September 20, 2021
De parte de SAS Madrid
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El problema latente del sinhogarismo deja m煤ltiples ataques contra las personas en situaci贸n de calle. Un informe revela que la mayor铆a de las agresiones las cometen hombres de entre 18 y 35 a帽os, que el 24% de las mujeres en esta situaci贸n ha sido v铆ctima de agresiones sexuales y que el 68% de los testigos de los ataques no actuaron.

Antonio, su gatito, le salv贸 la vida. Eso es lo que repite una y otra vez Rita de C贸ssia Andrade, natural de S茫o Paulo, que a sus 55 a帽os lleva viviendo en una casa casi dos tras haber superado otros nueve en situaci贸n de calle. “Mi antigua pareja me peg贸 con un machete en la cabeza. Ahora, cuando veo en el espejo la cicatriz, ya no significa nada para m铆 porque tengo una familia”, relata. Esa familia es Hogar S铆, la iniciativa social que desde 1998 lucha contra el sinhogarismo en Espa帽a. La aporofobia, una de las peores consecuencias de este fen贸meno, puede llegar a ser el eje vertebrador del desenlace m谩s fatal: el asesinato de alguien que vive en la calle, como ya ha ocurrido en el Estado espa帽ol.

El caso de Rita tan solo es uno de los m谩s de entre 8.000 y 10.000 personas que no tienen un hogar en el que vivir, seg煤n las estimaciones realizadas por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030; “las m谩s fiables”, comenta Maribel Ramos Vergeles, subdirectora y portavoz de Hogar S铆. La aporofobia, t茅rmino acu帽ado por Adela Cortina, implica el menosprecio y violencia hacia las personas en situaci贸n de pobreza, y desde Hogar S铆 lo aplican a aquellas que, en particular, se encuentran en situaci贸n de calle: “Cuando pasamos al lado de una de estas personas tenemos sentimientos culpabilizadores a nivel individual. Pensamos que algo habr谩 hecho para estar as铆, que no ha querido trabajar o que no se ha esforzado lo suficiente, pero jam谩s reflexionamos sobre la vida que hay detr谩s”, enfatiza Ramos.

En la nueva casa proporcionada por Hogar S铆 mediante su programa Housing first, Rita escribe poemas. Le gustar铆a conocer a una persona para que escuchara su historia, “pero no alguien que solo tuviera cinco minutos, sino mucho tiempo, con mucha paciencia”, apunta la brasile帽a. Querr铆a publicar un libro con sus experiencias y donar todo lo recaudado a la organizaci贸n, a la que tanto agradece su trabajo. Rita, aunque completa en el presente, no se puede olvidar de su pasado, esa historia que nadie se para a pensar al transitar al lado de una persona sin hogar: “En la calle se pasa muy mal. La gente te ofrece drogas e intenta violarte. Yo siempre estaba escondida, porque hay personas que son muy malas a veces”, comienza a contar.

Miedo, desprotecci贸n laboral y una barra de hierro

“Una vez me pegaron una paliza y me robaron mi tel茅fono, que era de lo poco que ten铆a. Estaba en un s贸tano viviendo, con muchos agujeros que me hac铆a tener mucho cuidado continuamente porque si te ca铆as por ah铆 te pod铆as matar”, contin煤a su relato. Tampoco dorm铆a por las noches para estar atenta de cuanto suced铆a a su alrededor. Era miedo, un miedo que se agravaba por su condici贸n de mujer: “La gente que te ve as铆 piensa que eres una borrachilla, pero si supieran todo lo que tengo detr谩s鈥”, agrega ella misma.

Detr谩s, lo que tiene, es una historia truncada por su antigua pareja, tambi茅n brasile帽a. Ella vino a Espa帽a casada con un portugu茅s hasta que este retorn贸 al pa铆s latinoamericano para volverse a casar con su exmujer. “Estaba trabajando casi 20 horas al d铆a. Estaba en un restaurante sirviendo y tambi茅n limpiaba casas, pero todo en negro. Este hombre tambi茅n se qued贸 con el piso, y yo me qued茅 en la calle. Llevaba diez a帽os trabajando en Espa帽a pero no tengo forma de demostrarlo, as铆 que ahora intento que me unifiquen el poco tiempo cotizado aqu铆 con lo que s铆 tengo en S茫o Paulo“, apunta Rita. Adem谩s, las condiciones en las que trabajaba esta brasile帽a empeoraron cuando se encontraba en situaci贸n de calle, por lo que a una primera cirug铆a se sum贸 otra m谩s que la ha dejado con dos clavos en la espalda.

“Cuando no ten铆a casa, ten铆a miedo, pavor. Me escond铆a con Antonio, mi gato, para que nadie nos pudiera hacer nada, pero no dej谩bamos de estar rodeados de jeringuillas”, afirma. La t谩ctica del escondite, lamentablemente, no siempre surt铆a efecto. Una noche, Rita se arm贸 de valor, aunque dice desconocer de d贸nde lo sac贸, y se tuvo que defender de un ataque: “Ese coraje lo tienes que tener. Un hombre me quer铆a hacer da帽o a m铆 y a Antonio. Me defend铆 con una barra de hierro que ten铆a y le di un golpazo bien grande, y le dije que si segu铆a le dar铆a m谩s fuerte”, determina. “Yo siempre me manten铆a al margen de las drogas, pero si ven铆an ten铆a que defenderme. Tampoco ten铆a problemas con ellos. Si ven铆a gente que se quer铆a drogar, beber o fumar, bueno, que lo hagan, pero a m铆 que me dejen en paz, que yo no me meto con nadie”, contin煤a la narraci贸n la propia Rita.

