October 13, 2020
De parte de Reflexiones Desde Anarres
300 puntos de vista



El
concepto
de
Rep煤blica,
si
bien
tiene
una
importancia
hist贸rica
innegable,
no
resulta
tan
claro
en
la
actualidad.
En
un
principio,
se
trata
de
lo
contrario
de
la
monarqu铆a,
equivale
a
la
democracia
en
el
sentido
de
considerar
la
gesti贸n
del
Estado
cosa
de
todos
los
ciudadanos1;
m谩s
adelante,
veremos
la
falacia
de
tal
asunto
seg煤n
la
visi贸n
libertaria.
La
realidad
es
que,
con
el
paso
del
tiempo,
el
concepto
de
rep煤blica
ha
encubierto
toda
suerte
de
sistemas
autoritarios
en
algunos
de
los
cuales
ni
siquiera
aparec铆a
garantizada
la
democracia
electiva.
En
cuanto
a
la
monarqu铆a,
no
deber铆a
ser
necesario
aclarar
que
resulta
intolerable
para
cualquier
persona
con
la
m铆nima
sensibilidad
democr谩tica,
ya
que
se
trata
de
la
forma
m谩s
elevada
de
aristocracia
familiar;
un
intolerable
vestigio
del
pasado
que,
sin
embargo,
se
muestra
en
la
actualidad
en
algunas
pa铆ses
como
una
mera
clase
parasitaria,
si
bien
asumiendo
la
jefatura
de
Estado,
que
tolera
una
democracia
formal.
Hoy
en
d铆a,
una
u
otra
forma
de
Estado,
monarqu铆a
o
rep煤blica,
encubre
una
forma
de
dominaci贸n
utilizando
la
ilusi贸n
de
la
democracia
representativa.

Los
anarquistas,
desde
los
inicios
en
el
siglo
XIX,
denunciaron
my
pronto
la
falsedad
democr谩tica
que
pod铆a
suponer
la
llegada
de
la
Rep煤blica.
As铆,
la
breve
Primera
Rep煤blica
espa帽ola
(1873-1874)
encubri贸
en
numerosos
casos
nuevos
formas
de
dominaci贸n
y
el
consecuente
sufrimiento
de
la
clase
trabajadora;
muy
pronto
los
partidos
republicanos
se
acomodaron
a
la
nueva
situaci贸n
y
nada
har铆an
por
cambiar
el
orden
establecido,
tal
y
como
denunciaron
los
libertarios;
en
algunos
lugares,
el
pueblo,
agotada
su
paciencia,
trat贸
de
llevar
a
la
pr谩ctica
las
promesas
incumplidas
de
sus
dirigentes
y
reparti贸
las
tierras
abandonadas
de
latifundio2.
Huelga
decir
que
el
gobierno
restableci贸
el
orden
utilizando
los
mismos
medios
de
anta帽o
y
los
problemas
sociales
permanecieron
intactos.
El
momento
previo
a
la
proclamaci贸n
de
la
Rep煤blica
supon铆a
unas
condiciones
insoportables
para
la
clase
trabajadora
(falta
de
trabajo,
jornales
insuficientes,
trabajo
infantil,
vejaciones
para
mujer鈥),
lo
que
dio
lugar
a
numerosos
disturbios
extendidos
por
todo
el
pa铆s
y
una
crisis
pol铆tica,
que
concluy贸
con
la
abdicaci贸n
del
rey
Amadeo
de
Saboya
y
la
proclamaci贸n
del
nuevo
r茅gimen.
Los
internacionalistas
espa帽oles,
organizados
en
la
Federaci贸n
Regional
Espa帽ola
(FRE),
n煤cleo
originario
del
anarquismo
espa帽ol,
reconocieron
el
cambio
inesperado
en
el
mundo
pol铆tico,
pero
alertaron
de
que
“la
rep煤blica
es
el
煤ltimo
baluarte
de
la
burgues铆a”;
era
preciso,
seg煤n
los
anarquistas,
acabar
con
toda
dominaci贸n
y
caminar
hacia
una
“libre
federaci贸n
universal
de
libres
asociaciones
obreras,
agr铆colas
e
industriales”3.
Ya
la
revoluci贸n
de
1868,
conocida
como
La
Gloriosa,
que
derroc贸
a
Isabel
II
e
inici贸
el
llamado
sexenio
democr谩tico,
puede
considerarse
un
punto
de
ruptura
para
el
anarquismo
espa帽ol.
En
ese
momento,
arraiga
el
internacionalismo
bakuninista
en
una
clase
trabajadora
que
hab铆a
tenido
cierta
militancia
en
el
republicanismo
federal,
y
se
adopta
una
coherente
estrategia
con
tres
puntos
fundamentales:
ruptura
con
los
partidos
pol铆ticos,
definitiva
desilusi贸n
con
el
sistema
republicano
y
negativa
a
formar
parte
de
las
elecciones4.

