April 5, 2021
De parte de Kurdistan America Latina
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La cabellera suelta y los vaqueros ce帽idos de Noura Abdo contrastan con el velo rojo que cubre el cuerpo entero de una joven rusa que se le acerca junto con dos peque帽os. 鈥淟a primera regla de este campo es que no pueden llevar niqab ni estar cubiertas de negro鈥, hab铆a explicado Noura, la directora kurda del campo, minutos antes.

La mujer de tez p谩lida y ojos peque帽os quiere recordarle en 谩rabe que su tienda tiene una filtraci贸n de agua y que lleva meses pidiendo que se la cambien, que sus ni帽os est谩n enfermos. Noura escribe los datos en su libreta y le asegura que al d铆a siguiente enviar谩 a alguien para que lo revise. La misma promesa la hace con otro grupo de mujeres que se le acercan para hacerle peticiones similares.

鈥淟o que m谩s les preocupan son sus hijos, pero es imposible satisfacer todo lo que piden. Estos ni帽os no viven en situaciones normales, no tienen los derechos de un ni帽o normal鈥, reconoce Noura que, esta ma帽ana de primavera en la que el viento levanta r谩fagas de arena, hace un recorrido por la nueva secci贸n de Al Roj, donde han sido reubicadas 300 nuevas familias.

Es en este campo ubicado en el extremo nororiental de Siria, a pocos kil贸metros de la frontera con la regi贸n semiaut贸noma del Kurdist谩n iraqu铆, y en medio de los campos de petr贸leo que dominan la zona, donde se retiene actualmente a muchas de las mujeres europeas del Estado Isl谩mico (ISIS), cuyos pa铆ses se niegan a repatriar. En total, aqu铆 hay 2.168 personas refugiadas.

La mayor铆a han sido trasladadas desde Al Hol, el campo refugio para las v铆ctimas de la violencia del ISIS pero que, sin embargo, tambi茅n acab贸 acogiendo a familias pertenecientes a esta organizaci贸n, incluidas m谩s de 12.000 mujeres extranjeras y sus hijos.

La violencia en Al Hol, donde las mujeres m谩s radicales han pasado a tener el control sin que las autoridades puedan detenerlo, se ha convertido en una bomba de relojer铆a.

鈥淓l campo de Al Roj no tiene la densidad de poblaci贸n que tiene al Al Hol y lo que se intenta es trasladar aqu铆 aquellas mujeres que muestran menor nivel de extremismo y con las que se puede trabajar mejor鈥, explica Kino Gabriel, el portavoz de las Fuerza de Siria Democr谩tica (FDS).

Las autoridades del nordeste de Siria llevan desde el 2017 reclamando a los pa铆ses de origen la repatriaci贸n de estas mujeres que est谩n en un limbo del que nadie sabe c贸mo saldr谩n. No est谩n en la c谩rcel, tampoco est谩n en libertad, no hay juicio a la vista y sus pa铆ses de origen se niegan a asumir su responsabilidad. A algunas de ellas se les ha quitado incluso la nacionalidad.

La peor parte la llevan sus ni帽os, que pagan un alt铆simo precio por los errores de sus padres. Este es el caso de Abdul Rahman, el hijo mayor de Luna Fern谩ndez Grande, una de las cuatro mujeres con nacionalidad espa帽ola que viajaron a Siria para unirse al Estado Isl谩mico. El chico de 13 a帽os fue separado de su madre en febrero y llevado al centro de Al Houri, un espacio de reclusi贸n que alberga a m谩s de 8.000 ni帽os mayores de 14 a帽os que vivieron sometidos al ISIS y que tiene como finalidad ayudar en su proceso de desradicalizaci贸n.

鈥淢i hijo apenas tiene 13 a帽os. Deber铆a haber una ley del menor que proteja estas acciones鈥, asegura Luna, que disimula su traje negro con una chaqueta invernal de color azul cobalto. Sostiene que el 煤nico pecado de su hijo es haber crecido en un cuerpo grande. 鈥溍塴 no tiene a nadie m谩s que a m铆鈥, insiste esta mujer de 34 a帽os, con nueve peque帽os a su cargo. Cuatro son ni帽os hu茅rfanos de otra pareja de yihadistas fallecidos.

鈥淪i no nos quieren repatriar -dice Luna-, que abran las puertas y nos dejen ir鈥. Se niega a que sus hijos sean repatriados solos a Espa帽a, aunque s铆 permitir铆a lo fueran los cuatro ni帽os hu茅rfanos.

