November 6, 2020
De parte de El Topo
187 puntos de vista


La historia de los sindicatos de inquilinas y las huelgas de alquiler en el Estado espa帽ol son un cap铆tulo en blanco en los libros de historia sobre los movimientos sociales. Hasta la fecha, pocas fuentes historiogr谩ficas nos asisten en la laboriosa tarea de rastrear los momentos de mayor efervescencia colectiva en asociaciones y sindicatos de inquilinas e inquilinos, que suelen coincidir con la eclosi贸n de huelgas de alquiler. Despertar la memoria colectiva del movimiento inquilino no solo contribuye a elaborar una genealog铆a cr铆tica de las luchas que se est谩n llevando a cabo por los sindicatos de inquilinas en el presente. Tambi茅n ayuda a pensar la vivienda como un espacio de conflicto que, bajo el mando de los actuales dispositivos de especulaci贸n inmobiliaria del capital financiero, alberga la potencia de un movimiento antagonista capaz de defender y desmercantilizar el derecho a la vivienda.

LA HUELGA DE ALQUILER ES DESMOVILIZACI脫N ACTIVA

El concepto de huelga se ha relacionado en exceso con la categor铆a de trabajo asalariado, es decir, con la (des)movilizaci贸n colectiva que interrumpe la producci贸n y el trabajo a fin de conseguir mejoras laborales. Sin embargo, el fen贸meno de la huelga reluce por su modularidad, pues se ha empleado en m煤ltiples lugares, por una gran variedad de actores sociales y contra una gran variedad de adversarios pol铆ticos. La capacidad de adaptaci贸n a diferentes contextos hace de la huelga uno de los repertorios de acci贸n colectiva m谩s flexibles y modulares. Las huelgas de alquiler, ampliamente utilizadas por asociaciones y sindicatos de inquilinas a lo largo del siglo XX, son un ejemplo de huelga al margen del 谩mbito laboral.

Una huelga de alquiler consiste, muy sencillamente, en dejar de pagar el alquiler de la vivienda al arrendador. Es el modo de protesta que los inquilinos e inquilinas emplean, de forma colectiva, contra aumentos injustos del precio del alquiler o por la falta de mantenimiento y de servicios en la vivienda. La huelga de alquiler es una estrategia de presi贸n econ贸mica que fuerza a los propietarios a cumplir las demandas de las inquilinas, utilizando el 煤nico lenguaje que el capitalismo entiende: la p茅rdida de beneficios. Aunque en el Estado espa帽ol la huelga de alquiler no est谩 reconocida como un derecho del inquilinato, otras legislaciones extranjeras en materia de vivienda s铆 que han incorporado esta pr谩ctica como parte fundamental de los derechos y obligaciones que regulan la relaci贸n entre inquilinas y arrendadores. En el estado de Nueva York, por ejemplo, se permite la reducci贸n o el impago del alquiler cuando los arrendadores no cumplen con sus obligaciones de manutenci贸n o reparaci贸n de los servicios b谩sicos de la vivienda.

La particularidad de la huelga de alquiler est谩 en poner t茅rmino, de forma coordinada, a la transferencia econ贸mica habitual que el inquilino realiza a su arrendador. Es en este sentido que la huelga de alquiler deviene una desmovilizaci贸n activa: una acci贸n pol铆tica que, al dejar de hacer, abre un litigio con el objetivo de reconfigurar las relaciones de poder entre el inquilino y el arrendador. Pero la desmovilizaci贸n activa que instaura la huelga de alquiler no es solo un medio para cumplir las demandas de las organizaciones de inquilinas, sino que tambi茅n tiene su fin en s铆 misma: su potencia cobra cuerpo en cuanto se despliega en el proceso de empoderamiento colectivo. Con la incertidumbre que origina toda huelga, se abre tambi茅n un proceso de aprendizaje colectivo, de apoyo mutuo y de cooperaci贸n vecinal. Es en el propio proceso donde aflora la potencia pol铆tica de una huelga de alquiler: cuando se hace valer la consigna feminista de que 芦lo personal es pol铆tico禄.

LA HUELGA DE ALQUILER ES LA GENEALOG脥A CR脥TICA DEL MOVIMIENTO INQUILINO

A mitad del siglo XIX, al mismo tiempo que el capitalismo industrial se consolidaba en Europa y forzaba el desplazamiento masivo de la fuerza de trabajo a las grandes ciudades, el problema de escasez de vivienda aumentaba y el espacio urbano se convert铆a en otra fuente m谩s de extracci贸n de riqueza. Es entonces cuando podemos localizar los primeros brotes de conflictos entre la condici贸n de inquilino y la figura del arrendador rentista, quien aprovechaba el aumento de la demanda en vivienda para subir los precios del alquiler. No sorprende, entonces, encontrar las primeras evidencias de huelgas de alquiler a finales del siglo XIX. En 1872, el diario hegem贸nico en el Estado espa帽ol, La Correspondencia, hac铆a eco de una misteriosa convocatoria en las calles de Madrid:

Se invita a todos los inquilinos a que acudan el domingo pr贸ximo, a las cinco de la tarde, frente a la casa del Ayuntamiento, para una manifestaci贸n, con el fin de obtener que los caseros, desde el pr贸ximo mes, rebajen el 25 por 100 del precio actual de los alquileres y, en caso de negativa, dejar todos de pagarlos hasta obtener la rebaja que con justicia pedimos. (La comisi贸n, representante de gran n煤mero de inquilinos, 16-08-1872).

