October 1, 2021
De parte de Contra Todo Nocividad
171 puntos de vista


Fuente: revista pol铆tica y letras

Cuando Greta Thunberg fustiga a los poderosos de este mundo exhort谩ndoles a 芦escuchar a los cient铆ficos禄, se est谩 situando en el centro de las contradicciones de nuestra 茅poca. Idealiza la ciencia contraponi茅ndola al trabajo sucio de la industria, ignorando que 茅sta no es m谩s que el brazo armado de la ciencia. Desde el punto de vista hist贸rico, resulta completamente imposible disociarlas: la ciencia y la industria obedecen a la misma visi贸n del mundo, a la misma pr谩ctica efectiva del mundo. En ambos casos, se trata de poder reproducir ad infinitum, sin p茅rdidas ni da帽os, los procedimientos de los expertos: la reproductibilidad de los experimentos cient铆ficos es de la misma naturaleza que la reproductibilidad de los mecanismos de fabricaci贸n industrial; adem谩s, la propia naturaleza de la reproductibilidad industrial depende directamente de los enfoques cient铆ficos particulares: la reproductibilidad industrial no es m谩s que una generalizaci贸n y una masificaci贸n de las cuestiones cient铆ficas elaboradas a escala reducida.

Es hora de dejar atr谩s la falsa oposici贸n entre el conocimiento cient铆fico puro y las aplicaciones impuras y err贸neas de la misma concepci贸n del mundo.

La lucha contra el calentamiento global debe ir de la mano de la lucha contra la idealizaci贸n de la ciencia, contra su mitificaci贸n: el calentamiento global tiene su origen, en efecto, en la puesta en pr谩ctica de una representaci贸n te贸rica del mundo que encarna espec铆ficamente la ciencia. La experimentaci贸n cient铆fica en los laboratorios acad茅micos o privados es s贸lo el primer paso hacia su potencial industrializaci贸n, que no es m谩s que un cambio de escala.

La sociedad contempor谩nea ha sido construida y moldeada por la ciencia. Es moneda corriente considerar que el estado actual de la sociedad es, en lo fundamental, el resultado de la corrupci贸n de esta ciencia por parte de los intereses privados, perpetuando as铆 la oposici贸n entre un conocimiento 芦sano禄 y 芦puro禄, y las derivas 芦mort铆feras禄, 芦desiguales禄, 芦antidemocr谩ticas禄 o 芦criminales禄 de sus aplicaciones.

Sin embargo, la 芦ciencia禄 no constituye una verdad atemporal sobre el mundo, v谩lida desde toda la eternidad y para todos los tiempos, sino que es una construcci贸n social, un compromiso cultural provisional y temporal elaborado por los seres humanos en un contexto hist贸rico particular. Este punto es esencial para comprender, o al menos para intentar comprender, la crisis de la modernidad: la racionalidad es una construcci贸n hist贸rica, y por eso una crisis de la sociedad es tambi茅n una crisis de la racionalidad, una crisis de la racionalidad ligada a la sociedad que la sostiene y la expresa.

Por tanto, la ciencia 芦pura禄 no ha existido jam谩s. La ciencia, en el sentido moderno del t茅rmino (es decir, la ciencia que ya no es sin贸nimo de 芦conocimiento禄, como todav铆a era el caso hasta mediados del siglo XIX), en tanto que enfoque instrumental del mundo, es una dimensi贸n inseparable del movimiento de industrializaci贸n del mundo contempor谩neo. En efecto, como demuestra Guillaume Carnino[1], la investigaci贸n cient铆fica comparte con el mundo industrial la misma preocupaci贸n por la reproductibilidad, por la repetitividad instrumental. El objetivo pr谩ctico de la ciencia es conseguir establecer procedimientos lo m谩s precisos posible y que permitan el mayor grado de previsibilidad en la producci贸n de un resultado deseado: esta es la condici贸n b谩sica para extender esta producci贸n a una escala propiamente industrial. La ciencia y la industria son dos caras de un mismo fen贸meno hist贸rico, pero separadas artificialmente en la constituci贸n de un contexto ideol贸gico particular: la ideolog铆a del progreso. Dado que la modernidad contrapone radicalmente la materialidad del mundo y su representaci贸n, el mundo de los hechos y el mundo de las ideas, la objetividad del mundo y su conocimiento, su antagonismo s贸lo puede hallarse l贸gicamente de forma social e institucional, traducido de modo artificial en la separaci贸n entre un mundo acad茅mico y un mundo industrial.