Uno de los grandes temores de las autoridades del nordeste de Siria es que estos campos sean caldo de cultivo para la educaci贸n de los futuros yihadistas.

Las autoridades puntualizan que en campos como el de Al Hol la mayor铆a de los cr铆menes son cometidos por j贸venes de entre 17 y 20 a帽os. Temen incluso que, a falta de hombres, los j贸venes puedan ser utilizados para fertilizar a otras mujeres y as铆 seguir aumentando el n煤mero de ni帽os que alg煤n d铆a lideren el Estado Isl谩mico.

M谩s de 7.000 ni帽os extranjeros crecen actualmente en campos o centros de reclusi贸n. En Al Roj la mitad de la poblaci贸n son ni帽os menores de 12 a帽os.

鈥淓sto es un absurdo. Mi hijo ni siquiera sabe c贸mo se hace eso鈥, dice Luna refiri茅ndose al acto sexual.

鈥淟una no ha visto a su hijo todav铆a pero lo ver谩. Estamos planeando encuentros al menos cada dos meses鈥, explica Noura. Otra oficial del campo reconoce que ha habido demoras en realizar las visitas, pero que ya se regular谩n.

Las responsabilidades de Al Roj se han multiplicado en el 煤ltimo a帽o. Trescientas nuevas familias han sido reubicadas y se espera que otras cien lo sean en los pr贸ximos meses.

Sus tiendas de campa帽a o jaimas se han levantado en un espacio parecido a un campo de f煤tbol. Est谩 distanciado del 谩rea donde habitan otras mujeres relacionadas con el Estado Isl谩mico, que fueron reubicadas en a帽os anteriores, incluidas las espa帽olas.

Diferentes barreras y controles de seguridad las separan y no se les permite coincidir en las 谩reas comunes como el supermercado o la oficina donde reciben las transferencias del dinero, o hawala, con las que malviven.

Ellas explican que las dificultades econ贸micas se agravaron durante el primer semestre del 2020, cuando la oficina que realiza las transacciones estuvo cerrada por la pandemia y el reparto de la ayuda humanitaria se hizo m谩s lento.

A pesar de que el ambiente es diferente en Al Roj, y las organizaciones gubernamentales que apoyan a los ni帽os pueden trabajar con mayor seguridad, el terror tambi茅n habita en este campo donde algunas mujeres aseguran que duermen siempre en alerta, y si pueden con un cuchillo o tijeras a mano.

鈥淗ay muchas clases de opiniones en este campo鈥, sentencia Kimberly Gwen Polman, de 49 a帽os, que ha decidido no cubrirse la cabeza con el velo, como tambi茅n ha hecho otro grupo reducido de mujeres.

鈥淣o escuchamos esas voces. No estamos de acuerdo con la manera que ellas quieren vivir y en lo que piensan鈥, dice en voz baja Kimberly, que tiene la doble nacionalidad estadounidense y canadiense.

Mientras muchas mujeres siguen fieles a sus pr谩cticas netamente religiosas, el grupo al que pertenece Kimberly ha creado las llamadas noches puertorrique帽as donde cantan y bailan. 鈥淲elcome to Puerto Rico鈥, dice el cartel donde destacan dos palmeras pintadas con l谩pices de colores sobre una s谩bana.

鈥淏uscamos c贸mo hacer felices a nuestros hijos, c贸mo alegrarnos los d铆as y c贸mo vivir de manera saludable, porque hemos vivido bajo mucha presi贸n estos 煤ltimos a帽os. La televisi贸n no estaba permitida, la m煤sica tampoco鈥, cuenta Widad, una alemana de 34 a帽os que ha dejado de taparse su cuerpo y su cabeza con el velo.

鈥淯sted no se imagin贸 esto鈥, dice Widad riendo, mientras pone en su televisor un v铆deo musical de Maluma, 鈥淢aluma Baby鈥. Al preguntarle que si esta distracci贸n, sugerida por los educadores, es una tendencia generalizada en el campo, baja la voz y niega con la cabeza.

La respuesta la tiene Noura, que dice que muchas mujeres afirman haber abandonado la ideolog铆a, pero es imposible saber lo que piensan.

Lo que preocupa a las autoridades y a las organizaciones internacionales implicadas en la gesti贸n de este drama, es que la violencia en los campos vaya en aumento a medida que pase el tiempo.

Si las condiciones de vida empeoran, la radicalizaci贸n ser谩 a煤n mayor, especialmente entre los ni帽os, que son los que llevan la peor parte.

FUENTE: CatalinaG贸mez 脕ngel / La Vanguardia

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Fuente: Kurdistanamericalatina.org