September 9, 2021
De parte de Nodo50
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La actriz y activista feminista Pamela Palenciano (Andújar, 1982) sufre un acoso constante desde hace años. La última noticia la ha sorprendido mientras desconectaba unas semanas de vacaciones con su familia. El Juzgado de Instrucción número 15 de Madrid ha admitido a trámite la querella interpuesta por la Asociación Hombres Maltratados a ella y su pareja, el productor Iván Larreynaga. Se les denuncia por delito de odio contra los hombres en el monólogo No solo duelen los golpes, aunque la jueza investigará un posible delito de trato degradante. Ambos han sido llamados a declarar el próximo 15 de septiembre.

No solo duelen los golpes nació en 2003 como exposición fotográfica de un relato de violencia de género en primera persona, pasó después a ser un taller y más tarde un monólogo, lo que es hoy. Pamela Palenciano lleva 18 años trabajando en el proyecto en sus distintas modalidades y ocho en su formato de monólogo. “Ya no hablo tanto de mi exmaltratador, ahora hago de él”. Su trabajo ha ayudado a muchas mujeres a identificar y desvelar distintos tipos de violencias ejercidas en el seno de la pareja heterosexual. Es un altavoz para muchas, lo que el pasado año le valió la congratulación del Ministerio de Igualdad en su XVII Entrega de los reconocimientos y menciones especiales con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Del otro lado, una turba de ofendiditos ha tratado de silenciarla. Recibió su primera denuncia por apología de la violencia en 2017 y por maltrato a menores en 2019. Ambas archivadas. Ahora esta, a la que hay que sumarle el veto de Vox en la Asamblea de Madrid y el goteo diario de comentarios y amenazas que inunda sus redes sociales. “Es algo que no estoy enfrentando solo yo. Ojalá las compañeras vieran que el ataque no es personal, sino al movimiento feminista. Algunas tenemos que ser cabeza de turco”, explica Palenciano. Su voz suena crispada. En los últimos días ha recibido mensajes de ‘compañeras’ que le dicen que esta situación no es más que el karma por su apoyo al colectivo queer. “Eso me duele mucho más que el ataque de un machirulo, porque estos me atacan por algo que defendemos todas: acabar con la violencia machista”. Sobre todo ello ahonda en esta entrevista.

¿Cómo se encuentra tras la admisión a trámite de la querella?

El día que me denunciaron fue mi cumpleaños, el 4 de junio. Lo hicieron adrede. Mi vida es pública, lamentablemente. En Wikipedia aparecen mis datos de nacimiento. Pensábamos que era probable que se archivara la querella. Me impacta mucho que la jueza la haya admitido a trámite en tan poco tiempo –dos meses–, cuando hay un montón de denuncias de mujeres que enfrentan violencia y que tardan años en ser admitidas. Esperemos ir a declarar y que se archive, pero viendo cómo está el panorama, no me extrañaría que, después del ruido en redes sociales, esto vaya a más. Estoy abrumada, no entiendo nada.

¿Se presentará a declarar?

Si hay que ir a declarar se va. No he hecho nada malo y lo diré donde haga falta. Nunca he incitado al odio contra los hombres. Lo que están buscando es que no vaya a trabajar a ningún colegio, que cerremos nuestro proyecto. Odio la masculinidad hegemónica, no a los hombres. Ellos sí que nos odian a las mujeres desde la misoginia. Lo que les molesta es que cuestione los privilegios y el sistema que perpetúa el patriarcado.

Mi agenda es pública, tengo que dar a conocer dónde trabajo. Me decían que iban a ir a los monólogos

Se le acusa en concreto por el monólogo representado en Linares (Jaén) ante un grupo de estudiantes, algunos de los cuales se marcharon en plena actuación.

Quienes tendrían que haberme denunciado ahí serían, en todo caso, los chavales de Linares. La Asociación Hombres Maltratados y el abogado que está detrás, Antonio Luna, me tienen ganas desde hace tiempo y están vinculados con gente de mucho poder que no son cuatro locos. Los que me van a hacer algo no me están escribiendo en las redes. Ellos han construido un marco para hundirme el proyecto, se han basado en el monólogo de Linares para decir que no soy apta para trabajar con menores, que no es más que el pin parental de Vox. Está todo hilado.

Es la primera vez que se ve en la situación de tener que presentarse ante un juez, pero el acoso no es nuevo. ¿Cuándo empezó a sufrir esta violencia?

