November 29, 2022
De parte de Acracia
290 puntos de vista

Suelen mencionarse como dos las corrientes pol铆ticas y filos贸ficas que marcan el desarrollo de la Modernidad, socialismo y liberalismo; sin embargo, el enga帽o de tal aseveraci贸n estriba en la marginaci贸n de una que, aunque ello precise de muchos matices, puede observarse como una s铆ntesis de ambas. De esa manera, como dice Christian Ferrer, podr铆an ser tres las filosof铆as modernas con aspiraci贸n emancipatoria: liberalismo, marxismo y anarquismo; particularmente, creo que son muchas las diferencias que separan las ideas libertarias de las marxistas, mientras que de las ideas liberales no pod铆an aceptar bajo ning煤n concepto que la libertad pol铆tica y la justicia econ贸mica fueran irreconciliables. Es por eso que, para m铆, posee la anarquista la m谩s compleja concepci贸n de la libertad que ha dado la Modernidad. Es cierto que las ideas libertarias, proudhonianas o bakuninistas en origen, nacen o al menos se desarrollan inicialmente como una corriente socialista en la Asociaci贸n Internacional de Trabajadores, pero pensamos que van mucho m谩s all谩 y una muestra de ello ser铆a la temprana ruptura con la rama marxista, por incompatibilidad entre medios y fines, por realizar la doctrina de Marx demasiado hincapi茅 en la liberaci贸n obrera, pero tambi茅n por la fe que depositaban los libertarios en la autonom铆a individual as铆 como en el criterio y la responsabilidad personales.

A principios de la d茅cada de los 90 del siglo XX, tras la ca铆da de la URSS y en general del fracaso del comunismo originado en Marx, Francis Fukuyama proclam贸 entusiasta el fin de la historia y de las ideolog铆as, que era otra manera de decir que el liberalismo se hab铆a proclamado triunfador a nivel universal. El fracaso del sistema sovi茅tico, con sus desmanes hacia las personas y el medio ambiente en nombre de un futuro halag眉e帽o que nunca lleg贸, empuj贸 de manera maniquea a creer que la econom铆a liberal ser铆a el 煤nico orden posible, y ello a pesar de sus excesos y de los numerosos excluidos de un bienestar m铆nimo. El supuesto fracaso de las ideolog铆as hizo cuestionar los tradicionales conceptos de derecha e izquierda, algo que con el tiempo solo se ha exacerbado, especialmente por la sumisi贸n de la segunda a prop贸sitos electoralistas y gestiones estatales; la idea de progreso, siempre cuestionada por los 谩cratas, que nunca sucumbieron a doctrinas hist贸ricas finalistas, se mantuvo en el imaginario popular gracias al supuesto triunfo del sistema liberal, mientras que el individualismo parece ir inevitablemente asociado a la modernidad, aunque desprendido del car谩cter subversivo e irreductible m谩s propio del anarquismo.

En cualquier caso, m谩s de tres d茅cadas despu茅s, aquella aseveraci贸n simplista de Fukuyama es posible que no merezca demasiado recorrido intelectual, pero para el caso que nos ocupa nos detendremos brevemente en ella. En primer lugar, como ocurre con el propio anarquismo, no es posible trazar unos l铆mites precisos sobre el liberalismo, por lo que habr铆a que hablar de liberalismos en plural con rasgos, incluso, contradictorios entre ellos.

Por otra parte, hablar de ideas con pretensiones universales ocasiona no pocos problemas, ya que existen condicionantes culturales locales con mucho peso; de hecho, esa universalizaci贸n liberal se identifica no pocas veces con la globalizaci贸n capitalista, del llamado libre mercado y de la propiedad privada, mucho m谩s que con una globalizaci贸n de la solidaridad y de una fraternidad universal, que un anarquista abraza sin dudarlo.

No obstante, para ser justos, no identifiquemos liberalismo de manera simplista con capitalismo, especialmente en su confrontaci贸n ideol贸gica y moral con el anarquismo. Dejaremos claro, en cualquier caso, que hay que hablar de liberalismos y de anarquismos en plural, aunque es posible que las ideas libertarias posean m谩s rasgos que las unan, especialmente en su irreductibilidad sobre la negaci贸n de cualquier clase de dominaci贸n, lo cual las confiere una innegable fortaleza moral.