Existe una unidad consustancial entre el mundo cient铆fico y el mundo industrial: en cualquier caso, un determinado tipo de ciencia produce necesariamente un determinado tipo de industria. Una ciencia que excluye filos贸ficamente al ser humano de su mundo s贸lo puede producir una industria que excluye materialmente al ser humano de su universo, por efecto espejo. Y, a la inversa, una industria basada en la eliminaci贸n pr谩ctica del ser humano de sus procesos s贸lo puede plantear cient铆ficamente la cuesti贸n inevitable de su eliminaci贸n cada vez m谩s radical, a trav茅s de un narcisismo conceptual.

La cuesti贸n del estatuto de la ciencia, es decir, de su capacidad para decir lo que es verdadero, real, efectivo, etc., se ha convertido en el epicentro de la actual crisis de la sociedad, y esta crisis gira por completo en torno a la inadecuaci贸n de la definici贸n del hombre y de la sociedad, de la sociabilidad del hombre que ha permitido la aparici贸n de esta ciencia: como se帽ala J茅r么me Baschet, hay que salir del naturalismo, del individualismo y del universalismo propios de la modernidad[2].

Esta cuesti贸n del estatus social de la ciencia no ha cesado de atormentar a la conciencia hist贸rica de la modernidad desde sus or铆genes. Recordemos tambi茅n que, de forma m谩s amplia, el problema de la inteligibilidad del mundo es la cuesti贸n recurrente de toda reflexividad humana sobre s铆 misma y sobre su mundo: la historia humana nunca podr谩 ser reducida a la sola cuesti贸n de la supervivencia estrictamente material.

Desde mediados del siglo XIX, la cuesti贸n de la ciencia ha sido, directa e indirectamente, el punto central, el eje, de toda la din谩mica social. Tanto el capitalismo como su impugnaci贸n, especialmente la marxista, reivindican las banderas de la ciencia y de la verdad cient铆fica. Lo que caracteriza a la ciencia es la voluntad de describir un mundo totalmente objetivo, es decir, un mundo que no est茅 mediado, ni afectado, por la cultura de las sociedades humanas; un mundo que en 煤ltima instancia perder铆a su historicidad, un mundo que podr铆a existir independientemente de los humanos. La pretensi贸n cient铆fica de la econom铆a se basa, pues, en su creencia en la posibilidad de describir las interrelaciones entre los seres humanos de forma independiente a las concepciones que puedan estos tener de ellas.

La ficci贸n de la ciencia es querer describir y comprender un mundo-robot, y no s贸lo el mundo particular habitado por humanos particulares, herederos de una historia necesariamente humana. Querer describir un mundo que no est茅 necesariamente bajo la mirada y la pr谩ctica de sociedades humanas siempre singulares constituye un sinsentido hist贸rico: el mundo, bajo todos los aspectos que se quiera y se pueda considerar, s贸lo existe a trav茅s de una interrelaci贸n, una codin谩mica con los humanos necesariamente portadores de una cosmolog铆a singular.

Lo que debemos comprender es que lo que suele denominarse con la expresi贸n 芦crisis ecol贸gica global禄 no es meramente la vigorosa protesta del ente 芦planeta-Tierra禄 contra las ambiciones de una humanidad depredadora, visi贸n que resultar铆a muy c贸moda en tanto en cuanto vendr铆a a sugerir que basta con hacer ciertas correcciones t茅cnicas para restablecer los 芦equilibrios naturales禄 maltratados, pero tambi茅n, y por encima de todo, que dicha crisis es el reverso de una inteligencia y de una inteligibilidad te贸rico-pr谩ctica en total contradicci贸n. Lo que esta crisis revela es el callej贸n sin salida en el que se encuentra el ser humano en su ser-en-el-mundo e igualmente en su ser-en-la-sociedad.

En realidad, no es la naturaleza, la naturaleza en s铆 misma, la que est谩 en crisis: es la naturaleza conceptualizada por los humanos, la naturaleza tal y como es racionalizada y vivida por los humanos, pero entendiendo que es la insuficiencia de esta racionalizaci贸n la que en verdad la estar铆a destruyendo. Pero debemos poner de manifiesto que la racionalizaci贸n particular que tiene como resultado la destrucci贸n de las bases materiales de la humanidad no puede servir al mismo tiempo para garantizar su supervivencia. Si no somos capaces de cambiar las bases epistemol贸gicas de nuestra relaci贸n con el mundo y de nuestro ser colectivo en el mundo, la ciencia est谩 condenada a seguir desempe帽ando un doble papel de bombera-pir贸mana.

