January 18, 2022
De parte de SAS Madrid
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Magda Malinowska es desde hace seis años trabajadora en el departamento de paquetería del centro de Amazon en Sady, cerca de Poznan. O más bien lo era. La multinacional le hizo un despido disciplinario el 9 de noviembre de 2021. La acusación: haber tomado fotografías y vídeos del cadáver de su compañero, Dariusz Dziamski, de 49 años, quien murió en su mismo centro de trabajo el 6 de septiembre del pasado año. 

La muerte de Dariusz fue la segunda que tuvo lugar en el almacén que Amazon tiene en esa ciudad en los últimos años. En mayo de 2020, falleció una mujer de 40 años. Desde Amazon en Polonia argumentaron que ambos trabajadores tenían problemas de salud, y hasta ahora la justicia les ha dado la razón, pero Malinowska, que es representante sindical en este almacén del sindicato de base Inicjatywa Pracownicza (traducido al español como Iniciativa de los Empleados), apunta la sobrecarga de trabajo a la que Amazon fuerza a sus empleados. “Estamos intentando demostrar que las condiciones en las que trabajaba influyeron en su muerte”, señala a El Salto Malinowska.  

Amazon llegó a Polonia en 2014 y desde entonces ha abierto en este país diez centros que suman 23.000 trabajadores, además de otros 28.000 trabajos indirectos. Son salarios que salen baratos a la gran compañía, que hasta el pasado año no había abierto una tienda web dirigida al público polaco. Unos 22,5 zlotys brutos por hora —apenas unos cinco euros, tres veces menos que al otro lado de la frontera alemana— y jornadas interminables que en algunos casos pueden llegar a las 16 horas. 

Y es que, aunque antes de la crisis económica del 2008, Polonia tenía marcada por ley una jornada laboral de ocho horas, en 2013 el país derogó la jornada máxima y en la práctica, según explica Malinowska, el único límite que se impone a las grandes empresas es dejar once horas ininterrumpidas de descanso entre turnos de trabajo. “Básicamente el resto del día podemos estar trabajando, aunque lo habitual son las 13 o 14 horas, y a veces hasta 16”.  El turno medio de trabajo es de diez horas y media, en las que se incluyen dos descansos de 20 minutos, pagados, a las que se suma media hora más de descanso para comer, este sin pagar.

Largas jornadas, tareas duras, estrés, control férreo de cada cosa que hacen los empleados por parte de la empresa. Es el día a día en su trabajo, según explica Malinowska. En el caso de Dariusz, el compañero que murió en septiembre, su trabajo consistía en lo que en la empresa denominan ‘water spider’ (araña de agua), equivalente a un reponedor. “Recogía cajas durante todo el día y las llevaba a un sitio y a otro”, explica la sindicalista. “Yo trabajaba en el departamento de empaquetado y él iba recogiendo grandes cajas de plástico y las llevaba a un departamento y a otro con un carro; es un trabajo bastante duro porque, si no eres lo bastante rápido, los que empaquetan, como yo, se ven rodeados de cajas de plástico; es muy estresante”. 

Un puesto de trabajo que supone hacerse un par de maratones a la semana, o unos 20 o 25 kilómetros cada día, también en España, según contaba a El Salto en 2018 el delegado de CGT en el Comité de Empresa de MAD4, el almacén de Amazon en San Sebastián de los Reyes (Madrid). 

Dariusz no podía aguantar ese ritmo. Llevaba varios años encargándose de esas tareas y no podía más. Antes de su muerte, según explica su compañera, pidió varias veces a la dirección de su centro que le cambiara a tareas menos duras. “En vez de eso redujeron el número de personas que trabajaban con él en estas tareas, antes eran tres o cuatro y le dejaron solo”.

“El encargado dijo que, por el protocolo covid, no iban a llamar al servicio médico para que le viera, ni tampoco llamaron a una ambulancia; le obligaron a él a andar hasta ellos, que están en otra planta, y cuando llegó, murió”, recuerda Malinowska sobre la muerte de Dariusz Dziamski

El día antes de su muerte, Dariusz volvió a pedirle al encargado que le cambiaran de puesto, pero no aceptaron. Ese 6 de septiembre, cuando estaba trabajando, comenzó a sentirse mal, tenía problemas de corazón. “Los compañeros llamaron al encargado, pero este dijo que, por el protocolo covid, no iban a llamar al servicio médico para que le viera, ni tampoco llamaron a una ambulancia; le obligaron a él a andar hasta ellos, que están en otra planta, y cuando llegó, murió”, recuerda Malinowska.

