March 29, 2021
De parte de Contra Todo Nocividad
98 puntos de vista


Fuente: 15/15/15 ‚Äď Antonio Aretxabala

Est√° claro que 2020 pasar√° a la historia, y no solo por una pandemia. Este a√Īo descubrimos que la masa de objetos artificiales ha superado por primera vez el peso total de la biomasa del propio planeta, un producto tecnol√≥gico que apenas cuenta con un siglo de vida, el hormig√≥n armado (HA), es el principal responsable.

En los √ļltimos tiempos, no s√≥lo el progreso o el desarrollo industrial y tecnol√≥gico han abierto nuevos campos a las relaciones econ√≥micas abandonando muchas de las relaciones at√°vicas, tradicionales; tambi√©n vinieron de la mano de otro concepto que nadie puso en entredicho: el crecimiento como se√Īal de progreso en un contexto concreto: la ciudad capitalista de hormig√≥n armado, de cuerpos humanos, objetos artificiales y asfalto.

Sin embargo, la era del crecimiento econ√≥mico continuo da muestras inequ√≠vocas de que ha terminado de verdad y el mensaje cient√≠fico, al se√Īalar ese l√≠mite con toda su crudeza, viene a significar en √ļltima instancia que la ciudadan√≠a subvencionar√° a fondo perdido las inversiones a las grandes empresas a trav√©s de sofisticados programas de rescate social y verdes. Eso s√≠, para ello es requisito fundamental pintarse del color de la clorofila. Grandes financieras invertir√°n mucho dinero tambi√©n en la transici√≥n ecol√≥gica, pero con enormes y jugosos retornos garantizados por los gobiernos a costa de la propia ciudadan√≠a. El empobrecimiento de las clases urbanas que se ha puesto en marcha es aplaudido desde buena parte de lo que se denomina progresismo, aunque no todo parece estar perdido, pues se trata de una nueva pobreza, es social y es de color verde.

Esta es la definición más moderna y actual del capitalismo verde que comenzamos a transitar: una organización económica que necesita de la destrucción de la vida, los ecosistemas y las comunidades, para que unos pocos desalmados puedan hacer negocio con su supuesta reparación contando con la complicidad de un amplio sector progresista que ya no disimula su enamoramiento por la economía más reaccionaria de corte neoliberal.

Los pa√≠ses que primero iniciaron el gran desarrollo tecnol√≥gico e industrial, como EE. UU., ya viven la dura batalla del mantenimiento de sus obsoletos objetos artificiales, pues √©stos, a diferencia de la vida, no pueden regenerarse a s√≠ mismos y una buena parte de sus infraestructuras deben ser mantenidas a precios energ√©ticos y econ√≥micos inasumibles: las conducciones de agua fallan, cerca de 60.000 puentes han superado su vida √ļtil, los condados ya no reparan sus carreteras‚Ķ Las estructuras de hormig√≥n no contaron con el aumento de la temperatura, la fusi√≥n del permafrost (25% de la tierra emergida), la humedad o los iones en movimiento, y ahora resulta que se deterioran m√°s r√°pidamente de lo planeado. Todo ello nos obliga a incluir un modelo integral de dise√Īo y mantenimiento para mitigar el calentamiento global y minimizar el impacto del cambio clim√°tico en las estructuras de esa roca artificial que moldea nuestra urbanosfera.

En el 2020, la vida y la tecnología se miraron de frente

En efecto, el a√Īo 2020 pasar√° a la historia, y probablemente no por la pandemia de COVID-19. En este a√Īo se pone sobre la mesa el hecho de que las masas de objetos artificiales superan ya el peso total de la biomasa proveniente de la din√°mica interactiva entre la geolog√≠a, el sol y la vida del propio planeta. La estimaci√≥n es en ambos casos 1,1 teratones o teratoneladas (Tt, es decir: 1,1√ó1012 t). El an√°lisis ha sido presentado en Nature en diciembre de 2020 por un grupo de investigadores del Instituto de Ciencia Weizmann (Israel). Para hacer los c√°lculos se dividieron los objetos hechos por el ser humano en seis categor√≠as principales: hormig√≥n armado (HA), sus agregados (incluidas arena y grava), ladrillos, asfalto, metales y ‚Äúotros materiales‚ÄĚ que incluyen pl√°sticos, madera tratada para la construcci√≥n, papel y vidrio. Un producto que apenas tiene un siglo de recorrido, tal y como hemos visto en esta revista para una nueva civilizaci√≥n ‚ÄĒel hormig√≥n armado‚ÄĒ es el mayor responsable de esta nueva relaci√≥n de masas.

Antropomasa vs. Biomasa
Fuente: wis-wander.weizmann.ac.il

Los investigadores no consideraron en sus c√°lculos un nuevo elemento ‚ÄĒel que aparece con la Revoluci√≥n Industrial y nuestra ruptura de la relaci√≥n circular con la vida‚ÄĒ propiciado por la poderosa magia de los combustibles f√≥siles: el desecho (tanto s√≥lido como l√≠quido o gas que acaba en nuestra sangre, ri√Īones, h√≠gados y cerebros). Si se hubiese tenido en cuenta, es muy probable que el a√Īo en cuesti√≥n no fuese 2020, sino 2013 tal y como se vio en investigaciones previas. El aire que respiramos tambi√©n aporta un peso nada despreciable al platillo de objetos artificiales de la balanza y ya es oficialmente responsable de la muerte de seres humanos, tal y como presentamos en Radio Euskadi con Eva Caballero e Isabel Urrutia bajo el t√≠tulo ‚ÄúCuando respirar perjudica la salud y 2020: lo fabricado pesa m√°s que los seres vivos‚Äú.

