August 1, 2021
De parte de Paco Salud
167 puntos de vista



ANSELMO LORENZO VISITA A ANDALUCIA EN
1872

Extra铆do del libro: El proletariado
militante

Las amenazas gubernamentales contra La
Internacional, precursoras de una persecuci贸n que no pod铆a tardar en iniciarse,
ten铆an alerta al Consejo federal. Bien lo prueban los manifiestos preinsertos,
en los cuales se revela adem谩s que el temor no era tenido en cuenta para nada y
que el prop贸sito de tener en tensi贸n la energ铆a revolucionaria no ced铆a ante
ning煤n g茅nero de consideraciones.

En previsi贸n, pues, de la persecuci贸n
o de tentativas revolucionarias por parte de los republicanos, formul贸 el
Consejo un plan de organizaci贸n clandestina que podr铆a reemplazar a La
Internacional en caso de que esta asociaci贸n fuera violentamente disuelta, y
que sirviera adem谩s para impulsar un movimiento revolucionario si los
republicanos se determinaban a iniciarlo.

En cada localidad donde existieran
secciones de oficios y federaci贸n local se crear铆a un grupo denominado de
Defensores de La Internacional, que corresponder铆an entre s铆 y con el Consejo
central. Por su car谩cter de secreto, los grupos contar铆an de poco n煤mero de
individuos de convicci贸n firme y car谩cter en茅rgico, procurar铆an por todos los
medios y seg煤n las circunstancias locales de extender su acci贸n y su influencia
a todos los trabajadores, transmitiendo noticias, organizando suscripciones,
declarando huelgas y fomentando la propagan- da. En el caso de una
insurrecci贸n, los grupos procurar铆an tomar la iniciativa en la constituci贸n de
juntas revolucionarias, con exclusi贸n, a ser posible, de todo elemento burgu茅s,
evitando as铆 la formaci贸n de manifiestos y programas de radicalismo altisonante
y rid铆culamente est茅ril a que tan aficionados se muestran nuestros burgueses
cuando la ocasi贸n lo requiere, sin perjuicio de entregarse luego
incondicionalmente al poder central, despu茅s de haber contenido de ese modo los
impulsos proletarios, como sucedi贸 en toda Espa帽a en los d铆as que mediaron
desde la batalla de Alcolea hasta la constituci贸n del Gobierno provisional.

Para hacer efectivo el proyecto acord贸
el Consejo dos excursiones de propaganda, una a la comarca del Este y otra a la
del Sur. A la primera fue Francisco Mora, que recorri贸 Catalu帽a y Baleares, y a
la segunda fui yo.

De
aquella excursi贸n conservo gratos recuerdos. Visit茅 las federaciones de
Sevilla, Carmona, Utrera, Jerez, C谩diz, San Fernando, Puerto- Real, M谩laga,
Loja, Granada y Linares, y en ellas pude gozar de la satisfacci贸n inmensa de
ver los resultados de aquellos primeros trabajos efectuados t铆midamente y en la
reducida esfera en que se des- arrollaba el n煤cleo organizador instituido en
Madrid por el insigne Fanelli.

En Sevilla estaba Soriano, continuando
la obra emprendida anterior- mente en Barcelona, acompa帽ado de Mingorance,
barbero, que ten铆a la gracia del F铆garo sevillano, junto con la inteligencia y
la energ铆a del verdadero revolucionario; de Marselau, preso a la saz贸n, como he
indicado en otro lugar; de varios otros j贸venes ilustrados y entusiastas, sobresaliendo
entre todos Miguel Rubio, zapatero fil贸sofo, mentor y casi or谩culo de la
juventud revolucionaria de Sevilla. Es Rubio todo lo contrario de esos tipos
at谩vicos, que se encuentran con harta frecuencia, en los que se manifiesta el
ser de generaciones remotas y aun de razas desaparecidas; mi querido amigo y
compa帽ero es un hombre de lo porvenir, pertenece a esa categor铆a de precursores
que sirven como para inspirar confianza y dar seguridad de que el ideal no
defraudar谩 las esperanzas de los que a 茅l se dirigen. Sabe mucho m谩s que lo que
ha estudiado, como si una selecci贸n que aun no ha podido verificarse le
suministrara un capital de conocimientos que en realidad aun no existen. Su
intuici贸n es admirable, y es bien seguro que si la necesidad no le hubiera
esclavizado sujet谩ndole al jornal, y en su lugar hubi茅rase dedicado a escribir
lo que piensa y lo que siente, el caudal intelectual de la humanidad tendr铆a a
estas horas considerable aumento, ya que lo que principalmente distingue a
Rubio es una originalidad excepcional de pensamiento.

