January 29, 2021
De parte de La Haine
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Alicia Graciana Eguren Vivas fue secuestrada, torturada, probablemente exhibida como trofeo de guerra y m谩s tarde arrojada al mar en lo que conocemos como los vuelos de la muerte. A 44 a帽os, compartimos a modo de adelanto el cap铆tulo 6 del libro de Miguel Mazzeo, Alicia en el pa铆s. Apuntes sobre Alicia Eguren, que se encuentra en el tramo final de armado y pr贸ximo a ser publicado en Argentina.

Antes del cap铆tulo adelanto, transcribimos otro pasaje del libro, significativo en esta fecha, donde el autor reconstruye ese 26 de enero.

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La ma帽ana del 26 de enero de 1977 Alicia conversaba con un viejo amigo, el historiador Ferm铆n Ch谩vez, en el Caf茅 Casablanca en la esquina de Riobamba y Avenida Rivadavia [de Buenos Aires]. Ch谩vez, tal y como lo ven铆an haciendo el resto de sus amigos y sus amigas, de sus compa帽eros y compa帽eras, le insisti贸 en que ten铆a que salir del pa铆s en forma urgente. Alicia parec铆a dispuesta a ceder.

A partir del prontuario policial de Alicia, Seoane propone la siguiente reconstrucci贸n de los hechos:

….Alicia se present贸 en el Departamento Central de la Polic铆a Federal el 4 de enero de 1977; que declar贸 que su destino era Espa帽a e Italia; que estaba divorciada y en tr谩mite jubilatorio; que dio la casa materna -Castro Barros 1134- como domicilio y como referencia personal al doctor Domingo Angelucci con domicilio en Lavalle 1474, piso 5潞 y al viejo colaborador de Cooke, Juan Carlos “Trapito” 脕lvarez, con domicilio en Pozos 140, 1潞 A. En el mismo prontuario, el 6 de enero aparece “observado” el pasaporte por las renovaciones m煤ltiples por extrav铆os.

Se sabe que el 26 de enero, Angelucci concurri贸 a Coordinaci贸n Federal acompa帽ado por su cu帽ado, Juan Maga帽a, y el socio de su ex esposa, Carlos Ogando, a retirar el pasaporte de Alicia. Que ambos esperaron en un bar cercano a Angelucci quien nunca volvi贸. Por esas circunstancias, no es posible afirmar que Alicia y Angelucci ingresaran juntos a buscar el pasaporte.

Angelucci no regres贸 a ese bar porque fue privado ilegalmente de su libertad en el mismo Departamento Central de la Polic铆a Federal. Lo m谩s probable es que Alicia haya estado esper谩ndolo en otro bar, distante, pero no demasiado, de la sede policial ubicada en Avenida Belgrano y Virrey Cevallos, en centro de la Ciudad de Buenos Aires. Una hip贸tesis es que, bajo tortura, Angelucci haya revelado el sitio donde Alicia esperaba. Pero es s贸lo una hip贸tesis. Lo concreto es que antes de las 6 de la tarde del 26 de enero, los dos fueron secuestrados. Todo indica que Alicia fue privada ilegalmente de su libertad en la v铆a p煤blica.

Agrega Seoane: “Alicia hab铆a organizado para las nueve de la noche de ese d铆a una cita con Osvaldo Lavao Vidal, abogado de confianza de su hermana Martha, para realizar un inventario de todo lo que se encontraba en el departamento que ten铆a con John en la avenida Santa Fe 1183, donde viv铆a su hermana con su hijo Christian Wildner”.

Relata Pedro: “A m铆 me llega un telegrama de Aragon茅s, diciendo: ‘tu madre sale en tal fecha’. Yo comienzo a respirar aliviado. Parto de la base de que la operaci贸n va a salir bien. No me dicen c贸mo va a salir de la Argentina, por d贸nde va a salir. El siguiente telegrama dec铆a: ‘tu madre cay贸’…”.(Fragmento del cap铆tulo 12 Alicia Eguren, barro de ma帽ana)

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Cap铆tulo 6 | Amor y militancia en tiempos de la Resistencia Peronista

Las mujeres han servido todos estos siglos de espejos, con la magia y el delicioso poder de reflejar la figura del hombre duplicando su tama帽o natural. Sin semejante poder, la tierra ser铆a a煤n probablemente jungla y ci茅nagas… Los espejos son indispensables para toda acci贸n heroica y violenta. Por ello Napole贸n y Mussolini insisten ambos con tanto 茅nfasis en la inferioridad de las mujeres, porque si no fueran inferiores, ellos dejar铆an de agrandarse.
Virginia Woolf.

Alicia conoci贸 a John William Cooke en el contexto de una actividad organizada por el Centro de Estudios Argentinos (CEA). Concretamente: en una conferencia dictada por John. En realidad se trat贸 de un ciclo de conferencias. No sabemos si Alicia asisti贸 a todo el ciclo o concurri贸 a una conferencia en particular. El CEA funcionaba en un local de la calle Florida 334. El mismo sitio hab铆a albergado, hacia el a帽o 1944, a espacios vinculados a FORJA, como el Club Argentino y el peri贸dico La V铆spera. M谩s all谩 de cuestiones meramente edilicias, entre FORJA y el CEA hab铆a un v铆nculo de continuidad. El director del CEA era Ricardo Guardo, un ex radical devenido peronista en 1945, diputado y presidente de la C谩mara de Diputados durante el primer gobierno de Per贸n y coautor con John de una propuesta de Proyecto de Reforma Constitucional que ser铆a un insumo importante para la Constituci贸n de 1949. El naciente peronismo los convocaba.

En una entrevista para la Revista Panorama del 27 de julio de 1971, Alicia se refer铆a a ese encuentro con John:

“Yo lo conoc铆 en 1946: 茅l ya era diputado y tuvo que dar una conferencia en el centro de estudios que dirig铆a Ricardo Guardo. No lo volv铆 a ver hasta 1955. El 16 de junio, despu茅s de la masacre en la Plaza de Mayo, yo lo busqu茅 para ponerme a su disposici贸n; estaba segura de que 茅l era un hombre de pelea. Reci茅n lo encontr茅 5 d铆as despu茅s del 16 de septiembre, gracias a Jos茅 Mar铆a Rosa.”

Dado que ten铆an inquietudes similares, y amigos y amigas, compa帽eros y compa帽eras en com煤n, es muy probable que, previamente, se hayan producido convergencias en diversos espacios. Simples cruces fugaces. Miradas furtivas. Tal como se帽alamos, m谩s o menos para la misma 茅poca del encuentro en el CEA, Alicia y John tambi茅n coincidieron en la casa de Ernesto Palacio, ex ‘performer’ vanguardista devenido militante del nacionalismo, historiador y diputado peronista. En esta 煤ltima ocasi贸n citados por una corriente historiogr谩fica: el revisionismo hist贸rico. Este encuentro es el que reviste mayor importancia como antecedente del v铆nculo. Sin dudas, Alicia no pas贸 desapercibida para John. Pero John parece ser que s铆 pas贸 desapercibido para Alicia ese d铆a. 驴Por qu茅 Alicia no toma en cuenta ese encuentro que John si resaltar谩?

Alicia, adem谩s, le铆a la revista De Frente, fundada y dirigida por John en 1954. La lectura de De Frente le permit铆a estar al tanto del quehacer pol铆tico-intelectual de John. Adem谩s, pod铆a sentirse reflejada en unas inquietudes y unas posiciones que, por cierto, no eran las que predominaban en el peronismo oficial, en sus dirigencias pol铆ticas y sindicales.

Seguramente a John no se le hab铆a pasado por alto la aparici贸n de la revista Sexto Continente y, muy probablemente, estaba anoticiado del rol destacado de su joven co-editora. Muchos de sus compa帽eros y amigos colaboraban en Sexto Continente y, tambi茅n, en Cultura. John, como Alicia, estaba inmerso en esos ambientes intelectuales afines al peronismo. A fines de la d茅cada del 40 y a comienzos de la d茅cada del 50, Alicia y John son dos intelectuales j贸venes vinculados al peronismo, con un protagonismo relativamente importante: 茅l, un brillante diputado nacional y luego director de una revista exitosa y prestigiosa; ella una profesora universitaria, editora, cr铆tica literaria y poeta con cierto reconocimiento.

Pero su historia en com煤n comienza en 1955 y termina con la muerte de John en 1968. Una transici贸n significativa es inmanente a esta relaci贸n. Significativa porque remite a un proceso hist贸rico colectivo; a una forma de decodificar la lucha de clases, la geopol铆tica, las virtudes y defectos del peronismo y la vida misma. Una transici贸n m谩s que una comuni贸n instant谩nea. Una transici贸n que los fue transformando a ambos, al tiempo que transformaba a una parte de la sociedad argentina. Una transici贸n que, desde el punto de vista ideol贸gico y pol铆tico va de un nacionalismo reformista o “populista”, cada vez menos productivo -por inviable-, al socialismo revolucionario o, para sintetizar, de Juan Domingo Per贸n a Ernesto Che Guevara.

En una carta desde la prisi贸n, muy probablemente desde la c谩rcel de la calle Las Heras, en 1955, John le escribi贸 a Alicia:

Stupity

Cuando Ud, lleg贸 a lo de Palacio, con su sombrero coronado de flores de durazno (驴o ser铆an jazmines?), me dio la sensaci贸n de un bello junco a la espera del vendaval que lo abatiese inmisericorde.

Ud. me dir谩, se帽ora, que desde entonces han pasado diez a帽os y -隆hay!- muchos vendavales. No haga caso del almanaque, se帽ora, que es una obra mezquina de los bur贸cratas del Tiempo. Son otros equinoccios los que rigen para nosotros.

Yo le voy a contar la verdadera historia, la aut茅ntica y real.

De lo de Palacio fuimos a su casa, y hablamos de presidentes depuestos y de pol铆ticos, en la penumbra propicia de un crep煤sculo de primavera. Comimos “chez moi”, Ud. ley贸 versos. Desde entonces, su adorable sonrisa de conejo ilumin贸 mis felices noches de conspirador en desgracia

Ud, se帽ora, aprovech贸 para hacerme v铆ctima de sus artima帽as e insolencias: puso en duda mi indiscutido talento, mis virtudes para el mando y mi condici贸n de jefe; cre贸 serias dificultades a mi acercamiento con el sector femenino del Partido y, en suma, intent贸 tratarme como a otros de sus peleles. Ahora culmina sus desafueros apareciendo en mi celda, a las horas m谩s intempestivas, para intranquilizar mi reposo y turbar mis pensamientos (no crea que me quejo, se帽ora: Ud sabe que nunca me quejo).