En el otro platillo de la balanza vemos, con unos c√°lculos simples, que la inmensa mayor√≠a de la materia viva de nuestra casa com√ļn, Gaia, es verde: un 90% es vegetal, seguido de bacterias, hongos, arqueas y protistas. El resto de los animales, incluidos nosotros, los cultivos y el ganado criado para alimentaci√≥n, suponemos apenas un 10%. Los desaf√≠os de contabilizar existencias globales de biomasa y cosas son enormes, pero el punto de cruce est√° en alg√ļn momento entre la √ļltima d√©cada y las pr√≥ximas dos con casi plena seguridad. Los investigadores del prestigioso instituto, tras cinco a√Īos de c√°lculos, aportan adem√°s un dato asombroso: cada semana implantamos objetos, edificios, carreteras, presas o f√°bricas, que superan el peso de todas las personas del planeta. Si pudi√©ramos continuar el ritmo ‚ÄĒy, por suerte para nuestros hijos, no vamos a poder‚ÄĒ para 2040 la relaci√≥n materia viva/peso de los objetos artificiales ser√≠a de 1/3. Pero‚Ķ ¬Ņc√≥mo que no vamos a poder seguir progresando?

El crecimiento tenía un límite

En los √ļltimos tiempos, especialmente desde la crisis de 2008 y con m√°s intensidad tras la crisis de la COVID-19, proliferan no pocas voces desde todos los sectores industriales, empresariales, econ√≥micos o sociales, advirtiendo de un hecho sorprendente, pero cada vez m√°s contrastado: que el crecimiento econ√≥mico hoy ya no ser√≠a sin√≥nimo de desarrollo (la Agenda 2030 acarrea una buena dosis de esa perspectiva). No obstante, esta palabra desarrollo, tan ligada a la gran aceleraci√≥n vivida en el siglo XX, se vincul√≥ siempre, tal y como apuntamos, al progreso. Adem√°s, no s√≥lo el progreso o el desarrollo industrial y tecnol√≥gico a√Īadieron nuevos campos y posibilidades en cada sector en el que brotaron y desplegaron sus potenciales, sino que vinieron de la mano del otro concepto que, con los anteriores, nunca nadie se dign√≥ a poner en entredicho: el crecimiento.

Por tanto, la trinidad desarrollo-progreso-crecimiento ser√≠a una e indisoluble para todo aquel que se gu√≠e por par√°metros acordes con la cosmovisi√≥n industrial que avanz√≥ y se perfeccion√≥ a lo largo de las revoluciones industriales y tecnol√≥gicas hasta pr√°cticamente nuestros d√≠as. Probablemente no se pueda proyectar peor desconfianza sobre alguien que la de ‚Äúestar en contra‚ÄĚ o ser ‚Äúenemigo del progreso‚ÄĚ. Expresiones que, seg√ļn los intereses de ciertos grupos influyentes, empresariales, econ√≥micos o pol√≠ticos, ha venido utiliz√°ndose de manera reiterativa contra quienes puedan suponer una amenaza para ciertos intereses u objetivos cortoplacistas.

Sin embargo, escuchamos cada vez con mayor frecuencia algunas voces discordantes que nos sacan de nuestra consolidada zona de confort. Estas voces nos advierten ya de que, aunque intrínsecamente la idea de progreso disfrute de todas las bendiciones arrojadas desde cada sector y tendencia política, sí podría ser perjudicial, y precisamente para ese mismo progreso, ya que depositar en éste una fe ciega, muestra ciertos efectos indeseables que vamos a tratar de vislumbrar.

La idea conjunta de desarrollo-progreso-crecimiento ha venido acompa√Īada tambi√©n de las de globalizaci√≥n, emprendimiento, competitividad, igualdad de oportunidades, urbanismo, infraestructuras, expansi√≥n, complejidad‚Ķ ¬ŅQu√© pasar√≠a si alguno o varios de los factores definitorios de nuestra sagrada tr√≠ada, en un momento dado resultasen vulnerables e incluso fallasen? ¬ŅSe podr√≠a calificar de ‚Äúenemigos del progreso‚ÄĚ a los simples mensajeros que dan testimonio de la debilidad pasajera o definitiva de nuestros supuestamente inquebrantables par√°metros?

Límites partout

Pesadilla de barbies
Pexels. Fuente: Pixabay.