Hay
que
mencionar
el
episodio
de
la
insurrecci贸n
cantonal,
no
apoyada
oficialmente
por
la
FRE,
pero
s铆
por
algunos
internacionalistas,
que
en
opini贸n
de
Nettlau
lo
hicieron
para
debilitar
al
Estado
en
aras
del
federalismo
creando
distritos
aut贸nomos
donde
el
cambio
social
habr铆a
sido
m谩s
factible5.El
breve
episodio
de
la
Primera
Rep煤blica
en
Espa帽a
tuvo
un
triste
colof贸n,
despu茅s
de
las
sublevaciones
cantonalistas,
cuando
las
autoridades
republicanas,
en
connivencia
con
la
burgues铆a,
llevaron
a
cabo
una
tremenda
represi贸n
de
las
sociedades
obreras;
la
persecuci贸n,
llevada
a
cabo
por
los
mismos
militares
mon谩rquicos
del
r茅gimen
anterior,
fue
de
tal
envergadura,
que
muchas
federaciones
locales
de
la
AIT
desaparecieron6.
El
golpe
de
Estado
del
general
Pav铆a,
abonando
el
terreno
para
la
Restauraci贸n,
acab贸
con
un
r茅gimen
republicano
que
fracas贸
en
su
intento
de
constituci贸n
federal,
no
llev贸
a
cabo
las
promesas
hechas
al
pueblo,
pero
tampoco
satisfizo
del
todo
a
la
burgues铆a,
enclaustrado
en
una
defensa
a
ultranza
del
orden
establecido,
tal
y
como
analizan
los
anarquistas
cualquier
forma
de
Estado.
A
pesar
de
la
tremenda
represi贸n,
las
sociedades
obreras
continuar铆an
su
actividad,
si
bien
de
forma
clandestina.

Dando
un
salto
en
el
tiempo,
que
nos
prepara
el
terreno
para
abordar
la
Segunda
Rep煤blica,
hay
que
decir
que
a
partir
del
a帽o
1917,
la
clase
trabajadora,
harta
de
unas
茅lites
dominantes
incapaces
de
llevar
a
cabo
ninguna
reforma,
decidi贸
pasar
a
la
acci贸n
con
una
larga
serie
de
huelgas.
Era
la
decadencia
del
sistema
de
la
Restauraci贸n,
encabezado
por
un
monarca
con
m谩s
participaci贸n
pol铆tica
de
la
aparente.
Esa
crisis
llev贸
a
las
茅lites
dominantes
a
instaurar
una
monarqu铆a
sin
democracia;
era
la
Dictadura
de
Primo
de
Rivera,
que
comenz贸
en
septiembre
de
1923
con
el
agrado
de
la
Realeza,
la
Iglesia
y
la
burgues铆a
y
con
la
complicidad
de,
dato
que
no
se
suele
subrayar
en
la
memoria
hist贸rica,
los
socialistas.
Solo
los
anarcosindicalistas
se
opondr铆an
al
golpe
militar,
con
la
escasa
compa帽铆a
de
estudiantes
e
intelectuales
del
mundo
universitario,
algunos
oficiales
del
Ej茅rcito
y
el
peque帽o
partido
comunista.
Los
anarquistas,
fieles
a
su
defensa
de
la
libertad,
se
volcaron
de
todas
las
maneras
posibles,
pactando
incluso
con
el
conde
Romanones
o
el
general
Valeriano
Weyler,
en
la
lucha
contra
la
Dictadura
y
sin
reparar
en
sacrificios.
La
Dictadura
de
Primo
de
Rivera,
debido
a
su
inoperancia
para
afrontar
la
crisis
nacional,
acabar铆a
cayendo
y
terminar铆a
por
arrastrar
quince
meses
despu茅s
a
la
monarqu铆a
de
Alfonso
XIII.


