November 27, 2021
De parte de A Las Barricadas
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Zeitungskorrespondenz n潞 75, 10 de julio de 1909, pp. 1 y 2.

Traducci贸n y notas editoriales: Ph. Bourrinet (8 de julio de 2019)

FUENTE: Colectivo Emma Goldman

Traducido por Jorge Joya

“Muchos escritos cient铆ficos lamentan la creciente destrucci贸n de los bosques. Pero no s贸lo hay que tener en cuenta la alegr铆a que todo amante de la naturaleza siente por el bosque. Tambi茅n hay importantes intereses materiales e incluso vitales para la humanidad. Con la desaparici贸n de los ricos bosques, pa铆ses conocidos en la antig眉edad por su fertilidad, densamente poblados, verdaderos graneros para las grandes ciudades, se han convertido en desiertos pedregosos. Rara vez llueve, o los aguaceros devastadores arrastran las finas capas de humus que deb铆an fertilizar. All铆 donde el bosque de monta帽a ha sido destruido, los torrentes alimentados por las lluvias estivales hacen rodar enormes masas de piedras y arena, que devastan los valles alpinos, deforestando y destruyendo los pueblos cuyos habitantes son inocentes “del hecho de que el inter茅s y la ignorancia han destruido el bosque en los valles altos y la regi贸n de los manantiales”. 

“Inter茅s propio e ignorancia”: los autores, que describen elocuentemente este desastre, no se detienen en sus causas. Probablemente creen que basta con destacar las consecuencias para sustituir la ignorancia por una mejor comprensi贸n y revertir los efectos. No ven que se trata de un fen贸meno parcial, uno de los muchos efectos de una naturaleza similar del capitalismo, ese modo de producci贸n que es la etapa suprema de la caza del beneficio.

驴C贸mo ha llegado Francia a ser un pa铆s pobre en bosques, hasta el punto de importar cientos de millones de francos de madera del extranjero cada a帽o y gastar mucho m谩s para paliar las desastrosas consecuencias de la deforestaci贸n de los Alpes mediante la repoblaci贸n forestal? Bajo el Antiguo R茅gimen, hab铆a muchos bosques estatales. Pero la burgues铆a, que tom贸 las riendas durante la Revoluci贸n Francesa, vio estos bosques estatales como un instrumento de enriquecimiento privado. Los especuladores arrasaron tres millones de hect谩reas para convertir la madera en oro. El futuro era la menor de sus preocupaciones, s贸lo importaba el beneficio inmediato.

Para el capitalismo, todos los recursos naturales tienen el color del oro. Cuanto m谩s r谩pido los explote, m谩s r谩pido ser谩 el flujo de oro. La existencia de un sector privado significa que cada individuo trata de obtener el mayor beneficio posible sin pensar ni por un momento en el inter茅s del conjunto, de la humanidad. Como resultado, todo animal salvaje tiene un valor monetario, toda planta que crece en la naturaleza y que produce un beneficio es inmediatamente objeto de una carrera de exterminio. Los elefantes africanos casi han desaparecido debido a la caza sistem谩tica por su marfil. La situaci贸n es similar en el caso de los 谩rboles de caucho, que son v铆ctimas de una econom铆a depredadora en la que todo el mundo se limita a destruir los 谩rboles sin replantar ninguno nuevo. En Siberia, se informa de que los animales de peleter铆a son cada vez m谩s escasos debido a la caza intensiva y que las especies m谩s valiosas podr铆an perderse pronto. En Canad谩 [1], vastos bosques v铆rgenes est谩n siendo quemados hasta la saciedad, no s贸lo por colonos que quieren cultivar la tierra, sino tambi茅n por “buscadores” que buscan yacimientos de mineral; est谩n convirtiendo las laderas de las monta帽as en roca desnuda para tener una mejor visi贸n del terreno. En Nueva Guinea [2], se organiz贸 una masacre de aves del para铆so para satisfacer el costoso capricho de un multimillonario estadounidense. Las locuras de la moda propias del capitalismo de la plusval铆a ya han provocado el exterminio de especies raras; las aves marinas de la costa este de Estados Unidos s贸lo han sobrevivido gracias a la estricta intervenci贸n del Estado. Estos ejemplos podr铆an multiplicarse infinitamente.

Pero, 驴no est谩n las plantas y los animales para ser utilizados por los humanos para sus propios fines? Aqu铆 dejamos completamente de lado la cuesti贸n de la conservaci贸n de la naturaleza tal y como ser铆a sin la intervenci贸n humana. Sabemos que los humanos son los due帽os de la tierra y que transforman completamente la naturaleza para sus necesidades. Para vivir, dependemos completamente de las fuerzas de la naturaleza y de las riquezas naturales; debemos utilizarlas y consumirlas. No se trata de esto, sino de la forma en que el capitalismo los utiliza.