Expuesto en sesi贸n privada del grupo
de la Alianza de la Democracia Socialista, celebrada en la c谩rcel, 煤nica manera
de que Marselau asistiera al acto, el pensamiento del Consejo federal, respecto
a la creaci贸n de los grupos de Defensores de La Internacional, fue considera-
do 煤til y oportuno y aprobado un谩nimemente, d谩ndome aquellos compa帽eros algunas
indicaciones de personas y razonables consejos para su mejor 茅xito en las
diferentes poblaciones que deb铆a recorrer.

La aprobaci贸n de grupo tan inteligente
e influyente me dio 谩nimo para continuar mi obra y me infundi贸 confianza en su
resultado.

En Carmona, siguiendo las indicaciones
de los amigos sevillanos, me dirig铆 a los compa帽eros que me designaron y
constitu铆 sin dificultad el correspondiente grupo.

隆La acogida que tuve en aquella
poblaci贸n fue excelente! Exist铆a una federaci贸n importante por su n煤mero y por
su calidad; la secci贸n dominante era la de agricultores, por ser la agricultura
el principal medio de vida de la localidad, habiendo adem谩s algunas secciones
de oficio con escasos federados. La nota capital era el sentimiento, sin que
por eso faltase y aun pudiendo ser considerada como a suficiente altura la
inteligencia. Bien pude convencerme de ello en las conversaciones que sostuve
con aquellos buenos compa帽eros durante los tres d铆as que pas茅 en su compa帽铆a,
en los que pude observar la rectitud de sus juicios y la confianza en el ideal.

En reuni贸n celebrada una noche en La
Lata, como llamaban, ignoro por qu茅, al local que les serv铆a de Centro, vasto
espacio con honores de camaranch贸n, y con asistencia de algunos centenares de
hombres, entre los que hab铆a no pocos caracterizados con el t铆pico traje anda-
luz, expuse la significaci贸n de La Internacional y el ideal emancipador del
proletariado, fij谩ndome en el limitado alcance del radicalismo pol铆tico y en el
ego铆smo de clase de los privilegiados. No s茅 hasta qu茅 punto llegar铆a mi
claridad de exposici贸n y la fuerza de mis razonamientos, lo que observ茅 fue la
facilidad de adaptaci贸n y rapidez de juicio de aquellos trabajadores,
manifestada por las muestras de asentimiento breves y poco ruidosas pero
extremadamente significativas con que acog铆an mis indicaciones apenas
declaradas. Pude bien con- vencerme de ello; aquellos campesinos eran
excelentes elementos revolucionarios y adem谩s individuos aptos para una
sociedad justa. Escasos de iniciativa, lo reconozco; pero esta circunstancia
aumenta la responsabilidad de los que dedic谩ndose a directores abren falsas
v铆as o gu铆an por falsos derroteros, inspirados por mezquinas pasiones.

A帽os despu茅s, en la 茅poca de las
disidencias, cuando vi que los trabajadores carmonenses tomaban parte, acaso
guiados por alguno que entre ellos ejerc铆a de cabecilla, en pro o en contra de
tirios o troyanos, sent铆 honda pena; parec铆ame ver un edificio en construcci贸n
bastante adelantada derribado por un terremoto.

En Utrera s贸lo pude ver al compa帽ero
cuyo nombre nos serv铆a para la correspondencia y unos pocos m谩s. Estos, no s茅
si por falta de entusiasmo o por sobra de temor, no se atrevieron a convocar la
federaci贸n, y aun me aconsejaron que me largara cuanto antes, no fuera el caso
que se enterara el cacique all铆 dominante de mi estancia en la villa y me
jugase alguna pasada. Lo extra帽o del caso es que el cacique de Utrera, siempre
refiri茅ndome a la opini贸n de aquellos compa帽eros en cuanto mi memoria me lo
permite, no era un Pantorrilles mon谩rquico de esos que tanto abundan en Espa帽a
despu茅s de la restauraci贸n, sino un republicano federal de lo m谩s adelantado,
que do- minaba por el terror. No recuerdo su nombre, s贸lo dir茅 que ten铆a forma
italiana porque acababa en ini u oni.

En Jerez recib铆 impresiones an谩logas a
las de Carmona. Aquellos viticultores eran hombres dispuestos para la verdad y
para el bien si vivieran en una sociedad digna y honrada, pero en la sociedad
actual son como aquellos esclavos que por orden de Ner贸n se arrojaban a los
estanques para saciar la voracidad de las murenas que se criaban para ser
presentadas a la mesa imperial. Con la diferencia de que aquellos esclavos
convertidos en carne de murena eran devorados por el emperador y sus
cortesanos, y la sangre de los trabajadores jereznos, que trabajan de estrella
a estrella en el verano a cambio de gaz- pacho, es consumida en forma de vino
riqu铆simo por los privilegia- dos de todo el mundo. Detalle que parecer谩
inveros铆mil: tres d铆as estuve en Jerez; pareci贸me que m谩s de la mitad de los
edificios de la poblaci贸n eran bodegas, y a pesar de ello y de que los
compa帽eros dieron pruebas patentes de querer obsequiarme, no prob茅 el vino de
Jerez. Fuera de las comidas, en que se bebe un vino com煤n, aguado y
vulgar铆simo, cuando quer铆an obsequiarme me ofrec铆an una copita de mal
aguardiente, que llamaban carabanchel, del cual, una vez probado, tuve buen
cuidado de no aceptar una segunda.

