September 26, 2021
De parte de Grup Antimilitarista Tortuga
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Doctora en educación, Ani Pérez investiga las pedagogías libertarias, así como su impacto en escuelas alternativas y su entrada en la educación pública.

Gessamí Forner

Ha puesto voz a murmullos. Y lo ha hecho desde la investigación. Ani Pérez defendió en marzo su tesis La educación libertaria en un contexto neoliberal. Dilemas, desafíos y aportaciones en la Universidad Autónoma de Madrid. Ahora prepara con la editorial Virus una versión del tratado donde aborda las luces y sombras de las pedagogías libertarias y cómo estas se pusieron de moda hace más de una década, con el surgimiento de escuelas alternativas, y cómo han llegado incluso a la escuela pública a través de programas filantrópicocapitalistas. En la tarde de ayer dio una charla en la Mostra del Llibre Anarquista de Castelló de la Plana, organizada por el espacio comunitario autogestionado La Verduleria.

Vamos a intentar no pisar muchas cabezas con esta entrevista. Seremos amables y elegantes, como una escuela privada Montessori a 500 euros la mensualidad. ¿Te parece?

Amable sí, pero no con la amabilidad impostada de las Montessori.

Tenemos hijas casi de la misma edad, por lo que hemos asistido al boom de las escuelas alternativas, también llamadas libres. En mi caso, primero celebré esas iniciativas, luego asistí a jornadas a puertas abiertas y, finalmente, las rechacé y matriculé a la cachorra en centros públicos. Tú haces una doble crítica, tanto hacia la segregación que fomentan como al método pedagógico en sí. ¿Empezamos por lo fácil? La segregación.

La decepción de gente que empezamos a interesarnos por estas experiencias, bien por respeto a la infancia, bien por una crítica al autoritarismo y totalitarismo, es una experiencia compartida por muchas personas. Me preocupa la desesperanza y creo que nace, precisamente, en esa segregación que nombras: son proyectos muy elitistas. ¿Qué familias hay? No siempre son estereotipos de familia burguesa que buscan una escuela privada, pero hay otras formas de segregación. Los mecanismos se vuelven más invisibles y, cuando estas pedagogías no directivas entran en la escuela pública, privatizan de alguna manera la pública. La antropóloga Maria Menegaki indica que la terminología acompañamiento y no directividad suponen una barrera muy grande para los barrios obreros.

Vayamos entonces con los difícil: la domestificación de nuestras herederas.

Estas pedagogías se basan en concebir que educar es extraer potencialidades innatas de los niños. En contextos de izquierdas, esta idea se justifica con que educar es violento y autoritario. En las pedagogías alternativas incluso no hablan de educar, sino de acompañar el despliegue de la propia individualidad. Acompañar, descubrir talentos de cada niño y niña, pero sin entender el origen como contexto que se tenga que compensar para dar más a quien menos tiene, sino en el sentido de dar más a que quien más tiene. Si una niña está interesada en la lectura, deberá dársele más libros.


Ani Pérez es doctora en Educación por su tesis ’La educación libertaria en un contexto neoliberal. Dilemas, desafíos y aportaciones’. Álvaro Minguito

Voy a hacer de abogada del diablo: ¿acaso cada una no tiene sus propios intereses? Hay críos que son unas máquinas corriendo, otros construyendo presas con arena para ríos de agua de parque infantil.

Sí, cada uno los tiene, pero la lectura que busco es que una no puede interesarse por algo que no conoce. Hay que ser críticas con las visiones esencialistas que consideran que esos intereses no tienen que ver con el contexto del niño o niña, porque claro que lo tienen. Y por supuesto no defiendo una escuela que no tenga en cuenta los intereses previos. Al contrario. Es importante que haya espacio para ponerlos en común, la escuela tiene que estar en relación con lo que surge fuera de ella. El problema es que las pedagogías alternativas no favorecen la construcción colectiva. Hay una frase de Georges Snyders sobre la función de la escuela que me gusta mucho: dice que la escuela debería servir para ampliar los límites de nuestro deseo. Lo bonito es que cada una trae a la escuela, o a cualquier espacio social, tus propios intereses y estos se comparten. Otra cosa importante de los intereses es que si no pongo en cuestión que tienen que ver con el contexto de cada niño y niña, ¿qué puede ocurrir? Que esté legitimando o naturalizando desigualdades sociales. Por ejemplo, es mucho más probable que alguien se interese por la lectura si sus familiares tienen libros en casa y leen que otra persona que no tiene experiencias placenteras relacionadas con la lectura. A la escuela se le exige compensar desigualdades, y en eso fracasa, pero sí tiene un papel que cumplir: por lo menos, que no se agraven, y las pedagogías alternativas lo que hacen es agravarlas.