Nadie nos ha contado exactamente cu√°l ser√≠a la relaci√≥n m√°xima de objetos/biodiversidad que nuestros organismos humanos, comunitarios, sociales, la propia biosfera, podr√≠an llegar a tolerar sin que la vida se hiciera imposible. Tampoco el ritmo de implantaci√≥n o introducci√≥n de estos objetos en el proceso digestivo de cada organismo individual o de la econom√≠a global. Actualmente cada tres segundos se vende una mu√Īeca Barbie en el mundo, y casi al mismo ritmo otras tantas acaban como desechos o dentro de los organismos vivos. Cada semana, cada persona de este planeta ingiere de media unos 5 g de micropl√°sticos, lo que equivale a unas tres mu√Īecas Barbie al a√Īo. Desde 1900 toda la masa de organismos se fue reduciendo mientras aumentamos dr√°sticamente la producci√≥n industrial; la vuelta a la tortilla que ha hecho que los objetos superen a los veh√≠culos de la vida dur√≥ apenas un 1% del tiempo (120 a√Īos) desde la primera Revoluci√≥n Agr√≠cola (12.000 a√Īos).

Los objetos producidos por humanos eran s√≥lo un 3% de la biomasa global al inicio del siglo XX. Tras la Segunda Guerra Mundial a√Īadimos unas 30 gigatoneladas de objetos al a√Īo. Y esto obviamente fue posible por el auge de los reci√©n incorporados combustibles f√≥siles en la producci√≥n industrial. Y ahora, en el a√Īo de la pandemia cada vez se habla m√°s de l√≠mites, pero no porque desde la ciencia no los hubi√©semos se√Īalado. No son pocos los ge√≥logos como M. King Hubbert, investigadores como Donella & Dennis Meadows o Colin Campbell y Jean H. Laherr√®re que desde las d√©cadas de los 50, 70 √≥ 90 nos vienen apuntando a dichos t√©rminos o confines.

Y es que una de las cualidades de la ciencia, entre otras muchas, ha sido la de dotarse de la capacidad de se√Īalar l√≠mites. Se√Īalar los l√≠mites de una condici√≥n natural es algo muy distinto a crearlos. Sin embargo, vemos que en cuestiones como las que nos ata√Īen, se sigue matando al mensajero en vez de prestar atenci√≥n a su mensaje. ¬ŅPor qu√© reaccionamos as√≠? Veamos d√≥nde estamos y c√≥mo hemos llegado hasta esta chocante situaci√≥n.

Todo organismo se manifiesta con unos l√≠mites, ya se trate de un organismo individual, colectivo, simbi√≥tico, par√°sito, social o econ√≥mico. Se podr√≠a definir el crecimiento econ√≥mico como la evoluci√≥n positiva de un organismo social con los est√°ndares de vida del territorio que habita ‚ÄĒhabitualmente regiones o pa√≠ses‚ÄĒ medidos en t√©rminos de la capacidad productiva de su econom√≠a y de su renta dentro de un periodo de tiempo determinado. El concepto de renta puede aglutinar una gran variedad de indicadores econ√≥micos y de bienestar. No pocos est√°ndares han tomado el consumo de cemento para hormig√≥n como un indicador altamente fiable. Tambi√©n la tasa de ahorro, de inversi√≥n de la ciudadan√≠a o la balanza comercial son com√ļnmente considerados para definir y estudiar el crecimiento econ√≥mico. El medidor m√°s utilizado para evaluar la evoluci√≥n econ√≥mica de las comunidades humanas suele fijarse en las fluctuaciones del Producto Interior Bruto (PIB).

Antropomasa
Itai Raveh. Fuente: Anthropomass.org

Si la evoluci√≥n econ√≥mica es la capacidad productiva o de realizar trabajo en un determinado escenario de espacio y tiempo, acabamos de definir que tambi√©n es la consumaci√≥n de unos objetivos que, siendo potenciales, pudieron llegar a materializarse, es decir, la energ√≠a repartida en el espacio y en el tiempo capaz de consumar las aspiraciones y expectativas de esa comunidad pudo garantizar su conclusi√≥n. Desde que se puso en marcha la maquinaria industrial y tecnol√≥gica hace casi dos siglos, se ha dado por sentado que la disponibilidad de dicha energ√≠a ‚ÄĒcomo factor fundamental y precursor de toda actividad econ√≥mica‚ÄĒ nunca iba a faltar. Aunque a lo largo de todos estos a√Īos la energ√≠a ha sido com√ļnmente tratada como una mercanc√≠a o un producto m√°s, sometido a leyes de oferta y demanda en un entorno mercantil, ha llegado un momento en que nos hemos dado cuenta de que era algo realmente especial: era la base que garantizaba toda actividad econ√≥mica.

Como el pez, que no es consciente del agua porque no la experimenta y s√≥lo despierta a su existencia al morir fuera de ella, cuando nos ha faltado el suministro garantizado, continuo, creciente y a demanda de la energ√≠a necesaria para realizar nuestros sue√Īos m√°s desarrollistas, nos hemos dado cuenta de su verdadero papel en el impulso de nuestra √ļltima organizaci√≥n social, de nuestra civilizaci√≥n tecnol√≥gica industrial capaz de crear m√°s desechos y materia muerta que viva. La energ√≠a barata, abundante, vers√°til, estaba detr√°s del desarrollo, del progreso, del crecimiento de las √ļltimas d√©cadas y detr√°s de la transformaci√≥n de todos esos objetos artificiales. La imaginaci√≥n, la inteligencia o el talento cient√≠fico y tecnol√≥gico simplemente idearon y propiciaron las v√≠as e itinerarios que dise√Īamos para su despliegue y nuestra supuesta comodidad. Y la imaginaci√≥n, como el talento, no tiene l√≠mites. Pero la energ√≠a s√≠; o al menos su disponibilidad, dado que ni se crea ni se destruye, simplemente se transforma, aunque dicha transformaci√≥n se realiza en una sola direcci√≥n: de disponible a no disponible.

