December 15, 2021
De parte de Portal Libertario OACA
270 puntos de vista

Mucha agua ha corrido debajo del puente desde aquellos 鈥渢iempos extraordinarios鈥 de efervescencia e insubordinaci贸n social frente a lo instituido. Mucho se ha escrito, analizado e interpretado tambi茅n sobre aquella gesta y hoy a 20 a帽os y, como suele suceder con fechas 鈥渞edondas鈥, vuelven a proliferar an谩lisis intentando no s贸lo rememorar, sino tambi茅n encontrar aquellas claves que nos permitan situar nuestro presente de cara a ese legado y a posibles perspectivas hacia adelante. Este trabajo no es la excepci贸n y las l铆neas a continuaci贸n intentar谩n 鈥渃olarse鈥 dentro de ese entramado de reflexiones, aunque m谩s a modo de algunas ideas desordenadas que tratar谩n de tirar del hilo sobre algunos ejes puntuales que, a nuestro criterio, son de una actualidad importante para seguir configurando un campo emancipatorio para los tiempos que corren.

Los hechos son conocidos, no ahondaremos en ellos, pero s铆 se nos hace imperante volver a rescatar el car谩cter procesual que decantaron en aquellas jornadas, perfil谩ndose aquel 19 y 20 del 2001 y parte de lo que vino despu茅s, como el momento bisagra de exposici贸n y desarrollo 鈥渧isible鈥 en la cancha grande de la escena pol铆tica, de toda una serie de experiencias, luchas y fen贸menos que se ven铆an cociendo a fuego lento y por abajo en el intrincado camino que signific贸 la resistencia al per铆odo de profundizaci贸n de las pol铆ticas neoliberales. No fue un hecho aislado, desde hac铆a tiempo ven铆an produci茅ndose experiencias de impugnaci贸n en distintas partes del mundo, como el 鈥淐aracazo鈥 del `89, el levantamiento zapatista del `94 y la 鈥渂atalla鈥 de Seattle del `99 entre otros. El 鈥淎rgentinazo鈥 entonces, am茅n de sus caracter铆sticas particulares, form贸 parte de un contexto global que pon铆a sobre la mesa, no s贸lo el agotamiento del llamado 鈥淐onsenso de Washington鈥, sino adem谩s de todo un conjunto de formas y perspectivas de lucha y orientaci贸n que post ca铆da del muro de Berl铆n, se demostraron ineficaces para oponer un antagonismo radical al sistema capitalista, as铆 como refractarias tambi茅n a contener a los nuevos paradigmas de praxis contestataria que la emergente generaci贸n de nuevas militancias ven铆an procesando.

En realidad, m谩s que nuevos, se podr铆an plantear como 鈥渞eelaborados鈥 paradigmas, ya que muchas de las concepciones que se fueron esgrimiendo al calor de las intensas luchas e instancias de reagrupamiento, ya ten铆an una carga hist贸rica de significaci贸n proveniente de ciertas tradiciones pol铆tico-emancipatorias no dogm谩ticas y libertarias. Autonom铆a, democracia directa, acci贸n directa, construcci贸n de base, antiburocratismo, independencia de clase, critica a la forma partido tradicional, prefiguraci贸n, horizontalidad y otras, fueron la plataforma sobre la que se fue gestando la nueva radicalidad y que en nuestro pa铆s ven铆an tomando impulso desde mediados de los `90.

Esta peque帽a rese帽a, no es azarosa, puesto que -y aqu铆 retomamos la significaci贸n de la rebeli贸n del 2001- implic贸 la salida a la palestra de una crisis estructural que no s贸lo estuvo determinada por su contenido econ贸mico, pol铆tico o social, sino que fue (y sigue siendo a nuestro entender) mucho m谩s profunda y multidimensional y dentro de la cual, los paradigmas mencionados que se ven铆an gestando con anterioridad, tuvieron su importancia. Muchos suelen se帽alar en este sentido, el relevante dato de la crisis de representaci贸n y esto claramente tiene su asidero, el punto es que, en todo caso, 茅ste no deja de ser un elemento de un combo mayor que se podr铆a caracterizar como de crisis de institucionalidad o de manera puntual como de ruptura del imaginario social con respecto a las instituciones anquilosadas.

Efectivamente, am茅n del cuestionamiento sobre el qui茅n y el c贸mo nos representan, hubo un quiebre en la manera de imaginar la articulaci贸n de la vida social y la resoluci贸n de nuestros problemas y en eso, en las formas pol铆tico-institucionales de llevar delante esos menesteres. Quiebre que implic贸 una cr铆tica radical entre otras instituciones, a los partidos, a la burocracia sindical y fundamentalmente al Estado (no ya s贸lo a tal o cual gobierno) como condensador de lo p煤blico y espacio considerado privilegiado de lo pol铆tico. El derrumbe de la durante a帽os arraigada cultura estatal-paternalista producto del avance neoliberal en sus facetas econ贸micas, pol铆ticas y tambi茅n culturales, fue cocinando el caldo de cultivo de otra representaci贸n imaginaria por la cual un sector importante de la poblaci贸n comenz贸 a plantearse la posibilidad de otras formas de intervenci贸n y resoluci贸n de los temas que incumben a una sociedad toda. La pol铆tica retornaba a su condici贸n social desalienada y se expresaba en los barrios, en las plazas, en las calles, autoorganizada y en situaci贸n expectante de automovilizaci贸n permanente.