En otra carta igual de incandescente aunque menos conocida que la anterior, de un 20 de junio, probablemente del a帽o 56, John le dec铆a:

Se帽ora: El alba me sorprendi贸 inquieto en mi lecho solitario, mientras mis brazos y mi cuerpo se empe帽aban incesantemente en cubrir con imaginer铆as la cruel vacancia de su carne conejil.

Laboriosamente escribo, desde temprano, las cartillas del mensaje pol铆tico, mientras otro mensaje acucioso -fragancia de piel, Ma grieff, voz nasal, ojeras viol谩ceas, susurros- me tiraniza y empuja hacia recodos de sensualidad y ternura. 驴C贸mo estar sin Ud? Ya s茅 que es una tilinga, que me martiriza con su pr茅dica anti-fumast茅rica; que no hace m谩s que criticarme; que mi genialidad pol铆tica sufre la desintegraci贸n a la que la somete su vanidosa jactancia de omnisciente; que no me quiere nada. Todo eso lo s茅 pero, no obstante, “[隆]Oh muerte! [驴]D贸nde est谩 tu aguij贸n?”

Este es s贸lo un fragmento de una carta de amor condenadamente bella. Se suele decir que las cartas de amor son irremediablemente cursis. Puede que esta ayude a contradecir tal sentencia. 驴Qui茅n termina una carta de amor parafraseando la carta de San Pablo a los Corintios?: “驴D贸nde est谩 muerte tu victoria? 驴D贸nde est谩 muerte tu aguij贸n?”, as铆 exclama el ap贸stol en Corintios 15,55. Aunque lo m谩s probable es que John haya tomado esa frase de Primavera Negra de Henry Miller. Su concepto de las escrituras sagradas contemplaba textos ajenos a la Biblia.

Alicia Eguren y el Bebe Cooke en la Penitenciar铆a de Santiago de Chile, en 1957.

Alicia (que para John ser谩 “Alicita”, “Conejo”, “Lapin”, “calamity”) la leer谩 en una oscura celda de la Penitenciar铆a de mujeres de Olmos. La Revoluci贸n Libertadora (que, como veremos, ser谩 “Fusiladora”), la hab铆a catalogado como una “presa peligrosa”. Es claro que las “artima帽as e insolencias” de Alicia est谩n hablando de una relaci贸n que desde el inicio se plante贸 como “de igual a igual”. Alicia se le plant贸 a John como nadie lo hab铆a hecho. Y, algo inusual en un hombre en el contexto de una sociedad machista y patriarcal, es John el que se resiste a ser considerado por Alicia como “uno m谩s”. En efecto, John no es uno m谩s. Ser谩 el gran amor de Alicia. Por eso ella se aparec铆a, como un fantasma, en su celda.

Alicia impugna el prejuicio machista que considera que las mujeres piensan con la matriz, que s贸lo pueden enamorarse de hombres, no de ideas. Ella, claramente, estaba enamorada de algunas ideas. Se enamoraba de los hombres en tanto eran portadores (y ejecutores) de las mismas.

En las cartas que se env铆an de prisi贸n a prisi贸n, no s贸lo se hace presente la cuesti贸n pol铆tica vinculada la organizaci贸n de la naciente Resistencia Peronista. Adquiere una presencia relevante el juego literario de seducci贸n. Por ejemplo, en una carta sin fecha, pero no muy distante de la anterior de 1956, John le escribe:

“Qu茅 cosas puedo hacer para darte seguridad y aventar las aves mal茅ficas? 驴Qu茅 misterio arrancarle a las palabras que te devuelva una tranquilidad que yo cre铆a haberte asegurado para siempre? Tu conoces mejor que nadie. Eres la 煤nica que lo conoce, el inventario que yo puedo ofrecerte y que te he dado 铆ntegramente: ternura, besos, lucha, violencia, aventuras, penumbra, misterio. Una insumisa actitud frente a todo, una rebeld铆a total contra los contenidos de una axiolog铆a convencional, el coraje de mirar de frente a la circunstancia y oponerle los valores intraficables de la esencialidad. Mucho o poco, eso es lo que tengo. Eso soy. Es decir, eso es tuyo.

Te beso tiernamente

A John se le cuela el estilo del radioteatro y de algunas novelas rioplatenses. 驴John exageraba? 驴S贸lo pretend铆a deslumbrar a Alicia? La historia posterior demostrar谩 que no se trataba de promesas vanas.

Las cartas que Alicia y John intercambian desde sus respectivas prisiones atesoran una belleza intensa. No s贸lo por los sentimientos que trasuntan, no s贸lo por el “yo” que exponen sin filtros, incluyendo el “yo” herido, sino porque tambi茅n poseen una inventiva extraordinaria. Son cartas que pocas veces rozan la cursiler铆a caracter铆stica del g茅nero. Y es que se trata de cartas de personas cultas y sensibles que parecen intuir que no quedar铆an iguales a s铆 mismos despu茅s de esa relaci贸n. Son cartas en las que lo privado se diluye en lo p煤blico. En sus p谩ginas podemos detectar una conciencia subyacente sobre las posibles proyecciones pol铆ticas de su encuentro. Una conciencia que ambos poseen.

驴Qu茅 ve Alicia en John? 驴Qu茅 le atrae de 茅l? Para responder estos interrogantes contamos con las im谩genes con las que Alicia evoca a John tres a帽os despu茅s de su muerte: “un joven jacobino solitario en un parlamento t铆mido y heterog茅neo que representa la retaguardia de las masas que acaudillan Eva y Per贸n”, una personalidad excepcional; un representante de “la conciencia pol铆tica revolucionaria creciente, desde su fundamentaci贸n contra las actas de Chapultepec y los acuerdos de Breton Woods”; la voz preclara que, desde las p谩ginas de la revista De Frente, se帽alaba “la alternativa de hierro de un proceso popular: o se profundiza o ser谩 derrotado”.[6] De ese “joven jacobino” se enamora Alicia. De su inteligencia, de su intransigencia, de su voluntad inquebrantable, de su valent铆a. Con el paso de los a帽os, compartiendo vida y militancia, ir谩 descubriendo la dimensi贸n m谩s integral de su compa帽ero.

En una carta a Per贸n del 13 de marzo de 1973, Alicia trazaba el perfil de H茅ctor J. C谩mpora que acababa de ser electo presidente de la Naci贸n. Lo calificaba como un “muy buen hombre leal” pero agregaba que “nunca brill贸 por el coraje, ni por la imaginaci贸n, ni por la audacia”. Es f谩cil deducir los aspectos que Alicia valoraba en un hombre y en los seres humanos en general: bondad, lealtad, coraje, imaginaci贸n y audacia.

M谩s all谩 de los encuentros iniciales y casuales, el reencuentro de Alicia con John se produce en 1955, en un escenario de derrumbe. Poco antes del golpe de septiembre y del derrocamiento del gobierno Per贸n, John hab铆a sido designado interventor del Partido Peronista de la Capital Federal. Y comenz贸 a rodearse de las figuras m谩s combativas del peronismo, al tiempo que consum铆a sus d铆as recorriendo Unidades B谩sicas y sindicatos, tratando de darle contenido pol铆tico a una estructura vac铆a, intentando -contra reloj- poner en funcionamiento una mediaci贸n pol铆tica que, ante el avance de la reacci贸n, aparec铆a cada vez como m谩s necesaria. De a poco comenzaba a delinearse el cookismo.

Una de las primeras cosas que aprendi贸 John es que la independencia pol铆tica de la clase trabajadora no se construye en un par de meses y desde lugares externos. La falta de disposici贸n para la lucha del grueso del peronismo era algo evidente e intu铆a que ese era un dato que no pasaba desapercibido para las clases dominantes y para sus brazos pol铆ticos y armados.

John ser谩 uno de los pocos peronistas que insistir谩 en la necesidad de “armar a la CGT”, esto es, de crear milicias obreras para defender al gobierno. En un momento pol铆tico de riesgo que no habilitaba ninguna forma de oportunismo, Alicia establece contacto con John y “se pone a su disposici贸n”.

Las tensiones entre Per贸n y la oposici贸n ven铆an increment谩ndose aceleradamente desde 1954. Pero el aire destituyente pod铆a respirarse desde 1953. El 15 abril de ese a帽o, durante un acto de la CGT, en la Plaza de Mayo, mientras Per贸n daba su discurso, estallaron dos bombas muy poderosas. Siete personas murieron. Muchas m谩s resultaron heridas. La respuesta no se hizo esperar, grupos identificados con el peronismo incendiaron la sede del Jockey Club en la calle Florida y la Casa del Pueblo del Partido Socialista (PS, antiperonista).

Poco a poco, fue tomando cuerpo una alianza antiperonista integrada por los grandes grupos econ贸micos con sus representaciones directas como la Sociedad Rural Argentina (SRA), la Uni贸n Industrial Argentina (UIA) y la C谩mara de Comercio de la Argentina (CCA). Tambi茅n formaban parte de esa alianza las representaciones indirectas de esos grupos econ贸micos: los partidos pol铆ticos tradicionales, en su mayor铆a antiperonistas. Pero adem谩s de la conformaci贸n de esta alianza opositora, es importante tener en cuenta el deterioro de la alianza peronista. Si en un comienzo la burgues铆a nacional, un sector de las Fuerzas Armadas, la Iglesia y la clase trabajadora apoyaron al peronismo; hacia mediados de la d茅cada de 1950, de estos cuatro sectores, s贸lo los trabajadores y las trabajadoras permanec铆an fieles.

