April 22, 2021
De parte de Nodo50
173 puntos de vista


En el primer art铆culo de esta serie sobre la aporofobia, presentamos el concepto, acu帽ado por la fil贸sofa Adela Cortina, y reflexionamos acerca de la pobreza, no como circunstancia sino como identidad de clase. Trajimos a colaci贸n la expresi贸n “Nuevos ricos” que ejemplifica a la perfecci贸n el clasismo estructural de nuestra sociedad, la conciencia de clase de quienes est谩n arriba, frente al rechazo de los de abajo a tomar esa misma conciencia de clase.

Existe la falsa creencia de que si los pobres tom谩ramos conciencia de clase, extender铆amos y perpetuar铆amos la pobreza

Existe la falsa creencia de que si los pobres tom谩ramos conciencia de clase, extender铆amos y perpetuar铆amos la pobreza. Esta creencia, impl铆cita en el repudio hacia las llamadas ideolog铆as de izquierda, sigue dando por hecho que la estructura social es inamovible y la 煤nica oportunidad de salir de la pobreza es odiarla, individualmente: “trabajar duro para escapar de ella y cumplir tus sue帽os”.

Para que nos entendamos: nos cuesta m谩s analizar el sistema y decidirnos a cambiarlo, desde la conciencia de clase, que enarbolar toda suerte de fantas铆as en torno al individualismo. Los libros de autoayuda para “aprender a hacer dinero”, “hacerse rico”, “tener 茅xito” son las novelas de caballer铆a del SXXI. 

Estos libros se publican a centenares cada a帽o, con la celeridad con la que salen las tostadas, plagados de afirmaciones como “Si no eres millonario es porque no quieres”, “Con茅ctate con el dinero”, “Abandona la mente pobre y aprende a tener una mente rica”, “Piensa como rico y ser谩s rico”鈥 Estos mensajes, que se sustentan en la aporofobia, desdibujan el sistema, disocian nuestra identidad y la fragmentan en un ser subconsciente  – fruto de una estructura desigual que nos proponemos ignorar -, y un ser imaginario que trabajamos desde el individualismo, en algunos casos votando incluso en contra de las pol铆ticas sociales o medidas que le dan oportunidades a la clase de la que renegamos – Este fen贸meno fue muy sonado en USA, con inmigrantes asentados votando por Trump, y en Reino Unido, con este mismo perfil de votante apostando por el Brexit. En Espa帽a, no obstante, este fen贸meno tambi茅n tiene una clara representaci贸n que nos ha llevado, entre otros retrocesos, al deterioro de la sanidad p煤blica – . Si unimos estas realidades con la literatura de autoayuda dirigida hacia los pobres con aporofobia, tenemos un pensamiento latente similar al que sigue: “Total, pronto dejar茅 de tener mente pobre, me conectar茅 con el dinero y conseguir茅 mis sue帽os. No tiene sentido que vote por pol铆ticas sociales que amparan a los vagos que quieren seguir siendo pobres”.

Llegadas a este punto, cabe preguntarse, 驴c贸mo es posible que cueste tanto hacerles entender a tantas personas adultas que la pobreza es un problema estructural, no individual? 驴C贸mo es posible que no caiga por su propio peso el hecho de que la conciencia de clase nos permita tomar parte del problema en primera persona y solucionarlo? 隆Pues porque desde peque帽as se nos ha adoctrinado para que lo enfoquemos desde la individualidad y la aporofobia!

Antes de continuar con esta l铆nea argumental, traer茅 este fragmento del libro Aporofobia de Adela Cortina:

“La leyenda de que los seres humanos se conducen por una racionalidad maximizadora, empe帽ada en lograr el m谩ximo beneficio a toda costa, est谩 desacreditada. Es mucho m谩s racional buscar la cooperaci贸n que el conflicto, conseguir aliados que generar adversarios. Por eso, las personas y organizaciones prudentes enfocan sus empresas y negocios como juegos cooperativos, en los que no aspiran a obtener el m谩ximo beneficio, caiga quien caiga, sino que est谩n dispuestos a contentarse con la segunda o tercera opci贸n m谩s deseable para todos”.

Cortina a帽ade despu茅s unas palabras que para m铆 son la clave: “El individualismo ego铆sta es un invento sin sustento, que cumple una misi贸n ideol贸gica”.  

Y aqu铆 volvemos a tomar la l铆nea de argumentaci贸n, con una premisa muy simple: para materializarse, toda ideolog铆a necesita impregnar todos los aspectos del desarrollo individual y social de las personas. De esta manera, con el paso de los siglos, llega a ser entendida como la 煤nica realidad posible – todo lo dem谩s es utop铆a – .  