Mientras el tiempo de los trabajadores se convert铆a en una mercanc铆a a explotar en las f谩bricas, el espacio de las ciudades se organizaba de tal suerte que permitiera la extracci贸n de valor econ贸mico para otro tipo de clase capitalista: la del rentismo urbano. Por ello, los congresos de trabajadores de la 茅poca empezaron a dar respuesta al conflicto latente entre el rentismo urbano y la clase obrera en el terreno de la vivienda. En Valencia, en 1883, tuvo lugar el Congreso de la Federaci贸n de Trabajadores, cuyo orden del d铆a inclu铆a el siguiente punto: 芦驴Es conveniente emprender una campa帽a en pro de la rebaja de alquileres?禄 (El Constitucional: diario de Valencia, 4-10-1883). El congreso acord贸 que la rebaja de alquileres se realizara por medio de huelgas en cada regi贸n federada.

Pero fueron las primeras d茅cadas del siglo XX las que inauguraron un ciclo de luchas inquilinas sin precedentes, tanto en el Estado espa帽ol como en las grandes ciudades europeas. La organizaci贸n de sindicatos de inquilinas crec铆a de forma exponencial y la huelga de alquiler se convert铆a en el verdadero dolor de cabeza de los rentistas. El Congreso de la Federaci贸n Obrera de 1903 incorporaba como punto de extrema importancia la 芦cuesti贸n del inquilinato禄: se acord贸 pedir la reducci贸n de un 50% del precio de los alquileres, apelando si fuera necesario a la huelga de inquilinos. Ese mismo a帽o, en Barcelona y Bilbao se preparaban huelgas generales de inquilinos: 芦隆Abajo los caseros tiranos!禄, 芦隆Viva la renta m贸dica禄, 芦隆Viva la huelga de inquilinos!禄, eran los gritos de protesta que registraban los diarios de la 茅poca.

En 1905, Baracaldo fue testigo de una gran movilizaci贸n inquilina que culmin贸 en una huelga de alquiler. El exorbitante precio de los alquileres, el hacinamiento de varias familias en las mismas casas y la injusta rutina de los desahucios encendi贸 la mecha de una revoluci贸n liderada por las mujeres vizca铆nas. Manifestaciones multitudinarias, pr谩cticas antidesahucios y alborotos contra la Guardia Civil provocaron que las autoridades declarasen el estado de alarma en la ciudad durante un mes. As铆 se pronunciaba uno de los manifiestos inquilinos:

(鈥)

芦隆Consigamos nuestros prop贸sitos, que son justos!

隆Firmes en nuestra actitud, somos el oc茅ano que lo invade todo!

隆Nuestros muebles en la calle, porque el desahucio es inicuo!

隆No pagar a los caseros si estos no rebajan los alquileres y sanean las habitaciones!

隆Abajo el robo legalizado!

隆Viva la justicia y la salud!

隆Viva la uni贸n y el apoyo mutuo!

Los inquilinos禄

(25-05-1905, La Rioja: diario pol铆tico)

Las huelgas de alquiler se propagaban como el fuego de ciudad en ciudad; y de sus cenizas nac铆an sindicatos y asociaciones de inquilinas. En Barcelona, Bilbao, Baracaldo, Valencia, Madrid y muchas otras ciudades, florec铆an de forma simult谩nea organizaciones en defensa de los derechos de las inquilinas e inquilinos. En 1920, Madrid fue el escenario de la primera asamblea constituyente de la Federaci贸n de Ligas de Inquilinos del Estado Espa帽ol.

Fue precisamente ese mismo a帽o, en 1920, cuando se aprob贸 la primera legislaci贸n garantista en materia de arrendamientos urbanos: el Decreto Bugallal de reducci贸n del precio de los alquileres. Este decreto no solo congel贸 el precio de los alquileres, sino que adem谩s limit贸 las causas de desahucio, prohibiendo as铆 las expulsiones por causas injustificadas. El Decreto Bugallal fue el fruto de d茅cadas de movilizaci贸n y de luchas de los sindicatos de inquilinas, logrando impugnar el statu quo de los rentistas urbanos y limitar sus privilegios de forma decisiva. Y la huelga de alquiler fue la estrategia m谩s poderosa que permiti贸 defender el derecho a unos alquileres dignos.