El 11 de junio de 1955, una de las celebraciones religiosas m谩s importantes para la feligres铆a cat贸lica, la procesi贸n del Corpus Christi, devino en un acto abiertamente antiperonista y termin贸 con enfrentamientos entre grupos que apoyaban al gobierno y grupos opositores. Seg煤n la versi贸n oficial, en el Congreso, los opositores arriaron la bandera argentina (que luego quemaron) e izaron una bandera papal. Entonces, el gobierno, a modo de desagravio, propuso un desfile a茅reo para el d铆a 16 de junio. Sin imaginarlo, estaba favoreciendo los planes golpistas. Ese d铆a, en un mediod铆a nublado y desapacible, los aviones North American y Gloster Meteor de la Fuerza A茅rea se agrupaban a la altura de la casa de Alicia en la calle Castro Barros, y desde ah铆 picaban al centro de Buenos Aires, hacia la zona de la Plaza de Mayo, disparando sobre los edificios y las personas. Otro tanto hac铆an los aviones Glen Martin y Beechcraft junto a los hidroaviones Catalina de la Aviaci贸n Naval, desde otros puntos de la ciudad. Los objetivos m谩s codiciados eran la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra. Desde el edificio del Ministerio de Marina, tomado por militares y civiles complotados, se disparaba a mansalva.

En pocos minutos la Plaza y sus inmediaciones se convirtieron en un verdadero infierno. El fuego de la metralla desmenuz贸 cuerpos, desgarr贸 muros, desguaz贸 autom贸viles, compuso un amasijo t茅trico de carne humana, cemento y fierros retorcidos. Un troleb煤s repleto de trabajadores y trabajadoras, de ni帽os y ni帽as que se dirig铆an a la escuela o regresan de ella a sus casas, fue alcanzado por una bomba que penetr贸 por el techo. La onda expansiva mat贸 a todos y a todas. En la Avenida Paseo Col贸n, a la altura de Hip贸lito Yrigoyen, se form贸 un inmenso charco de sangre. Los 谩rboles enclenques, incinerados por las deflagraciones, extra帽aron a las palomas. As铆 fue el “bautismo de fuego” de la Fuerza A茅rea y la Aviaci贸n Naval argentinas: imposible concebirlo m谩s deshonroso. De este modo, las clases dominantes argentinas retomaron su vieja pedagog铆a.

Con el objetivo de asesinar a Per贸n, los militares insurrectos bombardearon la Ciudad de Buenos Aires y causaron la muerte de cientos de personas -entre 200 y 350- y una gran cantidad de heridos y heridas -entre 800 y 1200-. Civiles y militares, pero principalmente civiles. Nunca se supo la cifra exacta de v铆ctimas. El levantamiento militar ten铆a como cabecillas al general Le贸n Bengoa y al contraalmirante Samuel Toranzo Calder贸n. Entre los civiles se destacaban nacionalistas cat贸licos como Mario Amadeo y Luis Mar铆a de Pablo Pardo, y radicales como Miguel 脕ngel Zavala Ortiz.

Fue una masacre perpetrada por el odio de las clases dominantes argentinas, por su estado de postraci贸n 茅tico, por su moral momificada, por su profundo desprecio a la pol铆tica y a la mism铆sima ley que los ampara. Hubo otras masacres antes. Contra las montoneras y los pueblos del interior, en las guerras civiles del siglo XIX. Contra los pueblos originarios, en el genocidio/etnocidio denominado “conquista del desierto”. Contra los trabajadores y las trabajadoras, en la Semana Tr谩gica de 1919 o en la Patagonia, en 1922. Habr谩 otras masacres posteriores, sobre todo durante las Dictaduras Militares, pero tambi茅n en el marco de gobiernos constitucionales. Ese odio -inalterado- es el que suministr贸 y suministra espesor dram谩tico a la historia argentina. No la resistencia y la rebeld铆a del pueblo que, a煤n con sus errores, s贸lo aport贸 y aporta 茅pica.

Los bombardeos a la Plaza de Mayo del 16 de junio constituyen un punto de inflexi贸n en la vida de Alicia. Fueron como una revelaci贸n. Podr铆a decirse que ese d铆a naci贸 como militante revolucionaria, porque ese d铆a tambi茅n asom贸 una subjetividad colectiva, o mejor: se inici贸 un proceso de acumulaci贸n de subjetividad colectiva del lado de las clases subalternas y oprimidas. Al principio fue s贸lo la pura indignaci贸n que obr贸 como madre engendradora. De este modo, bajo el influjo de razones 茅tico-culturales y pol铆tico-morales, la poeta, la activista cultural, la intelectual con cierto grado de “compromiso”, se convirti贸 en luchadora pol铆tica. La militante revolucionaria Alicia Eguren fue parida por la indignaci贸n, con estallidos de bombas y repiqueteo de balas como m煤sica de fondo. Esa indignaci贸n que puso en crisis la hegemon铆a liberal y, por extensi贸n, a buena parte de las instituciones argentinas; desde los partidos de izquierda a la Iglesia Cat贸lica. Despu茅s, en forma ininterrumpida y por simple agregaci贸n, se fueron sumando: la 茅tica de la rebeli贸n, la necesidad imperiosa de actuar, el imperativo de cambiar el mundo, la contra-violencia, el proyecto constructor de la paz pero al precio justo, el esfuerzo por deslastrarse de los valores y las categor铆as del enemigo. Para Alicia, a partir del 16 de junio de 1955, lo cotidiano se torn贸 茅pico.

Despu茅s de los bombardeos, la tensi贸n pol铆tica fue en aumento. La misma noche del 16 de junio, grupos encolerizados, incendiaron -o intentaron incendiar- las principales Iglesias de la ciudad de Buenos Aires: del Socorro, Santo Domingo, San Francisco, San Miguel, San Ignacio, La Merced, entre otras. Tampoco se salv贸 la Catedral. El rol pol铆tico de la Iglesia como eje aglutinante del anti-peronismo era demasiado evidente como para pasarlo por alto, especialmente ese d铆a.

Finalmente, en septiembre de 1955, un levantamiento militar autodenominado Revoluci贸n Libertadora, que se inici贸 en C贸rdoba y luego se extendi贸 al resto del pa铆s, derroc贸 a Per贸n y lo oblig贸 a exiliarse. Per贸n renunci贸, no llam贸 a un levantamiento popular en defensa de su gobierno, es m谩s: lo desalent贸 desde el principio, m谩s all谩 de alg煤n que otro discurso encendido.

Por cierto, desde el 17 de octubre de 1945, Per贸n se dedic贸 sistem谩ticamente a evitar la reedici贸n de un acontecimiento en esa clave: la movilizaci贸n de masas como una forma de resolver conflictos sociales y pol铆ticos. La lealtad instituida a Per贸n se convirti贸 en deslealtad al 17 de octubre y a sus significados instituyentes. John y el grupo m谩s activo de militantes del Partido Peronista de la Capital estaban perplejos frente a lo que interpretaban como una absurda rendici贸n. No pod铆an creer que ese fuera el final. Lo mismo Alicia.

Per贸n, maestro en el uso paciente del tiempo, eligi贸 la espera, la dilaci贸n. Para Alicia y John, Per贸n sobrevaloraba esa variable central de la estrategia. Ella y 茅l les asignaban prioridad a los actores y a las actrices, a las operaciones, a los medios. Sus estilos pol铆ticos eran divergentes de los del General. Para Alicia y John la pol铆tica era desborde. Para Per贸n la pol铆tica era el juego del perpetuo balanceo. El terreno m谩s propicio para Per贸n no era precisamente el de los combates decisivos. En distintos momentos de su extensa trayectoria pol铆tica podemos ver al General haciendo ingentes esfuerzos por evitarlos. Pocos a帽os m谩s tarde, Alicia y John ser谩n testigos de actitudes igualmente decepcionantes.

Una vez derrocado Per贸n, asumi贸 la presidencia el general Eduardo Lonardi. De inmediato, se mostr贸 dispuesto a dialogar con los dirigentes sindicales, en su gran mayor铆a identificados con el peronismo. Mientras tanto, comandos civiles, asaltaban sindicatos a punta de pistola. Pero a poco m谩s de un mes de asumir, los sectores cerrilmente antiperonistas de la civilidad y de las Fuerzas Armadas, representados por el general Pedro Eugenio Aramburu y por el Contralmirante Isaac Rojas, lo obligaron a renunciar. El primero asumi贸 la presidencia y comenz贸 a perseguir a los dirigentes sindicales y pol铆ticos identificados con el peronismo. Los sindicatos fueron intervenidos y el Partido Peronista fue proscripto. Incluso, a trav茅s del decreto 4161, se lleg贸 al absurdo de prohibir la simple pronunciaci贸n de los nombres “Per贸n”, “Eva Per贸n” y toda referencia u ostentaci贸n de simbolog铆a partidaria relacionada con el peronismo. El proyecto encabezado por el tandem Aramburu-Rojas era, sin m谩s, la “desperonizaci贸n” de la Argentina. Un intento de suprimir de la memoria colectiva la experiencia de diez a帽os de gobierno peronista. Como veremos, los efectos de estas pol铆ticas fueron exactamente los opuestos a los esperados.

En el contexto de un plan de “reestructuraci贸n de los estudios superiores”, se sancion贸 el decreto ley 6403 que despojaba de todas sus c谩tedras a los y las docentes afines al peronismo. De este modo, Alicia se quedaba sin posibilidades de trabajar. Una franja importante de la intelectualidad argentina, adem谩s de subestimada, quedaba excluida del Estado. Seguir谩 produciendo, pero ahora fuera del Estado, con el Estado en contra. Comenzar谩 a repensar el peronismo, la Argentina. El desapego institucional forzado contribuir谩 a la radicalizaci贸n de muchos y muchas.

En los subtes de la ciudad de Buenos Aires, como un western lunfardo, un d铆a aparecieron carteles con los rostros de Alicia y John y el r贸tulo: “Buscados”. Alicia experimentar谩 por primera vez la condici贸n de clandestina.

El represor Prospero Germ谩n Fern谩ndez Albari帽o, alias “Capit谩n Gandhi”, que actuaba bajo la 贸rbita del Subjefe de Polic铆a Aldo Luis Molinari, estaba tras los pasos de la “Doctora Eguren”. El “Capit谩n Gandhi” era un psic贸pata que, entre otras costumbres, sol铆a exhibir la cabeza de Juan Duarte conservada en formol (el hermano de Eva Per贸n se hab铆a suicidado en abril de 1953, pero la oposici贸n al peronismo prefer铆a creer que hab铆a sido mandado a asesinar por el propio Per贸n). Hasta el padre Castellani fue detenido e interrogado por este personaje que, con absoluta arbitrariedad, buscaba obtener datos que lo condujeran a Alicia.

