April 8, 2021
De parte de La Haine
375 puntos de vista


Que responsabilizan de sus limitaciones a la permanencia de hilos de continuidad con un pasado fracasado

La crisis de la izquierda independiente, que ha venido profundiz谩ndose en los 煤ltimos a帽os y que se expresa en m煤ltiples fragmentaciones y en sucesivas oleadas de emigraci贸n hacia apuestas pol铆ticas neodesarrollistas, puede explicarse en las dificultades de sostener pol铆ticas independientes, de clase, estando casi exclusivamente asentados en un sujeto social que en los 煤ltimos 18 a帽os reforz贸 su dependencia estatal.

El movimiento piquetero despu茅s de a帽os de haber sido marginalizado, demonizado y reprimido, consigui贸 hacer visibles a lxs desocupados/as y ser reconocido como 鈥渕ovimiento social鈥, un interlocutor legitimado de la pol铆tica. Pero ese triunfo llevaba, en si mismo, las semillas de su posterior neutralizaci贸n como actor din谩mico del conflicto social.

Las pol铆ticas estatales de contenci贸n y subordinaci贸n, hicieron foco en ese sector social. As铆, los movimientos reconocidos fueron sometidos a un feroz proceso de metabolizaci贸n por parte del capitalismo y los partidos gobernantes. La actitud conservadora de lxs trabajadores/as formales, amenazados/as por la posibilidad del desempleo, reforzada por las burocracias sindicales y el declive del movimiento estudiantil, favorecieron el aislamiento de los movimientos sociales territoriales.

Lxs piqueterxs, identificadxs como un peligro potencial para el sistema, se convirtieron en el blanco de pol铆ticas de Estado que, despu茅s de la Masacre de Avellaneda (2002), centraron su estrategia m谩s en la neutralizaci贸n o cooptaci贸n, que en la represi贸n abierta. La estrategia dominante fue limar la autonom铆a de las organizaciones, ahog谩ndolas con planes sociales, micro-proyectos y transferencia de trabajos burocr谩ticos que anteriormente hac铆a el Estado.

Si en la primera 茅poca del kirchnerismo existi贸 una l铆nea con alguna vocaci贸n productiva como fueron los Planes 鈥滿anos a la obra鈥, con posterioridad se impuso una l铆nea que privilegi贸 exclusivamente lo asistencial. Esta estrategia se profundiz贸 con el macrismo que promovi贸 los Entes Ejecutores y se contin煤a con el actual gobierno.

La s铆ntesis de los primeros a帽os de lucha piquetera hab铆a promovido que distintos movimientos apostaran a la multisectorialidad, a la creaci贸n de una base productiva donde sustentar su autonom铆a y al desarrollo de estructuras organizativas con 谩reas que apuntaban a completar un proyecto estrat茅gico, como eran las de prensa, formaci贸n, finanzas (autogestivas) y relaciones internacionales.

Pero estos intentos de crear una base material y organizativa donde sustentar la autonom铆a pol铆tica, fueron desbordados por la avalancha de planes y recursos que ingresaron a las organizaciones. Estas pol铆ticas de Estado provocaron un desbalance que favoreci贸 la expansi贸n cuantitativa del sector territorial, desdibuj贸 lo productivo y, en lo organizativo, promovi贸 el engorde de instancias administrativas, favoreciendo el descuido de otras 谩reas y tareas. Estas instancias administrativas canalizaron un enorme caudal de papeleo estatal que oblig贸 a aumentar las horas de trabajo, y quienes las asumieron pudieron acceder a ingresos superiores.

Todos estos cambios que generan las pol铆ticas estatales en desmedro de la autonom铆a de las organizaciones, comienzan a expresarse en los poderes internos dentro de las propias organizaciones. En esas circunstancias las conducciones multisectoriales se hacen menos frecuentes, la multisectorialidad se debilita o desaparece.

Tareas estrat茅gicas, que aportan a lo cualitativo de una organizaci贸n y con resultados de mediano y largo plazo, quedan postergadas. La imagen de Dar铆o Santill谩n, que era dirigente, luchador, interesado en la formaci贸n pol铆tica y, a la vez, trabajador en una bloquera comunitaria, se desdibuja.

El recorrido de compa帽eras y compa帽eros activistas que, tratando de resolver cuestiones de supervivencia, privilegian apostar a tareas administrativas de los recursos estatales ingresados, dejando de lado esfuerzos que destinaban a lo productivo, o incluso dejando un empleo en blanco, que les permit铆a insertarse en las luchas de lxs trabajadores formales, ejemplifican el proceso de organizaciones que m谩s all谩 de sus declaraciones pol铆ticas, transitan un proceso de estatizaci贸n y de p茅rdida de autonom铆a.

El “pasado fracasado”

La crisis de la izquierda independiente no puede explicarse solamente por cuestiones del reforzamiento de la dependencia estatal, sino tambi茅n por el ingreso de nuevos aires ideol贸gicos que responsabilizan de sus limitaciones a la permanencia de hilos de continuidad con un pasado fracasado.