2017 marca un antes y un después. Antes era un acoso puntualísimo, alguno se sentaba atrás, te levantaba la mano y decía que también había hombres maltratados. A veces, era incluso una pregunta desde la inocencia. A partir de 2017, se construye un discurso y se genera un sesgo ideológico. La ultraderecha empieza a crecer a nivel mundial y sus principales objetivos son tres: la inmigración, el feminismo y la defensa de los valores conservadores.

Otras compañeras feministas también marcan el periodo que va desde 2015 a 2017 como años en los que se empiezan a recrudecer posiciones sesgadas en gente muy joven. Antes me atacaban señoros por Twitter que me decían “orco, ballena, no te quiere nadie”. Miraba el perfil y era la forma de escribir de un señor mayor o cincuentón. Ahora, la mayoría de gente que me ataca es muy joven. Es lo que más miedo me da.

¿Dónde comienza el acoso?

En la pantalla. En este caso, el 25 de mayo, la señora Alicia Rubio (diputada de Vox por la Asamblea de Madrid) lanza el vídeo de Linares y empieza un acoso virtual. Luego se materializó en tener que ir acompañada porque muchas amenazas me decían que sabían dónde estaba. Mi agenda es pública, tengo que dar a conocer dónde trabajo. Me decían que iban a ir a los monólogos.

La violencia traspasa la pequeña pantalla de nuestros móviles.

Sí. Empezaron las llamadas telefónicas y el “sé que estás aquí”. A partir de esto, lamentablemente, tengo que mirar para atrás y en el barrio donde vivo conocemos todos un protocolo para vigilar si viene alguien a hacerme daño. Lo que está en redes se está materializando en algo físico. Es lo peligroso.

Prefiero vivir tranquila y volver a trabajar en la hostelería antes de estar con esta ansiedad y este miedo

Dices que el acoso comienza en la pantalla. ¿Cuál es la red social en la que es más notable?

Va cambiando. Pasé unos meses en los que Instagram era un hervidero todos los días. Desde la denuncia, el lugar en el que estoy recibiendo más ataques es Twitter. De Instagram me llegan un par de comentarios fuertes de odio al día, pero lo de Twitter es constante.

Ellos denuncian y son respaldados. ¿Ha denunciado usted alguna vez?

No, nunca de manera formal. El monólogo en sí ya es una crítica, que sirve para denunciar al sistema y a mi exmaltratador. Con Antonio (su exmaltratador) no pude hacerlo en ningún momento porque cuando me ofrecieron denunciar en el año 2003 no estaba aprobada la Ley de Violencia de Género. La abogada del Centro de la Mujer me dijo, con mucho cariño y amor, que con esas pintas no me iban a creer. Se busca un perfil de víctima y no lo di, lo doy, ni lo daré. Es una de las razones por las que me odian tanto.

¿Y denunciar el acoso en redes sociales?

Tampoco. Algún día lo haré. Quiero tener tiempo para eso. Si denunciar no es la mejor estrategia en este momento, haré otras cosas.

Internet es un espacio cada vez más hostil para las mujeres que son un altavoz. A pesar de ello, entiendo que para la visualización de su trabajo será necesario.

Las redes son el reflejo de lo que hay en la calle. He estado tres semanas desconectada de ellas y estaba más tranquila en muchos sentidos. Por un momento me decía que mi realidad no era esa. Mi realidad es que, si abro las redes, el veneno que hay ahí es lo que se puede comentar a pie de calle. Me encantaría no tenerlas, pero el público al que siempre he querido llegar es el adolescente y su mundo es ese. Más allá de que vaya un monólogo a su instituto, que ya no me dejan hacer tantos por el pin parental, si no estoy en las redes no existo para ellos. A la gente adulta puedo llegar de otra manera.

Recuerdo que, en una representación en Madrid en febrero de 2020, advertía hacia el final que no le quedaban fuerzas frente a esta turba. ¿Cómo afecta esta violencia a su quehacer profesional?

Pensando siempre en retirarme. No tengo por qué comerme esto, quiero trabajar en paz y libremente, pensar también en otros proyectos. Lo que me mantiene aquí no es la economía. Prefiero vivir tranquila y volver a trabajar en la hostelería antes de estar con esta ansiedad y este miedo. El monólogo se mantiene vivo porque la rabia que me sigue generando la violencia machista la canalizo a través de No solo duelen los golpes. También porque hay un montón de gente alrededor que da mucha energía y fuerza para que siga. Llegará un momento en el que diga “lo dejo”, pero me gustaría decidirlo yo, no que viniera nadie de fuera, que es lo que ellos están deseando: quemarme para que me retire, y eso sí que no. Les podré dar el gusto de que me vean declarar en un juzgado, de que puedan intuir que tengo miedo, de que pierdo trabajo, pero no de retirarme por su acoso. 