Consumo de drogas y el derecho a la vivienda

Ramos, por su parte, recuerda que cuando vemos a personas en situaci贸n de pobreza extrema autom谩ticamente pensamos que pueden ser potenciales agresores, cuando la realidad es la contraria: “El nivel de violencia que sufren es brutal, pero brutal. Va desde lo menos grave, que es el insulto y la discriminaci贸n en cuanto al acceso a servicios, pasa por el robo de pertenencias de forma constante, hasta llegar a las agresiones f铆sicas, incluso asesinatos”, ilustra la portavoz.

“Una vez que est谩s en la calle, aunque mucha gente no lo hace, lo raro es que no consumas alguna droga“, comenta al respecto la subdirectora de Hogar S铆 . Y contin煤a: “Todos consumimos, aunque sea una ca帽a, o fumamos tabaco, pero no por eso nos tiene que alterar nuestro comportamiento ni mucho menos vulnerar nuestro derecho a la vivienda. Est谩n en la calle y adem谩s les exigimos que dejen de consumir, cuando eso no se lo pedimos a nadie m谩s. Estoy segura de que muchos directivos de empresas tambi茅n consumen para poder seguir esos ritmos laborales y nadie pone en duda que esa persona no tenga derecho a una casa”.

As铆 pues, la vivienda es la primera pol铆tica de prevenci贸n para los delitos de aporofobia, considerados como de odio. “Una persona LGTBI o una persona migrante, que tambi茅n sufren delitos de odio, no quieren dejar de ser lo que son, de hecho lo reivindican, pero una persona que vive en la calle s铆 quiere dejar de vivir as铆”, prosigue Ramos. De todas formas, en estos casos pueden sufrir una doble violencia, pues s铆 que existe una sobrerrepresentaci贸n de migrantes sin vivienda sobre la poblaci贸n en general, ya sea por no haber tenido una trayectoria migrante exitosa, o haber tenido un trabajo al llegar a Espa帽a, o est谩n en situaci贸n administrativa irregular, o no tienen redes sociales que les puedan sostener.

Los datos

La aporofobia, y los delitos relacionados de odio, es un fen贸meno dif铆cil de cuantificar. Algunos novedosos datos los aportan la investigaci贸n realizada entre Hogar S铆 y el Observatorio Hatento. Entre sus conclusiones se explicita que casi la mitad de las personas sin hogar habr铆an sufrido agresiones, humillaciones e intimidaciones motivadas por la intolerancia y los prejuicios. Tambi茅n afirman que determinados factores de car谩cter personal o sociodemogr谩fico parecen ser indicadores de un mayor grado de vulnerabilidad: “Ser mujer, tener un origen espa帽ol, llevar m谩s tiempo en situaci贸n de sin hogar y tener problemas de consumo de alcohol parecen relacionarse con una mayor probabilidad de haber sufrido este tipo de experiencias”, relatan en el informe.

Asimismo, la mayor铆a de las agresiones son realizadas por hombres j贸venes de 18 a 35 a帽os en contexto de ocio nocturno; el 24% de las mujeres en situaci贸n de sinhogarismo ha sido v铆ctima de agresiones sexuales; el 83% de las personas sin hogar v铆ctimas de un delito de odio no lo han denunciado; el 81% de ellos lo ha sufrido en m谩s de una ocasi贸n y, algo tambi茅n preocupante que interpela al conjunto de la sociedad, el 68% de los testigos de delitos de odio no actuaron.

Discursos de odio, el caldo de cultivo perfecto

Ante este tipo de delitos de odio, cabr铆a suponer que los 煤ltimos a帽os de radicalizaci贸n de la derecha en Espa帽a y su discurso contra la migraci贸n han tenido consecuencias en los ataques apor贸fobos: “Cuando pregunt谩bamos a las personas si su agresor portaba elementos visibles que se pudieran identificar con la extrema derecha, no era lo mayoritario. En algunos casos s铆 que hay ciertos tatuajes y est茅tica que lo demuestran, incluso expresiones que glorifican todo lo relacionado con Hitler, aunque no es lo m谩s frecuente”, aduce la subdirectora de Hogar S铆.

En este sentido, recalca que “la realidad es que la gente que acaba dando el paso de agredir a una persona LGTBI o sin hogar en la calle, o de origen migrante, a lo mejor no pertenece a la extrema derecha pero si determinados discursos no est谩n orientados a los derechos humanos y no garantizan la dignidad de las personas por el mero hecho de existir, s铆 que generan este caldo de cultivo para que el que menos luces tiene, por decirlo de alguna forma, acabe dando el paso y llegando a la agresi贸n”, concluye Ramos.

Enlace relacionado P煤blico.es 19/09/2021.




Fuente: Sasmadrid.org