June 23, 2021
De parte de Desde Dentro
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Difundimos el siguiente texto publicado en la página de FB del Colectivo Nacional de Detenidos/as.

23-06-2021

Buenas noches a todos/as, a continuación les traigo un nuevo caso de violencia institucional hacia una persona enferma, que además, aún continúa padeciendo, no solo su enfermedad, sino que también el constante maltrato y abandono de las autoridades medicas, penitenciarias y judiciales. Matías fue detenido el día 17 de noviembre del 2020 y desde ese momento nunca recibió la asistencia médica necesaria a su afección, la comida y el maltrato fueron constantes, así como también la discriminación de los funcionarios del SPB por su problema médico.

En resumen, durante estos 7 meses, desde el día de su detención, comenzaron los maltratos. El primer día fue dejado en un calabozo de un metro cuadrado donde ni siquiera podía estirar las piernas, le tiraron un cartón en el suelo y lo dejaron allí por tres días sin pasarle las bolsas higiénicas de colostomía que su familia le había llevado al lugar. Así, en estas condiciones estuvo hasta el cuarto día teniendo que limpiarse las heces con unos trapos y sin tener donde tirarlos de forma higiénica, debiendo vivir de esa manera mientras estuvo allí.

Comenzó a recibir humillación y constantes burlas, por la condición de salud que tiene, al reclamar por las bolsas de colostomía y medicación que no le proveían y que luego le acerco su familia pero que aun así no se las entregaban, por estos reclamos, una noche abrieron el calabozo y entraron tres oficiales de policía, uno tirándole gas pimienta y los otros dos pegándole una lluvia de trompadas y patadas, Matías, medio dormido, solo atisbó a cubrirse lo mejor que pudo del ataque. Al día siguiente le dieron cinta adhesiva para pegársela y papel higiénico, y un día antes de ir al juzgado le dieron una bolsa colostomía, ropa limpia que le había dejado su madre y le permitieron, luego de 5 días bañarse e higienizarse todo. La ropa así como las bolsas de colostomía, alimentos y medicina habían sido dejados en la comisaria por su madre, el mismo día que cayo detenido solo que nunca me se lo quisieron entregar.

El día que fue llevado al juzgado no estaba su defensora presente y fue atendido por otro abogado a quien Matías le manifestó lo sucedido desde su detención, este le pregunto si quería solicitar un resguardo o denunciar a los oficiales de policía, pero por temor a nuevas represalias y ante la falta de garantías a su integridad que le genero su letrado defensor, Matías tomó, resignado, la desición de continuar callado.

Luego de su vista al juzgado fue llevado a una comisaria de ciudadela, la 8va, donde debió dormir en el piso sin colchón junto a otras 30 personas divididos en tres calabozos con capacidad para 4 personas cada uno. Bajo este total hacinamiento debió vivir y dormir al lado de un desagüe en la nave, ya que las celdas estaban completamente llenas, aquí volvió a suceder lo mismo que en la anterior comisaria y nunca le dieron las bolsas de colostomía, además, la carne que les daban para comer era totalmente escasa y a punto de pudrirse o, en caso de ser pollo, solía llegar con mucho olor a lavandina. Por esto, debían hervir y lavar la carne antes de cocinarla, lamentablemente también tenían problemas con el suministro de agua, ya que estaba cortada casi todo el día excepto a la tarde, por lo cual, costumbraban guardar botellas para consumo, cocinar y higienizarse; sin embargo, eran muchos los detenidos y solía faltar agua, y si la pedían, les decían que esperen al día siguiente.

En esta comisaria Matías nuevamente se quejo por que no le entregaban las bolsas de colostomía y unos medicamentos que su familia le llevo, además de que no le daban atención médica alguna para los dolores que padecía a diario. A partir del momento que comenzó a reclamar por salud empezaron los malos tratos y dieron paso a el recorrido por varias de las comisarias que hay en el radio de la zona. De aquí fue llevado a la comisaria 5ta donde, nuevamente, por reclamar por sus bolsas de colostomía y por atención médica fue golpeado y tirado a los buzones de castigo por 5 días con los ojos y el rostros inflamado por los golpes recibidos. Estuvo días sin recibir nada de comida y solo al 5to día le dieron pan y un té, pidió hablar con el comisario de la dependencia y cuando lo tuvo al frente le pidió que por favor lo trasladara, si no lo querían ahí y lo vivían maltratando de esa forma, este le respondió que si el lo decidía podía tenerlo el tiempo que deseara en buzones, y que mejor se dejara de reclamos por que lo haría «cagar a palos» de nuevo. Finalmente, a la semana, fue sacado de esa comisaria y llevado a la 10ma de Sáenz Peña, donde volvió a pasar lo mismo, no le daban bolsas de colostomía y no llamaban a la ambulancia cuando Matías no podía más de los dolores.

En este lugar eran unas 25 personas en una comisaria con capacidad para 5 detenidos, lo mismo a lo anterior, debió dormir en el piso, padecer la falta de agua por que se cortaba o la cortaban a propósito. Después de varios días en esas condiciones, todos los detenidos comenzaron a quejarse por los maltratos y fueron sacados al patio donde los amenazaron, golpearon y algunos terminaron en los buzones de castigo, uno de ellos fue Matías, no le permitieron ni siquiera agarrar la ropa y pocas cosas personales con las que contaba, solo fue gracias a los demás detenidos que no las perdió.

