January 18, 2021
De parte de Cultura Y Anarquismo
261 puntos de vista

En los periodos de crisis de autoridad, donde la normalidad queda redefinida por la corrupci贸n, la mediocridad y la incompetencia de los dirigentes, es frecuente que a muchos les repugne obedecer o ser mandado, por lo cual es f谩cil que los sentimientos de justicia social, igualdad y libertad busquen en el anarquismo la expresi贸n intelectual m谩s adecuada. Entonces, para ser efectivo como idea, el anarquismo ha de actualizarse sumergi茅ndose en una realidad tornadiza, detectando los cambios habidos a fin de poder explicarlos y afrontarlos de acuerdo con su punto de vista, para terminar sugiriendo v铆as de intervenci贸n coherentes que empujen las luchas sociales hacia pr谩cticas y metas libertarias. A tal objeto, no ha de perder la memoria, que constituye su principal bagaje, pero para orientarse en nuevos escenarios gracias a la experiencia pasada, no para atrincherase tras dogmas inamovibles y sobrevivir con comodidad entre las tenues cortinas de la fantas铆a ideol贸gica. La historia es lo que tienen en com煤n todos los anarquistas, lo que constituye en cierto modo su fuerza moral y lo que les preserva de contaminarse con ideas espurias, ajenas a su ser.

La realidad hay que buscarla en las condiciones materiales de existencia, que hoy son las que corresponden a una sociedad de consumo, tecnol贸gica y masificada. La diferencia con etapas anteriores es importante. El anarquismo se desarroll贸 en una sociedad de clases y ha llevado hasta hoy la impronta del movimiento obrero aut贸nomo, reflejada fielmente en sus principios, en sus m茅todos y en sus objetivos, claramente obreristas. Sin embargo, el triunfo final del capitalismo signific贸 el predominio de la econom铆a sobre las dem谩s esferas de la actividad humana y sobre el entorno: todo se volvi贸 econ贸mico. No solo el mundo del trabajo, sino el territorio, fue subsumido en el capital. La econom铆a absorbi贸 la pol铆tica. La clase obrera fue expulsada casi por completo de la producci贸n, perdiendo una posici贸n privilegiada. La fracci贸n aburguesada de los asalariados 鈥搒obre todo funcionarios y empleados- lleg贸 a ser mayoritaria y determin贸 la conducta conformista caracter铆stica del sindicalismo oficial y el reconocimiento popular de la funci贸n mediadora del Estado, la otra cara del Capital. Su bajo nivel de conciencia social bloquea cualquier planteamiento anticapitalista y antiestatista en su seno. Son la base social del r茅gimen pol铆tico partitocr谩tico.

Los anarquistas tiene ahora que encararse con unas condiciones pol铆ticas, sociales y ambientales muy diferentes a las de periodos anteriores. Las clases dirigentes hallaron en el crecimiento econ贸mico sostenido el arma para liquidar toda la problem谩tica social, tal como hoy ven en la industria 鈥渧erde鈥, el arma que acaba con la problem谩tica ecol贸gica. En consecuencia, el desarrollismo, a menudo etiquetado de 鈥渟ostenible鈥, ha llegado a ser la ideolog铆a de la dominaci贸n, como lo hab铆a sido antes la idea de progreso, y la industrializaci贸n de la vida y del territorio es su materializaci贸n cotidiana.

Para culminar el panorama, el car谩cter destructivo del capitalismo plenamente desarrollista se puso de manifiesto, primero, con la invasi贸n de productos sint茅ticos en la vida cotidiana tal como denunci贸 el anarquista americano Murray Bookchin: detergentes, plaguicidas, cosm茅ticos, aditivos alimentarios, conservantes etc. Luego fue la urbanizaci贸n salvaje, la acumulaci贸n de residuos y la contaminaci贸n; y finalmente, la disminuci贸n del ozono estratosf茅rico, la amenaza nuclear y el calentamiento global. El capitalismo resultaba da帽ino para todos los seres vivos, ya que amenazaba con extinguir a todas las especies, la humana incluida. Era evidente que el desarrollo capitalista, dependiente cada vez m谩s de la tecnolog铆a, lejos de solucionar problema alguno, a帽ad铆a nuevos que eran mucho peores. El crecimiento econ贸mico manten铆a una relaci贸n directa tanto con la pobreza, la guerra y la enfermedad, como con el deterioro ambiental y la destrucci贸n de los ecosistemas. La cuesti贸n ecol贸gica si situaba en el centro de la cuesti贸n social. La causa de la igualdad y de la libertad conflu铆a con la causa de la naturaleza, y por consiguiente, las luchas contra la explotaci贸n econ贸mica, contra el patriarcado, contra los desahucios, etc., deb铆an fusionarse con la defensa del territorio. Ese nuevo planteamiento es la base de la cr铆tica anti-industrial, m谩s conocida por estos lares como antidesarrollista.