Y luego hablan de la cultura de la cancelación.

Les pasa que como toda la vida ha sido normal su comportamiento, normal entre comillas, ahora que estamos diciendo que el humor tiene límites dicen que eso es cultura de la cancelación. Es muy fuerte cómo se han apropiado de nuestro discurso.

Supongo que este malestar también recae en la familia y en su entorno más cercano. ¿Cómo lo viven ellos?

Cada uno a su manera. Iván Larreynaga está denunciado conmigo, siempre me ha apoyado, como compañero no solo de trabajo y de vida, sino como amigo y cómplice. Mi hija se ha alterado con la denuncia. “Mamá, me dicen mis colegas que si vas a ir a la cárcel o no”. Tiene 15 años y se asusta. Hay cosas de adultos que no entiende todavía. El peque ha sacado una catana de madera para proteger a su madre “de los hombres malos que la quieren meter en la cárcel”. Se está enterando ya y es feo ver a un niño de siete años pensando que quiere proteger a su madre porque hay unos hombres, no todos, que quieren hacerle daño. Tratamos de que no se entere de mucho, pero es difícil. La energía llega. Por supuesto que esto interfiere en mi vida personal y más íntima por más que yo trate de desconectar y de saber que no he hecho nada malo.

¿En qué punto considera que se encuentran los feminismos en España?

Con mucha falta de escucha y de diálogo. Hay que romper el ego y las maneras de anclarse en la teoría feminista y no en la práctica. Esto no pasaba hace años. Menos mal que las personas que no me apoyan o me critican del movimiento feminista no son tantas, al menos que lo digan públicamente. Algunas no se dan cuenta de cómo nos dividen y de cómo hablamos de dos posturas en dos temas (transexualidad y prostitución) donde hay miles que estamos en una escala de grises: podemos escuchar a una parte, la otra, dialogar y colocarnos. Soy de las de derechos para todas y hablar con todas.

Habrá cosas de la parte más queer con las que no estoy de acuerdo, pero entiendo la inclusión y la necesidad de reconocer su discurso y su ser

Creo que hay una pelea interna en el Gobierno de coalición por cuotas de poder y se traslada al movimiento. Nosotras somos las tontas que estamos dejando que eso pase, cuando el movimiento feminista ha sido siempre autónomo. Hay compañeras que tienen doble y triple militancia, y si queremos ser un movimiento autónomo tenemos que dejar el amor romántico y de partido y ser más críticas. Para mí ese ha sido el error gravísimo. Disidencias sobre el tema trans y la prostitución también había en los setenta. El problema es este nivel: un grado de violencia en el que a mí me tienen vetada en ayuntamientos porque me ven trans-inclusiva mientras tengo un montón de machirulos queriendo que me muera.

¿Considera que la apertura al diálogo es la misma por parte del movimiento trans que de las trans-excluyentes?

En el 2019, me llamaron tránsfoba porque en mi monólogo usaba los genitales para explicar la construcción de género. Pero, en general, me están apoyando bastante y he notado más apertura del lado trans a la hora de escuchar y acuerpar.  Habrá cosas de la parte más queer con las que no estoy de acuerdo, pero entiendo la inclusión y la necesidad de reconocer su discurso y su ser. Desde el otro lado, siento más virulencia, miedo, confusión. No me cuadra que haya hombres que quieran meterse en los baños para violarnos. Me suena como lo de las denuncias falsas. Creo que les molesta que estemos hablando de gente del margen que viene con mucha fuerza diciendo que se acabó lo de hablar por ellos y ellas. Hay un feminismo blanco, un feminismo andaluz, catalán… Dicen que es la posverdad, pero la gente estamos hechas de identidades. No sé si el tema trans es la excusa para no querer hablar de otras cosas.

¿Qué pasará un día después de ir a declarar?

Espero que después del 15 de septiembre, cuando digamos “ninguna agresión sin respuesta”, sea algo real, materializado y que quede como precedente para otras compañeras. No porque vengan a la puerta del juzgado a hacer una concentración para apoyarme, sino porque si a mí me están denunciando de esta manera no es por una cuestión personal.




Fuente: Ctxt.es