Al hablar de anarquismo e ideas libertarias nos referimos en todo momento a propuestas emancipadoras opuestas a toda forma de dominaci贸n, y no solo del Estado, as铆 como de explotaci贸n econ贸mica. Precisamente, la acaparaci贸n en los 煤ltimos a帽os del t茅rmino 鈥渓ibertario鈥, e incluso 鈥渁narquismo鈥, para designar lo que no son m谩s que corrientes liberales radicales, que propugnan un capitalismo sin l铆mites pol铆ticos, al menos en la teor铆a, no invita m谩s que a la confusi贸n. Proliferan ciertas perezosas traducciones al castellano, medi谩ticas y editoriales, del t茅rmino ingl茅s 鈥渓ibertarian鈥 por 鈥渓ibertario鈥, pero no entraremos en ese juego y nos mantendremos fieles a una n铆tida concepci贸n sem谩ntica de amplia raigambre hist贸rica. Se atribuye a S茅bastian Faure el haber acu帽ado el t茅rmino 鈥渓ibertario鈥, como sin贸nimo de anarquista, ya que en 1895 cre贸 la publicaci贸n Le Libertaire; sin embargo, tal como precis贸 George Woodcock, el haber sido usado por Joseph Dejacque ya en 1958 con la misma intenci贸n, en el peri贸dico anarquista Le Libertaire, Journal du Movement Social, indica que es bastante anterior.

Otra cuesti贸n en la que el anarquismo est谩 en desventaja, es su mala prensa especialmente en comparaci贸n con el liberalismo; si alguien se proclama anarquista, obliga a continuaci贸n a una serie de esforzadas explicaciones, mientras que la persona liberal, incluso aceptando la polisemia del t茅rmino, es vista de forma habitual como abierta y tolerante.

Curiosamente, el t茅rmino 鈥渓iberal鈥 se dice que naci贸 en Espa帽a hace dos siglos para representar a un partido pol铆tico y es posible que aquel fuera el punto de partida para dar nitidez a los contornos de unas ideas que deseaban otorgar a los individuos oportunidades para llevar a caba sus espec铆ficos proyectos de vida al margen de toda opresi贸n externa.

Expresado de esta manera, es posible que las simpat铆as hacia el liberalismo, como puede ser el caso del que suscribe, es l贸gico que est茅n mucho m谩s extendidas de lo que se acostumbra. No obstante, las ideas y pr谩cticas liberales han sufrido notables variantes, muchas m谩s de lo que algunos supuestos propugnadores del liberalismo en la actualidad, pertinaces en su defensa de ciertas concepciones cl谩sicas, suelen hacer creer.

De esta manera, con much铆simos matices, puede hablarse de un liberalismo cl谩sico, de un liberalismo de corte social o progresista o, con m谩s vigencia en los 煤ltimos a帽os, del llamado neoliberalismo. El liberalismo cl谩sico hizo hincapi茅 en la libertad individual, en las garant铆as constitucionales y en un Estado limitado, que garantizara el orden y defendiera la propiedad privada. En cambio, el liberalismo social o socioliberalismo, nacido a finales del siglo XIX y principios del XX, se esforz贸 en el desarrollo individual y en atender a la sociedad como espacio de convivencia; hay quien sostiene que de esta corriente surge el llamado Estado de bienestar, desarrollo m谩s bien convulso e inestable a lo largo del siglo XX, aunque esto dar铆a lugar a otro debate. Por 煤ltimo, con poco o nada en com煤n con alguna inquietud social, nace en la segunda mitad del siglo XX el neoliberalismo, que conf铆a de manera exacerbada en la libre iniciativa, la propiedad privada y los mercados, lo cual no dejan de ser rasgos que ocultan los manejos de las 茅lites pol铆ticas y econ贸micas.

Hay que recordar tambi茅n, otro asunto que lleva a la confusi贸n, que el t茅rmino liberal tiene diversas connotaciones seg煤n la tradici贸n del pa铆s donde nos encontremos; de esa manera, en el mundo anglosaj贸n el liberalismo est谩 m谩s vinculado con una actitud progresista, mientras que en la Europa continental es m谩s propio de la derecha y es visto, incluso, como enemigo de los intereses de las clases trabajadoras.

