March 18, 2023
De parte de Libre Pensamiento
1,801 puntos de vista

Ermengol Gassiot. Sindicat d鈥橝ctivitats Diverses de Terrassa de CGT.

Manifestaci贸n contra la ley mordaza. Valencia, junio 2022.

Estado, represi贸n y sindicalismo.

Estado y represi贸n van de la mano. De forma an谩loga, Estado y explotaci贸n social tambi茅n van unidas. En la historia humana los Estados aparecen en 茅pocas en que hay evidencias de la explotaci贸n de una parte mayoritaria de la poblaci贸n por parte de otra mucho m谩s reducida. Al mismo tiempo, la consolidaci贸n de los Estados se traduce tambi茅n en la institucionalizaci贸n de formas de represi贸n social de diversa 铆ndole. Las m谩s expl铆citas son la persecuci贸n directa de las conductas disidentes y las personas que, individual o colectivamente, las llevan a cabo. En la actualidad, cuando hablamos de represi贸n nos vienen a la cabeza situaciones como la c谩rcel, juicios, multas, ilegalizaciones, detenciones, torturas e incluso desapariciones o asesinatos, por citar algunas.

Sin embargo, hay otras formas de represi贸n que son m谩s sutiles y cotidianas y, por esa raz贸n, que tendemos a interiorizarlas y normalizarlas de forma mucho m谩s f谩cil. Los Estados, entre otras cosas, requieren de la enajenaci贸n de la capacidad de acci贸n colectiva de la inmensa mayor铆a poblaci贸n. A trav茅s de un conjunto de normas (leyes, ordenanzas, etc.) sit煤an en las instituciones el espacio donde se debate y decide c贸mo debe ser una determinada sociedad y las personas que la configuran. Esta capacidad de acci贸n colectiva robada a la poblaci贸n y circunscrita a las instituciones es lo que actualmente se denomina pol铆tica (de la que la gran mayor铆a estamos excluidos y relegados al simple papel de espectadores). En definitiva, la existencia de todo Estado requiere de la represi贸n de la capacidad de 鈥渉acer鈥 individual y colectiva las personas que vivimos en un determinado lugar para imponernos c贸mo nos debemos relacionar, c贸mo debemos comportarnos y los l铆mites a nuestras acciones.

Lo dicho anteriormente sit煤a la represi贸n como un campo de lucha para cualquier movimiento revolucionario. La subversi贸n del orden establecido conlleva, como principio, luchar contra la represi贸n de la acci贸n colectiva por parte de los Estados: recuperarla, socializarla y situarla de nuevo en el centro de nuestra existencia. Al mismo tiempo, y a un nivel mucho m谩s concreto, requiere hacer frente a los mecanismos de autodefensa que los Estados construyen para defender precisamente su 鈥渙rden鈥 y que a menudo se traducen en formas de represi贸n expl铆cita: multas, detenciones, procesos judiciales, condenas y c谩rcel, etc. La relaci贸n de los Estados con los movimientos sociales, en gran medida, se estructura en torno a la represi贸n. El sindicalismo posiblemente es el primer movimiento social global de la 茅poca contempor谩nea. Desde su nacimiento ha tenido que hacer frente a diversas formas de represi贸n expl铆cita, aunque tambi茅n es cierto que con la expansi贸n de los llamados 鈥淓stados del bienestar鈥 y las pol铆ticas keynesianas y socialdem贸cratas esta represi贸n se ha vuelto en ciertos casos m谩s sutil. De esta forma, se ha generado la falacia de que en el 谩mbito sindical la represi贸n pol铆tica, m谩s all谩 de la ejercida por las empresas mediante despidos, expedientes, sanciones, etc., no forma parte de la realidad sindical. Esta imagen le viene como anillo al dedo al sindicalismo de la concertaci贸n que busca diluir el conflicto y relegar su acci贸n a la gesti贸n de acuerdos con la patronal. No obstante, esta realidad es una falacia y ser铆a un grave error que el anarcosindicalismo la acab谩ramos asumiendo. La represi贸n forma parte tambi茅n del d铆a a d铆a de la lucha sindical y es necesario rearmarnos para hacerle frente. Este art铆culo quiere ser una contribuci贸n para abrir el debate sobre este tema.

El periodista Pablo Gonz谩lez, encarcelado sin pruebas por el Gobierno polaco desde el 28 de febrero de 2022

La represi贸n y sus objetivos: un breve repaso

La finalidad de la represi贸n es el control social. En su monopolio de la acci贸n colectiva, los Estados se asignan la capacidad de pautar qu茅 conductas se pueden aplaudir, cuales son aceptables y cuales no. Para estas 煤ltimas establecen diversas formas de estigmatizaci贸n, se帽alamiento y castigo. Bajo este paraguas, la represi贸n persigue objetivos m谩s espec铆ficos que merece tener presentes para poder hacerle frente. Me voy a fijar especialmente en las formas de represi贸n expl铆cita que, como he dicho, generalmente son las que tenemos en la cabeza cuando hablamos de represi贸n.