Desde que inauguramos el nuevo siglo, nos vemos obligados a gastar mucha m√°s energ√≠a en procurarnos energ√≠a, a veces m√°s de la que podemos derivar para otra capacidad productiva que no sea la de extraer, refinar y transportar la propia energ√≠a que realiza el resto de los trabajos definitorios de crecimiento-progreso-desarrollo, que es en realidad la propia definici√≥n de energ√≠a; es decir, ¬Ņestamos afirmando que a la actividad econ√≥mica no energ√©tica ‚ÄĒque es la que nos interesa‚ÄĒ cada vez le llega menos alimento?, o lo que es lo mismo, ¬Ņestamos afirmando que hay un l√≠mite para las ya hist√≥ricamente dominantes extracciones convencionales de energ√≠a? A nadie se le escapa que para hacer que esos recursos energ√©ticos puedan ser consumidos y reviertan en el desarrollo de las sociedades hay que gastar cada vez m√°s energ√≠a. Hablamos de quemar m√°s y m√°s, y por lo tanto producir m√°s y m√°s desechos para obtener una energ√≠a neta menguante (figura 1).

De ahí saltaron las alarmas ante los impactos indeseados sobre el medio que garantiza nuestra existencia: Agenda 2030, los 17 Objetivos para el Desarrollo Sostenible o el Dictamen SC/048 de la UE sobre nuevas economías circulares y sostenibles.

El aumento de la pobreza en un entorno mercantil contado desde las ciencias de la Tierra
Figura 1. Coste energético de la energía desde mediados del siglo XX hasta la actualidad (esquemático).

Quizás el efecto secundario más popular sea el Cambio Climático, pero también la pérdida de biodiversidad, la desaparición de las especies barrera ante las pandemias, la escasez de agua, la expansión del microplástico con sus disruptores hormonales y cancerígenos o la acelerada pérdida de fertilidad de los suelos, también la de los machos de varias especies incluidos los varones humanos. Todo ello era la parte del progreso que nos negamos a mirar de frente. Pero de todos esos efectos que nos negamos a afrontar había uno en especial que muy recientemente comenzó a preocuparnos sobremanera: la dificultad cada vez mayor e incluso la imposibilidad de seguir haciendo crecer la economía.

Y ¬Ņsi la era del crecimiento econ√≥mico infinito ha terminado de verdad?

No entraremos a analizar los efectos secundarios como el Cambio Climático desde el punto de vista de la agricultura o los eventos extremos, la pérdida de biodiversidad, la polución o cambios de acidez de los océanos, escasez de agua potable, deforestación, etc. Vamos a centrarnos en un recorrido histórico de síntomas que, aunque sea por reducción, nos ayuden a rescatar ideas sobre un diagnóstico plausible que nos permita dirigirnos a buen puerto, o al menos evitar encallar, ya que el producto estrella transformado por nosotros mismos, el HA que esculpe nuestro pesado nuevo hábitat artificial, también tenía una fecha de caducidad que vamos a tener que adelantar a causa de la sobrevenida dificultad energética, de mantenimiento, el aumento de CO2 y el calentamiento global. Especialmente desde 2006 todo está en decadencia (aunque todo empezó mucho antes).

Desde 2008, tras el colapso del sistema financiero, se acelera el problema a pesar de maquillar nuestro indicador favorito (el PIB) con deuda, armas, prostitución o droga. Rescatar bancos e infraestructuras ruinosas se hace con toda normalidad y se presenta como irremediable y algo bueno para todos. Desde 2010 nos agarramos a clavos ardiendo y comenzamos a experimentar con la utilización de recursos no convencionales creando burbujas que siempre explotan: agrocombustibles, arenas asfálticas, fracking, renovables… Desde 2015 ya no podemos extraer cada vez más y si lo hacemos es porque gastamos más energía en proporcionarnos menos energía. A partir de 2017 el declive parece imparable, en 2018 se alcanzó un máximo total y en 2020 con ayuda de un virus la contracción se acerca al 10%.

Dennis Meadows
Dennis L. Meadows es coautor de Los L√≠mites del Crecimiento (1972). En una entrevista concedida recientemente con motivo de la revisi√≥n que se lleva a cabo cada 20 a√Īos sobre esa investigaci√≥n (de momento 1992 y 2012 han certificado la fiabilidad del itinerario trazado hasta mediados del presente siglo XXI) nos advert√≠a de los grandes cambios que ya estamos viviendo: ‚ÄúEntre hoy y 2030 veremos m√°s cambios de los que ha habido en un siglo, en la pol√≠tica, en el medio ambiente, en la econom√≠a, en la t√©cnica. Los problemas de la zona euro no representan m√°s que una peque√Īa parte de lo que vamos a ver. Y estos cambios no se llevar√°n a cabo de una manera pac√≠fica.‚ÄĚ

En los pr√≥ximos a√Īos, es presumible que la demanda energ√©tica supere a la oferta, como nos advierte la Agencia Internacional de la Energ√≠a (AIE), √≥rgano de la OCDE de la que Espa√Īa es miembro. Llegado ese momento es muy probable que el acceso a la energ√≠a se haga complicado acompa√Īado por precios demasiado vol√°tiles para garantizar cierta estabilidad econ√≥mica. Es muy probable tambi√©n que √©stos acaben sufriendo una ligera pero nefasta subida que, a zonas como Europa, les supondr√° una frenada econ√≥mica de tal calibre que habr√° que replantearse muchos grandes proyectos y la viabilidad de los ya ejecutados, adem√°s de los cambios de las relaciones entre las √°reas centrales y perif√©ricas, la descentralizaci√≥n que ya vivimos y los consiguientes conflictos sociales.

