January 12, 2021
De parte de El Libertario
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Jazm铆n Baz谩n
 
El 8 de enero de 1896, un grupo de comunistas an谩rquicas decret贸: 鈥淪alimos a la lucha sin Dios鈥 y sin jefe鈥. Lanzaban as铆 La voz de la mujer, un proyecto ambicioso, que marc贸 un hito ineludible en la b煤squeda de emancipaci贸n femenina en el pa铆s y en el periodismo feminista (aunque no se definiera de esa forma). De sus p谩ginas -que hoy cumplen 125 a帽os- naci贸 una frase repetida en marchas y pancartas hasta el d铆a de hoy: 鈥淣i Dios, ni patr贸n, ni marido鈥.

 鈥淗astiadas ya de tanto llanto y miseria, (鈥) hastiadas de pedir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de placeres de nuestros infames explotadores o viles esposos, hemos decidido levantar nuestra voz en el concierto social y exigir, exigir decimos, nuestra parte de placeres en el banquete de la vida鈥, expresaban las autoras en el art铆culo inaugural de su primera publicaci贸n. De esta forma, marcaban tres objetivos: deshacerse del tutelaje econ贸mico, marital y social.

Llegaron a imprimir nueve n煤meros, repartidos en un a帽o, con un promedio nada despreciable de 1.400 ejemplares por edici贸n. Contaron con dos redacciones y una breve reaparici贸n en Rosario, tres a帽os m谩s tarde, presuntamente a cargo de la anarquista Virginia Bolten. Las colaboradoras proven铆an de las comunidades espa帽ola e italiana, aunque la mayor铆a de los textos estaban en castellano (y se encuentran digitalizados, para quien quiera conocerlos).

Las notas -principalmente hasta el quinto n煤mero- giraban en torno a dos fuentes de opresi贸n para las mujeres obreras, quienes garantizaban la salida del peri贸dico y conformaban el grueso de sus lectores: la explotaci贸n fabril y la 鈥渆sclavitud dom茅stica鈥. 鈥溌縌ui茅n ignora que desde temprana edad el taller nos traga y martiriza?鈥. Las periodistas/militantes estaban convencidas de que el trabajo excesivo, adem谩s de ser 鈥渄egradante y martirizador鈥, ten铆a un efecto embrutecedor sobre las masas y, en particular, sobre las mujeres. Achacaban a los poderosos el monopolio de la educaci贸n e introduc铆an un aspecto que recorrer铆a las grandes batallas entre las clases a lo largo de la historia: la disputa por el tiempo (e, indirectamente, la duraci贸n de la jornada laboral y las tareas dom茅sticas). 鈥淣o siendo libre la educaci贸n y no pudiendo disponer del tiempo suficiente para adquirirla 驴c贸mo vamos a ser educadas?鈥.

Asimismo, las redactoras apuntaban abiertamente contra aquellos compa帽eros y maridos que hacia afuera detentaban el estandarte de la revoluci贸n y, puertas adentro, se comportaban como zares. 鈥淵a no os tendremos miedo, ya no os admiraremos m谩s, ya no obedeceremos ciega y t铆midamente vuestras 贸rdenes鈥, conclu铆an. La mayor parte de las notas de La voz de la mujer giraba en torno a las dos fuentes de opresi贸n para las mujeres obreras: la explotaci贸n fabril y la 鈥渆sclavitud dom茅stica鈥. Tampoco faltaron otros temas -igual de actuales- como la prostituci贸n, el rechaz贸 a la instituci贸n eclesi谩stica y las condiciones de vida de la clase trabajadora.

Pioneras del periodismo feminista

La voz de la mujer no fue la primera publicaci贸n hecha por y para mujeres en el 谩mbito local. Como explica la historiadora Dora Barrancos -citando a la doctora en Letras Graciela Batticuore-, en la d茅cada del treinta del siglo XIX hab铆an surgido t铆tulos como La Argentina y La Aljaba, que, si bien auspiciaban la ilustraci贸n de sus lectoras, 鈥渁bogaban por un protagonismo femenino circunscripto al 谩mbito de la domesticidad鈥.

En 1854, Juana Manso marc贸 un quiebre con su 脕lbum de se帽oritas. Peri贸dico de literatura, modas, bellas artes y teatro. Este procuraba librar a sus compatriotas 鈥渄e las preocupaciones torpes y a帽ejas que les prohib铆an hasta hoy hacer uso de su inteligencia, enajenando su libertad y hasta su conciencia a autoridades arbitrarias鈥. Argentina era, sin embargo, poco m谩s que un proyecto en construcci贸n.