En una 茅poca temprana, antes de la Revoluci贸n Cubana, antes de que una visi贸n ultraliberal comenzara a considerar intercambiables los t茅rminos peronismo y comunismo, Alicia y John ya comenzaban a ser tildados de “agentes de la subversi贸n comunista internacional”, sin que ninguno de ellos tuviera v铆nculos con pa铆ses o partidos comunistas. Alicia y John se estrenaban como las b锚tes noires de la “gran conspiraci贸n mundial”.

Frente a la ofensiva gorila -una ofensiva con inocultables contenidos de clase-, los sectores populares reforzaron su identidad peronista e iniciaron una serie de acciones contra la dictadura militar: huelgas, sabotajes, actos de desobediencia civil. A veces organizadas, otras espont谩neas. El conjunto de estas acciones se conoce con el nombre de Resistencia Peronista. Su objetivo principal era el retorno de Per贸n. Pero la Resistencia Peronista tambi茅n fue la respuesta defensiva de los trabajadores y las trabajadoras contra el hostigamiento de los patrones y contra la represi贸n del gobierno militar que derroc贸 a Per贸n en 1955. A pesar del protagonismo de los trabajadores y las trabajadoras, la Resistencia Peronista no se plante贸 espec铆ficamente el reclamo por mejores salarios, fue b谩sicamente una lucha, en cada lugar de trabajo, en defensa de las condiciones laborales y sindicales logradas durante el gobierno peronista. Al decir de Alejandro Horowicz, una suerte de “luddismo nacional”.

Entonces, Alicia va a buscarlo a John a la sede del Partido Peronista, en Riobamba y Cangallo. Se pone al servicio -“a disposici贸n”- de ese “joven jacobino”, talentoso y desmedido, que contrastaba con el resto de la dirigencia pol铆tica y sindical peronista: bur贸cratas y meros ap茅ndices del Estado, comparsas del poder, melindrosos y aburridos, maniobreros sin imaginaci贸n, solmenes y cerosos, ceremoniosos estrechadores de manos y acomodaticios. Personajes menores, incapaces de exceder los lugares comunes y las verdades evidentes. Per贸n, que lo hab铆a relegado por aut贸nomo y perturbador, lo convoca en el momento infausto. Tengamos presente que John, despu茅s de destacarse como parlamentario, no reeligi贸 su banca, y que, aunque haya sido presidente de la Comisi贸n de Asuntos Constitucionales de la C谩mara de Diputados y uno de los redactores de un proyecto de reforma constitucional, no integr贸 las listas de convencionales constituyentes para la Convenci贸n de 1949. Pag贸 de ese modo el costo de la independencia en el pensar y en el hacer.

La relaci贸n entre Alicia y John, una relaci贸n de “herejes”, de “exc茅ntricos”, se consolida en la clandestinidad. Poco despu茅s del golpe, Cooke es detenido, m谩s precisamente en octubre de 1955. Pas贸 todo el a帽o 1956 en prisi贸n y hasta marzo de 1957 deambul贸 por distintas c谩rceles del pa铆s, cuando protagoniz贸 una espectacular fuga a Chile desde el penal de R铆o Gallegos.

En ese tiempo Alicia tambi茅n conoci贸 la c谩rcel. Fue detenida por primera vez el 19 de octubre de 1955. Pas贸 un d铆a detenida. Acusada de asociaci贸n il铆cita y conspiraci贸n para la rebeli贸n, volvi贸 a ser detenida, y esta vez incomunicada, el 26 de noviembre. Esa detenci贸n demand贸 un enorme despliegue represivo.

Seg煤n el relato de Pedro:

“Ese d铆a a m铆 me operan de Adenoides. Mam谩 ya estaba clandestina y viene a la ma帽ana al hospital para la operaci贸n. Una vez que me operan, se raja. Pero despu茅s pasa por la casa de Boedo, por la noche, para verme y ah铆 la agarran. Mi abuela le dice: -隆Qu茅 hac茅s aqu铆! Mam谩 cae por ir a verme a la casa de Castro Barros. Yo estaba escupiendo sangre en una palangana […] Yo estaba en una cama, con una metralleta de juguete, con luces, que era toda una novedad para la 茅poca, un invento del argentino Rodolfo de Luca. Entran primero los civiles del SIN [Servicio de Inteligencia Naval]. Entonces les hago a los milicos como que les tiro con la ametralladora de juguete. Yo ten铆a 7 a帽os. Entonces agarran la palangana llena de sangre y me la vac铆an en la cabeza. Yo nac铆 en la violencia.”

El Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE), dirigido por el general Domingo Quaranta, hab铆a lanzado una implacable persecuci贸n contra los y las peronistas. Pero, adem谩s, Alicia estaba “marcada” por el SIN. Un comando conjunto del Ej茅rcito y la Marina encabezado por el general Juan Jos茅 Uranga rode贸 la manzana de la casa del barrio de Boedo donde se encontraba Alicia y con altavoces amenazaron con volarla si ella no se entregaba. Enga帽ada por la quietud de los techos, intent贸 una temeraria hu铆da por las terrazas. En pocos segundos evalu贸 v铆as de escape. Calcul贸 distancias y alturas. Pero fue imposible. La sacaron a los empujones, a las patadas, tir谩ndole de los pelos y la arrojaron en la caja de un cami贸n del Ej茅rcito.

A pesar de que la pr谩ctica de Alicia encajaba perfectamente en las mencionadas figuras del C贸digo Penal (harto flexibles, por cierto), fue sobrese铆da y liberada el 21 de diciembre. Pero apenas una semana m谩s tarde cay贸 sobre ella una nueva orden de captura. Ahora se la acusaba de “peligrosa organizadora” (de delitos colectivos). Esta vez le fue negado el habeas corpus con salida del pa铆s y atenci贸n m茅dica. Permaneci贸 en prisi贸n hasta el 15 de noviembre de 1956, cuando fue nuevamente sobrese铆da y liberada. O sea, pr谩cticamente un a帽o completo.

Alicia fue tratada con especial sa帽a por estar vinculada a John y, claro est谩, por ser mujer. Una mujer “desobediente”. Debi贸 lidiar con seres ora dengosos y oportunistas ora insensibles y demenciales, invariablemente embriagados de poder. Los carceleros y las carceleras, incluyendo a las monjas, no le ahorraron humillaciones. Como alimento le suministraban un bodrio indigerible cuyo objetivo no era otro que deteriorar su salud, debilitarla f铆sicamente y minar su voluntad. Entre paredes apenas enjalbegadas, el fr铆o de las baldosas le trepaba por las piernas hasta los muslos y le helaba el abdomen. En algunas noches g茅lidas, cuando el desasosiego se tornaba febril, cuando la indignidad del cautiverio se convert铆a en algo insufrible, Alicia escrib铆a poemas. Lamentablemente no se han conservado. Nunca dejaba de escribir cartas. Caras pol铆ticas. Cartas de amor. A veces indiferenciables.

Buena parte del tiempo que pas贸 en la c谩rcel Alicia estuvo muy enferma. Fue “interrogada” en la sede del SIN.

Seg煤n el relato de Mar铆a Seoane:

“El interrogatorio estuvo a cargo de Uranga, que le aplicaba la picana acus谩ndola ser “la pareja conspiradora del dirigente John W. Cooke” […] Uranga se recost贸 en su asiento, puso los pies sobre la mesa y comenz贸 con las preguntas. Alicia lo desafi贸 antes de que la arrastraran a la sala de tortura:

-Est谩 usted ante una mujer. Hasta que no baje sus patas sucias no pienso abrir la boca. Usted es una bestia, no un caballero.”

Pocos a帽os despu茅s, en un art铆culo, Alicia recordar谩 a ciertos “j贸venes ‘libertadores’ que portaban innecesarias ametralladoras, de la Marina, del Ej茅rcito, que nos insultaban en su idioma afeminado [sic], que nos empujaban, que nos golpeaban y torturaban…”, recuperar谩 la imagen de unos “malcriados que tiraban sus zapatos por el aire y descalzos y con los pies cruzados sobre el escritorio mezclaban sus interrogatorios con loas a la ‘democracia’ e insultos al ‘tirano depuesto’…”.

Pero ni la brutalidad obscena de sus captores, ni las torturas, ni la enfermedad pudieron menoscabar su car谩cter. Como vimos, Alicia, sin dejar de ser el “bello junco a la espera del vendaval” siempre fue una mujer “asc茅tica”, “dura”, “indomable”, “rebelde”, con una seguridad arrolladora. Absolutamente todos los testimonios coinciden en calificativos de esa 铆ndole.

Los y las militantes de base, los y las protagonistas de la Resistencia Peronista, no pasaron por alto la intransigencia de Alicia que comenz贸 a adquirir prestigio y predicamento entre los y las peronistas resistentes. Un Bolet铆n de circulaci贸n clandestina, la nombraba “Alicia de la Patria” y la defin铆a como “una conductora nata” y como “un alto exponente de la intelectualidad argentina, que al producirse el caos en el que se debate la Patria, sali贸 a defender la doctrina justicialista y a organizar el movimiento de liberaci贸n”. Alicia segu铆a a pie juntillas la recomendaci贸n y el ejemplo de John, alimentaba el fervor del pueblo con hechos heroicos.

En esa l铆nea, supo ser una de las presas “lieras” del peronismo; en la C谩rcel del Buen Pastor, en el barrio de San Telmo, a pocas cuadras de la Plaza de Mayo, o en la Penitenciar铆a de mujeres de Olmos, en cercan铆as de la ciudad de La Plata.

Seg煤n el abogado Fernando Torres:

“Hab铆a un problema porque estaban presas las mujeres de la Resistencia, por los hechos posteriores a septiembre de 1955, como Norma Kennedy, Lala Garc铆a Mar铆n (la t铆a Lala) y Alicia Eguren y las presas viejas, como Delia Parodi y Juana Larrauri, que estaban presas por haber sido legisladoras… y no quer铆an lola [l铆os]. Las otras las volv铆an locas a las monjas de Humberto I. Tanto, que un d铆a las llevaron a La Plata, a la c谩rcel de Mujeres de Olmos, porque todos los d铆as hab铆a peleas con ‘las jerarcas’. Conspiraban permanentemente, hac铆an l铆o por las requisas, por los paquetes, por todo. Las legisladoras buscaban el modo de salir cuanto antes y sus compa帽eras batifondeaban [sic] desde la ma帽ana hasta la noche. Yo las defend铆a a todas. En la sala de abogados me encontraba con los dos grupos, con las lieras y las moderadas. 隆Unas discusiones!”.