La 煤nica realidad posible, partiendo de una ideolog铆a bien nutrida y extendida durante siglos, afianza el poder en las mismas familias que extorsionan al resto con una desigual repartici贸n de recursos. 

Y nosotras, desde peque帽as, bebemos esta realidad. Lo hacemos en el caldo de cultivo aporof贸bico de nuestros entornos familiares y en la escuela. All铆 los mayores hablan de qu茅 vecino es m谩s pobre, se r铆en del vecino barrendero, veneran al vecino que hizo fortuna, insultan al inmigrante, que seguro viene a quitar puestos de trabajo y a pedir ayudas sociales. En la escuela, los ni帽os y las ni帽as repiten los patrones de casa, compiten entre ellas por llevar marcas caras, socializan a partir de lo que poseen, lo que se han comprado y lo que se van a comprar, admiran a quien viste con ropas limpias y nuevas y se alejan de quien luce rotos en los pantalones. Para afianzar este aprendizaje, el sistema cuenta con una grand铆sima herramienta pedag贸gica: los cuentos infantiles.

La leyenda africana de Seetetelan茅 dice: “(鈥) Un d铆a Seetetelan茅 le pregunt贸 al hombre si le gustar铆a ser jefe de tribu y poseer toda clase de riquezas, esclavos y animales. El cazador le pregunt贸 si pod铆a proporcion谩rselos, a lo que Seetetelan茅 rio y con un golpe de su pie abri贸 el suelo, saliendo de 茅l una gran caravana con todo tipo de bienes, servidores, esclavos y animales”. La leyenda oriental ‘La joven y el pr铆ncipe’ nos cuenta la historia de un pr铆ncipe que reparte semillas entre las damas de la corte para elegir una esposa honesta. El cuento occidental ‘La princesa y el guisante’ recalca la creencia de que las princesas son especiales y distintas a las mujeres pobres, tanto as铆 que notan un guisante debajo de seis colchones. Y as铆 tenemos cientos y cientos de cuentos que se leen en todo el mundo y que normalizan de manera pasmosa un sistema clasista en el que existen sin explicaci贸n necesaria reyes, pr铆ncipes y princesas arriba. Y abajo pobres que han de demostrar que son dignas de la realeza o de las ricas que las elijen, las averg眉enzan, las ponen a prueba, las encierran鈥 y hacen con ellas todo lo que les viene en gana. Al final del cuento, si hay suerte, tal vez la pobre se convierta en rica. Los y las esclavas, los y las sirvientas tambi茅n son una constante en los cuentos infantiles, sin que en ning煤n momento se le de la capacidad al lector de alimentar un pensamiento cr铆tico capaz de hacerle cuestionar por qu茅 hay un sistema semejante, con reyes, reinas, pr铆ncipes, princesas, esclavos, esclavas, sirvientes, sirvientas por defecto.

Volvamos al interrogante que trajimos en el art铆culo anterior. 驴Cu谩ntas veces de peque帽a le preguntaste a tu madre por qu茅 en los cuentos hab铆a reyes y mendigos? 驴Cu谩ntas veces, en cambio, le preguntaste “mam谩 somos ricos o somos pobres”? Lo que se normaliza, jam谩s se discute ni se replantea. Indagas, si acaso, en el papel que tienes dentro de esa estructura percibida como natural e inamovible: “驴somos ricos o somos pobres?”. Ser pobre, para una ni帽a adoctrinada con cuentos infantiles cl谩sicos, es merecer en alg煤n momento la piedad o la admiraci贸n de un rico, casarse con un pr铆ncipe, esforzarse individualmente para ser rica鈥 odiando de base lo que ya es.

Y es que, nadie quiere ser pobre, y todas, desde peque帽as, entendemos esta “desgracia” como un problema individual que se puede cambiar con esfuerzo, trabajo y/o suerte.

No entendemos la pobreza como identidad, porque la rechazamos y, en cambio, nos proyectamos en la identidad de princesas, reinas y nobles – A esto tambi茅n nos ayudan los juegos simb贸licos y las mu帽ecas con carruajes y galas – . 

En los 煤ltimos a帽os, familias despiertas y subversivas han borrado de la educaci贸n de sus hijas las l铆neas tradicionales e incluso han inventado sus propios cuentos. El problema aqu铆 es que, de no haber un movimiento global que siga esa l铆nea de manera decidida, nos volver谩 a pasar lo de siempre. Igual que el poder se queda en las mismas familias, de generaci贸n en generaci贸n, se quedan los cuentos que convienen, el resto se quema o, lo que es peor, deja de leerse.

En el pr贸ximo art铆culo de esta serie hablaremos de la aporofobia en la adolescencia.




Fuente: Kamchatka.es