El peri贸dico de las comunistas an谩rquicas apareci贸 en un contexto diferente, propio de una nueva 茅poca hist贸rica. El Estado nacional se hab铆a consolidado y Argentina entraba en la divisi贸n mundial del trabajo como exportadora de materias primas. La fisonom铆a de las ciudades cambiaba, a la par que se multiplicaban los establecimientos fabriles. Eran tiempos de cambios econ贸micos y de una inmigraci贸n masiva proveniente de ultramar que termin贸 de dar forma a la joven -pero potente- clase obrera. Pese a la represi贸n y persecuci贸n, las corrientes libertarias encontraron un terreno f茅rtil de acci贸n. Esos a帽os coincidieron tambi茅n con los primeros pasos del feminismo y la emergencia de destacadas militantes intelectuales y trabajadoras.

Barrancos relata que fue 鈥渆n la prensa socialista y anarquista, y en la enrolada a alguna forma de 鈥榣ibrepensamiento鈥, que el arco a favor de la causa femenina se tens贸 todo lo que permiti贸 el momento hist贸rico鈥. Dado que la representaci贸n pol铆tica estaba vedada para gran parte del pueblo, el periodismo partidario cumpli贸 un rol importante en la propaganda y la difusi贸n de ideas radicales. La oferta era amplia, para responder a un p煤blico de distintas nacionalidades, ideolog铆as y rubros. Seg煤n explica la soci贸loga Maxine Molyneux en un estudio pionero, entre los a帽os ochenta y noventa del siglo XIX, llegaron a haber hasta veinte diarios anarquistas, escritos en franc茅s, espa帽ol e italiano. Muchos de ellos dedicaron p谩ginas al emergente 鈥減roblema de la mujer鈥: en particular, a temas relacionados con la igualdad, el matrimonio, la familia. La voz de la mujer fue un caso paradigm谩tico.

Esclavas de los esclavos

驴C贸mo viv铆an las mujeres en ese entonces? En primer lugar, su situaci贸n legal reflejaba determinados modelos de femineidad. De acuerdo con el C贸digo Civil redactado por Dalmacio V茅lez Sarsfield en 1869 鈥揺n vigor desde 1871鈥, estaban subordinadas a la instituci贸n familiar. A diferencia de los hombres, nunca alcanzaban la capacidad civil plena: dado que la minor铆a de edad reg铆a hasta los veintid贸s a帽os, permanec铆an sujetas a sus padres o tutores hasta esa edad y luego pasaban a depender de sus maridos. Incluso las solteras terminaban bajo un estado de minoridad legal, ya que ninguna pod铆a disponer de bienes patrimoniales (heredados, propios o adquiridos dentro del matrimonio), suscribir documentos p煤blicos, ni querellar ante tribunales. Las casadas, por su parte, no pose铆an la patria potestad de sus hijos.

El siglo XIX se caracteriza como un per铆odo de 鈥渃apitalismo competitivo liberal鈥, en el cual se fomentaba la incorporaci贸n masiva al mercado laboral de mujeres, al tiempo que se impon铆a un imaginario burgu茅s de domesticidad. La fil贸sofa Nancy Fraser se refiere al siglo XIX como un per铆odo de 鈥渃apitalismo competitivo liberal鈥, en el cual se fomentaba la incorporaci贸n masiva al mercado laboral de mujeres, al tiempo que se impon铆a un imaginario burgu茅s de domesticidad. Es decir, se pretend铆a un modelo 鈥渆sferas separadas鈥 (con las mujeres a cargo del hogar y los hombres como proveedores econ贸micos), con la paradoja de que 鈥渟e privaba a la mayor铆a de las condiciones necesarias para realizarlo鈥. Los mandatos victorianos eran incumplibles para muchas familias, en particular, las m谩s humildes. Las mujeres no solo eran predominantes en la modalidad de trabajo a domicilio, sino que tuvieron un importante peso en ramas industriales, como la textil, la de f贸sforos y cigarrillos. La divisi贸n sexual de tareas en el hogar ten铆a su correlato en lo laboral. Tambi茅n se desarrollaban como docentes, oficinistas y vendedoras.

El censo de 1895 arroj贸 que hab铆a m谩s de 368 mil mujeres inmigrantes (poco m谩s que la mitad del n煤mero de hombres) y que estas ocupaban el 20 % de los puestos existentes. Seg煤n el censo de la Ciudad, a fines del siglo XIX, aproximadamente el 50 % constitu铆a 鈥減ersonal de servicio鈥 y el 36 % estaba ocupada en el sector industrial. El 37 % de estas 鈥渇abriqueras鈥 (un t茅rmino propio de la 茅poca) viv铆a en Buenos Aires. En todos los casos, combinaban sus tareas productivas con las reproductivas: la maternidad, el cuidado de los hijos y ancianos, los quehaceres en la casa.

Empu帽ar la pluma: 隆Viva la Revoluci贸n! 隆Viva el amor libre!