Ahora bien, sabemos que toda crisis y sobre todo en este caso que implic贸 una cr铆tica a lo instituido heter贸nomo, sino resuelve desde su derrotero instituyente una nueva institucionalidad desde su propio paradigma (que supere su faceta meramente destituyente), lo 鈥渧iejo鈥, tal vez reformulado, pero viejo al fin, vuelve a presentarse como opci贸n frente al conglomerado de demandas ambivalentes que atraviesan a toda sociedad en esos momentos 鈥渃alientes鈥. Pero hay algo m谩s. Una forma institucional, cualquiera sea, pero en este caso particular, una de nuevo tipo, no surge de la nada, sino que es la expresi贸n explicita e hist贸rica de una determinada configuraci贸n de relaciones de poder, por lo que, para resolver la forma, necesariamente hay que resolver tambi茅n su sustento. En el caso de la situaci贸n abierta por la rebeli贸n popular, las experiencias y organismos, que con una impronta de reapropiaci贸n pol铆tica desde abajo, -tanto las que ven铆an ya con alg煤n tiempo de desarrollo, como los que surgieron a partir de la insurrecci贸n-, si bien demostraron un potencial arrollador de creatividad y experimentaci贸n social, no dejaban de ser todav铆a demasiado embrionarios por un lado, y por otro, con poca capacidad en t茅rminos de poder construido para sustentarse como un proyecto superador que, no s贸lo antagonice, sino que adem谩s posibilite instituir una nueva forma de articulaci贸n social.

Asimismo, y entre otros factores, la fetichizaci贸n de ciertas concepciones y de ciertos repertorios de acci贸n, la relaci贸n conflictiva con aquellos espacios pol铆ticos de la izquierda tradicional todav铆a imbuidos en viejos paradigmas y las loas a una diversidad demasiada 鈥渉ibrida鈥 redundando en cada vez mayores niveles de fragmentaci贸n con poca perspectivas de articulaci贸n pol铆tica, fueron a su vez, otros de los trasfondos que redundaron en limitantes que fueron socavando las posibilidades de construcci贸n de esa capacidad autogestiva prematura y que hicieron que la vapuleada clase dominante se reagrupara, tome algunas demandas hist贸ricamente reivindicadas, se lavase la cara y opere sobre el vac铆o abierto apuntalando sobre uno de los costados de la ambivalencia social que procuraba una vuelta a la 鈥渘ormalidad鈥.

Por supuesto que esto tampoco fue lineal. Necesitaron tambi茅n demostrar su m谩s feroz cara represiva y asesina, y a los muertos del 19 y 20 y a los distintos amedrentamientos que continuaron despu茅s, le siguieron los asesinatos de Dar铆o y Maxi en el puente Pueyrred贸n en un intento de disciplinamiento de los movimientos sociales con mayor dinamismo en aquella etapa. Por supuesto que tuvieron un costo pol铆tico, ya que el repudio sobre este hecho criminal perpetuado desde las esferas m谩s altas del poder, incit贸 a que sectores que hab铆an entrado en un reflujo se volvieran a movilizar, por lo que tuvieron que lanzar una convocatoria apresurada a elecciones, si bien sabiendo del desprestigio y el desinter茅s que 茅stas pod铆an concitar, pero tambi茅n sabiendo que ese dispositivo condensaba cierta demanda de orden y paz social y pod铆a reestablecer, aunque con algunos retoques, la institucionalidad dominante frente al todav铆a entreverado, disperso y multiforme escenario de espacios antagonistas. Y efectivamente, eso sucedi贸. Y as铆, con un nuevo gobierno en el 2003, se cerraban los 鈥渢iempos extraordinarios鈥.