La OCDE prev√© una seria imposibilidad de suministro acorde a la demanda de petr√≥leo, uranio, gas, carb√≥n y las energ√≠as llamadas renovables, en pocos a√Īos. El inevitable declive de la producci√≥n industrial ‚ÄĒcomo el que ya vivimos‚ÄĒ es clave para prever escenarios realistas.

Aunque la geología, que es quien manda, no está siendo considerada para las previsiones económicas de algunos gobiernos, son los mercados financieros los que están guiando a los inversores, proponiendo sobre todo la creación de más papel, más burbujas como las renovables y sobre todo más deuda. Sin embargo, el barril del petróleo que sale de la tierra, que es la verdadera moneda que entiende la economía física real, continuará muy alto para las economías de todos los países, incluidos los extractores (nada de productores) y al mismo tiempo demasiado bajo para la industria del sector energético; y el problema que acarrea esta realidad es que el resto de las opciones energéticas también se encuentran en la misma situación.
No existe ninguna opci√≥n energ√©tica, o ‚ÄĒlo que es lo mismo‚ÄĒ de reactivaci√≥n de la econom√≠a tal cual la conocemos, que no pase en mayor o menor medida por el inevitable filtro del petr√≥leo. Todo aerogenerador y el campo donde se implanta con otros cientos, se adec√ļa y construye con energ√≠a f√≥sil y sus derivados. No existe ninguna instalaci√≥n e√≥lica montada con energ√≠a e√≥lica, y lo mismo es v√°lido para la solar, la hidroel√©ctrica o la nuclear.

Vista aérea de la presa de Hoover, en los EE. UU. Fuente: Wikimedia Commons.
Vista aérea de la presa de Hoover, en los EE. UU. Fuente: Wikimedia Commons.

La construcci√≥n de las grandes centrales ‚ÄĒlimpias o sucias‚ÄĒ son siempre petr√≥leo-dependientes; pero es que la garant√≠a de su estabilidad tambi√©n. Las grandes obras hidr√°ulicas, centrales energ√©ticas, obras lineales, urbanizaciones‚Ķ se pueden mantener gracias al gasto de ingentes cantidades de energ√≠a accesible y barata. Hoy, cada vez en m√°s n√ļmero, manifiestan diferentes grados de inestabilidad e insostenibilidad; en algunas comunidades podemos a duras penas mantenerlas y si lo hacemos, es ya desviando demasiados recursos desde sectores vitales para la sociedad.

De forma apremiante estamos tomando decisiones igualmente vitales ante el ineludible impacto derivado del forzoso abandono de muchas de estas infraestructuras, tal como ya est√° sucediendo con aeropuertos abandonados, autopistas, embalses, almacenes gas√≠sticos, centrales energ√©ticas f√≥siles o nucleares; la clave para que algunas no se conviertan en verdaderas bombas de relojer√≠a est√° en c√≥mo vamos a priorizar la transici√≥n desde la era f√≥sil y del hormig√≥n a la de la energ√≠a renovable y la construcci√≥n sostenible, en si lo hacemos permitiendo que las grandes empresas que esculpieron nuestro pesado h√°bitat artificial ‚ÄĒreci√©n pintadas de verde‚ÄĒ puedan seguir creciendo a costa de la vida y del medio que nos la garantiza o, por contra, asumimos en primer lugar nuestra capacidad para afrontar un futuro de obligado decrecimiento de manera cooperativa y descentralizada.

Edificiones en construcción en Zaragoza. Fuente: Wikimedia Commons.
Edificiones en construcción en Zaragoza. Fuente: Wikimedia Commons.

Los excesos urban√≠sticos de las √ļltimas d√©cadas, apuntalados por la abundancia de energ√≠a f√≥sil, barata y vers√°til, han dejado millones de toneladas de obras inservibles cuyo mantenimiento muchas comunidades ya no podemos afrontar. Muchas ni siquiera llegaron a entrar en funcionamiento y tampoco se espera que nunca lo hagan.

Desafortunadamente, vemos que el abandono a su suerte est√° siendo una manera de tr√°nsito real hacia la consecuci√≥n de una supuesta mejora del nivel de vida de las comunidades, pero es que al mismo tiempo se trata de una transici√≥n sin crecimiento econ√≥mico en el que los desechos y los objetos fabricados son abandonados cada vez a mayor ritmo, pues esa din√°mica econ√≥mica basada en el hormig√≥n (y por tanto en los combustibles f√≥siles) a√ļn no se ha abandonado porque no se comprende el momento hist√≥rico. Simplemente se ha disfrazado de social-verde creyendo que las energ√≠as limpias van a sustituir lo de siempre. Se tratar√≠a de un decrecimiento innegociable como alternativa a econom√≠as por el momento estacionarias con peque√Īas subidas (celebradas con mucha fanfarria), tal y como marcan, por ejemplo, la directiva SC/048 de la UE y otras afines.