Desde el primer n煤mero, las encargadas del peri贸dico advirtieron que este aparecer铆a 鈥渃uando puede y por suscripci贸n voluntaria鈥: algo muy com煤n en la prensa anarquista, cuyos militantes -como subraya Laura Fern谩ndez Cordero- deb铆an moverse por encarcelamiento, cierre de imprentas, amenazas o incluso peleas internas. Los suscriptores y suscriptoras voluntarias de esta iniciativa de las comunistas an谩rquicas se val铆an de distintos seud贸nimos ocurrentes: 鈥淕rupo las vengadoras鈥, 鈥淰iva el amor libre鈥, 鈥淯n hombre que ama a las mujeres鈥, 鈥淯na que est谩 en el camino de la Verdad鈥, 鈥淯n herrero explotado鈥, 鈥淯no que quiere la igualdad鈥, 鈥淰iva la dinamita鈥. Las investigadoras Mar铆a del Carmen Feij贸o y Marcela Naris buscaron develar su identidad, concluyendo que probablemente fueran, m谩s que nada, trabajadoras y amas de casa que se rebelaban contra las condiciones de vida a las que estaban sometidas. Aun as铆, no dejaron de se帽alar que la difusi贸n del peri贸dico probablemente encontrara un l铆mite en los bajos niveles de alfabetizaci贸n registrados.

Las periodistas hablaban en nombre de la Anarqu铆a (con may煤scula). Por eso, uno de sus principales blancos eran los patrones, el Estado y sus instituciones: 鈥溌h, burgueses, enemigos del bienestar del pueblo, construid c谩rceles, alzad guillotinas, fusilad, agarrotad! 驴Qu茅 importa? 驴No saben que de lo m谩s hondo de vuestros calabozos, de lo m谩s alto de vuestras horcas, de lo ensangrentado de vuestras guillotinas y de los negros y humeantes fusiles sale la fuerza que nos alienta?鈥.

Aunque el p谩rrafo anterior cerraba con la frase 鈥淎narquistas de ambos sexos, luchemos鈥, los enfrentamientos con sus camaradas no se hicieron esperar. En el segundo n煤mero, ironizaban: 鈥淐uando nosotras (despreciables e ignorantes mujeres) tomamos la iniciativa de publicar La voz de la mujer, ya lo sospech谩bamos鈥 (..) 鈥樎(A)c谩! No se帽or鈥, 鈥榚manciparse la mujer鈥, 驴para qu茅?, 驴qu茅 emancipaci贸n femenina ni que ocho r谩banos?鈥 鈥樎a nuestra!鈥, 鈥榲enga la nuestra primero鈥, y luego, cuando nosotros 鈥榣os hombres鈥 estemos emancipados y seamos libres, all谩 veremos鈥. Se defin铆an como 鈥渄oblemente esclavas de la sociedad y del hombre鈥 y advert铆an: 鈥淵a se acab贸 eso de 鈥榓narqu铆a y libertad y las mujeres a fregar鈥欌.

Varios art铆culos estaban dedicados a la cuesti贸n del 鈥渁mor libre鈥. Contra concepciones contempor谩neas, como detallaba Molyneux, el nudo era un rechazo fundamental a los matrimonios sin amor, donde la fidelidad -si exist铆a- se manten铆a m谩s por miedo que por deseo. 鈥淪uprimida la causa, muere el efecto, suprimida la miseria, desaparecen tales asquerosidades y el hogar, lejos de ser lo que es hoy, ser铆a un para铆so de goces y delicias鈥, resum铆an (隆casi cien a帽os antes de que existiera el divorcio vincular!). Claro que no entend铆an esta consigna desprendida de la lucha por el cambio social. Al contrario, aclamaban: 鈥溌iva la anarqu铆a! 隆Viva la revoluci贸n social! 隆Viva la libre iniciativa! 隆Viva el amor libre!鈥.

En consonancia con las 鈥淧reguntitas sobre Dios鈥 de Atahualpa Yupanqui (鈥溌縌u茅 Dios vela por los pobres? Tal vez s铆 y tal vez no 隆Pero es seguro que almuerza en la mesa del patr贸n!鈥), o yendo a煤n m谩s lejos, ellas reflexionaban sobre el hambre y el fr铆o que padec铆an sus hijos e hijas y, a partir de ah铆, escrib铆an: 鈥淓ntonces comprendimos por qu茅 se cae鈥 por qu茅 se mata y por qu茅 se roba (l茅ase expropia). Y fue entonces tambi茅n que desconocimos a ese Dios y comprendimos cu谩n falsa es su existencia鈥. En diversos art铆culos citaban con desprecio a la Iglesia y hasta incluyeron un di谩logo ficcional entre una peque帽a ni帽a y su confesor, que abusaba de ella (dando a entender que la pr谩ctica era habitual). En otro caso, aludieron expl铆citamente a la 鈥渋nmundicia clerical鈥.

