July 12, 2021
De parte de Portal Libertario OACA
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Este relato, escrito para conmemorar el 85 aniversario de la revoluci贸n espa帽ola, se basa en una investigaci贸n de nuestro colaborador 脕lvaro G. Marhuenda, que pod茅is consultar de forma 铆ntegra en Alacant Obrera.

El 15 de agosto de 1936 una libertaria valenciana llamada Emilia, lleg贸 a Utiel en uno de los veh铆culos de apoyo de la Columna Fantasma, comandada por el capit谩n Uribarri.

Emilia portaba un salvoconducto del Comit茅 Regional del Levante de la CNT que solicitaba ayuda al Comit茅 Revolucionario local para recuperar a su hijo de 9 a帽os, a quien el padre biol贸gico manten铆a secuestrado desde meses atr谩s en una casona de Venta del Moro, propiedad de los Condes de Villamar.

Hacia all铆 se dirigi贸 Emilia Ferrer Gadea acompa帽ada de un grupo de mililcianos, y despu茅s de recuperar a su hijo Celso, al que ahora llamaban Santiago, regres贸 de inmediato a Valencia. Poco despu茅s, Fernando Hern谩ndez de la Figuera fue detenido no solo por servirse de su rango nobiliario para quedarse con el ni帽o, sino por figurar entre los instigadores del golpe militar y ser uno de los terratenientes de la comarca. El 煤ltimo Conde de Villamar fue fusilado el 18 de agosto en un paraje cercano y, luego, incautadas y colectivizadas sus propiedades. Nada le sucedi贸 a su segunda esposa, Victorina Amig贸.

Todos nos preguntamos como pudo liarse una mujer fiera como Emilia, formada en los entornos anarquistas, con un miembro de la nobleza agraria m谩s rancia que le doblaba la edad; pero para responder a ello deberemos volver al a帽o 1926, a los momentos m谩s oscuros de la dictadura de Primo de Rivera.

Emilia era entonces una costurera de pelo rojo que contaba unos 25 a帽os y trabajaba en uno de los teatros de la capital valenciana. Fue all铆 donde se cruz贸 con el 煤ltimo conde de Villamar que, reci茅n enviudado de su primer matrimonio y obedeciendo a una morbosa tradici贸n familiar, gustaba de perseguir coristas entre bastidores. De hecho, el 煤nico hijo nacido de su primera esposa, hab铆a muerto en 1917 tiroteado a la puerta de un teatro de la ciudad por un lio de faldas con una corista.

Siguiendo otra de aquellas costumbres degeneradas, el conde se neg贸 a reconocer al peque帽o bastardo y se desentendi贸 de Emilia, pero tras volver a casarse al poco con la tal Victorina, que era una mujer tan cat贸lica como inf茅rtil, cambi贸 de opini贸n e interpuso una denuncia contra Emilia y su padre por sustracci贸n de menores.

Olisqueando el peligro en el aire, el padre de Emilia hab铆a propuesto solo unos d铆as antes, la necesidad de buscar un lugar seguro para el ni帽o lejos de Valencia. Y as铆 lo hicieron antes de que fuera tarde, emprendiendo una huida hacia adelante que les llev贸 a Barcelona.

All铆 vivieron en la m谩s austera clandestinidad, trabajando Emilia en su oficio, mientras que el abuelo transmit铆a al peque帽o Celso las primeras letras del alfabeto 谩crata, ya que se ocup贸 como maestro en alguna de las escuelas de la tupida red de centros racionalistas de la ciudad. Tras muchas dificultades, trataron de salir adelante ocultos en la Barcelona anarquista, pero lo m谩s probable es que, tras una redada policial en las escuelas racionalistas de la ciudad efectuada en diciembre de 1933, fuera cuando localizaron al peque帽o Celso entre los inscritos.

En cualquier caso, perder al ni帽o debi贸 ser un golpe duro para el abuelo, el otro protagonista del relato, ya que nos consta que dej贸 de escribir en la prensa anarquista; y eso que ven铆a haci茅ndolo de forma ininterrumpida desde finales del siglo XIX.