La ciencia que pretende describir el mundo 芦objetivamente禄 no es sino la expresi贸n simb贸lica de una cohesi贸n social; su racionalidad espec铆fica no cambia nada. Es s贸lo la expresi贸n de una interrelaci贸n culturalmente construida de un compromiso hist贸rico entre humanos y no humanos, en un triple nivel simult谩neamente conceptual, emocional e instrumental.

Lo que me parece importante destacar es que el planteamiento de la ciencia cl谩sica postula la posibilidad de una realidad, de una especie de verdad 煤ltima, que permite, o al menos postula, la posibilidad de un juicio en 煤ltima instancia independiente de la vida concreta e hist贸rica de los seres humanos. Plantea la posibilidad de una realidad 煤nica e indivisible que permite separar a los humanos en iniciados y no iniciados y, en 煤ltima instancia, estructurar toda la vida social en torno a este punto de divisi贸n.

Si la realidad posee sus propios puntos de referencia de validez 鈥昬ncarnados por la ciencia鈥, la cuesti贸n democr谩tica pasa a ser algo secundario: no es la definici贸n de la realidad lo que puede someterse a debate, sino 煤nicamente los usos que pueden hacerse de esta realidad preconfigurada. Consecuencia pr谩ctica: si el mundo industrial es una dimensi贸n intr铆nseca de la ciencia y de su visi贸n del mundo, la impugnaci贸n de su contenido, de sus formas, del lugar residual que deja al ser humano, escapa en lo fundamental al debate.

La ciencia est谩 totalmente construida y depende de una visi贸n, de una percepci贸n, de una definici贸n del ser humano, y esto es lo que funda, lo que debe fundar su historicidad.

Si la ciencia tiene que ver con la definici贸n de la realidad implementada por la modernidad, tambi茅n define, como contrapartida, las patolog铆as que ciertas categor铆as de humanos podr铆an sufrir en su particular dominio ideol贸gico, truncado y alienado de la realidad. Tambi茅n podemos observar que, al contrario de lo que ocurr铆a en los a帽os 70, la cuesti贸n de la ideolog铆a apenas es planteada hoy en d铆a. Si la ideolog铆a puede ser definida como el negativo de una realidad de referencia, la desaparici贸n, o al menos la invisibilizaci贸n, de esta cuesti贸n puede significar dos cosas: un reconocimiento social de esta realidad de referencia (que, en consecuencia, deslegitima los postulados ideol贸gicos), o bien, lo que me parece m谩s probable, la disoluci贸n de esta realidad de referencia en s铆 misma, una disoluci贸n que deval煤a la posibilidad de la propia comparaci贸n.

芦Los fil贸sofos se han limitado a interpretar el mundo, lo que importa ahora es transformarlo禄. La percepci贸n cl谩sica de la ideolog铆a considera que es una representaci贸n sesgada de la realidad la que impide la transformaci贸n efectiva del mundo, lo que implica que una percepci贸n 芦real禄 del mundo, una percepci贸n o inteligencia acorde con la 芦realidad禄 de ese mundo ser铆a m谩s propicia para ese proyecto de apropiaci贸n. Pero, 驴en nombre de qu茅 un an谩lisis distorsionado de la realidad del mundo no podr铆a acabar siendo sustituido por otro an谩lisis distorsionado? Este enfoque conduce, por tanto, a un callej贸n sin salida.

Cuando Marx nos dice que 芦hasta ahora los hombres se han formado siempre ideas falsas [Vorstellungen] acerca de s铆 mismos, acerca de lo que son o deber铆an ser鈥β, nos sugiere que partamos de lo material y no de lo ideal. 芦Las premisas de que partimos no son arbitrarias, no son dogmas, sino premisas reales, de las que s贸lo es posible abstraerse en la imaginaci贸n. Son los individuos reales, su acci贸n y sus condiciones materiales de vida, tanto aquellas con que se han encontrado ya hechas, como las engendradas por su propia acci贸n. Estas premisas pueden comprobarse, consiguientemente, por la v铆a puramente emp铆rica禄 (La ideolog铆a alemana). Sin embargo, al hacerlo, introduce una brecha entre la vida experimentada de forma inmediata y las representaciones que la gente puede hacerse de ella, lo que plantea el problema: se pueden cambiar las representaciones que los hombres se hacen de su vida vivida (lo que implica que se podr铆an cambiar nuestras representaciones de la vida sin tocar necesariamente en lo fundamental las condiciones materiales; esto es lo que se reprocha a los idealistas), o se pueden cambiar las condiciones materiales de la existencia (lo que implica que se podr铆an cambiar estas condiciones materiales sobre la sola base de las necesidades materiales, con independencia de las representaciones que los hombres se hacen de ellas; esto es lo que se reprocha a los materialistas). Ambas alternativas han fracasado y caracterizan en cierta medida el actual callej贸n sin salida.