Luego de su visita a buzones en esta comisaria, lo sacaron y llevaron a la 1era de Caseros donde pudo acomodarse un poco mejor ya que aquí logro obtener una cama y el trato en general era menos inhumano de parte de las autoridades. Pudo dormir por primera vez, en su recorrido, en una «tarima» con colchón y no en el piso como ya estaba acostumbrado. La comida dentro de todo era en buen estado, al menos, pero seguía fallando la cuestión médica y aquí también le negaron la atención médica y tampoco le entregaban las bolsas de colostomía. Los oficiales de policía se escusaban de la falta de atención médica diciéndole que pidiera a su juzgado el envío de un oficio para poder ser llevado a un hospital, lo que al final se hizo pero que no se concreto en esa comisaría ya que nuevamente fue trasladado, esta vez de regreso a la 10ma de Sáenz Peña, aquí al final lo llevaron al hospital Carrillo donde lo atendió un cirujano el cual le realizo solo algunas preguntas, hizo un comprobante y fue llevado de nuevo a la comisaría sin haber recibido ninguna curación o prescripción médica. A los días, nuevamente lo sacaron al hospital, esta vez lo recibió una dra., la cual le dijo que el cirujano estaba operando, por esta razón, debió volver a la comisaría con la promesa de que en unas horas lo volverían a traer una vez que este desocupado el cirujano, pero esto no pasó, y fue nuevamente trasladado a una nueva comisaría. Su destino fue la 6ta de Ciudadela, luego de unos días aquí, fue de nuevo llevado al hospital, pero esta vez lo atendió un cuerpo médico que le hizo sacar la ropa y verificó que no tenía lesiones dando el visto bueno para el próximo descarte en unos días a cualquier unidad penitenciaria con sanidad en la provincia.

Luego de una semana fue sacado a la unidad N° 23 de Florencio Varela, aquí fue alojado en un módulo junto a otros 115 internos, debió nuevamente volver a dormir en el piso, la comida era pésima, sufrió burlas y discriminación por su condición de salud, estas situaciones eran constantes, por lo cual fue pasado a otro pabellón, donde de igual forma continuo recibiendo discriminación y abandono por parte de la la autoridad que no le entregaba bolsas de colostomía y las burlas y maltrato psicológico fue continuo al extremo de que luego de haber reclamado por estos destratos le hicieron un parte por una pelea en la que ni siquiera participo para luego hacerlo desnudar en el control de máxima donde lo humillaron y se burlaron un rato para luego nuevamente descartarlo en los buzones de castigo. A los pocos días de estar en los buzones le dieron unas 10 bolsas de colostomía pero de las 10 varias estaban falladas o el pegamento vencido o en mal estado, y por la noche se le despegaban y al despertar estaba todo embarrado en sus heces. La comida era otro de los problemas con los que debió continuar lidiando y padeciendo, esta le era entregada cruda o en mal estado y durante un mes por esto le comenzaron a dar la dieta que le corresponde por su condición de salud, esta dieta se componía de fideos hervidos con una zanahoria, una papa medio cruda, acelga y un pedacito de pollo que era mas hueso que pollo, esta era la comida que le entregaban una vez al día. Así estuvo tres meses con comida en mal estado y cuando le daban algo que no estuviera podrido era escaso. Tuvo que bañarse, mientras estuvo ahí, con agua fría y dormir sobre un chapón en una manta, muriéndose de frío día y noche ya que en el lugar había mucha humedad un caño roto, ratas y cucarachas por doquier. A las semana un buzonero, luego de varias días, se digno y le consiguió un colchón y una manta extra al verlo temblando de frío.

En la ultima etapa de este horroroso recorrido es cuando logramos conocer a Matías y pudimos tomarle sus datos para realizar la intervención correspondiente, luego de esto se envió sus datos y reclamo a varios organismos de dd.hh. y en este caso intervino la subsecretaria de dd.hh. de la provincia, quienes fueron a visitarlo, lo entrevistaron, pero luego que se fueron las autoridades pemitenciaria empezaron con aún más represalias y a los pocos días lo trasladaron a la unidad N° 32 de Florencio Varela donde directamente no hay bolsas de colostomía y con mucha suerte recibe una por día en ocasiones y es común que debe cubrirse con trapos la colostomía debiendo estar todo el tiempo teniendo que ir a bañarse por que se ensucia de forma continua. La comida aquí es como en la mayoría de los casos escasa y de muy mala calidad y por quejarse por las bolsas fue cambiado de pabellón a una celda que comparte con otros dos detenidos donde nuevamente duerme en el piso, no tienen ducha, patio ni agua y están encerrados todo día en la celda. Hasta el día de hoy Matías continúa en su celda sin atención médica, comida escasa y en mal estado y sin siquiera bolsas de colostomía o una clara mejora en su condición de vida.

Como verán, en cada caso que exponemos, es siempre idéntico el trato que reciben las personas enfermas y la degradación y discriminación con la cual deben padecer sus patologías es una constante que se repite una y otra vez así como los intentos de las autoridades del SPB de acallarlos por medio de los mentados traslados y encierros en buzones de confinamiento, sin olvidarnos de las golpizas que cada tanto aplican a los enfermos que se atreven a reclamar por medicación o atención de un medico y ni que decirles que si piden ayuda o reciben a alguien de derechos humanos, cuando estos se van empeora aun más el maltrato. Nuestro trabajo desde este medio de comunicación y a través de estas editoriales es mínimo ya que son miles las personas que están a diario padeciendo este tipo de situaciones de una enorme gravedad institucional, su máxima autoridad el jefe del SPB, el Sr. Xavier Areses continúa indemne a pesar de la terrible situación en la cual se encuentra el sistema a su cargo, que continúa, a diario, llevando a la muerte a muchos detenidos/as en una total irresponsabilidad, negligencia e impunidad. Mientras las autoridades estatales sigan permitiendo esto, la corrupción en el Servicio Penitenciario Bonaerense continuará cometiendo crimines iguales o peores por los cuales están allí las personas detenidas.

Sin Dignidad No Hay Reinserción




Fuente: Desdedentro.noblogs.org