November 15, 2020
De parte de Afinidad Libertaria Parla
226 puntos de vista

Estos pensamientos que volcamos ante vuestra lectura son el resultado de conversaciones y fugas que la vida cotidiana ha ido trazando en el transcurso del encierro que hemos sufrido y, aunque en diferente medida, aún sufrimos. Es, por tanto, que debéis tomarlos de esta manera, libres e improvisados al igual que la naturaleza misma cuando crece exuberante y sin límite, pero no por ello carente de reflexión.

Pedagogía anarquista

Aunque hay enfoques diversos a lo largo de la historia, el discurso libertario hace hincapié en la capacidad de los sujetos y las comunidades para construir mecanismos de aprendizaje cooperativos, autónomos y transformadores para el conjunto de la sociedad, y de la clase trabajadora en particular, sin que puedan disociarse los medios y los fines. En estos momentos de dificultad y de cara a próximas situaciones que devengan similares a la pandemia actual del Covid19, la práctica anarquista retoma su importancia como actor social reemplazando los preceptos del capitalismo salvaje por valores que conduzcan a un presente de equidad y convivencia sostenibles.

Experiencias de enseñanza y aprendizaje durante el encierro.

En muchos medios se ha puesto el foco en las dificultades de las familias con niñas y niños de las clases desfavorecidas para poder atender a sus necesidades educativas escolares mientras teletrabajan o realizan cualquier otro tipo de actividad. Sin minimizar todos estos detalles que expresan una situación más de explotación e invasión del espacio familiar por la dinámica perversa del trabajo, desde nuestra perspectiva la cuestión va mucho más allá: no puede haber aprendizaje significativo y relevante durante una situación de confinamiento pues, estrictamente hablando, el aprendizaje es una experiencia total que exige movimiento, experimentación, relación con iguales, libertad para equivocarse y corregirse, desconectar de la atención sobre las instrucciones y actividades del currículum, y del control estricto de la familia para la formación de la conciencia autónoma, la responsabilidad y la madurez. Hay que señalar aquí un detalle interesante, las niñas y niños españoles han sido quienes han sufrido un encierro más prolongado y estricto de todo occidente, con las secuelas que apenas ahora empiezan a manifestarse en fenómenos como el creciente miedo a la exterioridad del espacio público, considerado como algo hostil y peligroso.

El trato institucional.

El gobierno, erigido por sí mismo cómo único responsable capaz de brindar una solución eficaz a la crisis de la pandemia, ha disfrutado del marco necesario para difundir entre la población soflamas de corte patriótico y militarista a expensas de un cuerpo social acorralado, inerme, constreñido por el miedo que la violencia policial ha demostrado de forma implacable sobre aquellos sujetos que, por un motivo u otro, han desobedecido el confinamiento. La tan aclamada unidad nacional, aquella que de nuevo excluye del contubernio político a las mismas personas de siempre, a las y los nadie, nos propone al resto privilegiado ser benefactores del tan entrañable sentimiento de pertenencia, de volver al regazo del padre protector, a restituir la confianza plena que la institución creía perdida en los últimos años en su forma más ciudadanista e infantilizante: #yomequedoencasa. Nadie nos preguntó cuál era la mejor forma de afrontar la pandemia ni qué supondría una decisión tan extrema como la paralización de nuestras vidas, sencillamente fuimos sometidos al confinamiento, salvándonos de nuestra falta de responsabilidad y madurez, afirmación tantas veces predicada en estos meses. Basta conocer lo que ha ocurrido en los llamados “morideros” o residencias de personas mayores en estos últimos meses para ser conscientes del fracaso de la gestión estatal.

Dentro de esta lectura, también observamos como los sentimientos y actitudes más obscenas han aflorado en diversas formas durante la cotidianidad del encierro: los aplausos, que lejos de provocar una reflexión crítica sobre nuestro status quo o la situación heredada de privatización que ha provocado el colapso de la gestión pública así como la precarización de los profesionales sanitarios, han supuesto la distracción necesaria para diluir en una celebración blanqueada e inocua las proclamas más reaccionarias y simplistas; el miedo y rechazo a la infancia, convirtiéndola en chivo expiatorio de la propagación del virus, amparándose en lo incontrolable de sus movimientos y apetencias y siendo así el primer sector de la población en ser desplazado y recluido. Las más pequeñas y pequeños han sufrido y aún sufren la estigmatización de su propia naturaleza que es la espontaneidad y libertad de expresión como también lo son la capacidad de autoconocimiento y empatía, enemigos de la “nueva normalidad”, de las futuras normas del decoro y buena conducta ciudadana que nos salvarán de la infección.

La problemática de la vida confinada.

Uno de los efectos más devastadores del enclaustramiento para la población infantil y juvenil ha sido la ruptura de las relaciones necesarias entre iguales (las referencias básicas para construir una personalidad sana, fuera de la relación/control de la madre y el padre). En el discurso progresista dominante se habla de la escuela como el espacio de socialización por excelencia , ignorando que en realidad lo que la población infantil y juvenil reclama es el contacto con sus amigas y amigos, dado que la calle  como espacio autónomo de socialización desapareció hace tiempo con el desarrollo del urbanismo fascistoide moderno en los PAUs , reforzado por el discurso general de individualización neoliberal. Éste discurso de temor hacia los espacios exteriores a la vivienda y al contacto físico, difundido en los medios de comunicación con la correspondiente escenificación autoritaria y militarista, ha inoculado un sentimiento profundo de desprotección, con efectos psicológicos imprevisibles a medio y largo plazo  para la construcción de la personalidad del sujeto en la etapa infantil y juvenil

Nuestra apuesta por una educación desde la comunidad y para la comunidad. 

Ahora más que nunca desde el entorno anarquista tenemos que rescatar el discurso y las prácticas de una educación popular de la comunidad para la comunidad, donde  la enseñanza-aprendizaje de lo relevante responda a las necesidades de cuidado y emancipación de la clase trabajadora, sin distinción de sexos ni tramos de edad, y donde el entorno cultural, físico y medioambiental del barrio y de lo cotidiano suministren los contenidos básicos mínimos para una experiencia educativa significativa. La propia crisis del coronavid19 ha puesto patas arriba la dinámica del sistema escolar al mostrar su incapacidad institucional para asumir las necesidades de normalidad: no se puede continuar con la dinámica  de un nuevo encierro, el del aula. La crisis interpela a la propia comunidad sobre multitud de aspectos relacionados con la crianza y el aprendizaje, sobre por qué, para qué la escuela en la situación actual. En este contexto los espacios públicos  al aire libre se convierten en el nuevo escenario privilegiado para una nueva sociabilidad y aprendizaje y abren perspectivas interesantes de experimentación para las pedagogías y los proyectos críticos.  En Madrid existen experiencias que podemos mencionar como ejemplo de lo que hablamos: “La Tribu”, “Saltamontes”, “Tartaruga”, por un lado; y  dirigidos a la sector de la infancia; por otro otras experiencias como la “La Prospe”, y  la “Escuela Popular Parla” se abren al barrio, mostrando las potencialidades educativas  del entorno social y físico inmediato




Fuente: Grupoafinidadlibertariaparla.wordpress.com