Ana Carmen Macri fue una de las presas “viejas”, una de las ex diputadas que comparti贸 celda con Alicia en la c谩rcel del Buen Pastor. En el testimonio recabado por Mar铆a Seoane, Macri se帽ala la actitud de su compa帽era que, detenida y con la salud quebrantada, conspiraba d铆a y noche, redactaba panfletos y cartas, se las ingeniaba para organizar diversas acciones en “el afuera”, vali茅ndose de las visitas de su familia. Sus padres y su hijo, adem谩s de acostumbrarse a verla en la c谩rcel, estuvieron involucrados desde el comienzo en las redes conspirativas de Alicia. Seg煤n Macri: “Alicia no era antip谩tica, pero si fr铆a para el trato. Ella ten铆a una modalidad distinta, un modo de pensar distinto. Quer铆a convertir al movimiento en lo que ella era: una persona de izquierda”.Todo sugiere que la “frialdad en el trato” estaba dirigida a destinatarios y destinatarias puntuales. No era una caracter铆stica de la personalidad de Alicia. En lo concerniente a su relaci贸n con Alicia, Macri ser谩 tajante, dice en su biograf铆a pol铆tica: “no nos pon铆amos de acuerdo, ella era marxista”.

Las presas “lieras”, Alicia incluida, eran las que no se resignaban a las condiciones impuestas por los carceleros. Los insultaban. Puteaban. Cantaban la marcha peronista. Ratificaban las convicciones en los interrogatorios. En carta al director de la revista Qu茅, Mama Ina denunciar谩 p煤blicamente la situaci贸n por la que atravesaba su hija: “Me dirijo a Ud, por medio de la presente a fin de hacerle conocer la circunstancia de que pr贸ximamente se cumplir谩n catorce meses de la detenci贸n de mi hija la doctora Alicia Eguren a disposici贸n del poder Ejecutivo, hecho que se agrava a煤n m谩s por su precario estado de salud y sin la atenci贸n m茅dica necesaria”.

El 9 junio de 1956 se produjo un alzamiento militar liderado por el general Juan Jos茅 Valle, secundado por el general Ra煤l Tanco y el teniente coronel Oscar Lorenzo Cogorno. Desde sus c谩rceles respectivas, Alicia y John abrigaban expectativas en esta iniciativa. Sin embargo, no ten铆an contacto directo con los organizadores del alzamiento. Es m谩s, en extensos sectores del peronismo predominaba la desconfianza, especialmente en Per贸n. Los insurrectos llegaron a tomar el Regimiento 7 de la ciudad de La Plata y el Cuartel General de Santa Rosa, en la provincia de la Pampa.

Pero por falta de apoyo, por errores de coordinaci贸n, en fin, por las limitaciones de la conducci贸n estrat茅gica, el movimiento fracas贸. Aramburu dict贸 la pena muerte y el gobierno militar fusil贸 a los responsables directos, oficiales y suboficiales y, en los basurales de Jos茅 Le贸n Su谩rez y en la Unidad Regional de Lan煤s, hizo lo propio con grupos de civiles. En total fueron 27. El general Valle fue fusilado en la Penitenciar铆a Nacional de la calle Las Heras, en la ciudad de Buenos Aires, el 12 de junio de 1956, a las diez y veinte de la noche. Algunos fusilados “sobrevivieron” y esa paradoja sirvi贸 para que Rodolfo Walsh diera a luz ese libro clave de nuestra literatura que es Operaci贸n Masacre. La operaci贸n y la masacre tambi茅n parieron al militante-escritor Rodolfo Walsh. As铆, la Revoluci贸n Libertadora pasaba a ser Revoluci贸n Fusiladora. Ese 9 de junio de 1956, al igual que John, Alicia fue sometida a juicio militar sumario y debi贸 soportar un plus de malos tratos, incluido un simulacro de fusilamiento.

El 14 de junio de 1956, Quaranta acrecent贸 su fama como represor al invadir -literalmente- la embajada de Hait铆. El general Tanco y otros militares part铆cipes del alzamiento contra la Revoluci贸n Fusiladora buscaron asilo en esa sede diplom谩tica. El embajador, el poeta Jean Fernand Brierre, hab铆a prestado su consentimiento. Pero a Quaranta no le import贸. Al frente de un comando armado hasta los dientes ingres贸 por la fuerza a la embajada, violando flagrantemente el derecho internacional, y sac贸 a los militares refugiados dispuesto a fusilarlos en plena calle, pero depuso su actitud ante la presencia de innumerables -y circunstanciales- testigos. En ese momento Brierre no se hallaba en el edificio. Th茅r猫se Brierre, su esposa, a los gritos, se interpuso a los militares invasores. Quaranta la apart贸 de un empuj贸n. -“Callate negra hija de puta”, le espet贸, con la cara desencajada y los ojos desorbitados cruzados por cien venas como hilos rojos y azules.

En noviembre de 1956 Per贸n design贸 a John como su delegado y “heredero”. A partir de ese momento, Alicia y John compartir谩n la patriada y la matriada de la Resistencia Peronista y todos los pormenores vinculados a la firma del pacto entre Per贸n y Arturo Frondizi, para pasar, poco despu茅s, a organizar una “insurrecci贸n” que hiciera posible el retorno del primero y para dirigir la oposici贸n “dura” al gobierno del segundo.

En una de sus primeras cartas desde la C谩rcel Alicia dice: “Lo 煤nico que lamento de esta c谩rcel es que mi acci贸n de resistencia haya sido tan breve (apenas dos meses) aunque, como le explicar谩 J. fruct铆fera result贸”. No era exactamente as铆. Alicia desarroll贸 desde las c谩rceles una actividad pol铆tica intensa. El confinamiento no la anul贸 como “comando operacional”. Entre otras cosas Alicia logr贸 establecer contacto con los miembros de Comando Nacional del Partido Peronista, con C茅sar Marcos y Ra煤l Lagomarsino. En un primer momento les cuestion贸 la omisi贸n en su “Manifiesto Fundacional” de los nombres de Alejandro Leloir y Cooke y los tild贸 de advenedizos y sectarios aunque les reconoci贸 el derroche de valent铆a y hero铆smo. En l铆neas generales, la actividad de Alicia desde las c谩rceles estuvo orientada a consolidar la posici贸n de John, a fortalecer su liderazgo en el peronismo, ya desde antes de ser designado delegado por Per贸n.

Alicia tambi茅n estableci贸 contacto con Per贸n, el “comando estrat茅gico”. En la que muy probablemente sea su primera carta al General manifiesta su decepci贸n con Leloir, el presidente del Consejo Superior del Partido Peronista y el principal rival pol铆tico de John al interior del peronismo en ese momento:

“El doctor Leloir, desde que se encuentra en la c谩rcel de Caseros […] hace llegar a cuantos solicitan sus consejos “no enfrentar ninguna acci贸n, estar a la expectativa, dejar que los acontecimientos se produzcan”. Y me resulta terriblemente doloroso decirlo por la secuela de desencuentros, desorientaci贸n y des谩nimo que llev贸 y lleva a mucha gente nuestra, y tambi茅n porque me cont茅 entre las personas que -a煤n convencida de sus verdaderos kilates[sic]- colabor茅 en muchas formas para consolidar su nombre, con la 煤nica finalidad de hacer del movimiento de resistencia un todo unido y cohesionado.”

Como representante de la burocracia pol铆tica del peronismo, como genuino exponente de “l铆nea blanda” frente a la Revoluci贸n Fusiladora, Leloir comenzaba a erigirse en la contrafigura de John, referente de las “bases” y la “intransigencia”. Alicia criticaba la “inercia” y la “abulia” de Leloir, su tendencia buscar soluciones “de transacci贸n” con la dictadura militar y sus recelos con el sector ortodoxo, intransigente y combativo que, para ella y para muchos y muchas m谩s, encabezaba John. Le cuenta a Per贸n sobre las maniobras ocultas de Leloir, sobre sus ambiciones, apenas disimuladas, de ser candidato de un futuro “Frente Popular” con el apoyo de Vicente Solano Lima, Le贸n Bengoa, Juan Atilio Bramuglia y Arturo Frondizi, entre otros. Para Alicia hab铆a hombres y mujeres para los tiempos de bonanza y hombres y mujeres para los tiempos de tormenta. Ella y John eran una mujer y un hombre de tormentas. A tono con los tiempos que viv铆a el pa铆s.

Al modo de John, Alicia le pide a Per贸n que asuma definiciones pol铆ticas claras. Le pide directivas espec铆ficas y no tan gen茅ricas. Le pide palabras que conjuren la ambig眉edad. Palabras que achiquen el extenso abanico de interpretaciones. Palabras precisas, sin disfraces. Palabras m谩gicas. 驴Se lo pide antes que John?, es muy probable. En ese caso deber铆amos tener en cuenta que las futuras demandas pol铆ticas de John al General fueron realizadas “al modo de Alicia”:

“Querido General: el pueblo peronista est谩 totalmente con Per贸n, pero mientras Per贸n no aclare expresamente y, en forma expl铆cita y difundida cu谩l es la l铆nea a seguir, si la de Leloir o [la de] Cooke, la confusi贸n ser谩 terrible. Los medios de difusi贸n con los que contamos son angustiosamente escasos. Con en茅rgicas l铆neas suyas quedar谩 salvada una crisis divisionista que ya existe.”