Un orden social sensato tendr谩 que utilizar los tesoros de la naturaleza que tiene a su disposici贸n de manera que lo que se consuma se reponga al mismo tiempo, para que la sociedad no se empobrezca y pueda enriquecerse. Una econom铆a cerrada que consume una parte de los plantones de cereales se empobrece cada vez m谩s y tiene que quebrar inevitablemente. As铆 funciona el capitalismo. Esta econom铆a, que no piensa en el futuro, s贸lo vive el momento. En el orden econ贸mico actual, la naturaleza no est谩 al servicio de la humanidad, sino del Capital. No son las necesidades de ropa, comida y cultura de la humanidad, sino el apetito del Capital por el beneficio, por el oro, lo que gobierna la producci贸n.

Los recursos naturales se explotan como si las reservas fueran infinitas e inagotables. Con las consecuencias nefastas de la deforestaci贸n para la agricultura, con la destrucci贸n de animales y plantas 煤tiles, se revela el car谩cter finito de las reservas disponibles y la quiebra de este tipo de econom铆a. Roosevelt [3] reconoci贸 esta bancarrota cuando quiso convocar una conferencia internacional para hacer un balance del estado de los recursos naturales a煤n disponibles y tomar medidas para evitar su despilfarro.

Por supuesto, este plan en s铆 mismo es una farsa. Sin duda, el Estado puede hacer mucho para evitar el exterminio despiadado de especies raras. Pero el Estado capitalista es, despu茅s de todo, s贸lo un triste representante del bien com煤n (Allgemenheit der Menschen). Tiene que plegarse a los intereses esenciales del Capital.

El capitalismo es una econom铆a descerebrada que no puede regular sus acciones siendo consciente de sus efectos. Pero su car谩cter devastador no se debe 煤nicamente a este hecho. En siglos pasados, el ser humano ha explotado la naturaleza sin sentido, sin pensar en el futuro de toda la humanidad. Pero su poder era limitado. La naturaleza era tan vasta y poderosa que con sus limitados medios t茅cnicos s贸lo pod铆an causarle un da帽o excepcional. El capitalismo, en cambio, ha sustituido la necesidad local por la global, ha creado medios t茅cnicos para explotar la naturaleza. Se trata de enormes masas de materia que se someten a medios colosales de destrucci贸n y se trasladan con potentes medios de transporte. La sociedad bajo el capitalismo puede compararse con la fuerza gigantesca de un cuerpo sin raz贸n. Mientras el capitalismo desarrolla un poder ilimitado, simult谩neamente devasta el medio ambiente del que vive de forma insensata. S贸lo el socialismo, que puede dar a este poderoso cuerpo conciencia y acci贸n reflexiva, sustituir谩 simult谩neamente la devastaci贸n de la naturaleza por una econom铆a razonable.”
 

[1] La deforestaci贸n en Canad谩 representa ahora la mayor parte de las tierras deforestadas en todo el mundo. Los llamados bosques intactos se redujeron un 7,3% entre 2000 y 2013.

En 2014, Canad谩 fue el mayor destructor de selva tropical del mundo, por delante de Rusia y Brasil: Deforestaci贸n: Canad谩 bajo fuego.

[2] En 1909, Nueva Guinea estaba en manos de los Pa铆ses Bajos, el Imperio Brit谩nico (Australia) y Alemania.

[3] Theodore Roosevelt (1858-1919), antiguo jefe de polic铆a de Nueva York, secretario de la Marina, luego voluntario en la guerra contra Espa帽a y Cuba en 1898, vicepresidente con MacKinley (que fue asesinado), fue dos veces presidente de Estados Unidos, de 1901 a 1909. Su presidencia estuvo marcada, en el plano internacional, por su mediaci贸n en la guerra ruso-japonesa, que le vali贸 el Premio Nobel de la Paz, y por su apoyo a la primera Conferencia de La Haya, al recurrir al arbitraje para resolver un litigio entre Estados Unidos y M茅xico. Todo esto fue en el mejor inter茅s del poder estadounidense. Su pol铆tica imperialista, conocida como el “Big Stick”, y el posterior endurecimiento de la Doctrina Monroe, permitieron el control total del Canal de Panam谩 por parte del Estado yanqui. En pol铆tica interior, su mandato se caracteriz贸 por una pol铆tica proactiva de “preservaci贸n de los recursos naturales” y la adopci贸n de dos importantes leyes de protecci贸n del consumidor. Ideol贸gicamente, justific贸 la masacre de nativos americanos por parte del capital yanqui simplemente neg谩ndola: “Ninguna naci贸n conquistadora y colonizadora ha tratado jam谩s a los salvajes que originalmente pose铆an la tierra tan generosamente como los Estados Unidos” (The Winning of the West, Putnam, Nueva York, 1889).




Fuente: Alasbarricadas.org