Sin embargo, el hormigón armado, que es la pieza fundamental de lo que se ha llamado crecimiento económico y el principal icono de nuestro capitalismo fosilista, es esencialmente arena y grava pobremente unidas con cemento a muy altas temperaturas. También es ya el material de construcción más utilizado en el planeta, prácticamente un 70% de los habitantes de este mundo vivimos bajo hormigón.

Hormigón y Cambio Climático

Cada a√Īo transformamos en peso m√°s del doble de hormig√≥n que de acero, aluminio, pl√°stico y madera tratada juntos. Lo de hacer nuestras ciudades de HA fue una forma casi m√°gica de crear: era barata, r√°pida y relativamente f√°cil. En un suspiro geol√≥gico hemos implantado carreteras, puentes, presas, centrales energ√©ticas, viviendas para la mayor√≠a de las personas y animales dom√©sticos‚Ķ Cuando comenzamos a transitar por el siglo XX todas esas cosas apenas supon√≠a entre el 2% y el 3% comparadas con el peso de la Biosfera.

Puente sobre el río Almonte. Fuente: Wikimedia Commons
Construcción de puente sobre el río Almonte (2008). Fuente: Wikimedia Commons

El HA es quiz√°s uno de los mejores indicadores que se han expandido por todo el planeta para poder determinar alg√ļn l√≠mite para un Antropoceno que ya pesa m√°s por su materia artificial (gracias a √©l) que por la materia viva de todo el planeta. Desde que comenz√≥ la primera Revoluci√≥n Agr√≠cola hace cerca de 12.000 a√Īos, los seres humanos hemos reducido la biomasa global casi a la mitad, de unas 2 Tt a alrededor de las 1,1 Tt de hoy. Una cantidad cada vez mayor de territorio se est√° utilizando para cultivar, pero la masa total se ve reducida por la deforestaci√≥n y otros cambios en el uso que han reducido dr√°sticamente lo verde (el 90% de la materia viva). Tras ellos, los mayores impactos provienen de la caza, la sobrepesca y las macrogranjas; todas ellas fueron actividades que con el tiempo tambi√©n se convirtieron en prolongaciones del trabajo f√≥sil.

Y como toda tecnología funciona porque tras ella hay una energía que la sustenta, el mismo hormigón es una tecnología absolutamente fósil-dependiente que imita de manera bastante pobre los procesos geológicos de erosión, transporte y sedimentación, gracias a la simultaneidad histórica del desarrollo de ambas tecnologías: el hormigón armado y el uso de hornos de gas, carbón y transporte mecanizado de combustión interna. Con su mantenimiento pasa exactamente lo mismo: vivimos en un mundo cada vez más necesitado de reparación y conservación de infraestructuras envejecidas, pero con las fuentes de energía barata, abundante y versátil en decadencia, así que el problema de derivar cada vez más recursos para seguir en el mismo lugar se amplifica. Sufrimos el síndrome de la Reina Roja de Alicia através del espejo: cada vez tenemos que correr más deprisa para seguir en el mismo lugar.

La durabilidad del hormig√≥n est√° determinada en gran medida por su deterioro con el tiempo, que se ve afectado por los cambios del medio ambiente. El Cambio Clim√°tico puede alterar este entorno, provocando una aceleraci√≥n de los procesos de deterioro que afectar√°n a la seguridad y la capacidad de servicio de la infraestructura de hormig√≥n en cualquier parte del mundo. El a√Īo 2020 fue testigo de temperaturas r√©cord en el permafrost y desde el norte m√°s fr√≠o vimos las consecuencias mec√°nicas del aumento de las temperaturas como noticia habitual.

Producción mundial de hormigón
Producción mundial (azul) y estadounidense (rojo) de hormigón, 1930-2000. Fuente: Wikimedia Commons.

Considerar nuestros pies como nuestros cimientos físicos personales, o nuestra cultura como los cimientos sociales, igual que las zapatas o los pilotes lo son de nuestras casas y ciudades estratificadas en pisos y plantas ha venido siendo una metáfora habitual. Nuestra organización social también estratificada, con sus diferentes plantas, agricultura, industria, sectores sanitarios, de cuidados, cultura, educación, arte, tecnología, informática… tiene sus cimientos que también se sustentan sobre la Tierra. Es la minería la base sobre la que hemos podido construir nuestra compleja sociedad tecnológica e industrial.

Sabemos que sobrecargar los edificios con m√°s plantas sin reforzar la parte m√°s importante ‚ÄĒaunque no la veamos porque est√° enterrada y casi ni la ignoremos‚ÄĒ, los cimientos, puede poner en peligro la estructura al completo. Sabemos tambi√©n que perturbar la propia tierra o roca que interact√ļa con esa base, puede provocar el colapso inminente de toda la estructura.