Si, de nuevo, hablamos de traducciones poco rigurosas, obras escritas en ingl茅s que usan el t茅rmino 鈥渓iberal鈥 y son simplemente traducidas de esa manera al castellano, sin explicaci贸n alguna, sume en la perplejidad al lector al vincularlas con el sentido continental desprovisto de cualquier connotaci贸n social. Efectivamente, la ubicuidad del liberalismo invita no pocas veces a la perplejidad y la distorsi贸n final, algo que muchos que se consideran liberales ocultan y defienden, de manera grotesca, al considerar que su concepci贸n del liberalismo es la 煤nica y verdadera.

Durante casi un siglo, el anarquismo tuvo una vitalidad notable en Espa帽a con el culmen de la Revoluci贸n espa帽ola de 1936 y, desgraciadamente, su fin tras el triunfo de la reacci贸n; a pesar de que durante casi tres d茅cadas, hasta el evento de Mayo del 68, tuvo solo una presencia residual en las luchas sociales, creo que es posible reivindicar el rico corpus te贸rico que se mantuvo vivo e innovador en ciertos autores y colectivos.

Para m铆, el anarquismo tiene un componente liberal innegable, que se remonta al viejo Bakunin, el cual trat贸 de conciliar de manera entusiasta, otorgando toda confianza a cierta armon铆a natural, individualismo y socialismo. Por supuesto, no en todo el anarquismo posterior se ha aceptado f谩cilmente esa conciliaci贸n entre dos polos, a veces, antit茅ticos. Valga como muestra la pasi贸n que suscita en el mundo libertario, pero no pocas veces tambi茅n rechazo, un individualista exacerbado como Max Stirner, que bien es cierto nunca se consider贸 a s铆 mismo como anarquista; en el otro polo, podemos encontrar a un Kropotkin, cuyas encomiables propuestas comunitarias no pueden, en cualquier caso, ser vistas como un dogma para un amante de la libertad individual.

Como se ha se帽alado en ocasiones, y temiendo ser simplistas, existe un anarquismo de tendencia comunitaria de base obrera y otro individualista, m谩s propio del mundo anglosaj贸n en origen, aunque con influencia en pa铆ses europeos continentales, con m谩s car谩cter intelectual y art铆stico; del mismo modo, se ha querido ver el primero como marcadamente solidario, mientras que el segundo caer铆a a veces en el elitismo al no confiar demasiado en la acci贸n de las masas. Particularmente, pensamos que dicha divisi贸n no es tan estricta, ya que los 谩cratas, de cualquier tendencia, confiaron siempre en la rebeld铆a personal y en el librepensamiento, mientras criticaron siempre la vulgaridad del reba帽o; a pesar de ello, creemos que, gracias a su fortaleza moral, trat贸 siempre de sortear el caer en alguna suerte de aristocracia individual para tratar de que el conjunto de la sociedad buscara sus propias v铆as de liberaci贸n.

El anarquismo ha sido, en cualquier caso, la filosof铆a que ha defendido con m谩s fortaleza la libertad individual, pero entendida siempre con su componente social y solidario, ya que la libertad de unos se completa con la libertad de todos, si se nos permite de nuevo parafrasear el pensamiento de un reivindicable Bakunin. Dentro de esta compleja filosof铆a sobre la libertad, nos encontramos con su concepci贸n negativa, m谩s propia del liberalismo, entendida como no interferencia en los asuntos del individuo, pero tambi茅n con la necesidad libertaria de completarla con una visi贸n positiva en toda su amplitud a nivel social y pol铆tico, pero sobre todo moral. Es aqu铆 donde puede abrirse un abismo entre anarquismo y liberalismo.

Creemos que es posible emparentar en algunos aspectos las filosof铆as liberales y libertarias, pero anticip谩ndonos a algunas cr铆ticas pertinaces, negamos cualquier asomo de ingenuidad a la hora de imaginar alguna suerte de evoluci贸n antropol贸gica optimista entre nuestras sociedades liberales, en las que vivimos hoy en d铆a, y una probable sociedad libertaria futura. Para que dicho cambio radical se produzca, lo dejaremos m谩s que claro, son necesarias transformaciones de las estructuras sociales y pol铆ticas sobre las que se cimentan, precisamente, las propias sociedades liberales.

Capi Vidal




Fuente: Acracia.org