Hubo tambi茅n en Jerez constituci贸n de
grupo, reuni贸n de federados en un local que llamaban Paris, en oposici贸n a un
casino republicano al que daban el nombre de Versalles, aludiendo a la
significaci贸n revolucionaria de la Comuna y a la tir谩nica y cruel del gobierno
republica- no franc茅s de la defensa nacional residente en aquella poblaci贸n.
Muchos y buenos compa帽eros encontr茅 all铆, de los cuales s贸lo recuerdo un
nombre, Pedro V谩zquez, que consigno aqu铆 en testimonio de grata memoria.

Llegu茅 a C谩diz y fui presentado al
Centro Internacional en ocasi贸n de estar celebrando asamblea general la
sociedad de mujeres. A pesar de mi deseo de pasar inadvertido y formar juicio
c贸modamente del aspecto de aquel centro y de la asamblea que se celebraba, la
obrera que presid铆a, al terminar su peroraci贸n la que hablaba cuando yo entr茅,
me dirigi贸 breves y fraternales palabras de bienvenida, in- vit谩ndome a dirigir
la palabra a la reuni贸n. Entre el ruido de aumento de concurrencia y de cierto
movimiento de curiosidad y expectaci贸n ocup茅 la tribuna y procurando ponerme a
nivel de la ilustraci贸n y cultura de los obreros gaditanos expuse las causas
generadoras de la creaci贸n de La Internacional, su historia, organizaci贸n y
prop贸sitos, contingencias probables que podr铆an sobrevenir dada la actitud del
gobierno espa帽ol a consecuencia de la persecuci贸n organizada por el franc茅s
contra los comunalistas de Par铆s y prepar茅 el terreno para los trabajos que
deber铆a llevar a cabo el futuro grupo local de Defensores de La Internacional.

Todo fue a pedir de boca: las obreras
y obreros gaditanos me dispensaron la m谩s cari帽osa acogida, y esto facilit贸 mi
tarea hasta el punto de quedar constituido el grupo de Defensores aquella misma
noche, en una peque帽a reuni贸n celebrada a 煤ltima hora. All铆 conoc铆 a Salvochea,
que se present贸 a mi consideraci贸n con los prestigios de hero铆smo y de las
virtudes revolucionarias, aumentado desde entonces hasta el d铆a con los del
sufrimiento y de la constancia.

La proximidad y la relaci贸n constante
de C谩diz con San Fernando y Puerto Real me permitieron visitar esas dos
localidades en un solo d铆a y dejar ultimados mis trabajos con la compa帽铆a del
compa帽ero Albarr谩n, cuyo nombre consigno con fraternal complacencia. De un
salto, y aprovechando la baratura del ferrocarril en competencia con los
vapores que pasan el estrecho de Gibraltar, me plant茅 en M谩laga.

Admirable grupo de la Alianza era el
de M谩laga. Ilustraci贸n, buen juicio y mucho entusiasmo eran la caracter铆stica
de aquellos j贸venes de quienes recuerdo Deomarco, Guilino, Ojeda, y sobre todos
Pino, que era puritano y fuerte como pocos, valiendo mucho como hombre de
acci贸n y como prudente y de consejo. Le abrac茅 por 煤ltima vez en Madrid, de
vuelta del Congreso de Zaragoza, cuando nos despedimos para ir 茅l a M谩laga y yo
a Valencia a formar parte del tercer Consejo federal. Era alto, derecho,
ostentaba alta y ancha frente, ojos de fuego y una hermosa barba negra. La
majestad de los principios hac铆ase patente en la severidad y en la l贸gica de su
conducta, y en su autorizada y sugestiva palabra brillaba la verdad y la
justicia de las aspiraciones proletarias. Fue el ap贸stol de la provincia de
M谩laga en cuya comarca quedar谩n indestructibles los efectos de su propaganda.

Aceptada mi misi贸n por aquellos buenos
amigos, quedaron encarga- dos de extender los trabajos por el pa铆s, y yo part铆
para Loja, donde tras una entrevista con un corto n煤mero de compa帽eros, que
oscilaban entre el socialismo y la pol铆tica, pas茅 a Granada.