La
Segunda
Rep煤blica

En
1931
se
proclama
la
Segunda
Rep煤blica
en
Espa帽a,
que
igualmente
levant贸
esperanza
para
la
cuesti贸n
social,
pero
muy
pronto
se
ver铆a
que
nada
ten铆a
el
nuevo
r茅gimen
de
revolucionario;
el
propio
movimiento
libertario
no
lo
recibe
con
entusiasmo,
pero
tampoco
lo
combate,
su
claro
objetivo
es,
parafraseando
a
Buenaventura
Durruti,
“un
proceso
de
democratizaci贸n
social”,
por
lo
que
la
Rep煤blica
pod铆a
considerarse
solo
un
punto
de
partida.
Se
ven铆a
de
una
dictadura,
por
lo
que
era
l贸gico
abordar
algunas
reivindicaciones
obreras
que
el
autoritarismo
militar
hab铆a
obviado
o
reprimido;
adem谩s,
estaban
otros
asuntos
delicados,
como
la
reforma
militar,
el
estatuto
econ贸mico,
la
liberalizaci贸n
de
la
ense帽aba
o
una
reforma
agraria
moderada,
que
fueron
objeto
de
pol茅mica
y
que
los
nuevos
gobernantes
no
supieron
o
no
quisieron
abordar
en
su
gran
mayor铆a7.
Lo
que
enseguida
se
vislumbr贸
por
parte
de
la
clase
trabajadora
es
que
el
nuevo
r茅gimen
republicano
no
iba
a
colmar
sus
muy
razonables
aspiraciones;
no
tardar铆an
en
llegar
las
reivindicaciones
econ贸micas
y
la
agitaci贸n
social,
por
lo
que
el
Gobierno
republicano
no
dudar铆a
en
emplear
una
vez
m谩s
la
represi贸n.
Anarquistas
y
anarcosindicalistas,
como
es
l贸gico,
hab铆an
acogido
la
Rep煤blica
con
reservas;
en
junio
de
aquel
a帽o
1931,
la
Confederaci贸n
Nacional
del
Trabajo
reuni贸
a
centenares
de
delegados
en
Madrid
para
advertir
de
la
nueva
represi贸n
que
pod铆a
suponer
el
r茅gimen
republicano
y
para
mostrar
un
programa
m铆nimo
de
solidaridad
con
las
masas
campesinas,
y
de
socializaci贸n
de
la
tierra
y
de
todos
los
medios
de
producci贸n
agraria8.
El
movimiento
anarquista,
como
no
pod铆a
ser
de
otra
forma,
declaraba
su
oposici贸n
al
Estado;
su
objetivo
era
educar
al
pueblo
para
que
obtuviera
la
emancipaci贸n
por
medio
de
la
revoluci贸n
social.
Respecto
a
la
supuesta
divisi贸n
del
movimiento
anarquista,
y
m谩s
en
concreto
de
la
CNT,
hay
que
recordar
que
el
Manifiesto
de
los
Treinta,
de
agosto
de
1931,
firmado
por
algunas
figuras
prestigiosas
como
Juan
Peir贸,
no
pretend铆a
la
colaboraci贸n
entre
clases
ni
la
participaci贸n
en
el
Estado;
lo
que
s铆
denunciaba
era
la
aventura
insurreccional
de
una
minor铆a
谩crata,
pero
m谩s
importante,
constitu铆a
un
l煤cido
y
sensato
an谩lisis
de
la
situaci贸n
de
la
clase
trabajadora9.

Para
el
caso
que
nos
ocupa,
lo
importante
es
que
no
exist铆a
una
aut茅ntica
divisi贸n
en
el
anarquismo;
si
acaso,
aquellos
firmantes
del
manifiesto
opon铆an
ante
la
Federaci贸n
Anarquista
Ib茅rica
cierta
dosis
de
sensatez
y
realismo,
pero
todos
ellos
eran
firmes
opositores
al
Estado
y,
por
lo
tanto,
solo
pod铆a
pretender
superar
el
nuevo
sistema
republicano
por
muy
democr谩tico
que
quisiera
presentarse.