Alicia participa activamente en la coordinaci贸n estrat茅gica de la Resistencia Peronista. La casa de la calle Boedo se convirti贸 en un 谩mbito de operaciones estrat茅gico, una especie de oficina de correos clandestina, un centro de distribuci贸n de mensajes encriptados, de cartas en tinta lim贸n. Alicia y su familia, sobre todo su madre y su hijo, que en 1955 ten铆a 7 a帽os. Incondicionales de Alicia, abuela y nieto cumpl铆an las misiones m谩s riesgosas. Ambos se hicieron diestros en la acci贸n clandestina. Cuenta Pedro:

“Mi casa de la calle Castro Barros, en Boedo, es una casa hist贸rica. En la esquina de Castro Barros y San Juan hab铆a una farmacia que se llamaba Tamborini. Las dependientes eran dos compa帽eras de la Resistencia. Todos los correos de los ca贸ticos comandos de la Resistencia pasaban por la Farmacia. Nosotros ten铆amos la casa copada por el SIN. Viv铆amos con los marinos. Pero los marinos no sab铆an que en las cajas de aspirinas o en los medicamentos que tomaba mi abuela, ven铆an todos los mensajes microfilmados de la Resistencia. Eso se hac铆a llegar a Chile. Los llev谩bamos con mi abuela en tren hasta la frontera, y despu茅s los pas谩bamos a Chile. As铆 llegaban al Bebe y al comando. Como mi abuela sab铆a que la iban a requisar en la frontera, yo llevaba los mensajes adentro de la corbata. Jam谩s se dieron cuenta. Cuando se la llevaban a mi abuela para la requisa yo me quedaba todo cagado. Yo sab铆a muy bien lo que estaba haciendo. Nunca me lo ocultaron, La Resistencia no fue una boludez.”

Ni un poco exageraba Alicia cuando, a帽os m谩s tarde, el 1潞 de febrero de 1973, le comentaba a Per贸n en una de sus cartas:

“Mi hijo Pedro, militante de la juventud, que empez贸 a militar a los 6 a帽os, cuando ud. cay贸 y a m铆 me metieron presa, sacaba la correspondencia pol铆tica de su madre y de John. Acaba de salir de la c谩rcel y me pide le env铆e su m谩s fuerte y emocionado abrazo y recuerdo. Mucho me gustar铆a [que 茅l] pudiera ir a verlo. Es lo que me pide siempre. Todos nuestros compa帽eros por mi intermedio le hacemos llegar un especial y afectuoso saludo. Igualmente a Isabelita.

Un abrazo.

Alicia Eguren de Cooke.”

Unos d铆as despu茅s, en otra carta, Alicia le reitera a Per贸n “Mi hijo, de una manera casi milagrosa, zaf贸 de la C谩mara del terror y est谩 en libertad…”. Hacia el a帽o 1973 Pedro era un veterano militante de 24 a帽os.

Pero regresemos a los d铆as de la Resistencia Peronista, cuando John era el delegado de Per贸n. En carta del 11 de abril de 1957, Cooke, por primera vez, le cuenta de Alicia a Per贸n. Una clara se帽al de que la relaci贸n iba “en serio”:

“Le adjunto recorte de la revista Qu茅, donde se habla de los presos pol铆ticos y se hace menci贸n del caso de mi novia, Alicia Eguren. La pobrecita est谩 bastante enferma, pero cuando despu茅s de noviembre le ofrecieron la opci贸n se neg贸 a aceptarla por solidaridad conmigo, a pesar de mi insistencia en que saliese del pa铆s. […] Los Servicios de Informaciones la tienen fichada como “organizadora peligrosa” y la energ铆a y agresividad de sus declaraciones ante ellos contribuye a que se opongan a que se la deje en libertad […] Yo no la conoc铆a sino por haberme sido presentada hace diez a帽os. Despu茅s del 21 de noviembre se present贸 ante m铆 y me rog贸 que la incorporase al movimiento para luchar por la vuelta de Per贸n, ofreci茅ndose para las cosas m谩s peligrosas.”

Luego le cuenta sobre la actuaci贸n de Alicia ya fuera de la c谩rcel, organizando c茅lulas femeninas y reuniones con distintos grupos de activistas, clandestinos en su inmensa mayor铆a. Define su v铆nculo con Alicia -en el contexto de la Resistencia Peronista- como un “idilio triste y profundamente alegre al mismo tiempo”.

Finalmente, el 30 de abril, un decreto de expatriaci贸n le otorg贸 a Alicia la opci贸n para salir del pa铆s, por v铆a a茅rea. Si inici贸 un per铆odo engorroso. Alicia se niega a partir por v铆a 谩rea, esgrime razones econ贸micas y de salud. Solicita hacerlo por v铆a mar铆tima. Dado que est谩 separada de Catella desde 1949, su padre debe encargarse de los tr谩mites. Coordinaci贸n Federal s贸lo autoriza su salida por v铆a a茅rea. Alicia insiste. El 7 de mayo vuelve a ser detenida. Pasa por distintos hospitales, donde le realizan diversos estudios, hasta que los m茅dicos diagnostican una afecci贸n en el o铆do que desaconsejaba el viaje en avi贸n. Era lo que Alicia quer铆a. En 7 de junio se embarca con destino a Galicia, Espa帽a, en un vapor, el Lumiere, que terminaba su recorrido en B茅lgica. Seg煤n el relato de Seoane, la polic铆a se encarg贸 de evitar todo contacto de Alicia con Mama Ina y Pedro que hab铆an llegado al puerto con el objeto de despedirla.

Pero esa ma帽ana fr铆a de un oto帽o donde el inverno ya se insinuaba, Alicia no estuvo sola en el muelle del puerto de Buenos Aires. Hay una foto que registra el momento previo a abordar. Alicia aparece flanqueada por dos personas que se las ingeniaron para acompa帽arla. A la derecha, su padre, Ram贸n, Nono. A la izquierda, la “Negra Chancalay”, compa帽era de Alicia, “criolla de ley” y una de las “t铆as” de las Resistencia Peronista que sonr铆e con picard铆a, casi como ajena a la situaci贸n que no entra帽aba otra cosa que una deportaci贸n. En realidad, la Negra Chancalay conoc铆a el plan que estaba en pleno desarrollo. Se sab铆a parte de una especie de enjambre de hormigas en faena. Alicia tiene un tapado corto de piel negra, una falda entallada a la altura de las rodillas. El pelo atado. Est谩 agotada. El rostro demacrado trasunta los estragos carcelarios. En el fondo, el casco opaco del Lumiere oficia de silencioso testigo.

El Lumiere hac铆a su primera parada en el puerto de Montevideo. Alicia, en combinaci贸n con hombres y mujeres de la Resistencia Peronista instalados e instaladas en la capital uruguaya, y con la ayuda de algunos marineros, logr贸 bajar de ese barco y perderse entre el gent铆o, la leve y confusa niebla y el gris del puerto. Seguramente Alicia era consciente de que estaba reeditando una pr谩ctica que, medio siglo antes, hab铆a sido habitual para aquellos anarquistas a quienes el Estado argentino les hizo sentir los rigores de la Ley de Residencia (1902). Deportados a Europa, a Italia por lo general, aprovechaban la obligada parada montevideana para escaparse.

Del Uruguay, Alicia parti贸 de inmediato a Santiago de Chile, donde se reencontr贸 con John. Pocos meses despu茅s de que John se fugara del Penal de R铆o Gallegos Alicia tambi茅n protagoniz贸 una fuga. Su fuga. Como hero铆na, Alicia no pas贸 por alto ninguna instancia del esquema inici谩tico: conoci贸 situaciones de peligro, afronto pruebas dif铆ciles, etc茅tera.

Una vez en Chile, Alicia se sum贸 a la divisi贸n operaciones y se convirti贸 en miembro del Comando Superior Peronista. De nuevo, la 煤nica mujer. En forma inmediata se suma a las tareas de difusi贸n de las directivas de Per贸n (voto en blanco) de cara a la Constituyente de 1957.

Alrededor de julio de 1957, en carta a Per贸n, John le comenta:

“Durante la semana transmitimos con tres radios clandestinas: Radio C贸ndor […] Radio Militar Justicialista y otra radio que utilizaban los compa帽eros Mario Assad y Alicia. Se grab贸 una audici贸n con la marcha “Los muchachos peronistas”, su “Declaraci贸n del Movimiento Peronista”, unas palabras m铆as, un “Comunicado del Comando Coordinador Gremial”, un “Mensaje a las Mujeres de la Patria”, grabado por Alicia pero transmitido como de “una compa帽era” y la directiva para la elecci贸n.”

Unas fotos registran los d铆as del reencuentro de Alicia y John en Chile. Alicia tiene el pelo corto, al cuello. Un cuello que surge blanco de un su茅ter liviano. Est谩 espl茅ndida, despejada de los efectos del encierro. John ha perdido algunos kilos. Se los ve felices, serenos y seguros. Se adivina un ambiente de recatada celebraci贸n, de hechizos al aire libre. La tarea que tienen por delante es inmensa, pero pueden estar juntos despu茅s de dos a帽os. Y adem谩s son dial茅cticos y optimistas. En octubre Alicia y John se casan en Santiago “v铆a M茅xico”, dado que Alicia no estaba divorciada de Catella y en Argentina no exist铆a una ley de divorcio. Se conserva una tarjeta que dice: “John William Cooke y Alicia Eguren participan a Ud. su matrimonio efectuado en la ciudad de M茅jico, Santiago, octubre de 1957”.

Entre fines de agosto y principios de septiembre de 1957, el interventor de la CGT convoc贸 a un congreso al que concurrieron los gremios normalizados. Al no reconocer el oficialismo a la mayor铆a peronista, el congreso se fractur贸, por un lado quedaron las “62 organizaciones” (peronistas y comunistas) y por el otro “las 32” (los gremios “democr谩ticos” u oficialistas). Poco m谩s tarde los sindicatos comunistas se separaron de las 62 y constituyeron “las 19” o el Movimiento de Unidad y Coordinaci贸n Sindical (MUCS), una corriente peque帽a, pero importante.

En el campo del sindicalismo, la normalizaci贸n de los gremios posibilit贸 la emergencia de una nueva camada de dirigentes peronistas j贸venes y combativos, la “l铆nea dura” en el plano sindical: Sebasti谩n Borro, Jorge Di Pascuale, Atilio L贸pez, Amado Olmos, Gustavo Rearte, Felipe Vallese, entre otros; muchos de ellos cercanos a Alicia y John. Aunque tambi茅n aparec铆an hombres como Jos茅 Alonso, Jos茅 Ignacio Rucci y Augusto T. Vandor, que luego ser铆an los referentes m谩s conspicuos de la burocracia sindical y la derecha peronista. Claro que el contexto inmediatamente posterior a la ca铆da de Per贸n no era tan sencillo establecer l铆neas divisorias al interior de esa camada. Todos eran parte de la Resistencia Peronista.