Tengo una amiga psicóloga que cuando me entra la paranoia de mala madre porque grito demasiado me dice que tranquila, que ser madre es meter la pata y ser hija es heredar los traumas de tus progenitores. Pero cada dos por tres me llega un mail de la Fundació Bofill alertándome de lo mal que está todo y de lo guay que es el filantrocapitalismo. ¿Qué hago, Ani?

Para empezar, siempre intento transmitir tranquilidad. Algo que está ocurriendo con las pedagogías alternativas y la crianza respetuosa es la profesionalización de la crianza, parece que haga falta leerse muchos libros para ser madre. Intento transmitir tranquilidad y recordar que muchas formaciones que se venden por aquí y por allá potencian la culpabilidad de las mujeres. Mucho de lo que nos venden es basura con enfoques muy peligrosos, que tienen que ver con supeditar necesidades de las madres a sus hijos, pero muchas veces no son las necesidades de los hijos, sino sus deseos. Además, se hace un abuso al atribuir los problemas que tenemos como adulta a la relación con la familia. Claro que la familia es importante, pero para cualquier cosa que te pasa como adulta no hay que indagar si tu madre te levantó la voz de pequeña.

Muerte a las constelaciones familiares.

Totalmente.

Hablemos de la Fundación Bofill.

Controlo más a la Botín, del Banco Santander. Hacen negocio entorno al pensamiento positivo. Desarrolló un programa llamado Educación Responsable de educación emocional, que consistía en formar al profesorado, también de la pública, para trabajar la educación emocional en el aula. Las críticas son muy delicadas de plantear, porque no estamos defendiendo que no importa cómo se siente un niño en la escuela, ni mucho menos, el buen trato es importante. Lo que se critica es el propio enfoque de la educación emocional que tienen, y que lo indignante de la Fundación Botín es que el Banco Santander desahucia a centenares de familias y, al mismo tiempo, da talleres en las escuelas de barrios obreros y se publicitaron diciendo que les ayudaban a gestionar los miedos a ser desahuciados. Esto es tremendo. Igual esos niños lo que necesitan es conocer la PAH y no que les hagan un taller de resiliencia basado en el pensamiento positivo.

En Catalunya, Bofill y La Caixa han metido la pezuña hasta el fondo en el sistema concertado de las escuelas, Gobierno catalán mediante (sobre todo de Junts, posconvergencia). ¿La vanguardia catalana es una amenaza real para el resto de territorios?

No quiero pecar de analizar una realidad que no es la mía, pero lo que puedo comentar son mis impresiones cuando trato de profundizar ahí. Frente al contexto de Madrid, que hay determinadas políticas del PP y una apuesta por la concertada y que la izquierda tiene claro que, como mínimo, hay que empezar desconfiando de términos como libertad de elección y autonomía de los centros. El caso de Catalunya me parece mucho más complejo de analizar porque hay políticas de la administración publica en la que la innovación educativa está tejida de una manera más compleja. Me parece que es una realidad que ha calado más.

Citando a Miche Cornaton, dices que la no directividad que defienden las escuelas alternativas es imposible y que renunciar a ella implica técnicas de camuflaje.

Muchos pedagogos marxistas así lo han señalado. Hay gente que considera que la no directividad es educar de una manera poco directiva, y para mí no es así, sino la renuncia a educar, la renuncia a influir. Pero si se llamara así, tendría menos buena prensa. La no directividad sustituye el poder de la palabra por el poder del silencio. Y el silencio puede influirnos de maneras mucho más directivas, pero mucho más caóticas que la palabra.

Y tanto, pero pongamos un ejemplo por si acaso.

Si tú percibes que una amiga está enfadada contigo y te lo dice, puedes tomar una decisión, puedes orientar tu conducta, puedes hablarlo y solucionarlo. Pero si recibes silencio, no puedes tomar una decisión clara. Modificas tu conducta de forma errática y quizá el problema se agrava. El silencio como castigo. El silencio tiene mucha influencia, pero esta es caótica y resulta mucho más difícil decidir con autonomía.

Pero sobre todo alertas de que uno de los riesgos de la actividad autodirigida es que desaparezca la lucha de clases, como si la única pugna en la vida de una criatura fuera la de luchar contra la persona adulta. ¿Puedes explicarnos esta hipótesis?