Desde su sindicato ni hicieron entonces ninguna campaña porque la muerte de Dariusz estaba bajo investigación judicial, aunque en diciembre el juzgado archivó el caso aduciendo que la muerte había sido por causas naturales. “Según la ley polaca, si tienes problemas de salud y algo te pasa en el trabajo, no se considera un accidente laboral, pero nosotros no estamos de acuerdo con esta interpretación de la ley, que es la más oportuna para los empleadores”, explica la sindicalista de Inicjatywa Pracownicza. Lo mismo había pasado con la trabajadora fallecida en 2020, dijeron que estaba enferma. Desde el sindicato polaco reclaman que Amazon tiene la responsabilidad de reasignar las tareas cuando un trabajador tenga problemas de salud para que estas no resulten una amenaza a su vida.

Amazon contra los sindicatos

Malinowska era delegada sindical en el centro de Amazon de Poznan desde pocos meses después de que comenzara a trabajar allí, hace ya seis años. En el último año afirma que la actitud de la empresa hacia los sindicatos se ha vuelto más agresiva y como muestra señala su propio despido, cuya causa —haber tomado fotos del cuerpo sin vida de su compañero— afirma que es falsa.

“Yo estaba en mis horas sindicales en ese momento, haciendo algunas, pero cuando me enteré de lo que había pasado fui al jefe y le pedí ser parte de la comisión que nosotros llamamos Atraxi, que es el equipo que comprueba qué ha pasado cuando hay un accidente laboral”, explica la sindicalista. A pesar de ser la responsable de seguridad y salud en el trabajo del centro, la dirección rechazó que formara parte de ese equipo, por lo que salió de la nave para llamar a su abogado y desde allí vio cómo sacaban el cuerpo de Dariusz para llevarlo al tanatorio. “Tenía el teléfono en la mano, pero no lo fotografié; había guardias de seguridad y no quería discutir con ellos. Fue una debilidad porque realmente tenía derecho a hacerlo. Tenía derecho a hacer de testigo porque además era representante sindical y soy responsable de seguridad y salud en el trabajo. Pero, honestamente, no quería pelearme con ellos”, lamenta, destacando que el gigante de la distribución no permite a sus trabajadores tomar imágenes dentro de los centros de trabajo incluso aunque sus vidas o salud estén en riesgo.

Y, en los siguientes días, nada pasó. Fue dos meses después cuando le comunicaron su despido disciplinario, que ha sido denunciado ante los juzgados. “Pasarán años antes de que gane el caso, pero lo ganaré porque mi despido fue totalmente ilegal”, explica la sindicalista que cifra en tres las leyes que la empresa se ha saltado para deshacerse de ella: “La primera, porque era representante sindical y mi sindicato no estaba de acuerdo con mi despido; la segunda, porque, además, soy inspectora de seguridad laboral, y en Polonia estos trabajadores tienen una especial protección; y tercero, porque en Polonia los empleadores tienen un mes de plazo desde lo que digan que haya motivado el despido disciplinario para hacer el despido, y en mi caso pasaron dos meses desde el día en el que habría hecho las fotos, que es de lo que me acusan”, explica Malinowska.

La capacidad de presión de los sindicatos en Polonia es, a día de hoy, según señala esta sindicalista, bastante débil, sobre todo en el sector privado. El porcentaje de afiliación en el país se sitúa en el 12,1% según los últimos datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) —de 2016—, la más baja de toda la década y a años luz de la que tuvo a finales de los 80, últimos años de comunismo en el país, cuando un tercio de la población total estaba afiliada al sindicato Solidaridad. Es incluso menor que en España, donde en 2015, últimos datos publicados, la OIT cifraba en el 13,9% el índice de afiliación sindical —también la peor cifra de la década, que comenzaba con un 17,2%—.

Malinowska señala que uno de los motivos es la falta de confianza en los sindicatos que vino con el proceso de transición política, pero otro es que muchos de los contratos laborales en el sector de logística y manufacturas actualmente se hacen a través de empresas de trabajo temporal. “Para los sindicatos es muy difícil defender los derechos de estos trabajadores cuando pueden ser despedidos cada pocas semanas; la temporalidad es muy alta y, por ello, es muy difícil organizarse, pero por supuesto estamos intentando adaptarnos para afrontar este cambio”, explica la sindicalista.