No
obstante,
no
puede
considerarse
la
insatisfacci贸n
anarquista
(o
el
mito
de
su
intransigencia)
la
culpable
de
poner
en
un
brete
a
la
Segunda
Rep煤blica;
fue
la
incompetencia
de
los
pol铆ticos
republicanos
para
solucionar
las
justas
reivindicaciones
de
los
trabajadores
lo
que
condujo
a
estos
a
la
acci贸n
revolucionaria10.
Definitivamente
desilusionados
con
el
nuevo
r茅gimen,
los
campesinos
y
obreros
se
distanciaron
de
los
partidos
republicanos
y
socialistas,
lo
que
abon贸
el
terreno
para
que
la
derecha
ganase
las
elecciones
en
1934;
la
revoluci贸n
de
Asturias
de
ese
mismo
a帽o
es
una
muestra
m谩s
del
descontento
de
los
trabajadores
con
una
sistema
que
les
segu铆a
negando
recursos
esenciales.

Respecto
a
ese
atentado
contra
la
humanidad
que
fue
el
Golpe
de
Estado
del
General
Franco
y
sus
secuaces,
en
julio
de
1936,
hay
que
decir
que
el
movimiento
anarquista
se
esforz贸
en
luchar
junto
a
los
republicanos,
principalmente
por
coherencia
en
su
lucha
contra
el
fascismo.
Es
cierto
que,
transgrediendo
sus
m谩s
elementales
principios
ideol贸gicos,
los
libertarios
acabaron
participando
en
las
estructuras
republicanas,
pero
es
algo
muy
contextualizable
en
una
situaci贸n
b茅lica
y
digno
de
un
an谩lisis
riguroso;
no
se
hizo,
obviamente,
para
conquistar
cuotas
de
poder,
sino
para
defender
la
revoluci贸n
social
que
ya
estaba
en
marcha.
Las
cr铆ticas
se
produjeron
en
el
momento,
por
parte
de
prestigiosas
figuras
como
Emma
Goldman
o
Camillo
Berneri,
pero
incluso
la
Federaci贸n
Anarquista
Ib茅rica
pidi贸
cierto
voto
de
confianza
dada
la
situaci贸n;
lo
que
es
cierto
es
que
jam谩s
el
anarquismo
podr谩
ser
llevado
a
la
pr谩ctica
en
sentido
totalitario,
por
lo
que
la
participaci贸n
en
el
Estado
se
produjo
de
manera
muy
concreta
y
sin
veleidades
autoritarias11.
Los
anarquistas
tomaron
una
determinada
decisi贸n,
de
manera
democr谩tica,
en
un
tiempo
muy
concreto,
lo
que
no
supone
por
supuesto
que
pueda
mantenerse
libre
de
cr铆ticas;
un
an谩lisis
l煤cido,
cr铆tico
y
militante
sobre
la
participaci贸n
anarquista
en
las
estructura
republicana
lo
encontramos
en
Vernon
Richards
con
su
obra

Ense帽anzas
sobre
la
revoluci贸n
espa帽ola.



Notas


1.-Eduardo
Haro
Tecglen,

Diccionario
pol铆tico

(Planeta,
Barcelona
1995).


2.-Francisco
Olaya
Morales,

Historia
del
Movimiento
Obrero
Espa帽ol
(siglo
XIX)

(Madre
Tierra,
Madrid
1994).


3.-Ib铆dem.


4.-Jos茅
脕lvarez
Junco,

La
ideolog铆a
pol铆tica
del
anarquismo
espa帽ol

(Siglo
XXI
de
Espa帽a
Editores,
Madrid
1991).


5.-
Mencionado
por
Juan
G贸mez
Casas
en

Historia
del
anarcosindicalismo
espa帽ol

(LaMalatesta,
Madrid
2006).


6.-Francisco
Olaya
Morales鈥
op.
cit.


7.-Juan
G贸mez
Casas, 

Historia
del
anarcosindicalismo
espa帽ol

(LaMalatesta,
Madrid
2006).


8.-Juan
G贸mez
Casas鈥
op.
cit.


9.-Juan
G贸mez
Casas,

Historia
de
la
FAI

(Fundaci贸n
Anselmo
Lorenzo,
Madrid
2002).


10.-Juan
Pablo
Calero
Delso,

El
gobierno
de
la
anarqu铆a

(S铆ntesis,
Madrid
2011).


11.-Juan
Pablo
Calero
Delso鈥
op.
cit.




Fuente: Reflexionesdesdeanarres.blogspot.com