En las escuelas no directivas se defiende que la adulta tiene que retirarse porque eso va a permitir a las niñas y niños ser libres, como si las violencias que reciben vinieran únicamente de los adultos. Se espera que así se genere armonía, buenas relaciones y buen trato, pero creo que hace falta pasar poco tiempo con niños para darse cuenta de que el conflicto entre personas ocurre. Todos los conflictos se entienden como malentendidos entre dos personas iguales porque los dos son peques y que, una vez se retira la adulta, ya no va a haber agresiones machistas o racistas. Pero la infancia también tiene clase, género, raza, orientación sexual. Todas estas visiones que romantizan la infancia, que afirman que es buena e inocente, son muy peligrosas, porque es como cuando nos dicen a las mujeres que somos amables y cuidadosas por naturaleza. Eso conlleva a negar derechos o a castigar con más dureza a quien se sale de este camino.

Pareciera que defiendes la escuela tradicional, ¿es así?

En absoluto, no soy en absoluto nostálgica, ni pesimista, soy una persona que se emociona enseguida.

¿Qué características tienen las pedagogías libertarias y por qué triunfan?

Hay gente que me describe como una pedagoga anarquista y en realidad lo que hago es investigar sobre pedagogía libertaria. No hago una defensa, ya que la pedagogía libertaria ha hecho cosas contradictorias entre sí. Cuando describo las características de la pedagogía libertaria suelo enumerar unos principios dejando claros que son cajones que caben muchas prácticas, y que luego hay que analizar: antiautoritarismos, educación integral, autogestión, solidaridad y apoyo mutuo y coeducación. No los nombro como una receta, si no que sirven para reflexionar sobre las prácticas. Dentro del movimiento libertario se ha idealizado figuras y experiencias. En parte lo entiendo, porque ha habido ganas de combatir el estigma del anarquismo, pero en esa idealización se ha perdido la autocrítica. Idealizar limita mucho nuestra capacidad de autocrítica y dejamos de imaginar realidades mejores.

¿Cómo debiera ser el sistema educativo público?

Esta pregunta es complicada porque al responderla es fácil que una acabe aceptando implícitamente la existencia de un Estado burgués que controle las condiciones en las que se desarrolla la educación. Es decir, hacer propuestas de mejora supone de alguna manera aceptar las bases dadas y nos lleva a una mirada cortoplacista que para mí es una trampa. El problema es que, si intento pensar a largo plazo, me resulta muy difícil imaginar cómo podría ser la educación en una sociedad utópica porque ahora mismo pienso en redes de pequeñas escuelas populares que tengan cerca bibliotecas, museos, espacios al aire libre…, pero estoy segura de que hay posibilidades que aún no puedo ni concebir, que lo que puedo pensar está muy condicionado por lo que ya conozco. Y por eso sigo formándome y profundizando en la crítica, porque creo que la crítica orienta y, sobre todo, nos permite rechazar respuestas simplistas como las que dan las pedagogías alternativas.

Y si fueras ministra de Educación, ¿qué es lo primero que intentarías modificar? O lo más viable.

Pues nunca sería ministra de Educación, pero me parece urgente que el profesorado tenga acceso a una formación más rigurosa y completa, bajar las ratios, eliminar los conciertos a escuelas privadas, crear más escuelas públicas y dotarlas de más recursos, acabar con las políticas de libertad de elección ―que solo han servido para aumentar la competición entre centros y la segregación escolar―. Esto teniendo muy presente que la lucha no puede pasar solo por la escuela, porque entonces está perdida.

¿Educar es adoctrinar?

No, es justo lo contrario. La educación te permite pensar mejor y, también, dudar de lo que piensas. Si no, no merece llamarse educación. Lo que pasa es que hay quien confunde influir con adoctrinar y, conscientemente o no, al renunciar a influir lo que hace es favorecer el adoctrinamiento. Estoy muy de acuerdo con Jesús Palacios, que decía que la educación necesita de una dirección, pero “no una dirección que pretenda hacer niños estándar, todos iguales y cortados por el patrón que el maestro haya escogido, sino una dirección que permita a las individualidades expresarse y desarrollarse, una dirección que abra posibilidades en lugar de cegarlas”. Y la dirección, así entendida, no tiene nada que ver con el adoctrinamiento.

¿Ya has presentado la tesis?

La defendí en marzo de este año, pero he seguido trabajando en ella después. Ahora estoy justo terminando de revisarla para publicarla en unos meses con la editorial Virus.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/educa…




Fuente: Grupotortuga.com