Hist贸ricamente hablando, el ser humano, siempre socializado e interdependiente desde el origen, se encuentra al nacer con una compleja realidad material culturalmente construida: todos los elementos de esta realidad son elementos pensados y entretejidos en m煤ltiples redes de interdependencia caracterizadas objetiva y subjetivamente: toda acci贸n, voluntaria o involuntaria, en una dimensi贸n m谩s bien material o en una dimensi贸n m谩s bien ideal, retrocede sobre la otra, creando a la larga una contradicci贸n en/con la cohesi贸n global de la realidad heredada. El ser humano no puede actuar sin pensar en lo que hace.

*

La oposici贸n-articulaci贸n del mundo pol铆tico al mundo administrativo es de la misma naturaleza que la oposici贸n del mundo cient铆fico al mundo industrial. Hoy en d铆a, asistimos de hecho a un desdibujamiento total de las antiguas fronteras entre ciencia e industria, entre pol铆tica y administraci贸n, entre mercado y Estado, un desdibujamiento que lleva de facto a una redefinici贸n de su contenido y de su inteligibilidad: cuando dos cosas se conciben inicialmente como separadas, aut贸nomas, se hace cuando menos complicado compararlas a partir del momento en que pierden esta autonom铆a, a partir del momento en que se disuelve su oposici贸n. El error aqu铆 ser铆a considerar que la oposici贸n inicial era artificial, o que la fusi贸n actual es artificial: en ambos casos, perdemos la dimensi贸n hist贸rica y 芦cualitativa禄 del paso entre estas dos fases. (Tenemos un muy buen ejemplo de esta fusi贸n entre la ciencia y la industria, con los responsables de los laboratorios Pfizer y Moderna que actualmente corren por la televisi贸n para explicar que es urgente introducir una tercera dosis de vacunaci贸n鈥)

*

Toda sociedad cultiva su capacidad de integraci贸n a trav茅s de un relato, una memoria, un ritmo hist贸rico basado en elementos compartidos. El acto fundacional de la modernidad pol铆tica es la Revoluci贸n (especialmente a trav茅s de sus variantes hist贸ricas locales, como las revoluciones americana, francesa o rusa), que es compartida de forma id茅ntica por todo el arco pol铆tico, aunque haya diferencias sobre su significado, alcance, dial茅ctica, potencialidades, etc. Fundamentalmente, esta secuencia hist贸rica 鈥昹a modernidad鈥 comparte un enfoque antropol贸gico id茅ntico del hombre y de la sociedad: y es este enfoque antropol贸gico el que hay que cuestionar para superar este mundo.

La estabilidad de toda sociedad se basa en una reconstrucci贸n permanente, en una renovaci贸n constante de su inscripci贸n temporal. Desafiar un mundo es tambi茅n desafiar su marco temporal: salir del capitalismo es salir de la revoluci贸n francesa; no se tratar铆a, desde luego, de pretender 芦corregirla禄, 芦completarla禄, 芦terminarla禄. Hay un individualismo estructural, filos贸fico, pol铆tico, que es compartido por todo el campo pol铆tico de la modernidad, y es este individualismo el que debe ser cuestionado, es este individualismo el que se ha convertido en la clave de b贸veda de todo el orden social, que es la misma clave de b贸veda del orden dominante, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha del espectro pol铆tico tradicional.

En efecto, es el individualismo fundamental del orden pol铆tico el que ha permitido el desarrollo de la divisi贸n del trabajo capitalista: s贸lo en la medida en que el hombre ya pod铆a considerarse como un ser al que pod铆a aislarse del cuerpo social, se pod铆a establecer un orden t茅cnico productivo basado en una atomizaci贸n de las contribuciones de los individuos. Para asignar tareas aisladas a individuos aislados, es necesario que estos individuos puedan concebirse independientemente de un orden colectivo, es necesario que la responsabilidad individual pueda disociarse de una responsabilidad colectiva.