Mientras la vida de Alicia generaba insumos para la construcci贸n de una leyenda, el movimiento obrero argentino alcanzaba una cima en sus definiciones pol铆ticas y daba a conocer el Programa de La Falda, en agosto de 1957.

Existen afinidades electivas entre ambas circunstancias. A帽os m谩s tarde, los y las trabajadoras ratificar铆an esos principios. En 1962, en el Programa de Huerta Grande y, en 1968, con el Programa de la CGT de los Argentinos del 1潞 de mayo.

Meses despu茅s, el 14 de noviembre de 1957, John le comunica a Per贸n de su casamiento en Santiago de Chile y que, despu茅s de una corta luna de miel en Montevideo, est谩n de nuevo presos. Algunos momentos de esa at铆pica luna de miel adquirieron fijeza a trav茅s de una serie de fotos tomadas en Montevideo. Alicia tiene una chaqueta que le ci帽e la cintura, una pollera plisada de tres cuartos que resalta su figura y unos zapatos de taco bajo. Cubre su cabeza con un pa帽uelo. Especialmente en esas fotos se la percibe muy alta. John, que ha vuelto a engordar, est谩 de riguroso traje, pero con su desali帽o habitual y con un mont贸n de papeles que le asoman por los bolsillos. Seres divinos, m谩s que estimables, dir铆a Charles Baudelarie.

La relaci贸n de Alicia y John tuvo pocos remansos de normalidad. En Buenos Aires, esos remansos tuvieron como escenario el departamento de John en la Avenida Santa Fe. Paradojas de la historia argentina, desde esa calle y ese barrio hist贸ricamente asociados a las clases dominantes argentinas, Alicia y John contribuyeron a construir y/o a nutrir al peronismo revolucionario, al peronismo de izquierda y a la izquierda peronista. Fue cuartel general de la Resistencia Peronista a comienzos de 1959, y luego uno de los principales per铆metros para facilitar los enlaces con la Revoluci贸n Cubana, refugio de luchadores y luchadoras, de perseguidos y perseguidas y permanente centro de conspiraci贸n revolucionaria.

Como ya hemos se帽alado, Alicia no congeniaba con las mujeres de la Rama Femenina. Lo que no quiere decir que siempre se haya desentendido de su existencia. Por cierto, en tiempos de la Resistencia Peronista Alicia intent贸 una reorganizaci贸n de la Rama Femenina. Durante algunos a帽os, como parte de su divisi贸n de tareas con John, le dedic贸 tiempo y esfuerzo a este proyecto. Vale decir que buena parte del trabajo debi贸 realizarlo desde la c谩rcel. As铆 lo demuestran sus cuadernos y agendas, con sus extensas listas de nombres de militantes y colaboradoras, organizadas meticulosamente por distrito y secci贸n. Fue precisamente el momento de m谩xima confrontaci贸n entre Alicia y este sector del peronismo. Tal como lo hab铆a reconocido la ex diputada Macri en una carta a Per贸n, el PPF estaba organizado para la acci贸n pac铆fica y siempre subordinada al Estado. No serv铆a para el contexto post 1955. Alicia quiso reorganizarlo para la lucha. Quer铆a convertirlo en una instancia aut贸noma y con iniciativa propia en diversos 贸rdenes. Propuso organigramas aptos para la acci贸n clandestina, f贸rmulas estrictas de admisi贸n, m茅todos casi leninistas.

Todas las propuestas de Alicia para la reorganizaci贸n del PPF fueron rechazadas. Generaban enormes resistencias entre las viejas militantes, en especial con la ex presidenta del PPF, la ex diputada Delia Parodi con quien, en un primer momento, Alicia busc贸 consensuar criterios de reorganizaci贸n de la rama femenina.

John la apoy贸 en todo momento, fundamentalmente porque estaba de acuerdo con el criterio de Alicia, y estaba dispuesto asumir los costos. Pero tan grandes fueron las resistencias, tantos los tiros por elevaci贸n a John, tan escasos los apoyos de peso (de Per贸n, principalmente) que Alicia abandon贸 el intento y se concentr贸 en otras tareas m谩s productivas. A pesar de todo, el proceder de Alicia concit贸 la adhesi贸n y el apoyo de muchas mujeres y de algunos hombres tambi茅n. Entend铆an que Alicia, en plena lucha contra la Revoluci贸n Fusiladora, no hac铆a otra cosa que priorizar a las mujeres de base del peronismo por sobre las mujeres del aparato del PPF. En una entrevista realizada por Anabella Gorza, Enrique Nin铆n, quien fuera miembro de juventud peronista e integrante del Comando T谩ctico, destaca el papel de Alicia “como coordinadora de grupos que respond铆an a su liderazgo, aunque Eguren no hab铆a pertenecido al partido”.

Como ocurr铆a en el resto del peronismo, entre las mujeres hab铆a un corte muy visible entre las militantes de base y las del aparato. No quiere decir esto que hubiese homogeneidad entre las primeras, pero hab铆a un perfil bien distinto que se hizo m谩s notorio durante la Resistencia Peronista y sobre todo despu茅s de 1958. Una cosa eran las solidarias “t铆as” y otra muy distinta eran las mujeres vinculadas a la burocracia pol铆tica o sindical del peronismo, a la pol铆tica burguesa. Dado que los sectores m谩s combativos del peronismo estaban m谩s expuestos a persecuciones, c谩rceles, etc., fue natural su v铆nculo estrecho con las “t铆as”. A Hortensia Garc铆a Mar铆n (Lala) y la Negra Chancalay, ya mencionadas, podemos sumarle el caso de Margarita Contursi (Marga Fern谩ndez), creadora en 1960 de la Comisi贸n de Familiares de Detenidos (COFADE), y durante muchos a帽os su presidenta. Contursi ser谩 militante del MRP y luego de MR17, siempre cercana a Rearte, m谩s por afecto y lealtad personal que por un f茅rreo compromiso ideol贸gico. Pero las “t铆as”, en general, no se caracterizaban por su participaci贸n en estructuras org谩nicas. Sus acciones, casi siempre espont谩neas, estaban insertas en circuitos de reproducci贸n militante.

Alicia sale desde Chile a Caracas. Se encuentra con Per贸n antes que John. Ella misma es la encargada de hacerle llegar al General el Informe General y Plan de Acci贸n. Viaja por toda Sudam茅rica. Se desempe帽a como una especie de “correo” de la delegaci贸n, en representaci贸n de John y, en menor de medida como correo de Per贸n.

En 1958 hay una intervenci贸n muy especial de Alicia en Per煤 cuando se produce la visita al pa铆s de Richard Nixon, vicepresidente de los EEUU (y futuro presidente) enviado por el presidente Dwight Eisenhower. Entre los principales 铆tems de la agenda figuraban los siguientes: el impulso a la inversi贸n privada (norteamericana) y el libre comercio. Nixon arrib贸 a Lima acompa帽ado de su esposa Patricia Ryan el 7 de mayo de 1958. Entre las diversas actividades previstas, se destacaba una visita a la hist贸rica Universidad de San Marcos. En el trayecto hacia la Casona de San Marcos, en el Parque Universitario, la comitiva fue interceptada por grupos de estudiantes, en su gran mayor铆a militantes del Partido Comunista del Per煤 (PCP) y del Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), que la cubrieron de improperios, frutas podridas y escupitajos. Entre esos j贸venes, enardecida, estaba Alicia.

Junto a John, Alicia forma parte del c铆rculo 铆ntimo de Per贸n en los primeros a帽os de su exilio, en los tiempos en que John era el delegado y el ni帽o mimado del General. Su mariscal de campo. El escogido en los primeros a帽os del exilio del General, sobre todo en Caracas, Venezuela y en Santo Domingo (que por aquellos a帽os se llamaba “Ciudad Trujillo”) capital de la Rep煤blica Dominicana.

Tiempos complicados para Per贸n, que intentaba rearmar su estrategia y su “Estado Mayor” en condiciones sumamente adversas y con recursos escasos. Tiempos 谩speros en los que debi贸 asumir, apesadumbrado, la condici贸n de perseguido pol铆tico; soportar atentados -como el del 25 de mayo de 1957 en Caracas, del que se salv贸 por poco- y la soledad m谩s grande de su vida, m谩s all谩 de la corte extensa e indeterminada que lo rodea. All铆 est谩n Am茅rico Barrios, Roberto Gal谩n, Ram贸n Landajo, el chofer Julio Gilaberte. Una corte bufa, si nos atenemos a ciertos personajes.

Por aquellos a帽os, Per贸n debi贸 hacerse a la idea de que se encontraba en las primeras estaciones del exilio, que tendr铆a que habitar por largo rato en ese limbo, en ese tiempo sin espesor con su inherente carga de precariedad y tristeza esencial. A esa experiencia mutiladora se le sumaba la vejez con sus cuotas de desaliento en materia de proyectos de largo plazo. El General manten铆a toda su lucidez, pero su vigor comenzaba a mermar considerablemente.

En ese c铆rculo 铆ntimo ya aparec铆a Estela Mart铆nez de Per贸n, “Isabel”. En una foto aparecen Per贸n, Isabel y Alicia. El primero y la primera est谩n de perfil. Per贸n sonr铆e grande. A lo Per贸n. Isabel, inexpresiva, esboza un visaje de sonrisa. Alicia mira fijo a la c谩mara, ocupa una espacialidad frontal, se reviste de objetividad. Ni seria ni sonriente. Con el 谩nimo indefinido. Un poco misteriosa, un poco lejana. Parece aburrida.

La relaci贸n de Alicia con Isabel no fue de las mejores. Sus personalidades inhib铆an las posibilidades de construcci贸n de alg煤n v铆nculo. Mar铆a Seoane, a partir del testimonio de Astrid Rusquellas, amiga y compa帽era de militancia de Alicia, refiere la siguiente an茅cdota: “Un d铆a, Per贸n invit贸 a Alicia y a John a comer; Isabel hab铆a cocinado tallarines. Al final del encuentro, cuando ya se iban, el General les pregunt贸 qu茅 les hab铆a parecido su nueva compa帽era: ‘Cocina muy bien’, fue la respuesta de Alicia, suficiente para que Isabel supiera que esa mujer jam谩s ser铆a su amiga”.