En primer lugar, la represi贸n busca incidir directamente en un sujeto que lleva a cabo una o diversas acciones disidentes. Aunque en apariencia pueda centrarse en la persecuci贸n de ciertas conductas y actuaciones, en el fondo, su finalidad es neutralizar la persona o el grupo de personas que las llevan a cabo. En los casos m谩s extremos, con una represi贸n de alta intensidad, esto conlleva la eliminaci贸n f铆sica de este sujeto mediante la c谩rcel o su asesinato. En nuestro entorno la mayor铆a de la represi贸n presenta una intensidad menor, pero persigue un efecto similar. La acumulaci贸n de multas y sanciones o la imposici贸n de procedimientos judiciales con peticiones penales elevadas y que se extienden en el tiempo persiguen desmovilizar a personas y colectivos que el Estado ha identificado como una amenaza. El cansancio, el miedo y las tensiones que conlleva enfrentar situaciones represivas ha incidido en la desaparici贸n de muchos colectivos y espacios organizados y en la desmovilizaci贸n social de muchas personas que han padecido estos ataques.

En segundo lugar, la represi贸n persigue marcar la agenda de lucha de las personas y movimientos que la padecen. En el plano sindical tenemos muy claro que muchas veces cuando se plantean uno o varios despidos en una empresa en la que estamos llevando una lucha para obtener mejoras de diversa 铆ndole lo que realmente busca la patronal es alterar nuestro foco de atenci贸n, redirigirlo hacia la readmisi贸n de las personas despedidas y alejarlo de la lucha que est谩bamos llevando a cabo. En la represi贸n pol铆tica muchas veces sucede exactamente lo mismo. En las 煤ltimas d茅cadas muchos movimientos sociales se han visto abocados a centrar esfuerzos en resolver juicios, en pagar multas y en tratar de impedir que algunas de sus militantes entraran en la c谩rcel. Como contrapartida, en muchas ocasiones, sus luchas previas han perdido peso frente a la urgencia de dar respuesta a la represi贸n.

Otra finalidad de la represi贸n es aislar a las personas y entornos militantes que la sufren del conjunto de la sociedad. Este aspecto es especialmente delicado para los movimientos sociales, incluido el sindical, puesto que nos aleja de las personas a las personas a quienes dirigimos nuestras propuestas y con quienes queremos interactuar y construir nuestras alternativas. Este aislamiento se construye sobre diversos ejes: Uno es el miedo, la disuasi贸n de participar o implicarse con entornos susceptibles de sufrir la represi贸n; otro es la incredibilidad. En una sociedad que, seg煤n el discurso oficial y de los medios de comunicaci贸n, es democr谩tica, la persecuci贸n policial y judicial tiende a verse como la respuesta a conductas delictivas y no normativas. En este contexto, nuestros discursos antirrepresivos chocan con la dificultad de ser cre铆bles para sectores grandes de la sociedad, especialmente si la represi贸n no es generalizada y se concentra exclusivamente en 谩mbitos militantes revolucionarios. Paralelamente, nosotros caemos el riesgo de responder a este aislamiento con propuestas cada vez m谩s autorreferenciales que acaban dirigi茅ndose a nuestros entornos m谩s cercanos y llev谩ndonos a un riesgo de marginalidad; otro objetivo que persigue la represi贸n, y con 茅l quiero terminar esta lista que no es exhaustiva, es mostrar la impunidad y la arbitrariedad del Poder.

En algunos casos hemos visto c贸mo, en determinados entornos o movimientos sociales, no encontramos una explicaci贸n totalmente l贸gica sobre quien padece y quien no padece un determinado ataque represivo, como si la selecci贸n respondiera a una arbitrariedad. Por otra parte, en muchas ocasiones observamos situaciones represivas que parecen escapar de las propias leyes del Estado y c贸mo estas ocurren de una forma relativamente p煤blica y notoria. En general estos casos nunca terminan con efectos relevantes sobre el propio Estado, hecho que conlleva una escenificaci贸n p煤blica de su propia impunidad. Ambas situaciones persiguen generar miedo, inseguridad y una sensaci贸n de absoluto poder con el fin de desmovilizar los movimientos disidentes del Poder.