Nada demuestra mejor el hecho de que la burgues铆a hist贸rica y el proletariado forman parte del mismo mundo, de que comparten una base cultural e hist贸rica irreductiblemente com煤n, como su total carencia de distancia cr铆tica con respecto al mundo industrial: sus querellas giran fundamentalmente sobre el uso de un aparato tecno-industrial considerado como socialmente neutro.

Es debido a la existencia de esta base com煤n, m谩s all谩 de todos los antagonismos sociales, que la sociedad capitalista ha podido desarrollarse y sobrevivir a sus antagonismos. Y es por ello por lo que los fines revolucionarios, y m谩s precisamente la cuesti贸n revolucionaria en s铆, ya no son los mismos hoy d铆a que en la 茅poca de Marx. No se trata de cambiar la interpretaci贸n del mundo y de la historia, en el sentido de una visi贸n externa del mundo y de la historia que seguir铆a siendo fundamentalmente la misma, sino de poder constatar que la base constitutiva de la modernidad ya no existe.

*

No hay continuidad alguna entre la destrucci贸n de las m谩quinas en los albores del desarrollo fabril, como en la 茅poca de los ludditas, y la cr铆tica del mundo industrial actual: entre estos dos momentos ha tenido lugar una extraordinaria e incre铆ble apolog铆a del complejo cient铆fico-industrial a trav茅s de una utop铆a que ha asolado el planeta, en todos los sentidos de la palabra asolar, para acabar metamorfose谩ndose ante nuestros ojos en una distop铆a, una distop铆a en curso que permite la fusi贸n retroactiva de los sue帽os burgueses y proletarios. Es una incoherencia capital querer salvaguardar una utop铆a 芦proletaria禄 en el contexto de una clara condena y denuncia del orden cient铆fico-industrial del capitalismo[3].

驴Puede existir un orden cient铆fico e industrial postcapitalista? No me cabe ninguna duda: se puede considerar que toda sociedad humana desarrolla un orden racional y t茅cnico coherente con una determinada identidad social y cosmog贸nica. Esto significa, en particular, que quienes intentan vendernos una falsa alternativa entre volver a la luz de las velas y la carrera hacia el abismo, s贸lo intentan persuadirnos, y persuadirse ellos mismos, de que un orden social directamente dependiente de un determinado estado de racionalidad industrial presentado como incuestionable, tampoco puede ser cuestionado. La legitimidad del capitalismo s贸lo puede sostenerse mientras siga siendo cre铆ble el car谩cter intangible e intransformable del aparato industrial: la cuesti贸n no ser铆a pues un problema de propiedad jur铆dica, ni un problema de las nocividades provocadas. El quid de esta cuesti贸n es si nos reconocemos en la definici贸n antropol贸gica del hombre que es la 煤nica compatible y coherente con la materialidad y la ideolog铆a del orden existente, incluso 鈥晊 quiz谩s especialmente鈥 en sus implicaciones industriales.

La cohesi贸n del orden industrial es el verdadero agujero negro de la crisis de la sociedad, y hablo de una crisis de la sociedad m谩s que de una crisis social: para m铆, la referencia a una crisis social concierne en primer lugar a un problema de relaciones en un marco material e industrial que seguir铆a siendo pertinente en s铆 mismo, mientras que es precisamente esta pertinencia la que cuestiono, un cuestionamiento que tiene un efecto retroactivo sobre la cohesi贸n global de la sociedad en su conjunto, m谩s all谩 de cualquier problem谩tica de clase social. Los antagonismos de clase siguen ciertamente presentes, pero han perdido su marca anticapitalista.

*

La cr铆tica de la econom铆a y del mercado son elementos centrales de la cr铆tica que debemos llevar a cabo, pero esta cr铆tica no debe concentrarse fundamentalmente en los problemas t茅cnicos de la circulaci贸n (de mercanc铆as, de capitales, de desigualdades, etc.). Lo que deber铆a ser central no son las desigualdades de acceso a los bienes, las desigualdades de distribuci贸n de los flujos financieros, etc., sino lo que precede a este estado de cosas, la exclusi贸n, la desposesi贸n cada vez m谩s grave de las capacidades y los medios de hacer las cosas para la inmensa mayor铆a de los humanos. La cuesti贸n no puede resolverse con medidas legales para cambiar la propiedad de los medios industriales, porque por desgracia estos medios industriales espec铆ficamente elaborados en y por el orden capitalista son precisamente los responsables de esta desposesi贸n.