Esa vez intercambiaron miradas glaciales. El di谩logo entre Isabel y Alicia era dif铆cil. No ten铆an nada en com煤n. Hasta los monos铆labos sonaban impostados. A帽os m谩s tarde, cuando Isabel comience a tener alg煤n protagonismo pol铆tico, Alicia, seca y precisa, lapidaria como siempre, se referir谩 a ella como “la tercera mujer d谩ndose aires de la segunda”. Eso dijo Alicia en diciembre de 1971.

Seguramente no habr谩n sido efusivos sus reencuentros, ni en noviembre de 1972 en Buenos Aires, ni en mayo de 1973 en Madrid. Adem谩s, en estos a帽os, Isabel adquir铆a incidencia pol铆tica concreta, al tiempo que Alicia se convert铆a en una “personalidad independiente” sin ning煤n poder decisorio. Extra帽a situaci贸n, porque Isabel, a煤n asumiendo roles p煤blicos, no dejaba de ser una figura dom茅stica. Una domesticidad que lejos de ser inofensiva lleg贸 a ser siniestra porque su inexpresividad social expresaba una disponibilidad para los entornos m谩s reaccionarios. Mientras que Alicia, desprovista de poder, nunca dej贸 de ser una figura p煤blica potente, pol铆tica y socialmente expresiva. En julio de 1974, tras la muerte de Per贸n, Isabel acceder谩 a la presidencia de la Naci贸n. Entre otras iniciativas espantosas brindar谩 amparo pol铆tico para el accionar de grupos de extrema derecha, decretar谩 la pena de muerte y, como se帽al谩bamos, prohibir谩 el uso de las pastillas anticonceptivas. Por su parte Alicia resistir谩 ese embate demencial y retomar谩 la condici贸n de perseguida pol铆tica.

A fines de julio 1957 la Revoluci贸n Fusiladora, convoc贸 a una Convenci贸n Constituyente con el fin suprimir la Constituci贸n de 1949. Esas elecciones de convencionales tambi茅n servir铆an como bar贸metro pol铆tico de cara a las elecciones presidenciales de 1958. Pero la “cuesti贸n peronista” no era un asunto f谩cil de resolver. La pol铆tica a seguir con el peronismo, que a煤n proscrito contaba con el apoyo de los sectores populares y de la mayor铆a del electorado, gener贸 intensos debates en el interior de los partidos pol铆ticos “legales”.

El principal partido no peronista, la Uni贸n C铆vica Radical (UCR), se dividi贸 inexorablemente. Un sector, liderado por Ricardo Balb铆n y que contaba con el aval del gobierno militar, constituy贸 la Uni贸n C铆vica Radical del Pueblo (UCRP); otro sector, liderado por Arturo Frondizi, m谩s distante del gobierno militar, conform贸 la Uni贸n C铆vica Radical Intransigente (UCRI). A pesar de que el peronismo no logr贸 consensuar una postura com煤n de cara a la Constituyente de 1957 y termin贸 impulsando el voto en blanco, la abstenci贸n, la anulaci贸n y el voto por la UCRI, el hecho m谩s notable es que 2.119.147 de sus m谩s fieles seguidores optaron por la primera alternativa. La UCRP obtuvo, 2.117.160 y la UCRI 1.821.459. Para Frondizi estaba todo claro. Para ganar en las presidenciales de febrero de 1958 necesitar铆a de los peronistas que hab铆an votado en blanco. R谩pidamente se lanz贸 a la captura de esos votos.

John consideraba que la situaci贸n era muy compleja: la v铆a insurreccional no avanzaba al ritmo esperado porque exig铆a ingentes esfuerzos organizativos a riesgo de convertirse en una apuesta vaga por espont谩neos y sucesivos levantamientos. Por otra parte, la semilegalidad favorec铆a a la l铆nea negociadora del peronismo. Imaginaba una pl茅yade de dirigentes 谩vidos de traficar con los votos peronistas. Eso lo convenci贸 de la necesidad de pactar con Frondizi. As铆 se lo hizo saber a Per贸n.

La UCRI logr贸 atraer distintos sectores identificados con el peronismo. As铆, con el aporte de los votos peronistas, Frondizi se convirti贸 en presidente.

Alicia, testigo directo de todo el proceso de negociaci贸n, poco m谩s tarde, en 1960 dio su versi贸n de algunos pormenores en torno al pacto, anteriores y posteriores a su firma. Citamos en extenso:

Estando Per贸n en Panam谩 lo visitaron Emilio Perina y Fernando Torcuato Insausti (quien hab铆a sido encargado de negocios en R铆o de Janeiro tras el traslado de Juan I. Cooke [se refiere al padre de John, Canciller durante el gobierno del General Farell y Embajador en Brasil durante el gobierno de Per贸n]). Perina hab铆a ayudado materialmente a los exiliados peronistas en Brasil. Llegaron con la iniciativa de un acercamiento con Arturo Frondizi. Per贸n no dijo esa vez ni s铆 ni no.

Al realizarse las elecciones de julio, Per贸n se decidi贸 por el voto en blanco, en lo que mucho tuvo que ver John W. Cooke. Semanas despu茅s del 28 de julio de 1957, aparecieron en Chile (donde estaba Cooke), Perina, Ricardo Rojo y Rogelio Frigerio, quienes decidieron viajar de parte de Frondizi. Recuerdo que el d铆a que lleg贸 Perina el doctor Cooke recibi贸 un mensaje de Caracas en el que Per贸n felicitaba al pueblo por su voto

En Santiago, el Bebe no quiso tratar con Perina y lo gir贸 a Per贸n directamente.

Al conocerse el mensaje de Per贸n, Frondizi reuni贸 a sus convencionales constituyentes y sugiri贸 el retiro de la Convenci贸n, para quitarle qu贸rum. A principios de 1958, Frigerio viaj贸 a Caracas con un poder de Frondizi. Cooke no tuvo la iniciativa en estas negociaciones. Pero finalmente los tres: Per贸n, Frigerio y el Bebe, redactaron el documento borrador del acuerdo con Frondizi. Frigerio se qued贸 unos d铆as m谩s y regres贸 a Buenos Aires con el documento.

Cuando el 23 de enero de 1958 se produjo la ca铆da de P茅rez Jim茅nez, qued贸 en Caracas el petrolero Adolfo Cavalli, mientras Per贸n y dem谩s sal铆an para Santo Domingo. Cavalli fue llamado a Ciudad Trujillo. Reci茅n resolvi贸 Per贸n la orden del voto a Frondizi, despu茅s de haber perdido contacto con [los] dirigentes, y la comunic贸 al Bebe.

D铆as antes de las elecciones del 23 de febrero, Frigerio apareci贸 en [Ciudad] Trujillo con el borrador de Per贸n pasado a m谩quina, en dos originales, firmado por Frondizi e inicialado por Frigerio.

“Caramba, esto es una prueba de buena fe -dijo Per贸n-. Aunque este pacto es dif铆cil de cumplir”. 脡l no le daba importancia a las firmas. Cabr铆a agregar que Frigerio era bien visto por Per贸n.

Quince d铆as despu茅s de la victoria del 23 de febrero, Frigerio volvi贸 a Ciudad Trujillo [Santo Domingo]. Se aloj贸 en el Hotel Paz y hubo celebraciones con brindis. Frigerio se entend铆a mejor con Per贸n que con Cooke, a quien llamaba, “gorila del peronismo”…

Frondizi impuls贸 un proyecto conocido con el nombre de “desarrollismo”. Se trataba de “modernizar” el capitalismo argentino, de superar los estrangulamientos t铆picos del “sector externo”, los problemas del “stop and go”. El Estado mantuvo una presencia destacada, pero, a diferencia del per铆odo peronista, se dedic贸 a atraer la inversi贸n extranjera directa en el sector industrial. De esta manera, la pol铆tica econ贸mica de Frondizi favoreci贸 la instalaci贸n de grandes plantas de empresas extranjeras en nuestro pa铆s. Esto coincidi贸 con un proceso mundial en el que las empresas m谩s importantes decidieron producir bienes de consumo durable (autos, por ejemplo), destinados al mercado interno de los pa铆ses en los que esas entidades se establec铆an: un proceso de trasnacionalizaci贸n del capital, un nuevo ciclo de expansi贸n del capital a escala mundial.

La idea central de Frondizi era impulsar el desarrollo de la industria pesada (el Sector I de la econom铆a), modernizar el sistema productivo a trav茅s de la incorporaci贸n de tecnolog铆a moderna y lograr el autoabastecimiento en materia de combustibles. Para esto 煤ltimo, se firmaron contratos con compa帽铆as norteamericanas que se ocupar铆an de la explotaci贸n petrolera. El gobierno promovi贸 las privatizaciones en algunas ramas y actividades, adem谩s impuls贸 la “racionalizaci贸n del trabajo” a los fines de aumentar la productividad. Durante el gobierno de Frondizi, se sancion贸 la Ley de Radicaci贸n de Capitales Extranjeros, que permiti贸 la instalaci贸n en el pa铆s de las grandes plantas industriales, principalmente, de la rama automotriz.

M谩s all谩 de que el gobierno logr贸 avanzar en algunas de estas pol铆ticas, tuvo serias dificultades en el plano social y pol铆tico. La proscripci贸n del peronismo recortaba la legitimidad del gobierno. Despu茅s del apoyo inicial, una vez puesto en marcha el proyecto frondicista, -por cierto, no muy af铆n al tono nacionalista de sus propuestas de campa帽a electoral- los trabajadores y las trabajadoras, junto a otros sectores identificados con el peronismo, pasaron a la oposici贸n abierta. Por otra parte, distintos sectores de las Fuerzas Armadas presionaban al gobierno para que orientara sus pol铆ticas en funci贸n de sus intereses.

En 1962, el gobierno de Frondizi decidi贸 convocar a elecciones para gobernador en varias provincias, tras autorizar la participaci贸n del peronismo. Se especulaba con que este no obtendr铆a buenos resultados, pero eso no ocurri贸. El peronismo triunf贸, sobre todo, en la provincia de Buenos Aires, el distrito m谩s importante del pa铆s. Si bien Frondizi anul贸 las elecciones, su gobierno se debilit贸 a煤n m谩s; y las Fuerzas Armadas lo obligaron a renunciar.

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Fuente: Lahaine.org