La Ley Mordaza favorece la represi贸n y los abusos policiales

Anarcosindicalismo, desobediencia y luchas antirrepresivas

Desde el anarcosindicalismo tambi茅n debemos afrontar la lucha antirrepresiva. En los 煤ltimos a帽os lo hemos vivido en piel propia y de nuestras compa帽eras de viaje y es de prever que en el futuro la tendencia ser谩 la misma. A nadie se nos escapa que las respuestas a los casos represivos han de ser diversas y variadas en funci贸n de m煤ltiples variables: caracter铆sticas de la acusaci贸n, contexto social y de movilizaci贸n, situaci贸n personal de las personas implicadas y su entorno m谩s cercano, etc. Con todo, en la medida en que la lucha se afronte desde una perspectiva colectiva, un reto importante ser谩 combinar los distintos niveles de toma de decisi贸n desde el 谩mbito estrictamente personal al de las organizaciones y los espacios militantes.

Desde mi punto de vista, y a partir de mi experiencia de militancia en numerosos espacios antirrepresivos, cuando nos vemos obligados a responder a un ataque represivo el Estado nos impone una agenda. En los procedimientos judiciales la represi贸n sigue siempre unos pasos comparables: una fase de instrucci贸n m谩s o menos larga con unas etapas pautadas, la comunicaci贸n de la petici贸n fiscal, un proceso de espera antes de la vista oral, el juicio propiamente dicho, la notificaci贸n de la sentencia, los recursos, etc. Incluso en las actuaciones policiales, como detenciones, los guiones tanto de qui茅n reprime como de las respuestas que damos siguen trayectorias altamente previsibles. Esta previsibilidad en nuestras respuestas hace que, para el Estado, cuando nos vemos enredados en una lucha antirrepresiva perdamos en gran parte nuestra capacidad de iniciativa y seamos menos peligrosos para el Poder. Por esta raz贸n, pienso que es importante desde una perspectiva libertaria y anarcosindicalista, intentar mantener siempre una autonom铆a colectiva frente a los hechos represivo, tratar de mantener en todo momento la capacidad de decisi贸n de en qu茅 terreno queremos situarnos y, sobre todo, seguir siendo quienes somos. En este punto entra en escena la desobediencia.

En situaciones de Poder, la desobediencia abre una peque帽a ventana a la libertad. A menudo la palabra nos traslada a apuestas que nos parecen arriesgadas, alejadas de nuestras posibilidades, y cargadas de cierta 茅pica. Pero lo cierto es que la desobediencia acompa帽a muchos actos y gestos de los movimientos sociales. Salir por la noche a encartelar o hacer pintadas conlleva desobedecer ordenanzas municipales. Hacer una manifestaci贸n sin comunicarla es un acto desobediente. Irrumpir en una reuni贸n de accionistas de una empresa o interceptar la entrada de esquiroles en una huelga tambi茅n son acciones desobedientes. Y as铆, mil ejemplos.

Pienso que en contextos de represi贸n es importante tener la capacidad de desobedecer como forma de mantener o recuperar la iniciativa. Por ejemplo, ser capaces de decidir si queremos atender un requerimiento judicial, como una declaraci贸n, la recepci贸n de una notificaci贸n o incluso el juicio (o nuestro rol dentro de la sala), nos permite retener cierta capacidad de decidir c贸mo queremos que sea nuestra acci贸n y en qu茅 谩mbito queremos situar el conflicto. En los procesos derivados de la represi贸n las situaciones y los contextos est谩n extraordinariamente pautados desde el Estado, que es quien controla la capacidad de dirimir hacia qu茅 direcci贸n va a evolucionar la situaci贸n. Es el/la fiscal quien decide las peticiones de multa o condena, el/la juez quien establece o no medidas cautelares, redacta 贸rdenes de detenci贸n y dicta sentencia. Durante todo el proceso ellos f谩cilmente pueden anticipar el orden de nuestras respuestas, que b谩sicamente prev茅n que ser谩n reacciones a sus iniciativas, quiz谩s con la 煤nica inc贸gnita de su magnitud. La desobediencia nos permite a nosotras repensar d贸nde y c贸mo queremos situar nuestro conflicto con el Poder. Nos abre la puerta a redefinir hacia d贸nde queremos arrastrar a la represi贸n para poderla confrontar mejor e intentar imponer nuestros tiempos y nuestras herramientas de lucha. En definitiva, nos permite seguir siendo.

Las formas de esta desobediencia son m煤ltiples y variadas. No responder a un juez, deso铆r las citaciones y no presentarse, no asistir a una vista de conformidad, no pagar multas, etc., son algunas de las opciones. En la medida en que esta desobediencia se construya dentro de nuestros entornos de militancia, ya sea sindical o junto con otros movimientos sociales, con un an谩lisis y un debate sobre sus objetivos, mantenemos, al menos en parte, la capacidad de acci贸n colectiva que el Estado pretende anular con la represi贸n. En definitiva, intentamos revertirla y fortalecer, o como m铆nimo no desgastar, nuestros espacios de contrapoder: el sindicato, el movimiento social y nosotros/mismos/as.

[Este art铆culo se public贸 en el Libre Pensamiento n潞 113, Primavera 2023]




Fuente: Librepensamiento.org