Desde distintas argumentaciones se fundament贸 que si quer铆amos avanzar en nuevas perspectivas transformadoras, hab铆a necesariamente que romper con ese pasado y esa historia escrita por hombres, blancos, heterosexuales, colonizadores, etc., sin advertir [por ignorancia o por mala fe] que ese pasado tambi茅n inclu铆a toda las conclusiones de las luchas y la experiencia revolucionaria de nuestros pueblos.

Estos nuevos aires ingresaron por distintas ventanas e identificando a distintos sujetos como responsables del fracaso, no aportaron demasiados novedades te贸ricas, salvo en los aportes que hizo el feminismo.

Los vac铆os generados fueron ocupados: en lo hist贸rico por versiones remozadas del mitrismo, en lo ideol贸gico por la reivindicaci贸n del espontane铆smo, la antipol铆tica y las redes difusas a contrapelo de la mejor tradici贸n marxista [y peronista], y en lo pol铆tico por posiciones sin ninguna vocaci贸n de empat铆a o di谩logo con el pueblo, sus tradiciones y sus apuestas coyunturales, combinadas con un marcado pragmatismo a la hora de negociar recursos.

As铆 se fue cumpliendo lo que predijo tempranamente una compa帽era: 鈥漋an a tirar el agua sucia y el chico鈥. El alejamiento de los y las mismxs intelectuales que a principios de la d茅cada del 2000 se hab铆an acercado a los movimientos piqueteros, convencidos de que all铆 podr铆an gestarse valiosos proyectos de poder, es tambi茅n un s铆ntoma de las limitaciones expuestas.

Pensando en hacer alg煤n aporte que ayude a remontar esta crisis, me parece que la acci贸n m谩s valiosa de nuestra izquierda independiente en los 煤ltimos a帽os ha sido no abandonar las calles. Esta conducta ha permitido sobrevivir a un pu帽ado de organizaciones del espacio y sostener una postura cr铆tica a las pol铆ticas neoliberales en los 煤ltimos 20 a帽os.

La lucha no es ninguna novedad en la historia de nuestro pueblo. Desde las primeras resistencias originarias y las batallas independentistas, hasta las jornadas memorables del movimiento obrero y la rebeli贸n del 2001, lo que hizo nuestro pueblo siempre fue luchar. La sola lucha alcanza para resistir, para avanzar es necesario sacar conclusiones de esas luchas para gestar proyectos revolucionarios. Ese fue el m茅rito de las experiencia de los ’70: sacar conclusiones de las luchas, hacer s铆ntesis pol铆tica, y enhebrar esas conclusiones y esas s铆ntesis en un proyecto de poder.

Esa osad铆a la pagamos con un genocidio. Es evidente que la lucha, mantenerse en las calles a煤n en tiempos de pandemia, ha evitado que la crisis fuera mas profunda. Haciendo un an谩lisis de esas mismas luchas, creo que lo sucedido en el Bols贸n tiene un car谩cter simb贸lico. Asamble铆stas abuchearon y le tiraron piedras a un Presidente cuya respuesta en la conferencia de prensa fue decirles a quien reclamaban contra la megaminer铆a, que otorgar铆a cr茅ditos y subsidios para reconstruir sus casas.

Quienes son v铆ctimas directas del extractivismo, la megaminer铆a y el avance del negocio inmobiliario, los expoliados por desposesi贸n, tienen menos respuestas desde el gobierno y el Estado que las do帽as que sostienen comedores comunitarios, que son las actuales bases de los movimientos territoriales. Por eso sus acciones son m谩s radicales.

Pero, aprendiendo de la experiencia reciente, creo que nuestra gran preocupaci贸n como izquierda independiente no deber铆a ser salir corriendo detr谩s de los nuevos sujetos sociales disruptivos, peor a煤n si se los califica como 鈥渆sencialmente disruptivos鈥, sino mas bien se deber铆a trabajar para tratar de aglutinar esfuerzos y voluntades de quienes aspiran a construir un proyecto de poder con la capacidad de ser parte de todas las luchas y con vocaci贸n de hacer un aporte revolucionario.

El problema de la creaci贸n de una institucionalidad con vocaci贸n revolucionaria, que a mediados de la primera d茅cada del 2000 era una preocupaci贸n com煤n de buena parte de los movimientos sociales, ha quedado desplazado de la mayor铆a de ellos que invierten sus mejores esfuerzos en disputar recursos con el Estado y disputar en su interior por temas alejados de cualquier proyecci贸n estrat茅gica.

Que los movimientos sociales no se hagan cargo no significa que estos problemas no queden pendientes. Quiz谩s una de las formas de aglutinamiento de esfuerzos y militancia sea abordar estas tareas. M谩s que pensar en aglutinar voluntades dispersas hay que pensar en conectar archipi茅lagos que contienen militancia, trabajo de base, inserci贸n sindical, iniciativas productivas autogestionadas y aporte intelectual y que provienen de la deriva de proyectos pol铆ticos que quedaron empantanados.

La Haine




Fuente: Lahaine.org