LA HUELGA DE ALQUILER ES FEMINISTA

Resulta inveros铆mil comprender las huelgas de alquiler que se han desarrollado a lo largo del siglo XX sin atender al protagonismo femenino que las caracterizaron. En el 谩mbito de la vivienda, hist贸ricamente, no es exagerado afirmar que la organizaci贸n colectiva del movimiento inquilino no hubiera sido posible sin la iniciativa y el liderazgo de las mujeres.

Solo hay que mencionar algunas de las huelgas de alquiler m谩s importantes de principios de siglo XX para darse cuenta de la feminizaci贸n de la lucha inquilina. La hist贸rica huelga de alquileres de Buenos Aires, de 1907, es conocida como 芦la huelga de las escobas禄, pues fueron las mujeres bonaerenses quienes 芦barrieron la injusticia禄 de sus casas, neg谩ndose a pagar las subidas de alquiler que impon铆an los arrendadores de forma injustificada. La famosa huelga de Glasgow de 1915 es recordada como 芦el ej茅rcito de Mrs Barbour禄, en honor a la activista escocesa Mary Barbour que lider贸 el movimiento por la rebaja de los alquileres junto a la Glasgow Women鈥檚 Housing Association (La Asociaci贸n de Vivienda para las Mujeres de Glasgow). Si prestamos atenci贸n a las huelgas de alquiler que tuvieron lugar en Viena y Par铆s, Bilbao y Barcelona, durante las primeras d茅cadas del siglo XX, la organizaci贸n y protesta femenina sigue siendo determinante en la creaci贸n de sindicatos de inquilinas y en la eclosi贸n de las huelgas.

La discriminaci贸n de g茅nero que impuso el capitalismo industrial con la divisi贸n del trabajo abon贸 el terreno para que emergiera el antagonismo femenino en la esfera de la reproducci贸n. La labor te贸rica del feminismo ha permitido comprender el modo bajo el cual las relaciones de poder del capitalismo industrial penetraron en los hogares, explotando el trabajo dom茅stico femenino, sin remuneraci贸n ni reconocimiento, como parte fundamental del modo de acumulaci贸n capitalista. La cr铆tica del marxismo a la explotaci贸n del tiempo de trabajo bajo el capitalismo industrial no solo eclips贸 las formas de poder que el capitalismo emplea fuera de los muros de la f谩brica (en los hogares, las escuelas, las prisiones鈥), sino que tambi茅n desatendi贸 otras formas de resistencia y luchas que nac铆an fuera del 谩mbito productivo.

El pensamiento feminista, adem谩s de poner en tela de juicio el concepto de trabajo desde un punto de vista de g茅nero, tambi茅n ha reformulado los t茅rminos para pensar las formas de lucha y resistencia en la actual fase del capitalismo. La esfera dom茅stica, en tanto epicentro de la producci贸n de la fuerza de trabajo, es el espacio donde surgen los movimientos s铆smicos de resistencia contra otros modos de explotaci贸n capitalista. El 谩mbito de la reproducci贸n, como suelo que sostiene la fuerza de trabajo, es el punto de partida de toda revoluci贸n. En palabras de la pensadora feminista Silvia Federici: 芦la reproducci贸n es la revoluci贸n a punto cero禄. Es desde este punto de vista que hace falta pensar las huelgas de alquiler 鈥攅n tanto acci贸n colectiva que se despliega desde la esfera de la reproducci贸n鈥 como un modo de declinaci贸n de la revoluci贸n a punto cero: el terreno preliminar que alberga la potencia pol铆tica de restablecer otras relaciones sociales en el 谩mbito de la vivienda.

Las huelgas de alquiler y el movimiento inquilino que las impuls贸 forman parte de la historia del antagonismo constituyente y feminista en la esfera de la reproducci贸n. Hist贸ricamente, las huelgas de alquiler han demostrado ser una estrategia de presi贸n econ贸mica muy poderosa en la lucha por el derecho a la vivienda. La infravaloraci贸n e invisibilizaci贸n del movimiento inquilino, de las huelgas de alquiler y de su feminizaci贸n est谩 铆ntimamente relacionado con la poca atenci贸n prestada a los conflictos pol铆ticos que se han dado en la esfera de la reproducci贸n. Pero si algo pone en evidencia la historia del movimiento inquilino y de las huelgas de alquiler es su potencia constituyente: es decir, la capacidad de cristalizar sus demandas pol铆ticas en m谩s derechos sociales. En suma, la genealog铆a del movimiento inquilino y de las huelgas de alquiler nos coloca ante el reflejo de un pasado del cual aprender, con el objetivo de seguir pensando y construyendo otro mundo posible, donde la vivienda sea un derecho social efectivo y no un activo financiero que alimenta sin cesar la m谩quina especulativa del capital financiero.

Por

Jordi Gonz谩lez Guzm谩n

Investigador en la Universidad de Leeds y activista en el Sindicato de Inquilinas de Barcelona




Fuente: Eltopo.org