La industrializaci贸n capitalista es este proceso hist贸rico de desposesi贸n de los medios universales de hacer y producir a escala humana, y es esta desposesi贸n la que est谩 en el coraz贸n de la ficci贸n econ贸mica. Este proceso conduce ciertamente a conflictos y a situaciones que pueden desembocar, y de hecho lo hacen, en situaciones dram谩ticas, basadas en las desigualdades en las que la mera supervivencia puede estar seriamente en juego, pero la historia muestra muy claramente que si s贸lo est谩n en juego estos par谩metros, estas situaciones producen crisis sociales, pero no necesariamente crisis de la sociedad. Las crisis sociales se caracterizan por una combinaci贸n de crisis social y existencial, por un desbordamiento de las motivaciones econ贸micas primarias por nuevos problemas relativos al sentido de la convivencia y del bien com煤n. Desgraciadamente, estas dos dimensiones no est谩n necesariamente en sinton铆a, ni se derivan necesariamente la una de la otra.

Peor a煤n, la percepci贸n de una crisis social puede constituir un freno a la expresi贸n de las tensiones de orden social (hago aqu铆 una analog铆a con el desarrollo de la abstenci贸n en la pol铆tica como resultado de la inadecuaci贸n del conflicto pol铆tico tradicional). Esto no significa necesariamente que no se sientan las contradicciones, los conflictos y las insatisfacciones, sino s贸lo que debe haber una correspondencia entre un sentimiento y unos c贸digos de expresi贸n que tengan sentido. Esto permitir铆a explicar el hecho de que las crisis sociales suelen aparecer 芦de la nada禄.

Cuando sostengo que lo que est谩 en juego en la conflictividad social no puede resolverse cambiando el estatuto jur铆dico del complejo industrial, me refiero sobre todo a que el mero cambio de su propiedad no puede ser ya la salida de este conflicto: no puede ser la 芦soluci贸n禄, sino s贸lo el 芦medio禄 inicial sin el cual nada m谩s ser谩 posible. Todo el mundo comprende perfectamente, incluso y sobre todo de manera confusa, de forma intuitiva, que la mera 芦expropiaci贸n禄 de los medios de producci贸n existentes en el fondo no resuelve nada, aunque siga siendo un requisito previo.

Creo que el problema es exactamente el mismo con los instrumentos materiales e institucionales del poder. No basta con tomar su control como un fin en s铆 mismo, sino que su aniquilaci贸n, su desmantelamiento, sigue siendo tambi茅n en ese caso un requisito previo.

Simplemente, si se puede decir as铆, esta disoluci贸n de una vieja finalidad hist贸rica, sobrevalorada, al rango de simple medio para otra finalidad, impone una metamorfosis de la dial茅ctica hist贸rica al mismo tiempo que una recreaci贸n, una refundaci贸n, de las apuestas sociales: ahora bien, esta disoluci贸n, real, de las viejas apuestas hist贸ricas (expropiaci贸n, antiestatismo) act煤a como un filtro de impotencia mientras la diferenciaci贸n entre finalidad y medios no sea lo bastante clara.

*

Lo que plantea un problema en la actualidad es que, desde mediados del siglo XIX, la cuesti贸n de la abolici贸n del Estado se ha traducido en el deseo de sustituir el gobierno irracional o interesado de los hombres por la administraci贸n racional y objetiva de las cosas, a imagen y semejanza del orden industrial de producci贸n. Lo que ha cambiado desde entonces es que el orden industrial actual ya no puede pasar por un modelo de racionalidad, lo que en consecuencia invalida el contenido prestado hasta ahora a lo que debe ser una administraci贸n racional de las cosas: cuando la racionalidad establecida de las cosas existentes se ha hecho a帽icos, ya sea por el distanciamiento irreductible de los seres humanos o por el distanciamiento irreductible de su entorno vital, 驴c贸mo podr铆a entonces concebirse racionalmente la gesti贸n, la administraci贸n de las herramientas que producen tal resultado?