Esta met√°fora geot√©cnica nos sirve para se√Īalar que la base que sustenta nuestro modo de vida se ha visto tocada por una crisis que viene de muy lejos, pero que ha golpeado con una nueva ola llamada COVID-19. Sabemos lo dif√≠cil que es arreglar el cimiento por cuestiones de accesibilidad y econom√≠a, en comparaci√≥n, al tejado, una ventana o el circuito de electricidad.

El pa√≠s m√°s grande del mundo, Rusia, vivi√≥ en pleno confinamiento dos estados de emergencia. En mayo de 2020 se solap√≥ con la pandemia la mayor concentraci√≥n de CO2 conocida por el Homo sapiens hasta la fecha, con 418 ppm (hace unos dos millones de a√Īos que los registros geol√≥gicos no muestran estas cifras; Homo sapiens no exist√≠a entonces) a pesar del par√≥n econ√≥mico. El mes m√°s caluroso de la serie medida desde 1850 con 1,3 ¬ļC por encima de la media preindustrial fundi√≥ el permafrost (que supone una cuarta parte de la tierra emergida del planeta) en Rusia. El hielo que se cre√≠a permanente en el subsuelo se descongel√≥ y contin√ļa a√ļn su imparable licuaci√≥n. Y no s√≥lo lo hace liberando millones de toneladas de metano, retroalimentando el calentamiento global: Nordisk, uno de los mayores complejos mineros del mundo, vio hundirse sus dep√≥sitos de alimentaci√≥n derramando al √Ārtico m√°s de 20.000 toneladas de combustible.

Entonces Vladimir Putin se vio obligado a declarar el doble estado de emergencia. Sus infraestructuras y ciudades se hunden, literalmente; centrales nucleares, t√©rmicas, minas, carreteras, puentes y varias ciudades de m√°s de un mill√≥n de habitantes (en total unos ocho millones de personas) hab√≠an confiado en apoyar las cargas geot√©cnicas sobre la parte siempre congelada del suelo, pero √©sta se funde sin soluci√≥n y ahora es arena, limo y arcilla con agua. Dentro del C√≠rculo Polar √Ārtico se alcanzaron en junio de 2020 temperaturas de 38 ¬ļC en el aire y 45 ¬ļC en el suelo; no se conocen registros semejantes en √©pocas anteriores. La segunda emergencia adem√°s de la pandemia, supone la revisi√≥n y refuerzo urgente de las infraestructuras del pa√≠s m√°s grande del planeta tras los vertidos de gasoil en Siberia y los imparables incendios que asolan la tundra desde hace a√Īos. Seg√ļn estudios recientes la broma del permafrost puede costarnos m√°s de 62 billones de euros.

Dado que el principal impulsor del mayor deterioro del hormig√≥n tambi√©n sucede en una dimensi√≥n qu√≠mica desde su interior, es la concentraci√≥n de CO2 con la humedad y la temperatura el mayor catalizador en la aceleraci√≥n de su prematura ancianidad. Se esperan aumentos en el riesgo de da√Īos observados en obras e infraestructuras de hormig√≥n a nivel internacional debido al aumento en la concentraci√≥n de CO2 que actualmente a√ļn estamos evaluando.

El impacto del Cambio Clim√°tico en el deterioro ya no puede ser ignorado, pero puede abordarse mediante nuevos enfoques en el dise√Īo. Las estructuras de hormig√≥n existentes, en cuyos proyectos no se hayan considerado los efectos del Cambio Clim√°tico, pueden deteriorarse m√°s r√°pidamente de lo planeado originalmente. Autores como Xiaoming Wang, Mark G. Stewart y Minh o Nguyen han evaluado el problema en la Australia costera e interior, concluyendo que los riesgos de da√Īo por corrosi√≥n inducida por cloruro aumentan en torno al 10% en ambos casos. Los resultados de sus estudios muestran que los da√Īos fueron m√°s sensibles con aumentos en el CO2 atmosf√©rico. Dado que el mayor deterioro del hormig√≥n armado se produce por la concentraci√≥n de CO2 y la temperatura, apuntan los autores a que el aumento de los riesgos de da√Īo a la infraestructura australiana tambi√©n se observar√° para muchas infraestructuras de hormig√≥n a nivel mundial.

Estructura de hormigón gravemente deteriorada por la acción del mar. Fuente: Wikimedia Commons.
Estructura de hormigón gravemente deteriorada por la acción del mar. Fuente: Wikimedia Commons.

A estas mismas conclusiones llegan también por su parte autores como Emilio Bastidas-Arteaga, Alaa Chateauneuf, Mauricio Sánchez-Silva, Philippe Bressolette, Franck Schoefs y otros más que analizan el problema desde un enfoque estocástico. Su objetivo es estudiar la influencia del clima y el calentamiento global en la entrada de cloruro en el HA. La evaluación de la entrada de cloruro viene estudiando utilizando un modelo integral que tiene en cuenta principalmente los efectos de la convección, la unión de cloruros, la disminución de la difusividad del cloruro por el envejecimiento del hormigón, la temperatura y la humedad. Observan que las mayores probabilidades de iniciación de la corrosión corresponden a los ambientes marinos, en particular, para el ambiente tropical o el mediterráneo.

Estrcutura de hormigón deteriorada. Fuente: Wikimedia Commons.
Estrcutura de hormigón deteriorada. Fuente: Wikimedia Commons.

