con su trabajo y su ocio? 驴Y qui茅n dijo que el que se levanta contra este Mundo es el obediente y sumiso individuo de la masa?


[1] V茅ase su estudio titulado La ideolog铆a del trabajo. Accesible en https://sindominio.net/etcetera/files/74_IDEOLOGIA_TRABAJO_Ellul.pdf.

[2] Eso no quita que haya m谩s o menos mucha gente que, lejos de ver en el trabajo alg煤n tipo de virtud, se lo toma como una condena, como un lastre inevitable del que no se puede escapar, sobre todo por las malas y duras condiciones en que se da.

[3] Landauer, Gustav (2019): Llamamiento al socialismo. Por una filosof铆a libertaria contra el Estado y el progreso tecnol贸gico. Ediciones El Salm贸n, p.123.

[4] 脥dem.

[5] Hay que decir que frente al viejo optimismo en que el progreso t茅cnico nos liberara del trabajo, podemos constatar hoy que, a pesar de tal progreso, parece que trabajamos a煤n m谩s. Esta creencia en el progreso t茅cnico, incluso la fe en que el progreso t茅cnico es intr铆nsecamente revolucionario ha sido una de las peores ideas que se han tenido en el seno del movimiento obrero. Eso ya lo denunciaba Walter Benjamin hace mucho tiempo: 鈥減ara los obreros alemanes el desarrollo t茅cnico era la pendiente de la corriente a favor de la cual pensaron que nadaban鈥 (V茅ase Mate, Reyes (2009): Medianoche en la historia. Comentarios a las tesis de Walter Benjamin 鈥淪obre el concepto de historia. Segunda edici贸n, Editorial Trotta, p.181). Pero este desarrollo, al estar la t茅cnica bajo el 鈥渆mbrujo del capitalismo鈥 (Landauer), lo que ha asegurado es el dominio del capitalismo. Las m谩quinas que han sustituido el trabajo humano no nos han liberado del trabajo, pues es muy evidente que la necesidad de trabajar se ha vuelto m谩s imperiosa que nunca, pues al persistir este dominio del Capital sobre la vida, persiste la necesidad de trabajo, 鈥測a que esa vida propia del Dinero, del Capital, no se alimenta de otra cosa sino de las horas y jornadas de trabajo o tiempo muerto de la gente鈥 (Bredlow, Andr茅s Luis (2015): Ensayos de herej铆a. Pepitas de calabaza, Logro帽o, p.66.). La posible utilidad de las m谩quinas ha sido neutralizada: es posible que con ellas se haya efectivamente reducido el trabajo necesario, pero, como contrapartida, se ha aumentado de una forma considerable el trabajo in煤til y la producci贸n de cosas in煤tiles.

[6] En estos tiempos de pandemia, donde parece haber aumentado el teletrabajo, se podr铆a pensar que, efectivamente, en muchos casos se podr铆a evitar estas horas extra de trabajo en las carreteras y autopistas. Sin embargo, parece la jornada laboral desde casa flexibilizarse y, por ello, corre el empleado el riesgo de perder completamente la noci贸n del tiempo que trabaja y que no trabaja. Es dif铆cil hacer un c谩lculo: lo mismo que puede trabajar menos puede trabajar  m谩s. En muchos casos la presi贸n por acabar proyectos o entregar productos hace que el empleado se autoimponga horarios muy flexibles y estirados a lo largo de todo el d铆a, con horas de mayor o menor intensidad de trabajo. No es raro, adem谩s, que el empleado tenga que mostrar una disponibilidad para el trabajo que con mucho excede las 8 horas por las que le pagan.

[7] Evidentemente, tal cosa no se maquina en ninguna cabeza maquiav茅lica de nadie.

[8] Van Daal, Julius. 鈥淟o que no hay que confundir en cuanto a esclavitud asalariada y rechazo del trabajo鈥. Ep铆logo a Black, Bob (2013). La abolici贸n del trabajo. Tercera edici贸n. Primera edici贸n marzo de 2013. Pepitas de calabaza, Logro帽o, p.62.




Fuente: Ovejanegrarevista.wordpress.com