No es la raz贸n la que ha sido traicionada, no es la raz贸n la que ha sido pervertida, deformada, falseada: en realidad este mundo, en lo que se ha convertido este mundo, es el resultado de una concepci贸n hist贸rica de una raz贸n particular, basada y determinada en una concepci贸n del ser humano, de la sociedad, de la naturaleza, del mundo, el racionalismo de la Ilustraci贸n y sus descendientes. Salir de este racionalismo no es renunciar a 芦la禄 raz贸n, es s贸lo renunciar a una raz贸n particular que opone el cuerpo y el esp铆ritu, lo objetivo y lo subjetivo, el hombre y la naturaleza, la cultura y la naturaleza, el hacer y el saber, el pueblo y el Estado, el dominante y el dominado, etc., etc., todas estas oposiciones que se han vuelto artificiales en su manera de ver y de comprender la realidad de nuestros d铆as.

Cuando los marxistas nos repiten que ya no es momento de interpretar el mundo, sino que lo urgente es ahora transformarlo, no se dan cuenta de que este mundo que 芦s贸lo禄 necesita ser transformado ha sido construido, elaborado, maquinado, en nombre de una determinada raz贸n hist贸rica, y que no s贸lo son condenables las desigualdades de los hombres frente a lo que ha devenido de ese mundo elaborado por dicha raz贸n (lo que vendr铆a a significar: el mundo creado por la modernidad seguir铆a siendo 芦bueno禄 en s铆 mismo, ser铆a 芦s贸lo禄 la malversaci贸n privada de sus resultados lo que habr铆a que combatir). Lo que falla en esta frase marxista es que reconoce el mundo material producido por la modernidad como fundamentalmente v谩lido, y que bastar铆a con librar a este mundo de los mecanismos de poder que pervierten su uso, como bien com煤n, para que el mundo sea realmente 芦puesto sobre sus pies禄 (este planteamiento de querer 芦poner las cosas sobre sus pies禄 es, adem谩s, bastante ambiguo). Hay que subrayar aqu铆 una y otra vez que la inadecuaci贸n de esta frase no es responsabilidad de Marx y de su tiempo, sino que esta inadecuaci贸n es el resultado dial茅ctico real de un proceso hist贸rico que ha mutado.

No estoy diciendo que debamos definir un nuevo marco intelectual, te贸rico, racional, etc., y luego llevar esta buena noticia, con una pedagog铆a adaptada, etc., a las masas incultas (as铆 son, por definici贸n, seg煤n esta l贸gica). Tratar de deslegitimar la racionalidad del orden existente es s贸lo tratar de mostrar que es necesaria otra racionalidad, aunque 茅sta s贸lo pueda nacer y crecer en la impugnaci贸n, al mismo tiempo pr谩ctica y te贸rica, del orden existente: esta otra racionalidad s贸lo existe en una praxis, no preexiste a la acci贸n.

Por decirlo de otro modo, sabemos globalmente lo que no queremos, lo que ya no queremos, pero este rechazo del orden inmediato se describe primero fenomenol贸gicamente en las categor铆as mentales y racionales del orden existente: la posibilidad efectiva de superarlo depende de la capacidad colectiva de librarse de 茅l, pensando de otro modo en una exigencia pr谩ctica original, siendo estas dos dimensiones indisociables (lo que no tiene nada que ver con un enfoque de tipo intelectual). De su fusi贸n en los mismos individuos nace la energ铆a comunicativa, y por tanto festiva, de la revuelta.

Louis de Colmar

(Art铆culo aparecido el 1 de junio de 2021 en el blog En finir avec ce monde)


[1] Guillaume Carnino, L鈥檌nvention de la science, la nouvelle religion de l鈥櫭e industriel, Seuil, 2015.

[2] J茅r么me Baschet, Basculements, Mondes 茅mergents, possibles d茅sirables, La D茅couverte, 2021.

[3] La tesis de Paul Ricoeur es que la ideolog铆a no es lo que describe el desfase de la conciencia en relaci贸n con la realidad, y m谩s precisamente en relaci贸n con la descripci贸n cient铆fica de la realidad a partir de mediados del siglo XIX, en referencia a una 芦situaci贸n hist贸rica dada禄 considerada relevante, sino el desfase que se crea por la cr铆tica de dicha 芦situaci贸n hist贸rica dada禄 a trav茅s de la b煤squeda de una exterioridad, una exterioridad cr铆tica que 茅l denomina 芦utop铆a禄. Paul Ricoeur, Ideolog铆a y Utop铆a, Seuil, 1997

<!–

–>




Fuente: Contratodanocividad.espivblogs.net