Poco trabajo tuve respecto de la idea
en aquella hermosa ciudad: corto n煤mero de compa帽eros, pero inteligentes y bien
dispuestos para cuanto fuera necesario en bien del ideal, pronto estuvimos de
acuerdo en todo, y 煤nicamente con el objeto de aprovechar mi breve estancia en
bien de la propaganda, se celebr贸 una reuni贸n en un teatrito case- ro, donde
ante un regular n煤mero de trabajadores expuse la significaci贸n de La
Internacional.

Mis principales recuerdos de Granada
los constituye la ciudad mis- ma. Pase茅 por los callejones, cuestas,
encrucijadas y revueltas de la ciudad antigua; vi la parte moderna que pretende
europeizarse abriendo algunas calles nuevas algo m谩s anchas y rectas pero con
casas de cinco pisos; visit茅 la Alhambra y el Generalife, y en la parte opuesta
sub铆 al Sacro-Monte, en cuyo empinado camino vi las viviendas de gitanos, y la
impresi贸n general que saqu茅 de todo ello es como si en breve resumen hubiera
visto el conjunto del mundo y la historia de la humanidad. En las cuevas y
entre los pe帽ascos del SacroMonte tienen sus madrigueras gitanos semisalvajes
cuyos cachorros vagan desnudos por aquellos andurriales sin asomo de pudor, en
tanto que en los paseos de la ciudad se ven turistas extranjeros y ele- gantes
damas y caballeros como en un boulevard de Par铆s. Es aquello como si
suprimiendo la incontable serie de los siglos fuesen contempor谩neos el
troglodita de la edad de piedra y el ciudadano de nuestras modernas
democracias.

Apoyadas en la hermosa y pintoresca
Sierra-Nevada, que preside el elevado Mulhac茅n de blanca cima, y separadas por
aquel Darro que tanto dio que decir a los poetas, despr茅ndense dos altas
colinas, la primera al Sur, coronada por el Generalife, ostenta en su promedio
las torres bermejas de la Alhambra; la segunda al Norte remata con un monasterio.
S铆mbolos de dos ideales, muerto el uno, agonizante el otro. Del primero puede
decirse que termina su influencia material. Entre nosotros queda 煤nicamente la
marca del alcance que tiene el poder del arte en un orden determinado de ideas;
del segundo, como lucha a煤n, como est谩 sujeto a encontradas pasiones, s贸lo
nuestros descendientes podr谩n deducir conclusiones positivas. Ambos, como
concepciones absolutas del sensualismo el uno y del misticismo el otro, ser谩n
como dos cap铆tulos del c贸digo de la belleza. Extendiendo la vista por aquella
vega incomparable desde cualquiera de las mencionadas eminencias, se siente las
penalidades de la vida progresiva s贸lo por la influencia de lo que a uno le
rodea, pero se ensancha el coraz贸n a la vista de aquella naturaleza riente y
serena que se muestra dispuesta a otorgar la felicidad de vivir en paz a las
generaciones que la comprendan y a ella asimilen sus instituciones, sus
costumbres y sus sentimientos.

Desde Granada, y ya en direcci贸n a
casa, me dirig铆 a Linares, donde tuve el gusto de admirar una poblaci贸n
laboriosa que alberga un proletariado de primer orden. El estado de aquella
federaci贸n era muy pr贸spero, mis gestiones fueron favorablemente acogidas y en
su residencia social d铆 una conferencia de propaganda ante gran concurso de
trabajadores que acogieron con entusiasmo la exposici贸n de las doctrinas y
aspiraciones internacionales. No s茅 por qu茅 causas esa importante poblaci贸n
obrera lejos de continuar activamente en las legiones del Proletariado
Militante se desvi贸 del buen camino dejan- do en estado d茅bil y canijo la
acci贸n econ贸mica para entregarse por el libre pensamiento y la Rep煤blica a
merced de la burgues铆a. Es de presumir que los desenga帽os y la consideraci贸n
del tiempo perdido la vuelvan a mejor acuerdo.

De vuelta en Madrid y habiendo
terminado Mora su excursi贸n por el Este, el Consejo aprob贸 nuestras gestiones y
se consider贸 fuerte para resistir contra el poder y confiado ante las
eventualidades pol铆ticas que pudieran sobrevenir.

隆Hermoso aspecto presentaba a la saz贸n
el proletariado espa帽ol!

Por desgracia nuestros enemigos el
capital y la autoridad tuvieron como aliados en su nefanda obra de persecuci贸n
y desorganizaci贸n las pasiones de los mismos trabajadores.

Anselmo Lorenzo

Sindicato Oficios Varios de la CNT-AIT
de Puerto Real




Fuente: Pacosalud.blogspot.com