Estos resultados se explican por el hecho de que (1) las estructuras colocadas en ambientes marinos est√°n expuestas a cloruros todo el tiempo y (2) temperaturas y humedades m√°s altas aceleran la penetraci√≥n de iones cloruro en la matriz del HA. La probabilidad de que se inicie la corrosi√≥n aumenta para las estructuras cercanas al mar. El comportamiento general indica que la reducci√≥n de la vida √ļtil inducida por el calentamiento global es m√°s significativa a√ļn para las estructuras ubicadas en ambientes contaminados con cloruro lejos del mar. Los resultados tambi√©n indican que el efecto del cambio clim√°tico es mayor para las estructuras ubicadas en entornos oce√°nicos conduciendo a reducciones de vida √ļtil que oscilan entre el 2% y el 18%. Estos resultados enfatizan la importancia de incluir un modelo integral de ingreso de cloruros y justifican la implementaci√≥n de contramedidas dirigidas a (1) reducir el calentamiento global de forma urgente y (2) minimizar el impacto del cambio clim√°tico en las estructuras de HA.

El desenlace ser√° verde, pero de verdad

Desde que se aprob√≥ el pasado mayo de 2020 el primer mecanismo de ‚ÄúRecuperaci√≥n y Resiliencia‚ÄĚ por la UE, podr√≠an acabar en Espa√Īa cerca de 140.000 millones de euros. Tras ello proliferaron las declaraciones pol√≠ticas e institucionales (tambi√©n empresariales, por supuesto), de la conversi√≥n al mundo ecol√≥gico, verde, digital e inclusivo, Green New Deal e incluso cosas como el crecimiento verde‚Ķ Estamos viendo en los medios y redes sociales, que dichas declaraciones provienen, sobre todo, de una buena parte de quienes llevan d√©cadas ridiculizando, obstaculizando e incluso desprestigiando y atacando cualquier iniciativa que suponga reconocer los valores que vienen siendo se√Īalados desde las asociaciones ecologistas, fundaciones que velan por el cuidado del medio que garantiza nuestras vidas, o incluso desde la misma sociedad civil, pretendiendo incluir de nuevo el desarrollo basado en el hormig√≥n armado (verde) en sus itinerarios social-verdes.

Realmente la transici√≥n ecol√≥gica basada en el Dictamen SC/048 o los 17 ODS ‚ÄĒpero de verdad, no esos suced√°neos‚ÄĒ son ya la √ļnica salida posible a la crisis sist√©mica en que nos han metido quienes ahora se pintan de verde, pero no nos olvidemos que como colectivo, nos hemos dejado traer hasta aqu√≠; todo iba bien para nosotros a costa de otros territorios, de otros cuerpos, otras vidas, hasta que nos cargamos a la gallina de los huevos de oro y la balanza se desequilibr√≥ en favor del hormig√≥n. Para acceder a estos jugosos fondos, que ya son los m√°s ambiciosos jam√°s aprobados en una sola tanda por Bruselas, cada Estado miembro debe elaborar un ‚ÄúPlan Nacional de Recuperaci√≥n‚ÄĚ coherente con la transici√≥n ecol√≥gica y digital, haciendo especial menci√≥n a Planes Nacionales de Energ√≠a y Clima, entre los que se destaca la nueva Ley de Cambio Clim√°tico espa√Īola. Pero estos planes deber√≠an incluir un cambio en nuestras maneras de producci√≥n de enorme relevancia, tal y como ya se presentaba cuando en 2015 comenzaron a saltar todas las alarmas y nacieron los 17 ODS.

Aunque la UE por fin se ha dado cuenta del grav√≠simo problema que estamos intentando resolver y del tr√°nsito en declive que comenzamos ‚ÄĒno sin caer en importantes contradicciones‚ÄĒ al menos te√≥ricamente se ha elegido el √ļnico itinerario factible para salir lo menos perjudicados posible: la Transici√≥n Ecol√≥gica, algo muy distinto de la puesta en escena de un Green New Deal cosm√©tico, que es lo que estamos viviendo ahora mismo. Sin ning√ļn miramiento podemos afirmar que su papel supone retrasar una transici√≥n ordenada, atrasando tambi√©n as√≠, de manera tr√°gica, la curva de descenso, incluso hasta propiciarle tal inclinaci√≥n que la √ļltima etapa de esta √©poca de cambio sea un colapso.

Y en estos tiempos de crisis profunda es tambi√©n cuando los trepas dispuestos a satisfacer a las grandes empresas sobran, y por eso salen mucho m√°s baratos que hace una d√©cada, pues las consejer√≠as de las grandes empresas energ√©ticas o de telecomunicaciones que fueron propiedad de todas, ya est√°n abarrotadas de decr√©pitos dinosaurios aparcados por los partidos que garantizan la continuidad del Estado del saqueo a las arcas p√ļblicas, sean los grandes partidos nacionales o los auton√≥micos de corte nacionalista. Sus mayores m√©ritos fueron favorecer los flujos de riqueza y capital a alta velocidad espa√Īola, desde las arcas p√ļblicas a las grandes corporaciones transnacionales.

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Fuente: Contratodanocividad.espivblogs.net