Ahora, dicho esto 驴por qu茅 apuntalar, hoy a 20 a帽os, sobre una idea de disputa todav铆a latente en torno al legado de aquellos d铆as? Porque creemos que a pesar del proceso de 鈥渘ormalizaci贸n鈥 y de reencuadramiento institucional en los t茅rminos del sistema democr谩tico burgu茅s-estatal-capitalista operado desde all铆 hasta hoy, el virus inyectado por esa ruptura de imaginario del que habl谩bamos m谩s arriba, sigue surcando la memoria y el inconciente colectivo y sus representaciones. Y esto porque es algo que no es resoluble en tiempos cortos o en t茅rminos estrictamente pol铆ticos, sino que se plantea con una dimensi贸n 茅pocal, cultural y por tanto con un alcance mucho m谩s profundo en tiempo, espacio y consecuencias hist贸rico-sociales. Y tal es as铆, que am茅n de los vaivenes de las distintas coyunturas y m谩s all谩 de que por momentos lo hegem贸nico pareciera absorber toda posibilidad de autoactividad social por fuera de los canones de lo establecido, por aqu铆 y por all谩, toda vez que cierto sector de la poblaci贸n se ve menoscabada en asuntos p煤blicos de su inter茅s, se lanza a la acci贸n pasando por arriba cualquier tipo de mediaci贸n pol铆tica instituida y lanzando furibundos cuestionamientos a su l贸gica ensimismada y connivente con intereses ajenos al bienestar popular. Es en esos momentos en donde el imaginario del 19 y 20 vuelve a hacerse presente como tendencia todav铆a latente, demostrando a la clase pol铆tica de turno y a sus complices opresores y explotadores de toda cala帽a, de que no siempre podr谩n hacer lo quieran con total impunidad y que no hay art铆culo 22 de la Constituci贸n que les sirva cuando un pueblo est谩 dispuesto a tomar las riendas de sus asuntos en sus propias manos. Y ah铆 est谩n entre otras, las jornadas de diciembre del 2017 contra la reforma jubilatoria, pero tambi茅n y como para vislumbrar su incidencia m谩s all谩 de lo local, las rebeliones populares que han atravesado nuestro continente en los 煤ltimos tiempos.

Pero claro, como toda tendencia no resuelta, su impronta est谩 tironeada entre distintas perspectivas que buscaran canalizarla en favor de objetivos que poco tienen que ver con una orientaci贸n hacia la trasformaci贸n radical del estado de las cosas. Y es aqu铆 entonces, desde donde se enmarca un escenario de disputa abierta frente a los alcances y perfilamiento de ese entramado de significaciones que hoy, aunque en un contexto distinto a aquel 2001, y con materialidad dispar, sostenemos que sigue persistiendo. Esta situaci贸n plantea e interpela a quienes nos situamos desde perspectivas emancipatorias desde abajo y con intenci贸n de retomar y profundizar el legado de incipiente intento de autoinstituci贸n popular dejado por aquel 鈥淒iciembre del pueblo鈥, a tomar este eje de disputa con la importancia que se merece, habida cuenta que sectores reaccionarios e integracionistas de distinta 铆ndole tambi茅n operan, como hemos dicho, en ese mapa tensional. Unos para ampliarlo hacia posiciones ultraliberales y de ultraderecha y otros para desactivarlo a los fines de seguir reproduciendo el statu quo estatal-capitalista, pero desde una t贸nica 鈥減rogresista鈥, romantizando algunos rasgos de aquella gesta, pero anulando aquellos aspectos verdaderamente disruptivos que puedan seguir siendo fuentes de las actuales luchas.

Disputar ese imaginario todav铆a latente entonces, se presenta como desaf铆o insoslayable para los tiempos que corren, para lo cual se hace necesario indefectiblemente, reconstruir un proyecto pol铆tico que recupere lo mejor del legado 鈥渄osmilunesco鈥, que se plantee cr铆ticamente abordar y superar las falencias propias de aquel estad铆o embrionario, pero tambi茅n del derrotero que sigui贸 parte de ese campo que supo ser parido en ese per铆odo convulsionado pero prol铆fico de nueva experimentaci贸n social llamado izquierda independiente, fundamentalmente aquella devenida luego o autoproclamada como 鈥渋zquierda popular鈥 que, en nombre de la 鈥渕aduraci贸n pol铆tica鈥, confundi贸 t谩ctica con estrategia, Estado con Instituci贸n (y en eso estatalismo rampl贸n con instituci贸n de nuevo tipo), construcci贸n de poder y vocaci贸n transformadora con 鈥渧ocaci贸n de poder鈥, que compartiment贸 m谩s all谩 de lo discursivo, lo social y lo pol铆tico y que entendi贸 que interpelaci贸n frente al heterog茅neo mundo popular y relaci贸n dial茅ctica con lo instituido, se resuelven con pragmatismo absoluto, integraci贸n y subordinaci贸n a l贸gicas funcionales al posibilismo y al malmenorismo y por ende reproductoras del sistema.

Por esto, y resumiendo, la disputa necesaria por ese imaginario en los t茅rminos del rescate de la capacidad de autoinstituci贸n social devendr谩 de la mano del tambi茅n necesario relanzamiento de una nueva cultura emancipatoria que desplegada desde la reanimaci贸n bajo otros br铆os, de ese campo de izquierda 鈥減or venir鈥, procure alentar procesos de construcci贸n contrahegem贸nicos, teniendo como norte la superaci贸n y no la adaptaci贸n a los moldes de lo ya conocido. 鈥淢adurar鈥 pol铆ticamente, no debiera ser actuar 鈥渁dministrativamente鈥 sobre lo dado, sino impulsarse 鈥揳unque muchas veces a tientas y seguramente tambi茅n d谩ndose muchos golpes- sobre lo que nunca ha sido.

Diego Naim Saiegh




Fuente: Portaloaca.com