De hecho, el sindicato Inicjatywa Pracownicza ha conseguido varias victorias en Amazon. Algunas sobre cuestiones muy básicas. “Hemos conseguido que suspendan el despido de trabajadores que no cumplían la velocidad de trabajo que marcaba la empresa y también algunas mejoras en las condiciones de trabajo”, señala explicando que hace tres años, las personas que trabajaban en Amazon no tenían permitido sentarse durante sus turnos de trabajo, solo en sus descansos, ni habían sillas a su alcance para ello. “Pero es que trabajamos diez horas, y es un trabajo duro y muchas veces los trabajadores tienen problemas de respiración o les dan mareos”, señala la sindicalista. Y eso sí que lo consiguieron, que pusieran sillas y les dejaran sentarse. 

“No podemos decir que no consigamos forzarles a hacer cambios, pero no tenemos herramientas para conseguir mejoras más importantes, como en cuanto a medidas de seguridad o en la organización del trabajo”

“No podemos decir que no consigamos forzarles a hacer cambios, pero es verdad que no tenemos herramientas suficientes para conseguir mejoras más importantes, como en medidas de seguridad o en la organización del trabajo”, apunta. Ni ellos ni, por ahora, la justicia polaca. Desde el sindicato consiguieron que, entre 2014 y 2018, Inspección de Trabajo de Polonia visitara los centros de Amazon y comprobara las condiciones de trabajo que se vivían allí. En total realizaron 52 inspecciones en cuatro centros logísticos, 18 de ellas en el de Sady, donde trabajaban Magda Malinowska y Dariusz Dziamski. En el informe sobre estas visitas, la institución señala que encontró varios centenares de irregularidades que iban desde la falta de formación en seguridad y salud en el trabajo, salarios por debajo de lo pactado, u horas extras. Encontró a la empresa culpable de 26 infracciones por las que le impuso doce multas por un importe total de 18.000 eslotis —menos de 4.000 euros—. Una cantidad irrisoria para una empresa como Amazon.

Pero Malinowska resalta en especial uno de los hallazgos de Inspección de Trabajo, la manera en que la empresa mide el gasto de energía de sus empleados. “Hay límites legales en cuanto a las calorías que los trabajadores queman y, si cruzan esos límites, pueden obligar a Amazon a que cambie la organización del trabajo y, por ejemplo, puede que no tuviéramos turnos de diez horas”, explica la sindicalista.

Inspección de Trabajo comprobó que varios trabajadores de Amazon en Polonia duplicaban o triplicaban e gasto energético máximo que marca la legislación polaca sobre seguridad en el trabajo

En concreto, según una ley aprobada en el país en marzo de 2000 sobre salud y seguridad en el trabajo, el límite de gasto energético en un turno de trabajo está fijado en las 8.400 calorías o 30 calorías por minuto, y, en el caso de las mujeres, 5000 por turno o 20 por minuto. Pero, según denuncian desde el sindicato y corrobora Inspección de Trabajo, el método de medición del gasto energético empleado por Amazon es estimatorio, por lo que los resultados no son fiables. Y, de hecho las mediciones que realizó Inspección de Trabajo, que fueron corroboradas por el Tribunal Administrativo Provincial de Rzeszów, donde recurrió la empresa, resultaron en que varias de las trabajadoras de los centros de Amazon doblaban o incluso triplicaban el gasto energético máximo marcado por ley.

“Inspección de Trabajo obligó a Amazon a transferir a estas personas a otros departamentos, pero realmente lo que dijo Inspección de Trabajo es que Amazon tenía que cambiar toda su organización del trabajo para que fuera menos duro para todos sus trabajadores, y Amazon no lo ha hecho”, resalta Malinowska. En vez de eso, la empresa ha vuelto a recurrir la decisión del Tribunal Administrativo, por lo que aún está ver cómo será el trabajo en sus centros en Polonia.

“El problema es que aún no sabemos lo insalubre que es trabajar en Amazon, qué riesgo para la salud tenemos por trabajar aquí”, lamenta la sindicalista. “Están poniendo en riesgo la vida de los trabajadores, porque conocen los resultados de Inspección de Trabajo y lo que ha dicho la justicia sobre estos resultados, no deberían poder seguir con este sistema de trabajo”, añade. Pero han pasado tres años y no ha cambiado nada.

Enlace relacionado ElSaltoDiario.com (17/01/2022).




Fuente: Sasmadrid.org