Dediquemos pues unos p谩rrafos a Francisco Ferrer Barbarroja, veterano luchador valenciano nacido en 1865, muy conocido en todo el levante por su trayectoria vibrante y turbulenta, que viene a resumir la evoluci贸n del sindicalismo an谩rquico durante el primer tercio del siglo XX.

Como tantos otros precursores, el anarquista Barbarroja se hab铆a formado en los c铆rculos librepensadores de la capital del Turia a finales del XIX, como redactor y luego director de La Antorcha Valentina.

A lo largo de su vida habr铆a trabajado como linotipista, editor, vendedor ambulante, docente, apuntador de teatros; pero fue su v铆nculo con el arte negro de Gutemberg uno de sus rasgos m谩s caracter铆sticos.

As铆, el pol铆grafo Barbarroja hab铆a sido uno de los responsables del boom de la prensa obrera en los primeros a帽os del siglo XX, popularizando el seud贸nimo Acracio Progreso. Cual hombre-orquesta, fue uno de los primeros en divulgar por medios escritos los postulados emergentes del anarquismo de su tiempo -feminismo, esperanto, vegetarianismo, procreaci贸n consciente, etc..-; y no hubo campa帽a en favor de los presos sociales en la que no prestara su pluma y su pellejo.

La miseria, la injusticia y las persecuciones fueron radicalizando su discurso y sus actos, pasando por prisi贸n en diversas ocasiones; aunque se libr贸 de muchas m谩s. Seg煤n nuestros datos, el valenciano Barbarroja ten铆a ciertas nociones de qu铆mica y fue uno de los que atentaron contra Alfonso XIII en Paris, 1905, y en Madrid, 1906. En ambos casos no lograron detenerlo.

Personaje escurridizo donde los haya, si bien no consta como delegado en ninguno de los congresos de la CNT, sabemos que particip贸 activamente al menos en el de 1911, siendo tambi茅n uno de los animadores de la huelga general en Valencia y Cullera, declarada tras este certamen. Hoy d铆a, incluso se le considera uno de los que trajeron el sindicalismo revolucionario a la pen铆nsula ib茅rica desde Francia.

As铆 mismo, cabe reconocerle una meritoria labor en el campo de la ense帽anza racionalista, puesto que estuvo entre los iniciadores de la Escuela Moderna de Valencia en 1906, y fue uno de sus m谩s firmes defensores, hasta su clausura definitiva por orden gubernativa en 1926.

Volviendo a los a帽os de la revoluci贸n, apenas tenemos datos de las peripecias de la madre, ni del nieto, ni del abuelo, pero suponemos que al menos los dos 煤ltimos vivieron en alguna de las colonias organizadas por la CNT en la retaguardia.

Lo que s铆 sabemos es que antes de la debacle final, el viejo Barbarroja march贸 a Francia para preparar el terreno, el mismo camino que deb铆an seguir Emilia y el peque帽o Celso.

Sin embargo, cuando estos llegaron a la frontera en febrero de 1939 fueron interceptados por un destacamento de la guardia civil mandado por la viuda de Villamar, que hab铆a utilizado todas sus influencias como sobrina del Obispo de Castell贸n para impedir la salida del ni帽o a cualquier precio.

Madre e hijo fueron separados de nuevo, esta vez para siempre, y el chaval fue internado inmediatamente en un colegio religioso de Onteniente, donde los curas tratar铆an en vano de borrar todo rastro de su impronta 谩crata.

Al parecer Emilia tambi茅n fue detenida, pero juzgada 煤nicamente por la sustracci贸n del menor. Todo indica que no tard贸 en poner rumbo al exilio para reunirse con su padre; sin embargo nada sabemos de ellos, como si la historia se hubiera encargado de eliminar cualquier huella, convertidos en dos sombras m谩s de las que vagaban sin rumbo entre los exiliados espa帽oles en Francia, hasta su acabamiento.

Vaya nuestro homenaje para todas las Emilias de la revoluci贸n, pero sobre todo para el abuelo Barbarroja, uno de aquellos buenos sembradores que despu茅s de un largo camino, consiguieron llegar a lo m谩s alto de la escarpada monta帽a y desde all铆, no teniendo m谩s simiente que lanzar al suelo humano, sembraron su propio coraz贸n.

Alacant Obrera

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Fuente: Portaloaca.com