El antidesarrollismo es una reflexi贸n racional sobre el devenir nocivo del mundo. No es una simple cr铆tica del crecimiento sin fin de la econom铆a y de la t茅cnica, sino toda una cr铆tica de la ideolog铆a del progreso. El antiprogresismo marca una ruptura con toda la cr铆tica social anterior que, prisionera de la perspectiva burguesa, consideraba los adelantos tecnol贸gicos, los descubrimientos cient铆ficos y el aumento de la producci贸n como pelda帽os de la escalera que llevaba a un progreso infinito de la humanidad. Sin embargo, las ra铆ces de la explotaci贸n del hombre y de la mujer son exactamente las de la explotaci贸n de la naturaleza -de la consideraci贸n de la naturaleza como objeto explotable- facilitada por la ciencia y la t茅cnica. Eso es justamente el progreso. El sometimiento implacable de la naturaleza acarrea la esclavitud de la humanidad entera, e inversamente, la esclavizaci贸n de la humanidad comporta la sumisi贸n de la naturaleza. La intrusi贸n de los valores econ贸micos en todos los 谩mbitos degrada las relaciones sociales al tiempo que destruye el entorno natural. La ciencia y la t茅cnica puestas al servicio de la econom铆a y desarrolladas 煤nicamente en esa direcci贸n, reproducen y refuerzan el tipo de sociedad que se deber铆a combatir, autoritario, opresivo y artificializado. Ni las ciencias ni las tecnolog铆as son neutras: las hay que favorecen la desigualdad y la explotaci贸n y las hay que fomentan la cooperaci贸n y la convivencia. Las primeras colonizan la vida cotidiana y la someten a las leyes de la mercanc铆a; las segundas la liberan y fortalecen el sentimiento comunitario. Unas act煤an sobre la naturaleza como si fuera un objeto inerte; las otras la tratan con respeto consider谩ndola como sujeto (esa ser铆a otra de las caracter铆sticas diferenciales del antidesarrollismo, aprendida de las comunidades ind铆genas). En fin, unas son autoritarias, y las otras, libertarias.

La econom铆a mundial reposa en el suministro inagotable de energ铆a barata. En el momento en que se constata que los combustibles disponibles de origen f贸sil y nuclear son limitados, su precio amenaza con dispararse y detener el crecimiento. Lo mismo sucede con determinados metales, con el agua o con el suelo cultivable. Para superar todos los obst谩culos, el capitalismo se orienta hacia la industria de las energ铆as renovables y entra en una fase extractivista; entonces el territorio cobra importancia como fuerza productiva. Se convierte en un factor de crecimiento de primer orden, tanto como fuente de energ铆a y proveedor de materias primas, como de soporte de numerosas infraestructuras y planes de urbanizaci贸n. La explotaci贸n intensiva del territorio profundiza el desequilibrio con la naturaleza y es causante de multitud de efectos nocivos pero la existencia del capitalismo hoy en d铆a depende de ello. Desde los a帽os setenta del siglo pasado se vienen sucediendo luchas contra la instalaci贸n de centrales nucleares y cementerios de residuos, la apertura de minas de uranio, la construcci贸n de autopistas, ferrocarriles de alta velocidad, vertederos, macroc谩rceles, pantanos y aeropuertos, la extracci贸n de combustible por fracking, etc., que han demostrado un gran poder de movilizaci贸n y en alguna ocasi贸n han dado pie a experiencias positivas como ocupaciones, repoblaciones y puesta en marcha de proyectos comunitarios. Y en ellas nos percatamos de que las relaciones de vecindad crean lazos m谩s fuertes que las relaciones laborales, pues el grado de solidaridad existente en las primeras recuerda la fraternidad que soldaba las estructuras comunitarias propias de las antiguas barriadas obreras.

Al contrario de otras luchas, que pueden integrarse en el mundo de la mercanc铆a si la coyuntura es favorable porque no llegan a cuestionarlo a fondo, la defensa del territorio al obstaculizar el crecimiento ataca el coraz贸n del sistema. Eso no quiere decir que las dem谩s luchas sean desde帽ables. Todas las luchas importan, puesto que responden a situaciones inaceptables, y el hecho de que las luchas contra toda nocividad abran con m谩s facilidad perspectivas anticapitalistas no es excusa para apartarse de las otras: hay anarquistas all谩 donde la justicia, la dignidad y la libertad necesiten ser reivindicadas y defendidas. Por otro lado, no conviene idealizar la defensa del territorio; con frecuencia no sobrepasa el horizonte local dominado por la moderaci贸n y el 鈥渞ealismo鈥, con lo que tiende a autolimitarse, evitando con cuidado cuestionar la autoridad, la pol铆tica de partidos, las instituciones y el sistema econ贸mico. El escollo ha sido superado pocas veces y ha contribuido a gran n煤mero de derrotas, por no hablar de esa clase de victorias que acaban reforzando al enemigo.

El an谩lisis antidesarrollista parte de que el capitalismo globalizado ha sobrepasado sus l铆mites externos, derivados de la limitaci贸n de los recursos disponibles. En consecuencia, las contradicciones que se desprenden de la explotaci贸n infinita de unos recursos finitos no han cesado de producirse. Sus efectos conducen al colapso de la civilizaci贸n capitalista. Para los antidesarrollistas, no se trata solo de sustituir un tipo de energ铆a por otro, o de parar el desarrollo de las fuerzas productivas, sino de desmantelar los medios de producci贸n y cambiar de manera de vivir. El sistema termo-industrial es imposible de aprovechar en sentido contrario, ya que su autogesti贸n reproducir铆a la misma forma de producir, la misma clase de productos, la misma resignaci贸n y el mismo estilo de vida que se quieren abolir. Tanto para dialogar y tejer lazos simbi贸ticos con la naturaleza, como para establecer relaciones igualitarias y libres en la sociedad, hay que salirse de la econom铆a, no apoderarse de ella, y, por consiguiente, las estrategias de secesi贸n ser谩n preferibles a aquellas basadas en la gesti贸n de lo existente. La desurbanizaci贸n de las metr贸polis, la repoblaci贸n del campo y la desmonetarizaci贸n de los intercambios, son las v铆as adecuadas de la desmercantilizaci贸n y desestatizaci贸n del mundo, es decir, del comunismo libertario.

Miquel Amor贸s

Charla sobre antidesarrollismo en el local del Sindicato de Oficios Varios de la CNT-AIT, Madrid, el 18 de octubre de 2019.

Publicada en 鈥淐NT-AIT鈥 n潞 4, noviembre de 2019.




Fuente: Culturayanarquismo.blogspot.com