Molyneux recupera que el censo de 1895 registraba al menos 700 prostitutas en Buenos Aires, aunque el n煤mero fuera probablemente muy superior. Para las encargadas de La voz, estas eran 鈥渕ujeres ca铆das鈥, v铆ctimas de su sexo y de su clase. 鈥溌铆, ya lo s茅, pobre ni帽a, lo s茅, el padre fue amo del tuyo y el hermano fue quien te compr贸 por cuatro monedas! S铆, tu padre fue despedido, tu madre enferma y tus hermanitos agonizaban de hambre; s铆, ya lo s茅, no digas m谩s…鈥, describ铆a la autora Pepita Gherra, para plantear la prostituci贸n como un problema derivado de un sistema corrupto y mis贸gino.

El aspecto de la maternidad, uno de los mandatos centrales asignados a las mujeres -incluso dentro de las izquierdas- atraviesa la publicaci贸n. El art铆culo de la quinta edici贸n, titulada 鈥溌adres, educad bien a vuestros hijos!鈥, gira en torno a la necesidad de criar a los hijos siguiendo la senda revolucionaria, 鈥減ara que luchen para obtener su completa libertad鈥, renieguen del dinero y las falsas deidades. En este y otros apartados conviven dos ideales aparentemente contrapuestos o, por lo menos, en tensi贸n: el precepto anarquista a 鈥渄espreciar y a no acatar a la autoridad鈥 desde la ni帽ez y la responsabilidad exclusivamente femenina -ya que no se habla del padre o el hombre- de inculcarlo. En cada l铆nea, cuando mencionan a los hijos, parecen referirse sobre todo a los varones (鈥渢ened entendido que los ni帽os de hoy ser谩n los hombres del ma帽ana鈥); cuando s铆 nombran a las hijas, lo hacen para marcar la importancia de que no caigan en la deshonra. El corolario del razonamiento es, de todas formas, revolucionario e involucra a ambos sexos: 鈥淪olo entonces, compa帽eras, reinar谩 la dicha, el bienestar, y ese amor o afinidad entre hombre y mujer ser谩 quiz谩s m谩s duradero porque ella ser谩 despojada de toda clase de convencionalismos鈥.

Las voces y los ecos

El camino por la ampliaci贸n de derechos de las mujeres en Argentina es amplio y complejo. A lo largo del siglo XIX, aparecieron distintas expresiones contra la relaci贸n establecida entre masculinidad y ciudadan铆a. Intelectuales y obreras levantaron la bandera sufragista, aun antes de que existiera la ley S谩enz Pe帽a. Las dirigentes socialistas y anarquistas defendieron el ingreso femenino al mundo de trabajo, mientras peleaban por conquistas laborales y civiles. Algunas militantes reprodujeron estereotipos patriarcales 鈭抪or ejemplo, respecto a la supuesta inferioridad f铆sica de las mujeres o a su rol primordial como madres鈭, pero, desde ese lugar, exigieron garant铆as econ贸micas y educacionales. Cada una de ellas impuls贸 un cuestionamiento objetivo -y colectivo- a la inequidad entre los sexos.

Las redactoras de La voz de la mujer son un ejemplo de estas mujeres que, no exentas de contradicciones, plantearon demandas radicales tanto desde su lugar de clase, como desde su pertenencia militante -generando discusiones disruptivas dentro de una de las principales corrientes de izquierda del momento-. En 1911, el escritor James Oppenheim public贸 el poema 鈥淧an y rosas鈥. La fuerza de sus versos reside en su vigencia. Inspirados en las luchadoras que antecedieron al artista, no solo pasaron la prueba del cambio de siglo, sino que se convirtieron en patrimonio de activistas de distintos lugares del mundo.

Una de sus estrofas traza una l铆nea entre aquellas mujeres que en 1896 se lanzaron a la batalla period铆stica -dispuestas 鈥渁 no transigir con nada ni con nadie en lo referente a defender la emancipaci贸n de la mujer, uno de los grandes y bellos ideales de la Anarqu铆a鈥- y las feministas actuales: 鈥淢ientras vamos marchando, a trav茅s de nuestro canto, hay viejos gritos de mujeres que clamaron por el pan. Ellas poco conocieron la belleza de las cosas. Es por ellas que peleamos por el pan y por las rosas鈥.

[Tomado de https://www.eldiarioar.com/sociedad/voz-mujer-periodico-feminista-explotacion-laboral-amor-libre-esclavitud-domestica_130_6735069.html.]




Fuente: Periodicoellibertario.blogspot.com